Los gigantes de Pamplona
(A mi hijo)

¿Oyes las notas vibrantes
de esa gaita tan chillona?
Pues espera unos instantes,
que vas a ver los gigantes...,
los gigantes de Pamplona.

Recuerdo que en mi niñez,
alegre más de una vez,
delante de ellos corrí.
Con qué osada timidez,
les gritaba: « ¡A ... quí ! ¡A...quí ! ».

En tus ojillos brillantes
y en tu sonrisa burlona
veo instintos « alarmantes»
de correr con los gigantes...,
los gigantes de Pamplona.

Pero espérate, que quiero
que los veas al pasar;
mira, ya llega el primero
detrás del tamborilero
bailando a todo bailar.

- ¡Es un rey! ¡y que elegante!
¡Cuánto adorno! ¡Cuánto fleco! ...
-¿Ves que serio y que arrogante?
Pues bien, por fuera es « gigante»,
¡pero por dentro ... está hueco!.

¡Hoy es pronto todavía!.
¡Tal vez te acuerdes un día
del gigantón de Pamplona,
al ver bajo una corona
una cabeza vacía !.

-¡Y baila con mucho brío!
¡Cuántas vueltas ! ... - ¿Que te chocan?.
¡De tu inocencia me río!
¡Los monarcas, hijo mío,
bailan al son que les tocan!.

-¡Otro gigante detrás!
Y es mujer ... ¡La quiero ver!
-Acércate y la verás.
-Di, papá, ¿y esa mujer
es igual que las demás?

-No es igual; pero no obstante,
todas parecidas son,
pues, lo mismo que el gigante,
tienen hermoso el semblante
¡y el corazón de cartón!.

- ¡Ya llega otro... y otro..., sí!
¿Y quienes son esos, di?
-Son retratos en colores
de esos graves pensadores
como hay muchos por ahí.

De inmóvil fisonomía,
que hablan poco y hablan tarde,
y se pasan noche y día
haciendo ostentoso alarde
de inmensa sabiduría.

-¿Y esos últimos que veo?
¡Son negros ! ¡ Que atrocidad ¡
¡Qué rostro tienen tan feo !
Si son negros, como creo,
serán muy malos, ¿verdad?.

-No tanto como supones;
en el mundo, ¡cosa rara,
hay otros... santos varones,
que tienen blanca la cara...
¡y negras las intenciones !

............................................

Ya acabaron de pasar;
ya se alejan tan gentiles,
bailando a todo bailar
esa danza popular
de gaitas y tamboriles.

-¿Quieres seguirles? ¡Corriente!
Si eso te ha de divertir,
corre alegre entre la gente,
pero ten siempre presente,
lo que te voy a decir:

Sé humilde tu vida entera;
huye siempre de un encuentro
con esa gente altanera
que va mostrando por fuera
lo que no tiene por dentro.

- Y piensa que hay mil farsantes
de apariencia fanfarrona,
muy soberbios, muy boyantes ...
¡ y son como los gigantes ...
los gigantes de Pamplona !

FIACRO IRAYZOZ

Aportación de Fernando Aznar.