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PATINES DE RUEDAS

 

Los primeros patines de ruedas prácticos se construyeron en el año 1759. Fueron obra de un belga fabricante de instrumentos musicales llamado Joseph Medin. Cada patín tenía sólo dos ruedas alineadas en el centro. Medin los había construido para lograr una entrada triunfal en una fiesta de disfraces en la ciudad belga de Huy. El diseño simple, que se ataba con cintas a los pies, se basaba en los patines de hielo de la época.

 

Como era maestro violinista, Medin pretendía entrar patinando y tocando su instrumento. Desgraciadamente, falló en el fino arte de frenar y se estrelló contra un espejo de tamaño natural. El espejo y el violín se rompieron; la entrada fue, desde luego, triunfal.

 

Cuando en el año 1850 empezó a desarrollarse la técnica del patinaje, los patines sobre ruedas fueron adquiriendo tanta popularidad como los de hielo. Incluso la ópera Le Prophète preveía una escena de patinaje sobre hielo que, sobre el escenario, seria representada con ruedas.

 

Es interesante comprobar que durante esa época, resultó común la utilización de patines de ruedas en los escenarios, pero nunca por su valor en si mismo, sino porque ofrecían la posibilidad de imitar el patinaje sobre hielo con menos riesgo.

 

BENGALAS Y PETARDOS

 

Las bengalas, los petardos y los fuegos artificiales en general tienen su origen en el siglo décimo en China, cuando un cocinero mezcló diversos ingredientes en la cocina y logró la primera explosión de centellas en la historia del hombre.

 

Aunque se ha dicho que el cocinero pretendía mejorar los explosivos existentes, la verdad es que el proceso ocurrió a la inversa. La mezcla culinaria que el protagonista pretendía cocinar resultó ser la base para el desarrollo de unos explosivos que antes no existían.

 

Ya a principios del siglo XVII, los expertos en pirotecnia europeos podían preparar fuegos que reproducían la forma de escenarios históricos, o incluso de figuras populares, entretenimiento que llegó a hacerse popular en Versalles. Sin embargo, durante siglos los colores se limitaron al blanco y a un tono rojizo. Hasta el año 1830 no se pudo recurrir al verde, conseguido gracias a la aplicación del cinc. En la siguiente década se fue ampliando la gama. Y ya a mediados de siglo, en los espectáculos de juegos artificiales se podía gozar de una gama de colores tan amplia como la de nuestros días.