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Y0-Y0, 1000 a.C., China

 

En el siglo XVI, los cazadores filipinos idearon un yo-yo, que era un arma constituida por dos grandes discos de madera y una recia liana que los unía. El yo-yo se lanzaba con habilidad, y su liana atrapaba al animal por las patas y lo derribaba, lo que permitía acabar con él con toda facilidad. El yo-yo facilitaba la tarea a los cazadores, como en el caso del bumerán australiano, que también permitía reducir a la presa desde lejos. El nombre proviene del tagalo, una lengua Indonesia que es la más antigua y la más hablada entre los filipinos. En su origen el yo-yo no era, pues, un juguete.

 

En los años veinte, un americano emprendedor llamado Donald Duncan pudo contemplar el yo-yo filipino en acción. Reduciendo el tamaño del arma, la transformó en un juguete infantil, conservando el nombre tagalo, pero el yo-yo de Duncan no fue el verdadero origen del juego.

 

Como juguete, el yo-yo se originó en China hacia el año 1000 a.C. La versión oriental consistía en dos discos de marfil con un cordón de seda arrollado alrededor de su eje central. Andando el tiempo, este juguete chino se difundió en Europa, donde fue adornado suntuosamente con joyas y pintado con dibujos geométricos, a fin de que su rotación creara efectos hipnóticos.

 

COMETA, 1200 a.C., China

 

Las cometas tuvieron su origen en China como dispositivo para señalización militar. Alrededor del año 1200 a.C., el color de una cometa china, junto con sus dibujos y muy en particular los movimientos que se le hacían ejecutar comunicaban mensajes en código entre diversos destacamentos militares. Los chinos eran entonces tan eficaces en la construcción de grandes cometas de poco peso, que incluso llegaron a empleadas como planeadoras monoplazas no sin cierto éxito. El aeronauta tendido sobre la superficie superior de una estructura de bambú y papel, se aferraba a ella, con manos y pies, y su única esperanza consistía en encontrar un viento intenso y favorable.

 

En antiguos grabados chinos sobre seda y madera, aparecen niños que hacen volar pequeñas cometas de ingenioso diseño, cuya variedad de colas indica que la importancia aerodinámica de éstas ya era apreciada en tiempos muy antiguos. Desde China, las cometas pasaron a la India y después a Europa, y en cada nuevo país su aplicación inicial fue en las comunicaciones militares, como complemento de otros dispositivos com fogatas, señales de humo codificadas y otras.

 

En el siglo XII, los niños europeos ya hacían volar cometas “musicales” que silbaban mediante pequeños orificios en su cuerpo y el uso de múltiples cuerdas vibrantes. Las cometas provistas de equipos de medición atmosférica desempeñaron un papel esencial en el desarrollo de la meteorología, y los conocimientos acumulados durante siglos en su construcción contribuyeron al progreso de la aerodinámica. Hoy en día, la cometa sobrevive como juguete en todas las culturas.

 

SONAJEROS, 1360 a.C., Egipto

 

Los primeros sonajeros fueron calabazas secas y esferas de arcilla llenas de piedrecillas, pero no se utilizaban para jugar, sino para ahuyentar a los malos espíritus. Los ruidos que produce un sonajero eran invocados por los sacerdotes tribales con motivo de un nacimiento, una enfermedad o una muerte, momentos de transición en los que los pueblos primitivos se creían especialmente amenazados por las intrusiones malignas. Las sociedades próximas al mar fabricaban sonajeros religiosos con unas conchas de molusco que llenaban con piedras.

 

Los primeros sonajeros destinados a divertir a los niños aparecieron en Egipto poco antes de comenzar el Imperio Nuevo, o sea alrededor de 1360 a.C., y varios de ellos pueden contemplarse en el Horniman Museum de dicho país. Muchos fueron descubiertos en tumbas infantiles, y todos muestran indicios de que se pretendía que los manipularan los niños. Son de arcilla y tienen formas de ave, de cerdo y de oso, están cubiertos con una seda protectora, y no muestran protuberancias agudas. Las orejas de un cerdo, por ejemplo, siempre están pegadas a la cabeza, y las aves nunca muestran pies, patas ni picos puntiagudos. En su mayoría, estos sonajeros están pintados o esmaltados en un color azul celeste, que tenía para los egipcios un significado mágico.

 

Actualmente, entre las tribus de África los sonajeros se fabrican con vainas vegetales secas, y sus múltiples usos no han variado desde los tiempos antiguos: es decir, que están destinados a producir cierto tipo de música, asustar a los demonios y divertir a los niños.

 

OSO DE PELUCHE, 1902, Estados Unidos

 

A pesar de la popularidad actual de los osos de peluche, en los países anglosajones todavía reciben el nombre de Teddy, en recuerdo del que fue vigesimosexto presidente de Estados Unidos.

 

En el año 1902, un número del Washington Star publicó un dibujo de Clifford Berryman en el que aparecía el presidente Theodore Roosevelt, fusil en mano, dando la espalda a un osezno. El pie rezaba: “Trazando la frontera en Mississippi”. Se hacía referencia a un viaje que Roosevelt había emprendido hacia el Sur con la esperanza de resolver un contencioso fronterizo entre Lousiana y Mississippi.

 

Para entretenerse durante ese viaje, Roosevelt organizó una expedición cinegética patrocinada por sus anfitriones sureños. Con el deseo de que el presidente regresara a su casa con un trofeo, aquéllos capturaron un oso muy joven para que él lo matara, pero Rossevelt se negó a disparar. El dibujo de Berryman, alusivo a este incidente, obtuvo una publicidad nacional, e inspiró a un vendedor de juguetes, inmigrante ruso y llamado Morris Michton, para fabricar un oso de felpa. Michton colocó el oso y el dibujo en el escaparate de su tienda, y aunque su intención se limitaba a llamar la atención de los transeúntes, el oso atrajo a una multitud de compradores. Michton empezó entonces a fabricar esos muñecos con botones como ojos y con el nombre de “Teddy's Bear”, y en el año 1903 constituyó la Ideal Toy Company.

 

La paternidad norteamericana del oso de peluche está bien documentada, pero lo cierto es que Margaret Steiff, una fabricante alemana de juguetes, también empezó a producir osos de felpa, poco después de Morris Michton. Steiff, que en la época era propietaria ya de una próspera fábrica, aseguró mientras vivió que ella había creado el oso de felpa. Margaret Steiff, cuyo nombre llegaría a ser muy respetado en la industria de los juguetes de felpa, era un víctima de la poliomelitis, condenada de por vida a la silla de ruedas. En el año 1880, en su país natal empezó a coser a mano animales de fieltro. Como explican los fabricantes alemanes de juguetes, poco después de aparecer el famoso dibujo de Clifford Berryman, un visitante americano de la fábrica Steiff enseño la ilustración a Margaret y le sugirió que creara un oso de felpa similar al del dibujo. Así lo hizo ella, y cuando los osos hicieron su aparición en la feria de Leipzig de 1904, su empresa se vio colmada de pedidos. Todo parece indicar que el oso de felpa fue una creación independiente norteamericana y alemana, y que el osezno americano llegó al mundo de la juguetería con un año de anticipación.

 

El oso de peluche se convirtió en el juguete más popular de la época. Durante la primera década del presente siglo, los fabricantes europeos y americanos produjeron una amplia gama de osos de felpa, con precios muy diversos, y equipados con diversas prendas de vestir, tales como suéteres, chaquetas y abrigos. Durante algún tiempo, las muñecas llegaron a parecer anticuadas.