Espejo: 3500 a.C., Mesopotamia

 

 

Las aguas tranquilas de un estanque transparente fueron el primer espejo del hombre, pero con la llegada de la Edad de Bronce, hacia el 3500 a.C., el metal pulimentado pasó a convertirse en el material favorito. En Mesopotamia, los sumerios crearon espejos de bronce provistos de mangos sencillos de madera, marfil y oro. Entre los egipcios, los mangos tenían un diseño elaborado, esculpido en forma de animales, flores y aves. A juzgar por los numerosos espejos recuperados en tumbas egipcias, uno de los mangos predilectos era el que tenía una figura humana que sostenía una superficie reflectante de bronce.

 

Los espejos de metal fueron también populares entre los israelitas, que en Egipto aprendieron a fabricados. Cuando Moisés quiso construir un aguamanil ceremonial para el Tabernáculo, ordenó a las mujeres que entregaran sus espejos, y con ellos se manufacturó el aguamanil de bronce, con su pie del mismo metal.

 

En el año 328 a.C., los griegos fundaron una escuela para la artesanía del espejo. En ella, los alumnos aprendían el delicado arte de pulimentar con arena un metal, sin rayar la superficie reflectante. Los espejos griegos se presentaban en dos diseños: disco y caja.

 

El espejo de disco tenía la parte frontal muy pulimentada y posterior grabada o decorada en relieve. Muchos espejos de disco tenían un pedestal, que permitía instalados cómodamente sobre una mesa.

 

El espejo de caja estaba formado por dos discos que encajaban como las valvas de un molusco. Un disco era el espejo pulimentado, y el otro, sin pulimentar, servía como cubierta protectora.

 

La fabricación de espejos fue una actividad floreciente entre los etruscos y los romanos, que pulimentaban todos los metales que extraían de las minas o importaban de otras regiones. El color neutro de la plata hizo de ésta el espejo metálico predilecto, ya que reflejaba el maquillaje facial con sus auténticas tonalidades. Sin embargo, alrededor del año 100 a.C. los espejos de oro hicieron furor. Incluso los sirvientes de mayor categoría en las mansiones de alcurnia pedían espejos de oro personales, y datos históricos demuestran que a muchos de ellos se les entregaba un espejo a cuenta de su salario.

 

Durante la Edad Media, hombres y mujeres se contentaban con el espejo de metal pulimentado que habían utilizado sus antepasados, pero en el siglo XIV se produjo una revolución en este indispensable artículo de tocador.

 

 

Espejo de cristal

 

 

El vidrio había sido convertido, por moldeo y soplado, en botellas, copas y joyas desde los comienzos de la era cristiana, pero los primeros espejos de cristal aparecieron en Venecia en el siglo XIV, obra de los sopladores de vidrio de esa república.

 

El arte del vidriero había alcanzado un auge extraordinario en sus aplicaciones suntuarias. Los artesanos buscaban nuevas fórmulas tecnológicas, y los espejos de cristal se contaban entre los mejores logros de los especialistas venecianos. A diferencia del metal, el vidrio no admite el pulimentado con arena para conseguir una superficie reflectante lisa, y cada plancha de cristal había de obtenerse, ya con toda perfección, la primera vez. La tecnología para garantizar este éxito fue tosca al principio, y los primeros espejos de cristal, aunque muy apreciados por aquellos que podían pagados y codiciados por quienes no podían, reflejaban unas imágenes borrosas y deformadas.

 

El aspecto externo era importantísimo en la Venecia del siglo XIV. Hombres y mujeres de alta posición adquirieron la costumbre de llevar ostentosamente espejos de cristal col