EL ESPECTÁCULO ROMANO

 

El teatro nunca fue en Roma un instrumento de educación o de cultura. Sólo una minoría de letrados del siglo de Augusto (por otra parte, una minoría prácticamente corrompida) se preocupó de imitar a los griegos por puro placer intelectual. Sin embargo, el arte dramático propiamente dicho estaba en cierto modo vinculado con algunas fiestas y ceremonias populares y ciudadanas: los ludí scenici, las saturnales,  los triunfos, las naumaquias, entre otras. Más tarde se crearon obras de un carácter más literario, como las fabula palliata que, al afincarse en Roma, se denominaron fabula togata, y que, cuando trataban de temas históricos, recibían el nombre de fabula praetextata.

 

El teatro, tal como hoy lo entendemos, tuvo en Roma, no obstante, representantes dignos de ser tenidos en cuenta. Tras los mimodramas, simples farsas llenas de intrigas y argumentos procaces, escribieron tragedias y comedias Ennio Pacuvio, Séneca, Cicerón y el propio César. Poetas de más talla, como Plauto y Terencio, produjeron obras teatrales en las que presentaban, con agudo realismo, escenas de la vida cotidiana.

 

Aunque, en principio, todo era a imitación griega, hay algunas diferencias qué conviene señalar, especialmente desde el punto de vista de la construcción de los edificios (que no se comenzaron a construir hasta finales de la época republicana), de la de los teatros griegos. El teatro romano adaptó las lecciones de éste a una civilización y a una política diferentes. El edificio donde se realizaban los espectáculos romanos, arquitectónicamente más grandioso y pesado, pudo ser construido sobre terreno llano, mostrando en su exterior muchos pisos de arcadas superpuestas; un gran número de escaleras conducía al hemiciclo, que, en disposición, era igual al de los griegos: las localidades (gradus) estaban divididas horizontalmente en filas, separadas por anchos corredores (praecinctiones), y verticalmente en compartimentos cuneiformes (cunei) separados por escaleras (scala). El público desembocaba en lo alto de las escaleras exteriores por los vomitoria, desde donde se repartía por todo el hemiciclo. Al pie de las gradas extendíase en semicírculo la orchestra que, en lugar de servir al coro como en el teatro griego, estaba ocupada por los sitiales reservados a los magistrados, Un muro bajo (pulpitum) separaba la orquesta del proscenium, en tanto que un muro (scena), en el que se abrían tres grandes entradas, formaba el fondo permanente del teatro. Detrás de la escena se levantaban los almacenes y los cuartos de los actores (postscenio). En todas estas construcciones se manifestaba una aspiración a lo poderoso, a lo colosal, no menor que el afán de un lujo arquitectónico y decorativo. El imperio consumó la ruina del teatro romano. Las tragedias y las comedias cayeron en manos de retóricos y las sangrientas arenas del circo sustituyeron a la escena. Luego, al sobrevenir las invasiones bárbaras, la oscuridad medieval comenzó a extenderse.