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EL BONDADOSO HABITANTE DEL LAGO NESS

 

Nos resistimos a calificar de monstruo, a un ser tan bondadoso y pacífico como viene demostrando ser el animal gigantesco que recorre la estrecha estructura de su vivienda acuática, en un ir y venir incesante, como los peces capturados que introducimos en los acuarios y peceras, encerrados, prisioneros, sin horizontes para nadar, sin poder cambiar de aguas, tropezando con su hocico abierto en todas las paredes.

 

Nessiteras Rhomboteryx, como ha sido bautizado por la nomenclatura de la ciencia, que todo lo quiere clasificar, no es un monstruo, no es violento, no se ha comido a nadie, asombra más que asusta.

 

Comenzó a aparecer sobre las aguas oscuras del lago Ness, a partir del año 1933, aunque las gentes de la región, que cuenta con él como elemento de interés turístico, afirman que con anterioridad también fue visto alguna vez. Pero es desde la fecha que hemos indicado cuando sus exhibiciones han resultado más continuadas, y sus noticias más difundidas.

 

Al principio se creyó que Nessi era la clásica "serpiente de verano", la noticia espectacular que aparecía en los medios de difusión, y continúa apareciendo cuando los periodistas no encuentran ninguna verdadera noticia que llevar a las imprentas o a las ondas. Pero no, el monstruo del lago Ness, para dar confirmación de su existencia real, se ha dejado ver y ha permitido que lo fotografiasen, eso si, a cierta distancia. Y aun así quedan muchos que sonríen al oír su nombre.

 

Llegó un día en que el Parlamento británico planteó el tema en sus sesiones y un parlamentario solicitó, con toda seriedad, que el lago Ness fuera vallado y declarado algo así como reserva natural, al objeto de que los visitantes curiosos no molestaran en demasía a su morador.

 

Téngase en cuenta que las orillas del lago se poblaban los fines de semanas de miles de familias y miles de automóviles, que hacían florecer el comercio de Inverness, la población más importante en sus orillas, pero que a la vez llenaban de ruidos los alrededores y ensuciaban las aguas.

 

El lago Ness es una gran falla geológica, de aproximadamente 40 kilómetros de longitud, por unos dos kilómetros de anchura, que en su parte más ancha tiene 2.800 metros, y una profundidad que en varios puntos alcanza los 225 metros. Esta rellena con el agua dulce que le suministra el río Ness, que desemboca no lejos de uno de sus extremos. La falla, y consecuentemente el lago, debieron formarse hace 300 millones de años, pero hace 12.000 años el suelo de la región se elevó y el lago también unos metros más sobre el nivel del mar. Pudo ser en tiempos de este último cataclismo cuando algunos antepasados de nuestro monstruo quedaron atrapados allí, sin posibilidad de regreso a las inmensidades oceánicas, porque el escaso cauce del río Ness no se lo permitió. Los monstruos se adaptaron a su nueva vida y sus descendientes habitaron las oscuras aguas del lago desde hace milenios. Pero parece más fácil que el animal entrara en el lago, precisamente remontando el curso del río Ness desde el mar, en el año 1933.

 

En realidad, el lago no posee orillas, pues se encuentra encajado dentro de un corte profundo del terreno cuyas paredes descienden a las profundidades casi verticalmente, con un grado de inclinación muy acusado. Sus aguas son muy oscuras, por eso y porque llevan disuelta gran cantidad de turba, a muy pocos metros bajo la superficie es imposible ver nada. Afortunadamente, abunda la pesca.

 

Cuentan algunas historias que en el siglo VI, el santo Colombo, que todavía no era santo, realizó junto a la orilla un milagro. Y fue espantar con un leve gesto de desprecio de su mano a un monstruo horrible que salió del lago y atacó a uno de los discípulos que le acompañaban, mientras se dirigían a una fortaleza que levantaba su esbelta silueta cerca de Inverness.

 

El primer testimonio que debemos tener en cuenta se debe a la señorita Mary Hamilton, y data del año 1933. En aquella tarde primaveral la señorita Hamilton paseaba por las cercanías del pueblo y se acercó hasta el borde de las aguas oscuras. Presa de gran agitación, contó luego que apareció a poca distancia, nadando, un animal enorme, que ella no conocía y no se parecía a ningún otro, con un cuello muy largo y una cabeza muy pequeña. Cuando nadaba, sacaba a oleadas parte del cuerpo sobre la superficie líquida. Su longitud total debía ser de unos 80 pies y nadaba muy deprisa. La señorita Mary añadió haberlo visto muy bien y durante largo tiempo.

 

El "Daily Mail" publicó la noticia de la presencia del monstruo el 20 de mayo. A partir de entonces, Nessi ha sido visto muchas veces y en lugares diferentes del lago, ha sido fotografiado en diversas ocasionesl, ha llenado páginas de todos los diarios y revistas del mundo, sobre todo en verano, y hasta se dijo que fue protagonista de dos filmaciones. El dossier de características del monstruo fue aumentado en base a los datos que suministraban los afortunados espectadores de sus salidas. A veces se lo encontraba alguien fuera del agua, descansando tranquilamente entre el follaje, con su cabeza de foca, de serpiente o de cierva descornada, según los casos. Su piel parecía de elefante o de ballena. En ocasiones se le vio proyectar agua como los cetáceos, o se le oyó un agudo grito. Presentaba a los ojos del público una, dos, tres y hasta más jorobas.

Su cola era larga, como de reptil, o gruesa y roma. Seguía velozmente a las motoras y vapores o los observaba pasar a distancia prudencial con indiferencia. En fin, lo que ocurre siempre en estos casos, que cada uno ve lo que aparece de una manera distinta o, por lo menos, con aspectos diferentes.

 

La mejor descripción que existe de un encuentro con el monstruo, la proporcionó el estudiante Grant, en enero del año 1934. Iba el estudiante en la noche del día 5 sobre su motocicleta, por una carretera estrecha que bordea el lago,  y vio algo negro en la orilla derecha de la carretera. Observó que aquella cosa negra se ponía en movimiento, y en seguida pensó que se trataría del monstruo. Detuvo la moto y enfocó hacia aquel sitio la luz del faro. Se encontraba sólo, a 30 yardas del animal, el cual estaba sentado en el borde de la carretera. Hizo oscilar su cabeza, primero hacia el lado derecho y luego hacia la izquierda. Después se levantó y se acercó un poco hacia él. De un salto se plantó en medio de la carretera, andando con un movimiento lateral de sus aletas posteriores, que estaban provistas de membranas natatorias, con las que también se desplazaba por la tierra. Luego se sujetó sobre sus aletas anteriores, que no tenían membranas natatorias.

 

Vio al monstruo totalmente, desde la cabeza a la cola. La cabeza semejaba a la de las serpientes y era pequeña y redonda. Los ojos eran muy grandes y hundidos. No existía proporción entre el cuerpo y la cabeza. Sus poderosas mandíbulas podrían sujetar perfectamente un cordero o una cabra. El animal presentaba en el lomo dos protuberancias que de ninguna manera llegaban a ser jorobas. El cuerpo aumentaba de volumen por detrás como el de los canguros. La cola era gruesa y roma, un poco retorcida en su extremo.

 

La longitud total del monstruo, desde la cabeza hasta el límite de la cola, podría ser de unos 18 pies y desde luego no eran más de 20. La piel aparecía con un color entre gris oscuro y negro, semejante a la de las ballenas. El animal desapareció por el borde izquierdo de la carretera y desde allí se lanzó al agua, levantando una gran ola.

 

Las tranquilas aguas del lago Ness fueron perturbadas en diciembre del año 1954 por un barco de investigación, provisto de sonar, que detectó a una profundidad de 150 metros un objeto que se movía y que no pudo identificar.

 

En el año 1909, un pequeño submarino se sumergió rastreando por el fondo.

En el año 1974, la cámara de Searle obtuvo una fotografía que se publicó en el mundo entero, y, finalmente, en el mismo año, Robert Rine consiguió bajo la superficie de las aguas, con una cámara infrarroja, la fotografía no muy clara de una aleta, que debía medir unos dos metros. Ni tan grande como lo vio la señorita Mary Hamilton ni tan pequeño como lo describió el estudiante Grant.

 

De todos los informes y estudios se deduce que Nessi debe tener una longitud entre 15 y 20 metros, y el cuello se levanta unos 4 metros. Posee una cabeza muy parecida a la de una serpiente, es de color oscuro y se desplaza mediante unas aletas anchas, que miden 2 metros aproximadamente. El nombre con que la ciencia lo ha bautizado deriva precisamente de la circunstancia de que tiene aletas. Por eso se llama, "oficialmente", Nessiteras Rhomboteryx, que significa “bestia del Ness con aletas en forma de rombo”. Los habitantes de la reglón de los lagos de Escocia y los pocos románticos que quedan prefieren continuar llamándole Nessi.

 

Claro, que existen investigadores de lo extraño, con teorías tan peregrinas y fantásticas, que son más bien propias de la simple y pura ficción. Bergier, por ejemplo, afirma de una manera categórica que Nessi no es un monstruo y ni siquiera es un animal, sino un ingenio extraterrestre. Su cuello, por supuesto, no es tal, sino una especie de periscopio, que se contrae o se extiende mediante los diversos anillos concéntricos que lo conforman. No es piel lo que lo cubre, sino una sustancia, parecida al plástico, muy dura. Se traslada por el lago siempre en línea recta y maniobra con sus aletas y otros mecanismos, gracias a procedimientos parapsicológicos. ¿Tendrá razón?.