TUNA UNIVERSITARIA DE LETRAS DE TARRAGONA

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MANUAL DE UN CERTAMEN

Un Certamen de Tunas viene a ser algo así como una expedición de saqueo. El botín principal no es el de ganar ningún trofeo, sinó el de pasarlo bien con los amigos durante unos días. Es un fin de semana lejos del trabajo, los estudios y la familia. Todo vale. Libertad. Muchos son los tunos que esperan la llegada del certamen para salir fuera de su ciudad y desconectar un poco de todo. La Universidad y el trabajo esclavizan, y el viaje significa romper las cadenas que te ligan a la cotidianidad.
Cualquier certamen que se preste deberá durar dos o tres días, dependiendo del número de tunas que participen. Un certamen que no llegue a un mínimo de seis tunas tiene poco interés. No da prestigio ganar premios en certámenes pequeños aunque a veces ayuden a reforzar la moral de los faltos de fe.
El certamen constará, por así decirlo, de tres pruebas: el pasacalles, la ronda y la actuación en un escenario. Los dos primeros acontecimientos tienen lugar la primera noche y el tercero, la segunda, o en caso de ser tres los días, la segunda y la tercera. Con los años, el pasacalles y la ronda han dejado de importar a las tunas, y sus esfuerzos se centran en hacerlo bien la segunda noche. Los románticos del género, como el que escribe, considera casi tan importantes o más los actos del primer día porque son los que han perdurado a lo largo de los tiempos. El concurso parece hecho para los más profesionales o los que más han ensayado se luzcan ante un público, por lo general, poco entendido. Se reservarán fuerzas en la primera noche y sólo cantarán lo justo. Nunca se tiene en cuenta que la tuna que peor lo hace o que tiene a los solistas afónicos probablemente es la que más tralla lleve encima y la que más ha ayudado a dar a conocer la presencia de grillos en la ciudad. Al final lo único que quedará será, como en un saqueo pirata, el botín, repartido siempre entre las tres o cuatro tunas del pasado certamen. Desde aquí reivindico el pasacalles y la ronda como actos de obligado cumplimiento. ¡Qué triste es ver un pasacalles con siete mataos o una ronda que se improvisa!. ¡Qué pena ver como una tuna que subirá al escenario con más de quince tíos pasea con escasos tres tunos y cuatro pardillos por la ciudad el día antes!. Pero no vayamos tan deprisa...


1. LA HUIDA.

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JUMPER

El viaje de ida siempre es algo corrosivo. En él comienza el desfase, justo después de dejar atrás el letrero que indica el nombre de la ciudad.
Si se va en avión, enseguida se entabla conversación con las azafatas, las cuales acaban hasta el gorro de aquel que pide botellines de licor. El viaje es abundante en risas, chistes facilones y algún que otro whisky. Como ya se han cantado canciones en el aeropuerto - muchas veces para el disgusto del jefe reservón... -, las voces necesitan bebercio. Los vuelos son breves pero intensos y divertidos.

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Si se viaja en tren, el guión siempre suele ser el mismo. Bien de día o bien de noche, la tuna pasa prácticamente todo el viaje en el bar autofundiéndose a base de canciones tralleras y tomando las primeras cañitas. Los primeros temas suenan potentísimos. Las cervezas se acumulan sobre la mesa porque "aquel de la esquina paga otra ronda". Como los trayectos suelen ser largos, se recuperan viejas canciones perdidas en el olvido - como el Payador - y son interpretadas a plena voz hasta que nadie recuerda la letra de la siguiente frase. Un solemne "bebamos para olvidar" y santas pascuas. Mención aparte merece la fauna y flora que reside en el bar del tren. Cuando no hay alguno que te pide la guitarra para tocar un fandango o un Entre dos aguas , te viene otro pidiendo una del Sabina o te agarra el borracho de turno para taladrarte no se qué de su hermana. Saltará el virtuoso de la tuna que intentará recuperar el protagonismo perdido ante aquel guitarrista semiprofesional que canta como Camarón. Nunca esperéis encontrar allí a Jennifer López. Más bien a Rosa de España. Con todo, estos viajes merecen el calificativo de entrañables. Cuando uno llega al lugar de destino y tiene que cargar maletas se da cuenta que ha quemado ya sus primeros cartuchos. Afonía transitoria y cansancio que ya no se recuperarán hasta la vuelta. Lógicamente, si se viaja de noche, no se duerme y la siesta al día siguiente será prácticamente obligada.
Los viajes en furgoneta son un clásico de las tunas. El vehículo se carga hasta los topes intentando dejar una zona de la parte de atrás vacía por si alguien se quiere estirar. El copiloto consulta el plano con asiduidad y discute con el chófer acerca de la ruta a seguir. Por lo general la tuna circulará por la autopista y sobrepasará con creces el límite de velocidad. Las multas, que nunca se pagan, son frecuentes en el mundo de la tuna. El fetichista traerá sus cintas de tuna y las pondrá a volumen brutal hasta que el conductor se agobia y sintoniza los Cuarenta Principales. Se cuentan chistes, se habla de la última farra, de aquellos amores de la semana pasada, de la papilla del jueves y de la ronda fantasma. Ya no hay vuelta atrás. Queda por delante un fin de semana salvaje alejados del mundanal ruido. Quien más quien menos tiene los primeros y típicos ardores del viaje y, una de dos, o relaja su esfínter o se toma el primer almax de la jornada a ritmo de Las Palmeras de Deusto. Es difícil encontrar un agujero donde poder aparcar y es por ello que la mayoría de miembros se apea cerca del hotel mientras el conductor sigue buscando. Los largos trayectos en furgoneta provocan dolores en las cervicales debido a la cantidad de horas que el tuno pasa en la misma postura. Traed cojines. Se realizan paradas periódicas durante el trayecto para estirar las piernas y orinar. En caso de haber olvidado el líquido elemento, se compra en la misma estación de servicio. Lo normal es que se cree una destilería dentro del vehículo. Un cubo con hielo, coca-cola de lata, botellas del Carrefur y a veces algo de picar. El chófer tomará café y se reanudará el viaje a los pocos minutos. Habrá un tuno callado que estará pendiente del paisaje, otro que se pondrá a afinar la bandurria (¡!), tal vez el resacoso se acostará al fondo y alguno pedirá volver a parar porque "me meo to". Al pasar por el centro de un pueblo o ciudad los tunos observarán a todas las mujeres que paseen por la acera y harán algún comentario jocoso sobre las mismas. Cuando se llegue a la ciudad donde se celebra el certamen todos los tunos bostezarán, se estirarán, retozarán y abrirán bien los ojos. La cofradía se tomará los últimos pelotazos hasta acabar con las existencias de alcohol.

2. EL PASACALLES.

Si el certamen es de dos días, los tunos suelen llegar a cuentagotas el viernes a mediodía o
por la noche, aunque muchas veces el grueso de la expedición aparezca el sábado. Si es de tres días,
se suele llegar el jueves para aprovechar a tope el largo fin de semana. La pega – o la ventaja, según
se mire - de los certámenes de tres días es que si te toca actuar el sábado, tienes un viernes en medio
que no sabes que hacer. Las tunas profesionales y codiciosas lo aprovecharán para descansar y así
estar frescos el día siguiente. Por el contrario, las tunas de verdad, se fundirán como el primer día o
más. Total, que a medida que llegas a las inmediaciones del hotel comienzas a ver becas de
diferentes colores y alguna que otra cara conocida. Leve apretón de manos porque la confianza es
poca y un “hasta luego” poco convincente y mutuo. Los abrazos desmesurados se producen al
encontrar miembros de tu tuna que vienen desde los más diversos puntos de la geografía. De hecho
hay tunos de la misma tuna que sólo se ven una vez al año con motivo del nacional.
En un certamen encuentras, por lo general, caras muy conocidas que no deberían estar allí.
Gente de letras en un certamen de Medicina, aquel bandera de Madrid ahora viste el rojo de
derecho, Pepito de los Palotes creía que era de Económicas de Jerez o ¿qué pinta aquí el bandera de
Industriales?. Muchos subirán al escenario sin ni siquiera cambiar el color de los faroles.
Lamentable. Vocalizarán y poco más. Se juntarán para la fiesta y se emborracharán como piojos.
Todos estos camaleones te los encontrarás en Cádiz un fin de semana y al siguiente en Madrid
porque “soy amigo del primo del subjefe de la Tuna de Informática”. Me pregunto de dónde sacarán
el dinero para viajar tanto.
Lo normal en todo certamen es ser recibido por las autoridades en el Ayuntamiento,
aunque no siempre sucede así debido a las diferentes relaciones que pueden tener las tunas con sus
representantes. Habla el alcalde o la regidora de cultura y el jefe de la tuna organizadora, que
aprovecha la ocasión para citar los horarios de cada uno de los actos del certamen. Se cantan los
clavelitos y se arrasa con el cóctel y el pica pica de bienvenida. Cuando hay hambre no se respeta
nada y las bandejas quedan vacías antes de alcanzar la mesa de la presidencia. /.../
La mayoría de tunos aborrece el pasacalles porque desgasta. La voz quedará tocada para
todo el fin de semana. Calles anchas, canciones requetesobadas, poco público, prisas por llegar al
final, la capa que se cae, los instrumentos que se desafinan, dolor en la planta de los pies, escozor en
la entrepierna, moquillo, etc... La mayoría de veces da la casualidad de ser el día más frío del año y
a uno se le congelan los dedos. Se producen resbalones y desajustes rítmicos así como también
acelerones repentinos que provocan el caos, sin contar con la descoordinación entre filas. Si hay
catorce tunos en dos filas de a siete, éstas se convierten en una de ocho y una de seis en la primera
curva. El bandera y el pandereta intentarán siempre arreglar el desaguisado, pero acaban por chocar
con los segundos bandurrias o con el pardo despistado que ni toca ni canta. No han sido pocas las
veces en las que un borracho o un vagabundo pesado se pega a la fila y empieza a hacer el paripé
para sorpresa de los presentes. La gente observa atónita el espectáculo y se ríe de los pardillos al
observar su vestimenta. Las lolitas gritan “¡cántame! y los viejos acosan al pandereta porque “yo ya
tocaba la pandereta antes de que tú nacieras”.

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Ferrol 98

Con el tiempo, el pasacalles ha quedado reducido a escasas tres o cuatro calles, con alguna
plaza de por medio, y escasos veinte minutos. Los pasacalles quilométricos han pasado a la historia,
gracias a Dios. Sin embargo, hacer calle es hacer tuna. Lo que se pretende en el fondo es llamar la
atención de los ciudadanos y anunciar el concurso del día siguiente. Las inclemencias del tiempo
suelen ayudar poco y muchas veces se intenta circular bajo los porchos de la dichosa plaza. Como
justo después del pasacalles viene la ronda y las tunas le dedican otros veinte minutos parados bajo
el balcón, las demás que vienen por detrás dejan de circular y esperan agobiadas el final de cada una
de las actuaciones. Se produce el tradicional e inevitable colapso. Delante tienes una tuna que está
esperando a que salgan los pesaos de la tuna x que llevan veinticinco largos minutos y cuatro
canciones, y detrás acaba de detenerse la última de las tunas que creíamos que este año tampoco
venía. Muchas veces es en estos momentos cuando, de no se sabe dónde, aparecen nuevos
miembros que acaban de llegar en el tren de las 20:30 o que no podían aparcar.

3. LA RONDA.

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Tarragona 2001

Tras los efusivos abrazos de los recién llegados, un rústico afinamiento y la pregunta clave:
¿alguien sabe qué tocamos?. ¡Coño, esa no me la sé!. ¡Cantad fuertes novatos!. ¿Alguien tiene un
almax?. Y salta el enterao: ¿la hacéis en sol o en re?. Las púas intentan memorizar a ver cómo era
aquel arreglillo y los nuevos preguntan cómo comienza la letra de la canción.
Llega el momento estelar de la ronda, aquello por lo que suspiraron las más delicadas
doncellas en un pasado. Las rondas, pese a que hayan evolucionado, guardan cierto parecido con las
de antaño. Un grupo de chicas, generalmente las azafatas o las autoridades femeninas del
consistorio, asoman desde uno de los balcones de la casa escogida a tal efecto y son rondadas desde
el suelo por los tunos. Los que tiene ligeros problemas de cervicales se cagan en la organización
porque “han vuelto a poner el balcón en el tercer piso”. El público, esta vez más numeroso, se
agolpa formando un corro alrededor de los tunos. Siempre hay algún gracioso que se crece cuando
un tuno tiene la brillante idea de contestarle. Se crea un diálogo absurdo que consiste en intentar
dejar en ridículo al adversario. El que presenta tiene que hacerlo dando voces y aquello pierde el
romanticismo del que antes hablábamos. A pesar de todo, se intenta quedar como caballeros y evitar
ordinarieces del tipo “buza, ¿quieres que te toque algo?”.
La ronda es muy breve. Se entra en dos filas cantando una canción que se corta en la mitad
y luego se intenta animar al público y a las damas rondadas. Siempre se mir hacia arriba, de donde
caen flores como si fueran misiles. La segunda canción es el centro de la actuación. Es una canción
romántica, a veces con recitado en medio, que se interpretará entera. Lucimiento. El público
aplaude pero espera algo de cachondeo. Es entonces cuando la tuna repite el gag del año pasado
porque “a la gente le gustó”. Finalmente se canta la canción de despedida. La tuna sale por el lado
contrario por el que entró, teniendo la impresión de haber cumplido con el compromiso.
Lo más importante de la ronda es la simpatía. Es lo que más valora la gente y las damas del
balcón. Ganar una ronda es fácil si uno se lo propone porque la mayoría de las tunas viene a cumplir
el expediente en esa primera noche. Con algo de originalidad también se puede ganar el pasacalles,
pero la gente pasa.
La juerga se avecina, pero antes hay que cenar. Se reparten los tíckets y a zampar. Hay
certámenes en los que las dos cenas son frías, basadas en bocadillo y caña. En otros, los vales sirven
para cenar caliente en un colegio de la zona o en un bar amigo.
La fiesta del primer día suele ser salvaje. Con todo, hay tunas que reservan la voz y las
fuerzas para la actuación del día siguiente. Eso no son tunas. La farra suele dividirse en dos partes.
En la primera, que puede enlazarse con la cena, los tunos cantan o medio ensayan dejándose la piel.
Es el momento de las cañas. La segunda parte de la juerga es el copeo. Aconsejados por la tuna
organizadora, los cofrades acuden al pub donde intercambiarán los tíckets por cubatas. Ya no se
canta.
Como aquello está lleno de tunos, no son pocos los que pasan la noche en algún bar
limítrofe para no juntarse con tanto terciopelo. Ir y venir. Nunca se alejarán demasiado del bar
donde las copas son más baratas. Esconderán la copa bajo la capa y se dirigirán al siguiente local
porque “hay unas tías que prometen”.
La posición del tuno respecto a las mujeres es diversa según las circunstancias y varía
dependiendo del tuno y su poca o mucha experiencia dentro del grupo. Aquel que está casado o es
fiel a su novia se dedicará a beber y fundir todo lo que se ponga por delante. No se calla nada y roza
el límite de la grosería. Abusa del alcohol. Otra visión es la del novato miedoso más preocupado en
tener contentos a los tunos y servir copas que en otra cosa. El típico tira cohetes bailará con mujeres
pero no pasará de ahí; se las presentará a los novatos y les obligará a que bailen con ellas. El nuevo
se moverá patéticamente y hablará muy poco. El cuarto elemento es el obrero. Trabaja
incansablemete. Insistirá a la misma chica durante toda la noche, aunque lo hará con ciertos
intervalos de tiempo para no cargar. Se rozará sólo lo necesario e intentará quedar con ella para el
día siguiente. No se dará por vencido. Tras mucho insistir la convencerá para que le venga a buscar
al teatro al día siguiente. Los que tenían pensado aprovechar el sábado para visitar la ciudad desisten al darse cuenta que son las 7:00 de la mañana cuando llegan al hotel.


Los sábados por la mañana suelen desaprovecharse. No existen. Una de dos, o se duerme,
o se duerme. El cero coma cero de los tunos se levantará relativamente pronto para visitar el
monumento típico de la localidad, aquel que le ha dicho su padre que no debe dejar de ver. Siempre
intentará convencer a alguno de sus compañeros para no ir solo. Finalmente le acompañará el
novato de turno que apenas se aguanta de pie. Desayunarán poco o nada, y caminarán. Al novato el
paseo se le hará eterno. Por el contrario, el tuno reservón caminará deprisa porque quiere
aprovechar la escapada para comprar lotería de navidad. Y lanzará fotos a diestro y siniestro.
Mientras, los demás compañeros duermen como lirones. Los despertadores se dispararán a
las 13:00 o a las 13:30 porque se suele comer a las 14:00. Con todo, la comida empezará a las 15:00
largas, retrasando todo lo demás una o dos horas. Los tunos se harán los remolones en sus camas y,
tras varias tentativas, se levantarán para ducharse con agua tibia. En alguna de las arrafón nes se
juntarán varios tunos – en calzoncillos, por supuesto -, comentando las incidencias del día anterior.
Que si “aquella tía era......” o “¿qué pasó con aquella rubia?”, que si “dónde está la bandera?,
“creo que nos dieron garrafón”, “me voy a plantar un pino”, “vaya taja llevabas ayer”, ¿alguien
tiene otro almax?”, “me comería un buey”, ¿a qué hora se come?, etc... El jefe intentará llegar a los
sitios puntual y se desesperará porque, para variar, “somos la última tuna en llegar”.

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La Laguna 2000


La comida suele ser frugal o por lo menos a los tunos se lo parece. Muchos, aunque
resacosos y fatigados, llevan más de doce horas sin comer. Hambruna. Se repetirá varias veces y se
beberá agua a borbotones. Abundan los pañuelos. La gente no habla a gritos como en la noche
anterior. Se respira una extraña calma que queda rota por alguna que otra risotada. Hay diversos
tipos de risa. Uno de éstos es el de los tunos cuando están resacosos. Se hacen comentarios picantes a las azafatas, que no siempre acuden, y se lanzan trozos de carne de lado a lado del
comedor. Los tunos están cansados a pesar de haberse levantado apenas hace dos horas. Los más
flojos volverán al hotel y dormirán o dormitarán en las habitaciones hasta la hora del ensayo.
Mientras tanto, los jefes de las tunas se reunirán para intercambiar impresiones y sortear el orden de
las actuaciones. A nadie le gustará el lugar que le ha tocado en suerte. Los demás miembros
tomarán café en un bar cercano al hotel o al teatro. Nadie cantará. Será el momento de visitar algo o
de hacer alguna compra.
Llega la hora del ensayo. Los tunos se engominarán. Calma tensa. Habrá problemas de
afinación, nervios, rumor de voces y problemas de colocación porque “tú no puedes estar aquí
porque eres bajo y confundes a los tenores”. Siempre lo mismo. La formación se colocará tal y
como lo hará en el certamen, y el jefe instrumental tomará el mando de las operaciones. La tensión
es palpable y no es extraño ver broncas entre los compañeros. Las aportaciones de cada uno son
bienvenidas aunque siempre prevalecerá la opinión del jefe instrumental o del jefe de tuna.
Tras pulir defectos y aunar posturas, se interpretará el repertorio completo sin parones.
Dependiendo del número y extensión de los temas, habrá alguien que cronometrará la actuación,
estupidez somera porque ni el repertorio ni el metraje de las canciones se modificará. Será un
ensayo largo y pesaroso. Lo que no se ha hecho en un año se quiere hacer en un par de horas. Prisas.
La gente hablará y hará comentarios entre canción y canción, hecho éste que sulfurará a los jefes.
Las botellas de ron miel o con mezclas extrañas pasarán de mano en mano. muchos creen que la
afonía o la voz de ogro se les curará milagrosamente con esos brebajes – que lo sigan creyendo si
eso les sirve de algo... -.
Para la mayoría de tunas este ensayo es fundamental porque es el único momento en el que
se reúnen todos los que van a subir al escenario. Pueden llegar a dos o tres horas largas de duración.
Si el ensayo lo realiza en un bar, lo quema. A pesar de esto y aunque sólo sea para quedar bien, la
tuna consumirá. Si la gente se anima, la tuna hará saltar la banca. Unas cañas ayudan a rebajar la
resaca. Se juntarán las mesas a tal efecto y se acumularán las bebidas sobre la madera. De vez en
cuando aparecerá un novato con una bandeja cargada de jarras de cerveza. Cuando los cofrades
abandonen la cantina habrá problemas de pago porque “alguien se ha ido sin pagar un cacique-
cola”. Si tiene lugar en el hotel, el ensayo se hará en el hall, y si es en el mismo teatro, se llevará a
cabo en una de las salas anexas. Los amantes de la tuna saldrán arreando tras el ensayo con el
objetivo de ver la actuación de algunas de las tunas.

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4. LA ACTUACIÓN.

Cualquier tuno que se preste intentará no perderse las actuaciones de las tres o cuatro tunas
importantes del circuito. Camuflará un cubata bajo la capa y lo sorberá disimuladamente entre
canción y canción. Defenderá un segundo plano. Comentará ciertos aspectos de las actuaciones con
algunos de sus compañeros en voz baja, remarcando los defectos y relativizando las virtudes de
cada tuna. Recomendarán a los novatos que no se pierdan el baile del bandera del Málaga ni el
pandereta de Salamanca porque baila con capa y dos panderetas. Se sentarán junto a los vomitorios
de salida para estar más cerca del bar y saldrá cuando vaya a actuar una de las tunas malas. También
se fijará en la posición de los micros y en la acústica de la sala. Como siempre, la prueba de sonido
no se hizo y ahora hay que observar si el contrabajo es mejor que esté a la derecha o a la izquierda,
o si hay micro para el solista. Otra de las típicas conclusiones que uno saca al escuchar las otras
tunas es la de que “no hay que taconear demasiado porque se oye todo”. Se discutirá si es mejor
empezar a oscuras, con el telón bajado o directamente desde el público. Habrá que tener en cuenta
las dimensiones del escenario puesto que “si ponemos tres filas habrá que adelantar los micros” o
“si hacemos el semicírculo más abierto el laúd pierde protagonismo”.
Muchos tunos pasarán todo el certamen en el bar. Sólo abandonarán la barra cuando les
toque salir a escena. Beberán y charlarán amistosamente hasta que alguien les avisa para ir a afinar.
Se dejarán los instrumentos en una salita y el más virtuoso los afinará con la ayuda de algún primo.
Alguien dará ánimos a los nuevos y se colocarán en posición de ataque.
La actuación suele durar entre veinte minutos y media hora, y constará de cinco canciones.
Siempre se dice que no ninguna actuación puede exceder de los veinte minutos porque de lo
contrario será descalificada, pero casi nunca se cumple. Por lo general, de cada tuna se espera un
pasodoble para que se luzca el pandereta, un bolero, una canción sudamericana, tal vez alguna de
solista o de cachondeo, e incluso otro pasodoble u otra de Sudamérica.
Las sensaciones del tuno son muchas y muy diversas cuando acaba la actuación.
Encontramos al típico agonías que dirá que “ha sido la peor actuación en mucho tiempo”, el
perfeccionista para quien “el bolero ha sonado poco meloso” o el pasota que simplemente se
limitará a decir que “no ha estado mal”. Sin embargo, otros creerán que “ha salido mejor que
nunca”, ¡cómo sonaba la guajira!, e incluso profetizarán: “este año nos llevamos algo”. Finalizada
la actuación, los tunos se relajan. Se han quitado un enorme peso de encima y sólo esperan salir de
allí para llevar a cabo alguna animalada.
Las tunas que nunca ganan nada, por lo general, se marchan sin esperar a la entrega de
premios. El jefe quedará como único representante. Las tunas que optarán a los premios siempre
serán las mismas, variando el orden según hayan sonado. Generalmente las tunas aceptan la
resolución del jurado, pero nadie puede evitar un cierto recelo porque “la segunda mejor tuna no
vino al pasacalles”. Se dice que en un certamen cuenta todo. ¡Mentira!. Quien lo hace mejor en el
teatro, gana. No hay vuelta de hoja. Dependiendo del nivel del certamen, no habrá dudas en otorgar
los primeros premios. En certámenes menores se podrían dar los premios antes de empezar el fin de
semana. Cada año gana el mismo bandera, el mismo solista o el mismo pandereta, salvo cuando
alguno de estos cause baja. Es así. En los certámenes de cierto nivel, habrá tunas buenas que no
conseguirán premio, hecho éste que aumentará el ego de ciertos cofrades porque “si hemos ganado
a éstos y sonaban de muerte, eso quiere decir que lo hemos bordao”. Uno siempre espera ganar
algún trofeo a pesar de que siempre se diga que lo importante es participar. ¿Quién dijo semejante
tontería?. Cuando se cita el nombre de la tuna premiada, se oye un grito a lo lejos de los
galardonados. La tuna ganadora se abalanza sobre el escenario y empieza a tirar fotos. Los que
aspiraban al título felicitan a los vencedores con una falsa sonrisa en la cara. Resignación. Se cantan
los clavelitos o el gaudeamus y se acaba el certamen propiamente dicho.
Poco después hay cena fría y juerga a tope como en la noche anterior. Los tunos que no
han visto cumplidos sus objetivos muchas veces se irán a dormir sin salir y sacrificarán la noche.
Comerán el bocadillo para engañar al estómago y beberán algo para olvidar. Los triunfadores harán
piña entorno al jefe y causarán estragos por la villa. Beberán desmesuradamente, bailarán, cantarán
y gritarán como posesos. Parece la última cena y la última noche. Se pierden las formas, se acosa a
las azafatas, se canta hasta reventar, se saca la escopeta, se goza y se ataca. Todo vale. Maricón el
último. Se duerme poco o no se duerme. No hay toque de queda ni nadie que te espere en casa para
pegarte la bronca. Se respira libertad. Algunas tunas – las que tengan prevista la salida antes del
mediodía – se recogerán más pronto, aunque lo normal será llegar al hotel al amanecer. Todo se
junta. El tuno está cansado, vocaliza con dificultad y habla por hablar.
El domingo es el día de la resaca. El tuno se levanta obligado por las circunstancias ya que
la camarera de pisos tiene que limpiar las habitaciones a partir de las doce. Se vuelven a reunir
varios compañeros en alguna habitación y rememoran la noche anterior mientras uno defeca. Los
tunos huelen a tabaco, tienen un aliento putrefacto y la cabeza parece que les va a estallar. Se
duchan casi por intuición y hacen la maleta apresuradamente. Nunca cabe todo lo que uno trajo en
las maletas porque la ropa está hecha una bola. Meterá uno o dos libritos del certamen dentro de
uno de los bolsillos y lo colocará junto a los escudos que compró. Enrollará el póster del certamen y
lo colocará en la parte superior de la maleta para que se arrugue lo menos posible. Cargará los dos o
tres bultos y saldrá de la habitación dando golpes contra las paredes. Se dispondrá a partir, no sin
antes tomarse un café doble y un croissant. El bar más cercano al hotel se llenará de tunos vestidos
de paisano que hablarán flojito mientras esperan que llegue la hora de partir.
El viaje de vuelta es muy triste. Se recordarán algunas anécdotas del fin de semana y poco
más. Apenas se abrirá la boca. Resurge la risa tonta. Algunos tunos comenzarán a pensar en el
certamen siguiente, pero la mayoría dormirá. La energía está bajo mínimos. El certamen ha
finalizado.

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Screech.
Enero 2003.