La lectura vertebral

El elemento más importante de nuestra estructura corporal es la columna vertebral. Han tenido que pasar millones de años para que en nuestro planeta se desarrollara una especie animal que consiguiera tener columna vertebral y miles de años en que la pudiera disponer en vertical. Es la gran diferencia entre el "Homo sapiens" y el resto de mamíferos y animales. Pero la evolución, como su propio nombre indica, no se acaba y el esfuerzo de la verticalidad nos lleva a generar una gran zona de tensión en la musculatura vinculada a la columna vertebral. Es evidente que en el transcurso de nuestra vida, dependiendo de nuestra capacidad vital, vamos notando más y más este esfuerzo. En nuestra infancia, en tan sólo un año conseguimos reproducir el fenómeno que la especie ha tenido que desarrollar durante miles de años, ponernos de pie. Durante la juventud, ni siquiera notamos que existe la columna vertebral. Va a ser en la etapa madura de nuestra vida y en la senectud en la que la fuerza de la gravedad se convierta en una pequeña tortura que fuerce a nuestro cuerpo a inclinarse hacia delante y a perder altura, acercándonos así a la tierra, en un retorno al origen.

Es clara la importancia de mantener una columna vertebral sana, ágil y lo más relajada posible, lejos de las sobretensiones que una vida excesivamente estresada nos impone. Ser consciente de nuestra columna vertebral nos acercará a la posibilidad de responder con eficacia delante de pequeños problemas que nos puedan afectar. Movilizarla, distenderla, elastificarla, nos asegurará la conservación de nuestras capacidades juveniles y nos ayudará a preservar nuestra salud física y psíquica.

La lectura vertebral es un sencillo ejercicio que nos ayudará a mantener las capacidades de nuestra columna. En primer lugar, en el movimiento de flexión, nos va a producir un estiramientode toda la musculatura posterior de la espalda, especialmente de los músculos más relacionados con la columna (paravertebrales, sacrolumbar, etc.). Aportándonos, acto seguido, en la fase de inversión un cambio de polaridad en las tensiones y los soportes, ayudando así en el proceso de distensión y de relajación de la columna.

No olvidemos los beneficios de las inversiones en la circulación: mejor retorno venoso y linfático en los órganos internos (hígado, riñones, bazo, glándulas sexuales, etc.) y una activación de la circulación arterial en la cabeza u mejor oxigenación del cerebro y las glándulas que están por encima del corazón (timo, tiroides, hipófisis, etc.).

En la recuperación de la verticalidad, en la extensión, vamos a estimular la individualización de cadenas musculares que suelen estar viciadas por la repetición de los mismos movimientos. Así, bien ejecutada, la lectura vertebral nos proporcionará la fuerza que necesitamos en la musculatura lumbar, dorsal y cervical ya que actuaremos sobre ella en sentido más natural para mejorarsu tono: relajación, estiramiento y tonificación.

Para empezar, partimos de la postura anatómica. Colocando los pies paralelos, separándolos la misma amplitud que nuestras caderas (o un poco menos); las rodillas un poco flexionadas; la cadera un poco basculada hacia delante (estirando la zona lumbar y permitiendo la libertad diafragmática); hombros rotados hacia atrás (ligeramente); las palmas de las manos hacia delante y la barbilla apuntando hacia el pecho para permitir una buena proyección de la coronilla en sentido vertical.

El ejercicio consiste en ir permitiendo que nuestras vértebras se flexionen hacia delante de arriba abajo. Primero las cervicales, en una inclinación de la cabeza hacia delante, para continuar con las dorsales, lumbares, sacro y coxis. Hay que tener en cuenta la progresión vertebral e intentar individualizar cada una de las flexiones, así el movimiento es naturalmente lento. Es muy importante que los brazos cuelguen del cuerpo y que la fuerza de la gravedad les permita estirar la musculatura dorsal.


No es importante el llegar con las manos al suelo si esto ha de forzar la postura. Ante todo hemos de permitir a la gravedad que actúe sobre nuestro cuerpo ya que ello ayuda en gran manera a la relajación. Durante el proceso, la respiración ha de producirse de forma natural y es muy conveniente que sea la expiración la que conduzca el movimiento ya que es si misma la expiración nos trae relajación. Cuando hayamos alcanzado la flexión total de la columna, va a ser la expiración la que nos permita ir un poquito más allá, ayudándonos a estirar la columna sin esfuerzo. Después de unas cuantas respiraciones podemos incorporarnos siguiendo el orden inverso a la flexión. Primero enderezaremos el coxis y el sacro y continuaremos con las vértebras lumbares (5ª, 4ª, 3ª, etc.), las dorsales y las cervicales. La subida ha de ser lenta, así evitaremos que el cambio de presión sanguínea, debido a la inversión, nos pueda producir mareos o vértigos.

En la subida la inspiración, con su acción tonificante, nos puede servir de guía. Quizás nos sea más fácil conducir la conciencia en la subida ya que es un proceso más activo. Si es así, podemos afinar más la individualización del esfuerzo en cada zona del cuerpo y, si es posible, en cada vértebra.

Al final, una vez erguidos, podemos concienciar el cuerpo y percibir las modificaciones que se hayan producido. Es muy importante la escucha corporal, respiratoria y global que podamos experimentar ya que nos abre un espacio más en nuestra consciencia y nos permite advertir cambios sutiles.


Observamos que una lectura corporal, aparte de beneficios físicos (flexibilidad, tonificación,...) o psíquicos (paz, relajación,..) , nos puede conducir hacia una profundización en nuestro propio ser, afinando los sentidos internos y mejorando nuestra capacidad de ser conscientes. En suma, la lectura vertebral nos puede ser de gran ayuda en nuestro proceso de mejora personal e integración, una etapa de nuestro yoga.

Mario Balagué, febrero de 1998

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