Any 96
Bienvenidos al consultorio del Dr. Forúnculus. Seguro, queridos amigos e/o improbables amigas, que más de una vez, de dos, o de doscientas, habéis padecido el desprecio desdeñoso de algún ente cercano que no ha podido reprimir el impulso de gritaros a la cara que sois unos jodidos guarros, que apestáis y que, sobre todo, no aciertan a soportar vuestros asquerosos granos. Los más listos de vosotros se habrán planteado ¿qué puedo hacer? En ocasiones os rondarán por la cabeza posibles soluciones, a veces serán vuestras partes íntimas las que os reclamen enmienda, ante la triste perspectiva que les aguarda... Es una situación frecuente, pero hay una rama de la ciencia que ha estudiado durante siglos el eterno problema de las caras repletas de bultos enrojecidos: de hecho, es un campo intersecto de varias de ellas. El enfoque interdisciplinar abarca la medicina (dermatología y patobultología), la psicología (psicodiviesología), la sociología (sociología seborreico-acnética) o los recientes intereses del derecho ( neopositivismo espinilláceo ) o la microbiología ( costrología de los microorganismos). Sin embargo, suele mostrarse complicado (y ocasionalmente contraproducente) el acceso a textos interminables en alemán o inglés técnico, y la escasa bibliografía en castellano nos resulta asiduamente obsoleta. Así pues, daremos cuenta en esta sección de los últimos avances prácticos en granología. Con unos pocos consejos, podréis libraros de esos molestos compañeros que tanto dificultan vuestra integración en la sociedad. Comenzaremos por lo que los americanos llaman un FAQ (Frequently Asked Questions), o Todo lo que siempre siempre siempre quisiste saber, pero, joder, te daba palo ir preguntando como un pardillo.
1. ¿ Por qué tengo granos, eh?
+ Tienes granos por muchos motivos. Algunos de ellos los conocemos, y otros no, pero te sorprenderías de saber que uno de ellos, probablemente, es que te lo mereces. No está científicamente comprobado que la masturbación o la excitación sexual no puedan provocar granos. Jugar al Magic hace que te salga acné. Y el aire. Y ver a tu madre desnuda. Y tocar libros con las manos desnudas. Y las porquerías que compras en el quiosco. En cualquier caso lo importante no es saber el porqué, sino cómo coño quitártelos. Espabila, Evaristo, y cierra la boca, que el aire está lleno de moscas.
2. ¿Cómo me quito los granos?
+ Deberías ponerte en manos de un experto. Son carísimos, pero no funcionan. Así que haznos caso a nosotros: ponte en manos del equipo del Dr. Forúnculus. Sigue atentamente los consejos que te iremos dando.
3. ¿Qué es un grano?
+ ¿Qué es un grano, me preguntas mientras clavas tu pupila en mi pupila azul? ¿Y tú me lo preguntas? Un grano, un grano eres tú.
4. ¿ De dónde vienen los granos?
+ Parece demostrado que, pese a la creencia generalizada a pensar que el origen de las pústulas y espinillas procede del bloqueo de glándulas sebáceas y asín, en realidad los cuerpos conocidos como granos son pequeñas bacterias envalentonadas y alteradas por un clima hostil que buscan desesperadamente un huésped. Los Granophidus Heavilissimus pertenecen a la familia de los paralamelibranquios traqueales, unos mesoorganismos que son molestísimos, pero pocas veces letales. De hecho, tan solo nos atacan los machos, ya que no pueden reproducirse: así que, como no follan, tiene que joder de alguna manera.
5. Parece que en primavera me vuelvo algo más repulsivo ...¿Por qué?
+ No creas que, por el mero hecho de que tú pienses que tu estado físico es peor del habitual, este extremo acontece en la realidad: estás sometido, por por culpa del acné, a enormes tensiones que resultan en una obnubilación más intensa. La cuestión es que probablemente estés peor, pero, sobre todo, y por decirlo técnicamente, te agilipollas bastante más. Tu percepción de tu aspecto se ve afectada por lo enfermizo de tu mente, otro síntoma de la enfermedad.
6. Pero... ¿no puedo morirme de acné, verdad?
+ Psche... Raros son los casos en los que un humano ( ya varón, ya hembra, ya jugador de Magic ), ha perecido por la picadura de un Granophidus Heavilissimus, pero no sería la primera vez que rebaños de manadas atacan a un mismo huésped, acabando con su vida repentina y sorprendentemente. Son recordados los casos de Stefan Élic, Philip Callahan, Meredith Derrick o, por citar ejemplos más cercanos, el de la malograda Carolina Eroto.
7. Hostia... Me has dejado preocupado. ¿ Qué es lo que nunca debo hacer?
+ Es difícil de decir: cada humano/a/jugador de Magic es un mundo. Digamos que no debes ponerte delante de vehículos en marcha, no debes ingerir líquidos corrosivos, ni clavarte o dispararte nada en órganos vitales. Tampoco debes saltar desde muy alto, ni mear en la acera, ni robar chucherías en el quiosco si el dueño te está mirando. Hay más, pero es un tema para otro artículo. Se acabó el tiempo y el espacio. El mes que viene, consejos prácticos: Como conseguir que la gente no note que tienes granos o al menos lo finja bien.
Bienvenidos otra vez al consultorio del Dr. Forúnculus. Este mes trataremos el interesante tema del olor corporal. Algunas respuestas a preguntas como ¿es malo apestar?, ¿de dónde procede el nauseabundo olor que surge de mi boca?, o ¿influye este pestazo en lo decrépito de mis relaciones sociales? se podrán hallar en las líneas siguientes. Antes de entrar en las cuestiones antes mencionadas, deberíamos retrotraernos a nosotros mismos y echar un vistazo a la evolución paralela del hedor y el humano. No sorprenderemos a nadie si afirmamos que, para empezar, la causalidad teórica deviene francamente confusa. ¿Qué fue antes, el hedor o el humano? Indiscutiblemente, los olores eran percibidos por animales preexistentes al homo sapiens, pero no es fácil dilucidar si eran o no apreciados críticamente por parte de estos. Las corrientes de opinión basadas en las investigaciones de la prestigiosa Universidad de Colombia (Peste y olor a humanidad: Una aproximación crítica, Marian Quechua et al, ed. Dandruff, Quito 1996) parecen defender que el hombre ya era repudiado por su olor por multitud de criaturas antes de ser él mismo consciente del lamentable efecto que producía. De hecho, se aventura que fue una de las posibles causas de la extinción del Tremendus Lagartosaurus, el último de los dinosaurios gordos. Sin embargo, estudios del Centro de Investigación Muy Avanzada de Cicely, Alaska, niegan no solo lo previo de la peste al hombre, sino incluso su directísima consecuencia: no existe prueba alguna en contrario o al menos no la conocemos, así que, ejerciendo la presunción iuris tantum, afirmamos lo que nos da la gana y mierda. Este extremo nos permite adentrarnos en lo intrínseco al ser humano y a sus posteriores malevoluciones (como los veraneantes en Marbella, los jugadores de Magic o los seguidores de El Fary) del efluvio pestilente que acompaña en multitud de ocasiones a todos ellos. Encontrar una solución general para un problema de tales características representa una quimera inalcanzable, más próxima a la superchería y a la habladuría popular que al auténtico conocimiento científico. Así pues nos centraremos aquí en los posibles socorros que puedan aprovechar para la subespecie mutante que más lee Library: los jugadores de Magic.
En primer lugar, debemos analizar el problema de si realmente importa el olor que despida nuestro cuerpo. Ante todo, hemos de relativizar la cuestión al ámbito social. Para el Magiquero, por definición, no tiene importancia el olor que él mismo desprenda, sino el que es percibido por los demás, la relevancia del asunto estará en cuánto perciban los demás nuestros efluvios y nosotros los ajenos. Si nos movemos en un ámbito de personas que, bien por costumbre, bien por sobreeducación, bien por cuestiones físicas, no muestran sensibilidad ante nuestras fragancias, no cabe preocupación. Ahora bien, si nos movemos en ámbitos no marginales de la vida urbana, debemos ser conscientes de la repulsión profunda que causa al humano medio el torrente químico que emana de un Magikero que no se ha duchado en un trimestre. El humano no es capaz de comprender que el Magikero no necesita lavarse tan a menudo como él y por ello lo mira con un incontenible desprecio. Así, si queremos evitar el rechazo deberemos adoptar alguna medida como las siguientes relatadas (están extraídas de un libro de D. Lasaosa El futuro de la fibra óptica en las telecomunicaciones españolas) :
a) Medidas de gregarización. Si uno siempre va con un montón de gente alrededor, es posible que el humano objetivo no perciba concretamente de quién es la emanación. Según un cúmulo de circunstancias demasiado complicadas de explicar para este breve artículo, puede que decida ignorar el asunto o que evite al grupo completo. La agregación y prolongación temporal de este último fenómeno es uno de los motivos de creación de etnias magikeras que acaban enclavándose en locales al uso, recibiendo este hecho el nombre de efecto piara.
b) Medidas de disuasión química. Más conocido como del método Taxi (la popular familia florentina era experta en estas lides), consiste en camuflar las esencias exultantes del cuerpo mediante la adición indiscriminada de líquidos comprados a tal efecto. Colonias fuertes, desodorantes y ambientadores son los tres grupos básicos de productos que podemos emplear.
c) Medidas de camuflaje o pretensión de mimetismo. La cuestión es moverse siempre por lugares donde los olores ambientales sean aún más poderosos que los nuestros, en aras a que la importancia de nuestra presencia no resulte especialmente significativa en el aspecto olfativo. Resulta especialmente efectiva en adición a la primera medida, si bien refuerza el anteriormente mencionado efecto piara.
d) Medidas de negación/convicción. Podremos intentar, en determinados casos, persuadir al humano-a, objetivo, de que la causa del nefario tufo no somos nosotros, sino algún ser, ya animado, ya inanimado, cercano en el espacio y a la vista, que podamos señalar con nuestro dedo índice. Es recomendable, aunque más complicado, cargarle el muerto a un objeto inerte, porque no suele percibirnos, contestar o ponerse violento y partirnos la cara. Por otra parte, este sistema suele ser poco útil para prójimo al que vayamos a ver frecuentemente, sobre todo si su nivel intelectual excede al del jugador de Magic que lo intenta, o si es simplemente de un Cociente Intelectual superior a 70.
e) Como último recurso, y solo para casos desesperados, una ducha puede solucionar el problema. Lo malo es que, como dice el refrán: Puede ser peor el remedio que la enfermedad. Un magikero de pro puede perder parte de sus habilidades, e incluso de algunas de sus cartas de Unlimited o Arabian al estar separado mucho tiempo de ellas, condición sine qua non para ducha o baño, ya que tanto el agua como el vapor resultarían fatales para vuestras barajas. Por no mencionar otros efectos menores, como perder una parte importante de la extradermis, la capa de piel que es uno de los atributos distintivos del magikero frente al humano, o el fatal efecto que el jabón podría tener para con vuestra caspa. Más consejos el mes que viene. Mientras tanto, resguardaos de la lluvia, como dice el refrán: En otoño, cuidao con el agua, coño. Dr. Forúnculus.
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