Hij@s
Parece que, por una vez, puede salir bien. Días
antes de que la justicia británica invocase la inmunidad soberana
para Augusto Pinochet, semanas antes de que se concediese la extradición,
esa era la idea que transmitía Ana Caride, la coordinadora de Hijos
en Valencia. Hijos es una asociación fundada en 1995, pero nueva
en Valencia, enmarcada en el ámbito de la miríada de ONGs
que han surgido de un tiempo a esta parte, cuyo rasgo distintivo es el
que la mayoría de sus miembros son hijos de desaparecidos en regímenes
totalitarios de LatinoAmérica y que reclaman justicia: la detención
de Augusto Pinochet ha sido excelentemente recibida. Ana tiene 22 años
y es hija de dos argentinos que sufrieron estas circunstancias en el régimen
de Videla, en Argentina. Su padre, Carlos, fue asesinado en el año
1976 por la Policía Federal y su madre, Susana Burgos, permaneció
dos años (del 1977 a 1979) en un campo de concentración.
Cuando salieron de Buenos Aires, y tras un breve paso por Suecia para que
su madre declarase contra Astiz, un notable agente de Videla, por el asesinato
de Dagmar Hägelin.
“Pero”, denuncia Ana ”éste es solo uno de
los miles de casos que las dictaduras del cono sur dieron por finiquitados
con leyes de punto final y obediencia debida. Afectados por estos casos
se encuentran organizaciones con gran relevancia social como son las Madres
de la Plaza de Mayo, pero Hijos tiene motivos próximos y diferentes
a la vez”. Una gran parte de sus miembros fueron forzosamente exiliados
(los hay que retornaron) y viven diseminados por Europa, aunque se sienten
argentinos. La óptica de estos jóvenes es la búsqueda
de su propia identidad, el anhelo de justicia, el rechazo al olvido y la
rotura del silencio que ha imperado en las naciones latinoamericanas tras
el cambio de régimen. De todos modos, Hijos no es una mera réplica
de las Madres de la Plaza de Mayo. Las particulares circunstancias de los
descendientes de aquellos exiliados y desaparecidos dan motivo común
y sentido a la institución, que cuenta entre uno de sus puntos de
referencia al poeta argentino Juan Gelman.
Sin embargo su punto de vista es evidentemente europeo,
lejos de la explicable condescendencia de los gobiernos sudamericanos para
evitar levantamientos de las fuerzas armadas y fracturas sociales, la mayoría
de estos exiliados ha crecido en ambientes con democracias más profundas
y garantizadas que las de los menos estables países andinos, y eso
les hace lamentar especialmente la impunidad con la que torturadores y
asesinos caminan por las calles. ”¿Pero qué tipo de base
es esa para crear un futuro democrático?”, se preguntan los miembros
de Hijos. Un ejemplo de esta legislación es Argentina. En
1984 el gobierno de Raúl Alfonsín juzgó a los responsables
e incluso los condenó, pero acabó estableciendo las leyes
de punto final y obediencia debida que evitaban que los condenados acabasen
en la cárcel.
Como decía el escritor chileno Jorge Edwards
recientemente, la actuación de Garzón en este caso y en los
que vengan con posterioridad es un motivo para que reflexionen los que
han pertenecido a los regímenes que han golpeado estos países.
Ana Caride comparte plenamente estas declaraciones. “Hemos de acabar con
que estos criminales devengan intocables, no se permanecerá invulnerable
si se cometen delitos de ese calibre. Debemos trabajar para esclarecer
la verdad y para conseguir el repudio social, si la condena no es posible.
Es útil para la memoria histórica de un país, para
que no vuelva a suceder, que el pueblo recuerde, pero no solamente eso.
Dentro de los treinta mil desaparecidos (solo en Argentina. En Chile se
calculan unos dos mil quinientos) había un número de mujeres
embarazadas que tuvieron sus hijos dentro de los más de treinta
campos de concentración”. Estos niños, hoy adultos en su
mayoría, fueron criados por militares que los adoptaron, o por colaboradores
del régimen. Solo unos pocos fueron entregados a orfanatos y posteriormente
acogidos por familias no necesariamente adictas al régimen.
“De aquellos que vieron la luz en los campos” apunta
Caride “muchos han descubierto ya su pasado, pero hoy en día unos
quinientos siguen ignorando su verdadero origen. Se da el caso paradójico
de que algunos de los que han descubierto su origen repentinamente convivían
con los asesinos de sus propios progenitores. Así, aunque se trata
de una experiencia traumática, que ha causado la necesidad de asistencia
sicológica en muchos casos, tratamos, colaborando con las bases
de datos genéticos de las Madres de la Plaza de Mayo, de lograr
que aquellos que fueron arrancados de su vida y de sus orígenes
puedan conocer su auténtica procedencia. De hecho, por los crímenes
cometidos al secuestrar a estos niños son los únicos por
los que la legislación argentina permitió a Strassera (el
fiscal de las Juntas Militares) procesar a algunos de los responsables.
Las declaraciones del fiscal Fungairiño dudando
primero de la autenticidad de los genocidios cometidos y después
de si eran efectivamente constitutivas de delito para la jurisdicción
española no sientan bien en la asociación. “Aunque el gobierno”
dice Ana sin perder un ápice de calma ”pueda sentir presiones económicas
del gobierno chileno, es intolerable que Fungairiño pueda siquiera
cuestionar esos hechos. Cuando hay miles de testimonios de raptos, y esta
gente no reaparece... ¿Qué más hay que hacer para
comenzar el caso? ¿Qué mayores evidencias quiere?”.
En la actualidad, Hijos colabora con asociaciones
de mayor tamaño que buscan lograr las 500,000 firmas para apoyar
juicios y extradiciones como la de Pinochet. “No se trata solamente”, insiste
Ana Caride ”de solidaridad con Argentina, Chile o Uruguay. Se trata de
que la justicia española también ha de responsabilizarse
de los seiscientos súbditos españoles desaparecidos”. No
es la única de las actividades, ya que la asociación se encuentra
en Valencia en sus primeros pasos, pero está creciendo deprisa.
“Afortunadamente los españoles son muy solidarios para estos temas.
Cada vez hay más en nuestra asociación, gente que no ha padecido
directamente estos problemas pero que desea ayudar”.
“El hecho de encontrar”, comenta Ana, “a alguien
que te entienda a la primera, a quien no necesites explicarle tus sentimientos
de repulsa, de ansia de justicia y de desear que no continúe la
impunidad es el que mueve a las asociaciones de Hijos, que están
diseminadas por Europa”. Gracias a Internet Ana se comunica con las sedes
de Suecia, Suiza, con la central en Buenos Aires, y empiezan a formarse
los gérmenes de las nuevas incorporaciones en Francia, Holanda y
hasta Australia.
Sergi Albir
Fotografias de Alfonso Belmar