El libro pertenece a la Col.lecció El Mercat que dirige Paco Camarasa, un profesor del CEU San Pablo decidido a perpetuarse en la memoria como un editor ejemplar, según los propios artistas, que agradecen constantemente la libertad que Paco proporciona a sus protegidos. Es probablemente este factor el que coloca las obras que se realizan en la capital del Turia en vanguardia mundial. Si el tebeo barato ha gozado durante años de buena salud, la llegada de los japoneses parece haber sido en España, la paradigmática luz que brilla con su máximo esplendor antes de empezar a decaer, y mientras en Estados Unidos se viven incertidumbres de gran calado, en los círculos innovadores de Europa se tiende más a realizar obras (según se vio en el último salón de Angouleme) con una mixtura entre palabra y dibujo que difiere mucho del cómic (o de le bande desinée) tal y como se ha entendido tradicionalmente. Y precisamente la fórmula de avance en el arte del cómic, como en cualquier otra, pasa por la libertad creativa del artista. "Los editores", reconoce Micharmut, "siempre tienen ideas. Y claro, a mitad de una obra, suele ser contraproducente. Yo prefiero trabajar con la obra completa y después ofrecerla".
La obra supone un punto de inflexión en la obra de este artista, al cual, si bien la crítica ha reconocido sus méritos, el público ha insistido en maltratar. En Veinticuatro Horas Micharmut sabe suavizar sus tendencias, e incluye textos que encuadran mejor las sensaciones que pretende transmitir, siempre desde un lugar secundario, de mero apoyo. "Ocupan un lugar supletorio, son algo así como el ruido de fondo", dice el propio autor. Veinticuatro horas es la expresión del tedio cotidiano que se vive en una ciudad cualquiera, y el mensaje es mucho más comprensible que en cualquier otro de los álbumes de Juan Bosch. "Por una vez, decidí escribir lo que tenía en la cabeza, y no limitarme a dibujarlo. En cierto aspecto, supone el fin de una época para mí, tanto por el dibujo como por la forma de contar la historia."
La trama, o más bien el paso de las horas, está ambientada en Valencia, cada imagen tiene su referencia real, pero Micharmut no quiso explicitarlo "porque supongo que no debe ser distinto de otros sitios..." El libro tiene mucho de pesimismo, de hastío, de repetición, y es la expresión de un sentimiento fácilmente reconocible, del que se hace partícipe al espectador-lector, al cual se le requiere un cierto esfuerzo, menor que en obras como Raya o Marisco. El encargo que recibió de Paco Camarasa le otorgaba potestad absoluta para crear, pero el editor no se esperaba que le fuesen a romper el formato. Diferente tamaño, diferente logotipo, páginas desplegables en el interior... Lo único que se ha respetado es la edición bilingüe (valenciano y castellano) y la tirada limitada, la cual, por cierto, ya está a punto de agotarse "¿Y qué voy a hacer? Si le digo que puede hacer lo que le apetezca, y luego sale así de bien, no tengo ni siquiera la opción de quejarme...", comenta, entre risas este atípico editor, que no se ciñe a las convenciones en la industria de la historieta: paga un fijo, con contrato, y planifica a largo plazo. Y es que, hasta en la distribución es poco convencional: la colección está empezando a distribuirse en museos de arte moderno, donde no está dando malos resultados. Cuando se le pregunta por su trabajo habitual, Camarasa explica que imparte clases de Mercadotecnia especial, y uno ya se va haciendo a la idea de por donde van los tiros. Cuando cuenta lo de la beca Fulbright (la misma que obtuvo, por ejemplo, Josep Borrell, ministro de obras públicas), toda la posible casualidad del éxito de esta colección se disipa rápidamente. Así que, a los pocos minutos, empieza a hablar de proyectos futuros: Max, con Monólogo y Alucinación del Gigante Blanco, será el próximo, y, en unos meses más se añadirá a la lista Raúl (autor de Fe de Erratas y de Berlín 1938). Los que oyen los cantos de sirena de Paco, pero todavía no se han desatado son Miguelanxo Prado, Daniel Torres y el mismísimo Robert Crumb (sí, ese de los Freak Brothers). Así las cosas, habrá que esperar hasta el Saló de Barcelona de este año (donde se presentará el trabajo de Max) para comprobar si las líneas generales de la industria del tebeo español permanecen anquilosadas, o si las tendencias miran, como tantas veces, a París. Sergi Albir
Publicat?? 1996
"El proceso de producción" dice Capdevila "ha sido muy diferente. Normalmente tengo una idea visual en la cabeza y ahora podemos decir que estaba, digamos, literariamente contaminado desde el principio". De hecho, Monólogo... tiene una fuerte referencia a En las piernas del gigante blanco, un poema de Dylan Thomas (1914-53), un poeta británico que influyó a Capdevila hasta el punto de escribir y dibujar este libro. La otra referencia al Gigante Blanco viene desde el curioso tema de la arqueología misteriosa: la enigmática figura de un humano con un garrote en la mano -al tiempo que una erección- de Dorset, Gran Bretaña, sólo visible desde el aire. Es una situación de sexo y violencia a la vez (pero que nadie llegará a pensar ni por un momento, que alguno de ambos es gratuito), y es lo que se pretende en un texto que, cuando llega el onirismo, y no antes, comienza a ser ilustrado. " No veía sentido" confesaba Max " en hacer ilustraciones para la primera parte, pero cuando el gigante comienza sus alucinaciones sí era necesario". Lo cierto es que en este trabajo se aprecia una mayor dedicación del autor, una elaboración mucho más cuidadosa que en su obra inmediatamente anterior, Como Perros. Francesc lo explica diciendo que el cómic es un medio al que ya está más acostumbrado, y que tiene más, en estos momentos, de inmediato que de laborioso.
Max siempre ha sido un hombre inquieto,
y en estos últimos tiempos se está dedicando, además
de a las tareas de creación, a llevar a cabo una revista de periodicidad
semestral junto a Pere Joan llamada Nosotros somos los muertos, en la cual
da salida a autores de diferente procedencia, pero de calidad indiscutible:
Micharmut, Cifré, Gabi o Joma aparecen en la publicación
de monograma, una de las pocas revistas de cómic que quedan en juego.
Sergi Albir (inédito).
15 d'agost de 1996
P: Ha creado vd. muchos personajes, se le ha mencionado alguna vez como el Walt Disney valenciano...
R: No sé, yo siempre he sido un admirador de los trabajos de Disney, pero sobre todo, de los resultados de su equipo. Según tengo entendido, Walt Disney no dibujó mucho, sino que dirigió a un gran número de colaboradores que hicieron un trabajo fantástico, y aún hoy siguen haciéndolo.
P: ¿ Pudo pasar Pumby al
cine?
R: Quizás en algún momento. Lo que es seguro es que el personaje sí tuvo una evolución dirigida a tener un aspecto gráficamente más asequible para los niños, que eran los lectores de la revista. Al principio era más un felino y acabó con un aspecto más redondeado y más antropomórfico, casi un humano con rasgos de gato.
P: Como Blanquita, la compañera de Pumby, que también cambió de aspecto. Incluso seguía la moda.
R: Es cierto. Yo siempre he sido muy partidario de hacer cambiar de aspecto a los personajes, y no de tenerlos perpetuamente invariables. En un principio era siempre igual, pero yo no quería eso para mis personajes. Una cosa que tradicionalmente me molestó de Rosario, la de Popeye, es que salió durante cincuenta años y siempre con el mismo vestido. Blanquita sin embargo, se fue humanizando en una primera etapa y, a partir de ahí, fue vistiéndose como las chicas de la época.
P: También tuvo influencias de otros clásicos americanos.
R: Siempre he sido un gran fan de Alex Raymond ( el autor de Flash), por su gran calidad gráfica, su dinamismo y su vinculación con la ciencia ficción. Él también hacía los guiones, y también se adaptó, cuando volvió de la segunda guerra mundial, a la circunstancia: mira El Agente X-9 o Rip Kirby. También me gustaron mucho los comienzos de El Hombre Enmascarado (Lee Falk ), gracias a Amorós, un guionista de aquí que me los hizo leer.
P: ¿Trabajó con guionistas?
R: De hecho, pocas veces. Muy pocas. Resulta que yo creo que si un escritor y un dibujante se entienden muy bien, el resultado es tan bueno como si el autor es una sola persona. Pero, en mi caso, me resulta aburrido seguir un guión preestablecido, y acabo modificándolo demasiado. Así que he trabajado solo casi siempre: así, consigo hacer la historia entretenida. Si veo que la narración sufre un parón, pues la cambio, altero la trama, y así el lector no se aburre. Pero ni siquiera escribo la historia como tal, la mantengo en la cabeza y ya está. Otras cosas que sí he hecho con un guión ajeno han sido con Carles Recio, como por ejemplo Guillem, un heroi modern , en el que el escribe y yo pongo las ilustraciones, pero no es exactamente un tebeo.
P: ¿Y con ayudantes?
R: Tampoco. De hecho, solían entorpecerme, porque había que ir de arriba abajo con las hojas, había que enseñarles y no ganaba tiempo. Fíjate, incluso hoy en día la rotulación la hago yo y así puedo adaptar los diálogos exactamente a la situación que he dibujado. P: Volviendo a Pumby, su obra más famosa... ¿qué pasó con los derechos? R: Es complicado, porque nosotros tuvimos un pleito con la Editorial Valenciana para intentar recuperar nuestros originales y los derechos, pero lo hicimos por la vía penal y no prosperó. Yo creé a Pumby, y no ese otro señor al cual no quiero mencionar, que incluso les llegó a confundir a ustedes. La ley de Propiedad Intelectual exime al autor de la obligación de registrar sus creaciones, y los tribunales confirmaron que yo, dijese lo que dijese la editorial, era el creador. Lo que sí me han dicho es que se han publicado páginas de Pumby y otras cosas del fondo de Editorial Valenciana en Alemania y Francia, e incluso en México, y de todo eso no he cobrado nada, ni he recibido ninguna notificación oficial. Y dicen que las páginas no saben donde están. Es una lástima...
P: Pero fueron unas 20.000 páginas.
R: No es un cálculo exacto, pero probablemente más de 20.000. Ya he mencionado que muchas, la mayoría de esas páginas "desaparecieron", pero yo empecé a trabajar como dibujante en 1948, en Taco Myrga, y estuve casi cuarenta años haciendo unas diez páginas semanales, portadas, ilustraciones,... Y aun hoy en día sigo dibujando.
P: Así que sigue al pie del cañón.
R: Lógico. ¿Quién puede jubilar a un artista? Nosotros estábamos todos en una situación muy precaria y no había nada claro, así que debemos trabajar mientras podamos. Tengo entendido que Serafín (otro dibujante, colaboró en La Codorniz) tuvo que solicitar una pensión no contributiva después de toda una vida trabajando.
P: ¿ A qué se dedica ahora?
R: Kuasar P, Blanquinova y los Pumbitrones, La Venganza de Sulfurcia... Es una nueva serie que presentaré en septiembre. Me sirve para adaptar a los personajes a la dinámica actual. Más espectacular, más visual, con una estética más próxima al manga, que es lo que parece que les gusta a los niños de ahora. Como, además, no tengo problemas de tiempo, está quedando bastante bien... Pero no soy yo quien tengo que decirlo. Si no sale bien, tampoco pasa nada. Es un poco experimental, así que prefiero que mi obra hable por mí. Por otra parte, también sigo con las historias de Miss i Fuss, en Camacuc, que está pasando por una racha un poco floja en cuanto a ventas...
P: En cierto modo recuerda a aquella serie de Mazinger Z...
R: Aquello era muy diferente. Por aquellos tiempos Pumby había empezado a decaer y en Editorial Valenciana estaban intentando sacar a flote lo que se pudiese. Hicimos la adaptación de la película y después me fui inventando nuevos episodios. Fue un trabajo de encargo, con algo de precipitación.
P: Uno de los personajes menos conocidos de Sanchis es El Machote...
R: Cierto. Lo tenía casi olvidado hasta que en ComicGuía (una revista que edita Tadeo Juan) decidieron insertar una de las historias que realicé en 1949... No hice demasiadas páginas con él, porque mi editor de aquellos días me sugirió que no lo utilizase más. No fue exactamente censura, de todos modos.
P: ¿Qué opina de los nuevos autores valencianos?
R: Casi todos los que ahora son más o menos famosos tienen una calidad indiscutible, pero, por supuesto, tengo mis preferencias. A Daniel Torres lo considero un ilustrador excepcional, pero a la hora de hacer historietas me gusta mucho Mique Beltrán, por su gran dinamismo, y Ortiz, que es un dibujante completísimo. Solo hay que ver su trabajo en Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Con todo, deberían tener cuidado en no caer en lo que caemos todos los dibujantes: el encasillamiento en un género determinado. Acaba siendo un lastre.
P: ¿ Qué hay que decir del premio del Salón del Cómic de Barcelona?
R: Es mi mejor premio, ya lo dije cuando me lo entregaron. Sobre todo porque había un gran número de amigos y compañeros entre los que estaban Iranzo (dibujante de El Cachorro o Kid Relámpago), Azpiri (Mot), Espallardó, Karpa, y muchos otros. Quizás lo único malo fue el comportamiento de algunos periodistas, que me acusaron de cargar contra los comics actuales, convirtieron a Pumby en un perro o le atribuyeron su creación a otra persona. Yo critiqué el exceso de violencia o pornografía en determinadas publicaciones, pero tergiversaron mis palabras y no me gustó. Aparte de eso, un recuerdo imborrable.
Sergi Albir
Publicat 13 de setembre de 1996
A
Mique Beltrán se le considera, a priori, como "el dibujante de Marco
Antonio". El planteamiento no es malo del todo, de hecho es estrictamente
cierto. Pero solo es una verdad a medias. Se siente más guionista
que otra cosa, y ha tocado palos como el teatro o la animación.
Sin embargo, la fama le llegó hace unos años por una serie
de aventuras: Cleopatra, la madre de su actual pupilo, viajando por lugares
exóticos le convirtió en el más popular de los autores
de lo que fue la renovación de los dibujantes valencianos en los
ochenta. Desde "Cairo", una revista emblemática, Mique saltó
a la palestra de la popularidad contenida que representa ser un historietista.
Ahora, desde la seguridad que le proporciona su página semanal en
El Pequeño País, prepara minuciosamente una serie de animación
con el mismo personaje.
P.En alguna ocasión, usted ha mencionado que se siente más cómodo como guionista que como dibujante...
R. Yo empecé como guionista, pero en un momento dado, cuando se me ocurrió la idea de hacer Cleopatra, no pude encontrar ningún dibujante, y decidí ocuparme yo mismo.
P. Sin embargo, su dibujo es extremadamente detallado, compacto...
R. Bueno, es cierto. Es una manía
que tengo, soy muy escrupuloso sobre la página, tengo un gran afán
perfeccionista, probablemente porque soy un gran admirador de Hergé
(el autor de Tintín), que tenía un dibujo impecable, posiblemente
fruto de que podía permitirse hacer un álbum cada dos o tres
años . Pero sucede que no soy un artista instintivo, sino más
bien un dibujante de páginas, y no tengo una tendencia compulsiva
a dibujar, así que veo la tarea de dibujante como eso, como un trabajo,
y procuro que esté lo mejor acabado que se pueda. Sin embargo, a
mí lo que me interesa es el fondo, la narración, la historia,
qué se cuenta, y no como está finalizado. Si además
de una buena historia, queda bonito, mucho mejor, pero sobre todo me atrae
el contenido y no la forma. De hecho, me considero un guionista que dibuja.
P. Pues para tomárselo como
una obligación , el resultado es espectacularmente bueno: la dinámica
de su narrativa es de la que se enseña en las escuelas de cómic.
R. Supongo que es porque se trata un código interiorizado, aprendido desde niño. He leído tebeos y he visto cine desde pequeño, así que lo tengo muy aprendido. No pienso en términos de plano y contraplano, sino que me resulta algo natural en un diálogo. Es algo casi cotidiano.
P. Y sin embargo le cuesta mucho tiempo hacer una historia. R. Es cierto, ya he mencionado antes que mi producción es más corta que la de otros autores. Yo admiro muchísimo a dibujantes como Font, Ortiz, y otros, que son capaces de hacer más de veinte páginas en un mes. A mí me resulta imposible. Yo ya llevo algunos años diciéndolo, hablándo del tema con Sento, con Gallardo, con Max... La mayoría de autores de mi, digamos, generación, incluido Daniel Torres, que es el más rápido, somos dibujantes de pocas páginas, así que creo que nuestro lugar natural es la prensa, los dominicales, que es lo que estamos haciendo ahora.
P. ¿ Y no sería mejor tener algún ayudante?
R. Quizás sea el momento de planteármelo, pero no creo que lo haga. Tiene que ver con mi forma de vida un poco anárquica. Si ha de venir alguien a tu casa a acabar las páginas, evidentemente tienen que estar hechas, y yo no dibujo todos los días, sino que empiezo a hacerlo cuando no tengo más remedio. Para tener un ayudante debería tener una vida mucho más ordenada, y lo cierto es que no me apetece demasiado.
P. ¿Pero eso no limita un poco al autor? R. Sí, por supuesto. Fíjate, Marco Antonio ya no viaja porque, literalmente, no tiene ninguna posibilidad. En una sola plana no lo puedo mandar a ningún sitio, pero son reglas que hay que aceptar. Y no solo eso, también me dirijo a un público específico, y he de tenerlo en cuenta...
P. Entonces, ¿el sitio de los dibujantes se limita a los dominicales?
R. Es un buen lugar, pero no el único. El Jueves está vendiendo un montón, y muchos de los autores actuales como Forges, Ricardo y Nacho, Ortifus, Romeu, están haciendo chistes diariamente, ganando mucho dinero y ocupando un lugar muy importante: son casi una columna de opinión, los lee muchísima gente. El comentarista político, de actualidad, es una figura al alza. Si uno se dedica a hacer tiras se encuentra con el problema que siempre han sufrido los autores que están al margen de los Syndicates americanos: una página completa de tiras como The Peanuts, Calvin & Hobbes, Pops Place y Garfield le cuesta tres mil pesetas a un periódico, así que no se plantean pagar a un autor local por una tira de humor, sino que prefieren tenerlo haciendo actualidad. P. Entonces quizás lo mejor hubiese sido quedarse haciendo Cleopatra. Iba muy bien ¿por qué la abandonó? R. Dejé Cleopatra, no sé, por querer cambiar. Surgió entonces la posibilidad de escribir "Escápate conmigo, monstruo", una obra de teatro para niños dirigida por Rafa Calatayud. Fue muy divertido hacer una comedia musical sobre monstruos, y, además tuvo bastante éxito. El problema, ya me lo han dicho muchas veces, es que mi carrera se ha resentido por este tipo de salidas, pero no puedo evitarlo, soy poco constante. Pero bueno, son cosas que te ofrecen y te planteas que tal vez no vuelvas a tener una oportunidad como ésta, y te lanzas.
P. ¿ Qué autores han influido en tu carrera?
R. La comedia en general me atrae bastante. Más concretamente Vázquez, Cifré, etc... se trata de autores que tienen unas elipsis estupendas: sus personajes salen de casa y de repente, sin coger el metro, están en la oficina, y luego en el desierto...
P. ¿No se ha prodigado en la ilustración?
R. Alguna vez sí lo he hecho, pero me resulta un poco ajena. Me cuestan mucho, porque siempre tengo la idea en la cabeza de contar algo, de desarrollar una historia, y no me siento cómodo con una sola viñeta. Me acuerdo de una vez que Ana Juan me decía: "no te preocupes, tú procura hacer algo que sea visualmente atractivo y ya está", al ver lo mucho que me costaba hacer este tipo de trabajos.
P. ¿ Cómo va la serie de animación?
R. De momento es un proyecto. Está en una fase muy avanzada, porque ya hemos buscado financiación, distribución, estudios, guionistas, y de todo. Pero aun puede tardar unos meses, un año... ¿quién sabe?
P. Es algo muy complicado. ¿No teme perder el control del personaje?
R. He procurado implicarme en el proceso para no tener que arrepentirme en ningún momento de pasar a Marco Antonio a la televisión. El contrato, además de asegurarme unas determinadas condiciones económicas, me atribuye la función de escoger el equipo de guionistas y de controlar sus trabajos. Por el momento estoy haciendo una serie de pruebas con autores de tebeos españoles que me parecen especialmente interesantes: el grupo de La Penya, que escriben Mondo Lirondo, Manel Gimeno, Mauro Entrialgo, Gallardo y también Karin, una escritora que me recomendó Jesús Cuadrado (un conocido crítico de comics), son la gente con la que pienso probar.
P. ¿No son un poco duros para el humor de Marco Antonio?
R. No lo creo, saben lo que están haciendo. Hay una serie de temas que no podremos tocar, porque es una producción de carácter internacional, y ha de verse en todo el mundo, pero casi todos ellos tienen multitud de ideas que podremos aprovechar. He preferido trabajar con ellos que con guionistas clásicos de animación, ya que éstos últimos tienen demasiados tics adquiridos con el paso del tiempo. De todos modos, los argumentos ya están todos listos, así que las líneas generales están marcadas. Ellos se ocuparán de concretar, de hacer los diálogos, etc... Quizás alguno se descuelgue y diga que no le apetece, pero son el tipo de gente con la que más coincido, aunque nuestras historias sean diferentes, tenemos muchos puntos en común. Uno de los detalles curiosos es que, en cuanto se lo mencioné a Gallardo, dijo de ocuparse de todos los personajes malvados. Y es importante, porque Balarrasa tendrá mucho papel.
P. Y en cuanto a la animación...
R. La realización no es cosa mía, yo bastante tengo con ocuparme de los guiones. En concreto, de ese tema se ocupará Manuel García Pozo, que es toda una garantía. Ha realizado algunos capítulos de la serie de dibujos animados de Batman, e incluso recibió felicitaciones de los directivos de DC (la compañía propietaria del personaje) por su trabajo. Estoy muy tranquilo en este aspecto.
P. ¿Y cómo es que todavía no ha comenzado?
R. Faltan flecos. Es un proyecto de veintiséis capítulos, a razón de veintiséis minutos cada uno. Hace falta mucha financiación, mucha gente, y aún nos falta un poco más de trabajo. Es una cuestión de tiempo, pero no podría decir cuánto. Pero tampoco me preocupa, yo sigo con mi trabajo semanal, y la serie para televisión es aparte.
P. De todos modos, tampoco es su primera experiencia en este medio. R. Ya había hecho algo para la Generalitat, un corto llamado Una tarde en el metro, en el que aparecían Cleopatra y Marco Antonio. También he escrito algunos capítulos para la serie de Cutlass, que está preparando Calpurnio, pero esto será un poco más laborioso, porque tengo que coordinar todos los guiones, darles unos rasgos comunes, escribir algún capítulo... De hecho, aunque tengo un equipo muy divertido, si hubiese tiempo suficiente, quizás los hubiese escrito yo, pero eso es imposible...
Sergi Albir