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Juliol del 95, aproximadament...

Slam Dunk

1ª Convención del manga en Barcelona

Cochinadas japonesas

Love City

 

SLAM DUNK

Autor: Takehiko Inoue

Una vez más nos encontramos ante un manga de temática deportiva, plagado de tópicos japoneses sobre el tema, tales como una competitividad desmesurada, un tono épico impagable y una realización técnica de buena factura. Esos, uno por uno, son los elementos inexcusables que deberemos tolerar como rasgos definitorios. Por supuesto, para acabar de redondear la cuestión, hay faldas y amoríos de por medio, lo cual constituye un gancho más para el cuidado triunfo comercial de esta serie sobre baloncesto, éxito, fracaso, amor y cabezazos procedente del país del sol naciente. El brillo de las gestas de esos chicos tan altos que se partían el pecho por colar una pelota gorda en un aro de alambre con hilajos colgando fue tal que llegó a colocarse durante una considerable temporada entre los diez programas de animé más vistos, enfrentándose cara a cara con ya clásicos del género como Dragonball ZZZZZ (perdón, me quedé dormido) o Sailor Moon S.

Lo más curioso de la exitosísima Slam Dunk es el poco arraigo que el juego de la pelota, los señores larguiruchos y las dos canastas tiene en Japón. Curiosamente, los nipones tienen mangas con todos los deportes conocidos, desconocidos e incluso inventados. Las series de beisbol siempre se entendieron allí, las de voleibol, sin problemas; Captain Tsubasa ( Campeones, en versión ibérica ), ya se hacía complicada de asumir, pero su carismático elenco de jóvenes imposibles acróbatas-malabaristas del balón deforme y los campos infinitos ahogó cualquier queja; aquello del balón prisionero, mal que bien, fue colando, pero...

Analicemos las fases finales de los campeonatos del mundo de baloncesto, o las mismas olimpiadas y podremos cotejar el impacto que tiene sobre la población. Dudo que tengan más licencias deportivas de baloncesto que Andorra. Ni un sólo jugador japonés cosecha éxitos en U.S.A. Y mira, allá van: Slam Dunk lleva arrasando en la televisión nipona desde octubre de 1993, fecha en la cual comenzó la emisión del animé, reflejo fiel del espíritu del ya legendario manga. Es por ello que se plantea un tema de reflexión ¿podrán la televisión y el manga con la tradición de los japoneses de no distinguir un balón de básket de un queso gruyere? Si lo hace, nos encontraremos ante un fenomeno digno de atención de los publicistas, políticos e incluso sociólogos aburridos. Hoy en día, el golf recoge una enorme parte de las aficiones lúdicas de los nipones y, sin embargo, no parece que este hecho tenga que ver demasiado con la proliferación de mangas y animés. Es más, la disociación entre la realidad de la práctica deportiva y la contemplación de series ficticias es un hecho incontestable. Se conjuga, además con un escaso éxito de asistencia y audiencia de los partidos de baloncesto reales, si hacemos excepción de la NBA, que, con todo, tampoco, se cuenta entre las principales aficiones de estas buenas gentes.

Así pues, ¿qué extraña magia mueve legiones a comprarse y tragarse por la tele Slam Dunk? Una vez más, encontrar las claves del triunfo de un manga se hace más difícil que aparcar en el centro un sábado por la tarde. Paso por paso, cuanto más intentamos ahondar en el misterio, más nos hundimos en el desconcierto y la duda. Dividamos y quizás triunfaremos:

Dramatis personae:

El personaje clave, apenas muestra variaciones del sistema típico: un joven desgraciado en el amor se apunta al equipo de baloncesto para intentar conseguir el favor de la muchacha de sus sueños. Lo cierto es que el individuo en cuestión, un tal Hanamichi Sakuragui (no hagáis mucho caso de la grafía, el romanji no es lo mío) es una ruina de individuo. Las chicas no le hacen ni el más mínimo caso, pese a ser más o menos guapotes (os remito a las ilustraciones que acompañan el artículo). Pues la cuestión es que, por consejo de su a priori inalcanzable Haruko Akagui, nuestro protagonista se lanza a la vorágine del deporte de Shaquille O'Neal, Patrick Ewing, Toni Kukoc, Pep Cargol, Michael Pou y Scott Roth, dispuesto a hacerse un sitio en las canchas del baloncesto japonés y, por ende (nótese el tono de ligerísimo cinismo), mundial. El tema está en meterse a cualquier precio en el equipo del Shokoku, que es, para más señas, su instituto. Las cosas no le han de resultar en absoluto sencillas a Sakuragui, ya que, además de ser un individuo de inexistente técnica como jugador de básket, tiene una marcada tendencia a liarse a guantazos con cualquiera que le lleve la contraria. El chiquillo se parte la cara con quien haga falta por menos de nada, lo cual parece salirse un poco de la dinámica normal del un deportista japonés, que suele exudar nobleza y corrección por todos y cada uno de sus poros. Es por ello que Takenori Akagui, el capitán del equipo, pese a llegar a considerar la inclusión del desastre humano que personifica Sakuragui en su conjunto, descarta la opción por considerarlo un auténtico peligro para la práctica deportiva. Sin embargo el joven violento parece estar dispuesto a pulir su carácter e incluso a dejar de zurrarse con todo el que le tosa para lograr a su dama anhelada.

La rutilante estrella del equipo es un tal Rukawa: guaperas, buen jugador,etc..., en definitiva, el capricho de las nenas. Si este extremo le parece insuficiente a alguien, agregaremos que el tipejo en cuestión es novio ( al menos al comienzo de la serie ) de la bella Haruko, musa a la sazón del desafortunado galán que desempeña el rol de héroe y favorito de los lectores.

Sólo aporta algún matiz de color (verde, por la proximidad al culebrón) el hecho de que el capitán del equipo resulte finalmente ser hermano de la encantadora muchacha que encandila a los miembros del instituto Shokoku. Y así todo, los actantes del drama ocupan sus lugares con precisión, no otorgando un rasgo distintivo a la serie en este aspecto.

Originalidad.

A la fuerza ahorcan. En este breve apartado no sabe uno qué poner. Lo único resaltable, por poco habitual, es que los fondos se cuidan mucho, hasta el extremo de detallar cuidadosamente los techos de los pabellones deportivos donde se entrenan hasta caer exhaustos ( literalmente ) los bravos jugadores. Por lo demás, manga puro y duro de poco guión y algún humor ocasional.

Dibujo.

Ya lo hemos dicho: hasta las techumbres. Calidad técnica, dibujo realista y exactitud en los fondos. Inoue utiliza tramas como si se las regalasen, y sólo se permite de uvas a peras las deformaciones humorísticas de los personajes. Mención especial para los rostros, expresivos pero muy bien tratados, si bien pecan de algo occidentalizados. La figura humana en general goza de un estupendo tratamiento, no cayéndose ni en la excesiva musculación de los personajes ni en el alfeñiquismo característico de otros dramas con pelotas y balones. Cuando un fulano es fuerte, lo es humanamente, y no de un modo sobrenatural. Si está delgado, es alguien normal, no un desahuciado que no ha comido nunca de caliente. Por lo demás, líneas cinéticas en cerca del ochenta y cinco por ciento de las páginas y portadas desastrosas (no es broma) que desmerecen el interior.

Sinergia

Ya que analizando los elementos uno por uno no hemos sido capaces de encontrar la clave definitiva del fulgurante seguimiento del manga en su país de origen, cabe ceñirse a la concordancia de los factores (tanto los comentados aquí como los no citados) para intentar sacarnos la tierra de los ojos y llegar al conocimiento del bien, que nos hará mejores y... Bien, basta. Al parecer, el momento de aparición de Slam Dunk fue el propicio para el florecimiento de un folletín dinámico y ágil de tema deportivo en un país cuya cultura, no lo olvidemos, es radicalmente distinta a la nuestra. Los yakuza ya no vendían como antes y Son Goku & Co. no estaban en su mejor momento. Un lanzamiento adecuado en Shonen Jump, propiciado por la comercialísima primera historia ( remember: chico alto desdeñado por joven atractivai se echa al básket para llamar su atención ) adecúa el ambiente hasta convertirlo en un caldo de cultivo para el triunfo definitivo de una serie que, mira por donde, seguimos sin ver por aquí.

Las evoluciones de este manga entran en el olimpo de la fama de las mejores marcas de los clásicos: más de cinco mil páginas, animé y fiebre colectiva. No hay por qué negarlo, es un auténtico crack. La pregunta que nos hacemos, la duda que nos inunda, el dilema que se nos plantea, la hesitación que nos persigue cuando cae el sol y no nos deja dormir es...¿Descollaría Slam Dunk en un país donde la gente sí sabe qué es una canasta e incluso se aventura jugar ocasionalmente a tal deporte? ¿Acaso preferiríamos las jugadas reales del Taugrés o del Valvi Girona a las gloriosas asistencias de los chicos del Shokoku? La calidad de la serie es definitivamente mayor a muchas otras que, sin embargo, ya han esquilmado vuestros bolsillos, pero por supuesto, eso no es definitivo para que se convierta en un éxito de ventas. La última palabra no es nuestra, ni siquiera vuestra. ¿Se atreverá alguien a publicar otra serie sin guión? Y si osan ... ¿insistirá la gente en comprar algo así?

Sergi Òscar Albir i Langa.

La basura tiene un nombre: Love City

¿Hemos de pasar por este trago todos los meses? ¿No es la vida lo suficientemente dura? ¿Por qué me pasa ésto a mí? ¿No acaba nunca el sufrir? ¿Cómo me van a pagar tantos malos ratos en el cielo?

Pues este mes son los chicos de Cartoonia los candidatos a malvados del mes. Porque editar algo así debería ser delito. De hecho, me atrevería a aventurar que en algún país de Oriente medio debe estar penado de algún modo vomitar basura semejante. Love City es una obra tratada con un aceptable, incluso correcto nivel gráfico, bonitos colorines y pocos experimentos visuales, digna de cualquier autor de algún calibre. Así, la culpa del desperfecto de casi hora y media de tortura no es totalmente del bueno de Koichi Masita. Los principales responsables son, tomen nota, Shuho Itabashi e Hideki Sonoda, autores de la historia original y guión, respectivamente.

Si la inconsistencia de una narración se pudiese medir de algún modo, no cabe duda de que Love City quedaría muy cerca de un puesto de honor. Además de los acostumbrados diálogos asesinos carentes de sentido, encontramos una especial obcecación por no explicar la trama del asunto. No se entiende prácticamente nada, a menos que uno considere el absurdo como pieza clave del cuento futurista y con mensaje aún más incomprensible. No sé si estoy siendo suficientemente explícito. El asunto es que la pandilla de impresentables nos muestra una serie de peleas y explosiones entre cabezómetros ( headmeters, aquí traducidos como "cabezas contadoras", de hecho, señores con poderes que se miden como en DragonBall, pero aquí les sale en la frente), que son cyborgs que salen defectuosos y luego tienen hijas que no son hijas pero las matan varias veces, sino clones de hijas y explota todo y una masa protoplásmica muy gorda que casi se come Tokyo y venga a correr detrás de un avión, que casi lo coges, y un sombrero, y una playa, y todo empieza porque nada acaba y agujero en el continuum espacio temporal y yo te quiero y tú a mí, vamos a hacer el amor esta noche los humanos son buenos o los mutantes son buenos, o todos son malos y Diox ya se aclarará al final. ¿Qué? ¿Se han enterado de algo? Me lo imaginaba. Si encima alguien ha de pagar por ella, mal futuro para Cartoonia, que esta vez ni siquiera cumple con el tema del doblaje.

El despropósito es tan grande que provoca desconcierto, pérdidas de fé en la capacidad de razonamiento propias y ajenas. Eso sí, incita a una profunda reflexión sobre lo divino y lo humano, sobre el porqué de que nadie lleve números en la frente o se ponga orejas de conejito y sobre si merece la pena el tiempo gastado por los empleados de Toho, KK y Ashi.

Compren, compren, después de todo, tiene acción trepidante, terror en una extraña ciudad de otra dimensión y una persecución desesperada. Que el guión sea un despojo indigno de las imágenes no ha de influirles. Bajen el volumen y olvídense de todo.

Sergi Òscar Albir i Langa

 

1ª convención del manga en Barcelona

 

El 22 de Abril, en el Teatre del Sat en Barcelona, gracias a un experimento que quedará en la historia del manga en el estado español, los otakus tuvieron la oportunidad de demostrar el apoyo popular de la juventud hacia el cómic procedente de Japón. De hecho, este apoyo era bien patente habida cuenta del incontestable éxito editorial que constituye el lanzar casi cualquier colección de este género al mercado, pero, aún así, las editoriales necesitaban un ensayo (con red, digámoslo) para la futurible reunión del manga.

El asunto en cuestión contó con la colaboración de prácticamente todas las editoriales de alguna entidad que publican manga: Planeta, Ediciones B, Glénat, La Cúpula y Norma, además de multitud de jóvenes de Barcelona y de un contingente poco numeroso pero significativo al fin y al cabo, de llegados desde Valencia, Madrid o Tarragona. Como rezaba la publicidad, la entrada fue gratuita, y esto fue quizás una de las claves del éxito de público. Lo curioso fue comprobar como, pese a una publicidad de escaso interés, el acontecimiento convocó a gran parte de los profesionales del asunto, los cuales o bien rondaban por allí, o se sentaban en las mesas redondas a saciar la sed de un verdadero ejército de público en su inmensa mayoría adolescente, que ajeno a cualquier otro criterio, bombardeaban con demandas de nuevas colecciones a los representantes editoriales, amen de algunas descalificaciones esporádicas y de algún que otro bostezo. En la primera de las conferencia-mesa-redonda-presentación-de-novedades acontecida en el Sat, por citar un ejemplo, se abarrotó tanto el graderío que hubieron jóvenes aficionados que tuvieron que conformarse con oír desde lejos las aburridas disertaciones sobre vida y milagros de cada uno de los contertulios que por allí se dejaron caer. Del comportamiento ejemplificador de los fans se podría escribir libros. Si, por cualquier otro motivo, se consiguiese juntar cuatrocientos estudiantes de básica y enseñanzas medias en un lugar semejante, probablemente el griterío del populacho hubiese sido intolerable. Y no lo fue, sino que la gente respetó los turnos, se sentó y aguantó los infumables discursos hasta el turno de ruegos y preguntas, momento en el cual fueron los fans los que aburrieron (a base de preguntas tontas en un 90% de las ocasiones) a los representantes de editoriales que tan estoicamente soportaron el aluvión de cuestiones repetitivas. Óscar Valiente, Alfons Moliné, Jorge Riera, José María Berenguer, Juanjo Sarto y el representante de Mangavideo, se ocuparon de calmar las dudas metafísicas de los más ansiosos.

Además de los mini stands que cada editorial colocó en el exiguo espacio del inapropiado local, y de las presentaciones de novedades las cuales prescindiré de comentar, algun que otro dibujante se dejó caer por allí y firmó y volvió a firmar ejemplares. Entre otros, los chicos de Dragon Fall y, ¿como no? , el pacientísimo Javi Sánchez (dibujante de Sueños), que firmó todo lo que le trajeran para solemnizar la publicación del Sueños en Francia, nada más y nada menos que en el Penthouse Comics.

Este evento transcurrirá en un futuro de un modo paralelo al celebérrimo Saló del Còmic de Barcelona, el cual ha demostrado ser un negocio rentable y una cita inexcusable para los aficionados a la literatura de la imagen. Pues bien, a partir de este año, según todos los indicios, las fieles legiones de seguidores de los mitos nipones del manga y anime tendrán otro motivo para peregrinar hasta la capital catalana. Según se hablaba en las altas esferas del lugar antes señalado, las fechas previstas para la celebración del deseadísimo acontecimiento tenderán a alejarse lo máximo del Saló, ésto es, las ceremonias de culminación del fenómeno manga se oficiarán en el templado otoño mediterráneo: entre octubre y noviembre. El motivo es obvio donde los haya: evitar a toda costa que ambas celebraciones se eclipsen.

En definitiva, el examen a las masas dio un notable bajo, especialmente en el pobre aspecto de la organización. Sin duda, la nota positiva la proporciona el buen augurio para una próxima reunión en la que corregir errores y dar a los aficionados todo lo que se merecen.

Sergi Òscar Albir i Langa

 Bienvenidos, grandes y chicos al mundo de la perversión, el amor, el sexo y el deseo, las posturas imposibles y los textos ilegibles. Aquí ponderaremos los imponderables, nombraremos partes del cuerpo ocultas por la ropa y reflexionaremos sobre los anhelos húmedos e impresos de los lectores en la lengua de Cervantes, Benito Pérez Galdós y Ray Lóriga.

 

Cochinadas japonesas

Durante años el cómic erótico se ha visto sometido a constantes desprecios, sufriendo críticas por su mera pertenencia al género. Aún así, autores como Crepax o Manara han logrado salir del reducto que tanta repulsión causaba a los incondicionales del tebeo de calidad hasta llegar a cotas de un cierto prestigio entre el público general. Incluso el mismísimo Fellini llegó a guionizar un cómic (Viaje a Tulum) con uno de estos autores de dudosa catadura moral. El relativo éxito de ventas que ha supuesto habitualmente lanzar un cómic erótico se ha ido relativizando y, con el tiempo, desaparecieron muchas de aquellas revistas con material italiano, malos dibujos y terribles guiones que pululaban por los quioscos. También cayó Totem y en la actualidad, sólo resiste los embates del mercado con una cierta regularidad una joven publicación de La Cúpula, Kiss Comix, que incluso llegó a editarse en Francia. Penthouse Comics, la teórica alternativa, publicando material americano de autores conocidísimos, aparece de uvas a peras sabe Diox el porqué, y tampoco parece ser un crack de ventas. En el último Saló de Barcelona ha aparecido Selén, bajo el sello Glénat, que ejecuta aquí los designios trazados por su edición italiana.

Con estos rasgos básicos, el erotismo no parece un mal negocio, y como el manga tampoco lo es, lo apropiado para los editores era combinar ambas cosas. Lo más curioso es que ni siquiera se ha llevado a cabo el habitual modus operandi de "agarra la edición extranjera y fusílala". Cada mochuelo a su olivo, y mientras La Cúpula se estrenó en el manga (erótico, para más inri) de Yoshihiro Tatsumi, allá por el lejanísimo 1984, los demás no hacían absolutamente nada. Años después, Javi Sánchez y Rafa Souza sufrieron de alguna tormenta endocrina que lanzó a la fama su comercialísima obra aún en candelero: Sueños, consiguiendo colocarse entre los mangas más vendidos sin haber pisado Tokio y sin saber como se pregunta por un lavabo en japonés. Angel y Visionary, del pederasta U-jin, las andanzas de Miss 130 y diversos Excesos de Hachurui completan el cuadro.

Podemos diseccionar la realidad con tranquilidad, pero antes deberíamos entrar en una serie consideraciones acaso poco tenidas encuenta en la mayoría de los casos. El tebeo guarro es, en sí, todo un género, y como tal tiene una serie de convenciones asumidas tácitamente de un modo casi universal. Estamos en una rama del 9º Arte en la cual el guión es aún menos importante, en la que la narración se verá sometida a muchas vejaciones con la mera excusa de mostrar las particularidades amatorias de los protagonistas, quedando este punto como núcleo inequívoco de la historia. La calidad gráfica no siempre estará supeditada a su realismo, pero goza de mejor aceptación lo más próximo a la naturaleza (físicamente hablando), con la excepción de las exageraciones y perversiones pertrechadas consuetudinariamente con idea de motivar al lector. Nos encontramos, pues, ante un paraje diferente del que tenemos costumbre de frecuentar.

En segundo plano, Japón es el filtro que cabe percibir para una adecuada toma de contacto con las obras antes citadas. El manga cochino, o erótico, o Gekiga (si nuestro sacrosanto director le llama así, será que Akemi lo ha dicho. A mí ni me habla) dista años luz del cómic erótico europeo, al igual que sucede en los géneros de aventuras o policíaco. Esto no sorprenderá a nadie, espero. El exponente común suele ser la reconocida pederastia nipona, que llegará a preocupar a alguno de los papás de los lectores si les pillan con alguna copia de estas obras en el baño o en la íntima soledad de su habitación. Además, los japos tienen un marco legal que prohibe taxativamente la pornografía, así que omiten dibujar (o censuran, según autores) los cacharros sexuales de los personajes. Javi Sánchez no está sometido a esta absurda, ponzoñosa e incómoda reglamentación, pero se solidariza con ellos y pasa de dibujar penes y vulvas. Es por esto, y no por errores de impresión, por lo que veis que vuestros amigos de papel parecen representar extrañas pantomimas en vez de disfrutar de alegres felaciones y otras maravillas.

 

Sueños

 

El título habla por sí solo. Multitud de onirismos enfermizos con motivos sexuales y especial interés por las jovencitas. La obra, idea y dibujo de Javier Sánchez, con el inestimable apoyo en los diálogos de Rafa Souza, lleva en torno a un año de trabajo, y pese a que sus autores tienen poco de japoneses, capta plenamente el espíritu de las islas del norte del Pacífico. Muchas chicas jóvenes, chicos adolescentes vestidos a la patética usanza de los institutos japoneses, y una independencia de las historias marcan quizás el éxito de ventas que la colección representa. O igual solo venden porque sale gente follando. Ni idea.

Es demasiado pronto para arriesgarse a decir cosas demasiado duras sobre la pareja de valencianos que apenas se descapullan gracias a esta serie, pero ya que los conozco personalmente, osaré arriesgarme a juraros que, aparentemente, no tienen enfermedades o trastornos mentales que les causen daños irreversibles como los que pueden motivar ellos en tiernos infantes de edades tempranas. Dejando el ámbito de la psiquiatría clínica aparte, podemos decir que los monigotes que pinta el buenorro de Javi están en una constante evolución, que promete un dibujo de verdadera entidad en un futuro no muy lejano. Con esto queremos afirmar la progresión exhibida por el rubio de Xirivella está muy por encima del escasísimo calibre que aporta Rafa. Pero es normal: ya hemos advertido que la categoría de los escritos de la mayoría de los mangas obscenos es difícil de apreciar para los que hayan leído cualquier otra cosa (valen desde Senda 3 hasta las instrucciones de montaje del Piloto Pirueta de tu primo). De hecho, ya confesó Santiago Segura, representante legal de Mónica & Bea (otra guarrada gráfica de La Cúpula), que todo el mundo ha de comer y que si no saben hacer otra cosa, pues a vivir del cuento.

¿Qué más se puede decir de esta obra? Es, sin duda, un pilar básico (probablemente el central, o el único) del tebeo del país del Sol Naciente en el Reducto europeo de los Toros. Sin Sueños no entenderán las futuras generaciones de mangakas españoles de que iba el asunto hoy en día. Es un trabajo que sufre comparaciones con obras de U-jin, las cuales son igual de lujuriosas e impúdicas, si bien llevan en ocasiones encuadernación rústica, lo cual viste más.

 

Angel y Visionary

 

Hemos empezado a hablar de U-jin unas líneas más arriba. Es otro guarro que hace tebeos en ese plan, pero este señor hace más. O hizo más, que también es mayor y lleva más tiempo. Pues la cosa va, en la primera de las colecciones aquí publicadas, básicamente de vender mucho y muy bien, porque combina las dos claves que existen en la actualidad para vender tebeos: sexo y hostias. Como además tiene la delicadeza de no mezclarlas (cuando follan, follan y si se zurran, pues nada, a lo suyo), queda como un señor.

Lo que más le gusta a U-Jin, y supongo que a sus lectores, es la presencia y actuación de jovencísimas niñas de uniforme que van pasándose por la piedra al protagonista, otro adolescente imberbe que disfruta hasta la extenuación. Este interés por las mocosuelas llega a ser igual de incomprensible que explícito. De hecho, se trata de una monomanía del bueno de U. El señor tampoco parece demasiado interesado por los ataques a la retaguardia (sexo anal), pero muestra una pasión desmedida por las deslucidas mamadas que sus niñas practican al aire por culpa de la censura japonesa en concreto y de su poca gracia en general.

La peculiaridad que distingue al creador del que ahora nos ocupamos no es tanto las resultonas ninfas de ojos grandotes y cortas faldas que se levantan con especial soltura como su empecinamiento por colocar estereogramas (hojas repletas de puntitos los cuales, si los miras de aquella manera, se convierten en una imagen que da alguna impresión de volumen) en medio de la historieta. Este curioso procedimiento, que sus editores consideran innovador y que el que suscribe estima más bien como molestia francamente prescindible, justifica el rótulo de "Visión estereográmica en 3D" , y habilita a algún fan sobreestimulado a elevar al séptimo cielo las excelencias de este presunto genio. Además de todo, la edición de Norma es más bien calamitosa, rozando lo infausto. No pidáis detalles, por favor.

U-jin tiene otra serie en el mercado, de calidad notablemente superior tanto en el aspecto gráfico como en la parte de las letras. Antes encontrábamos un cacao impresionante de deliberadísimo aspecto a lo KOR, pero en burro, que no conseguía hilar una sola historia, sino que tropezaba entre folleteos y metía diálogos poco esperanzadores. De hecho, acometer el estudio de Angel conlleva no pocos esfuerzos, así que no acierto a imaginar lo que podría ser pagar por ello. En cambio, la otra colección, Visionary, que es aún más indecorosa y antimoral que la anterior se nos revela infinitamente más ingeniosa y muestra una cierta mejoría general del panorama. El tono de fantasía erótica transcurre algo menos mundano y vulgar, y entre que tiene menos páginas llenas de puntitos, digo estereogramas, y que el precio es mucho más asequible, aquel que se aventure a comprarla sufrirá menos que con la antes mencionada Angel.

Por supuesto, nada es casual: la posterioridad cronológica de Visionary explica muchas de las ventajas ofrecidas. El autor se ve más suelto, no intenta parodiar, vista su inutilidad manifiesta, la editorial escoge otra fórmula, etc... No estamos en el Edén, pero vistas una y otra, no hay color.

 

Miss 130 (I y II) y Excesos

 

Quizás la obra más dura de todas las presentadas hasta ahora en el aspecto de cómic erótico japonés, Miss 130 comparte con Hachurui y sus Excesos muchos más puntos que con las series de U-Jin o Javi Sánchez. Para empezar, ambas vienen del Kiss Comix, la revista que para estos menesteres dirige Hernán Migoya. Los dos estilos gráficos son fuertemente realistas, llegando a la exageración y a la desmesura. Tanto Chiyoji como Hachurui han publicado sus obras fuera de Japón sin censura y dirigiendo su obra en un formato claramente destinado a un sector adulto de público. El uno y el otro tratan sobre mujeres totalmente formadas, e incluso hiperdesarrolladas, y no sobre niñitas de pequeños pechos y enormes ojos brillantes. Además, suelen evitar escenas de lesbianismo, muy presentes en Sueños y menos en las obras de U-Jin.

Sin embargo, evidentes diferencias de calidad distancian las obras de Chiyoji y Hachurui, saldándose la cuenta muy a favor del primero. La perfección gráfica alcanzada por el autor de Miss 130 significa sus éxitos tanto en ventas como en crítica. Estos hechos no son más que la expresión de un sentir popular más cercano a Chiyoji, que también se destaca a la hora de conseguir diálogos mucho más próximos a la coherencia (que ya es mucho para estos casos) y al humor que al mero jadeo baboso fácil de encontrar en publicaciones de la misma editorial. Las historias contadas no difieren en demasía de los cánones ya marcados por el género, siendo muy difícil encontrar diez páginas consecutivas sin actos o referencias sexuales en ellas, pero aún así, si en Miss 130 nos encontramos con historias independientes entre sí, en los guiones de Hachurui se suele preferir una estructura por capítulos interrelacionados que casi consiguen hilarse para contar algo.

Son, en definitiva, dos autores adultos para un público adulto (no es una redundancia, sino un hecho constatado), que no carecen de condiciones técnicas o artísticas para realizar incursiones en otros géneros.

 

Que dura es la vida.

 

El hallazgo definitivo para aquellos que busquen calidad en el manga erótico es indudablemente la figura de Tatsumi. Su obra fue publicada por La Cúpula antes del manga-boom de los noventa, y no coincide con ninguna de las convenciones de los antes citados. No hay otra comunidad con U-Jin o Hachurui que la temática erótica, estrictamente hablando. De hecho, Tatsumi habla tan sólo de las relaciones humanas, y de como afectan éstas sobre la vida personal de cada uno de sus personajes.

Que dura es la vida se compone de una serie de historias cortas en las cuales el sexo es una pieza clave, y no el centro de la misma, como sucede en cualquiera de las otras obras citadas. En cada una de las narraciones que componen el tomo, aprendemos un poco sobre cómo siente y cómo actua la gente, independientemente de que tengan o no los ojos rasgados. Tatsumi se expresa con maestría, haciendo notar pasiones y sentimientos en general a través tanto del sexo como de la conversación. Juegos de miradas, silencios y movimientos destacan, como si de coreografía se tratase, la esencia de su sentido último. El papel de la mujer es inequívocamente central. Sobre ellas recae el peso del relato, no aparecen como mero objeto decorativo o sexual. No hallamos nada fortuito, aunque lo parezca. Este auténtico genio se nos desvela como tal desde el momento que cualquiera de sus historias goza de un ritmo anormalmente natural, más en la onda de los mejores autores occidentales que en el espectro habitual del comercial manga. Aquí sí hay elipsis, la gran carencia, ya lo dijo Juanvi Chulià, de los japoneses.

El aspecto gráfico resultará, probablemente, intolerable para la mayoría de los aficionados al tebeo contemporáneo, ya en su vertiente japonesa o americana. Alex Toth debe ser, sin duda, una influencia importante en la carrera de Tatsumi, que también asume la síntesis de detalles en sus imágenes. Al someterse voluntariamente a sus historias, evita lujos innecesarios, y dota a sus dibujos de una enorme expresividad, eludiendo líneas cinéticas y empleando con maestría masas blancas y negras. El trazo firme y grueso puede desconcertar a los más puristas fanáticos del manga, pero es, inequívocamente, un rasgo propio del estilo del, a mi gusto, mejor de los autores japoneses publicados en nuestro país independientemente de la temática.

 

Conclusiones

La porción de cómic erótico japonés publicada en nuestro país no es intrínsecamente mala, sino más bien al contrario. No deja de sorprender que, entre la heterogeneidad y escasez del material publicado, la selección haya resultado puntualmente interesante, habida cuenta de la miopía generalizada en los albores de tan específicas publicaciones. Aún así, quedan por llegar multitud de obras de presumible éxito comercial, y bazofia de todos tipos y colores.

Quede claro que todas las valoraciones que en este artículo se han realizado han de enmarcarse dentro del contexto del cómic erótico. Esto es, de la basura que por ahí circula, la japonesa no es significativamente peor, lo cual no puede afirmarse de géneros más profusamente conocidos como las aventuras o el humor.

Sergi Òscar Albir i Langa

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