Pablo Mora

A coro en el asombro

(Antología)

Los dos Grandes Tiempos en la Poesía de Pablo Mora

Tal vez por vivir en la provincia más extrema del occidente del País, la obra poética de Pablo Mora (Santa Ana del Táchira, 1942) no ha trascendido como debiera en Venezuela de acuerdo a sus significativos valores estéticos formales y a su densidad humana. En las tres últimas décadas finiseculares ha publicado hasta el presente quince títulos de poesía, suficiente producción como para detenerse a meditar sobre ella. Esta lectura de sus versos no lleva otro objetivo sino el de destacar apenas un aspecto de la compleja estructura de su lírica, el manejo de los espacios del tiempo, una de las dinámicas dialécticas de su tremenda fuerza expresiva.

Aunque nativo de Santa Ana del Táchira (1942) buena parte de la existencia de Pablo Mora ha transcurrido en San Cristóbal. Una afortunada frase de Heidegger en El ser y el tiempo permite explicar la actitud ódica de Pablo Mora: "El mundo es a la par suelo y escenario". Este bardo no sólo ha captado la pulsión del vivir histórico y del vivir cotidiano de la polis sino ubicado con propiedad en medio de la rosa de los vientos de las corrientes estéticas e ideológicas, entrantes de manera continua por la gran puerta internacional de esa ciudad fronteriza, irguió en certeza sensible una obra lírica de interpretación y actuación sobre su entorno, de gran significancia y alcance. Heredero de la tradición en la gaya ciencia de la juglería de un Manuel Felipe Rugeles o de un Juan Beroes sus composiciones contribuyen a enriquecer el patrimonio literario de los Andes venezolanos.

A partir de una actitud ódica de identificación con su mundanidad inmediata y a la vez de apertura al pensamiento artístico universal de estas décadas Pablo Mora ofrenda su poesía a sus contemporáneos. En ella ha aposentado el registro de sus vivencias, las intuiciones de su corazón, las cogitaciones de su talento, la firmeza de su exigencia. Ha compuesto, con sus palabras impregnadas de libertad imaginativa, una lírica de alta latitud calológica. Posee en su haber creativo Almácigo (1978 ), Almácigo 2 (1980), Almácigo 3 (1982), Almácigo 4 En Tiempo de Guerra (1985), Almácigo 5 (1986), De la noche insomne (1992), Almácigo 6 En Tiempo de Paz (1993), Asombro al descubierto (1996).

San Cristóbal al margen de la explosión desarrollista macroeconómica pero nucleada en torno al soledoso cultivo de su armonía entre su corporeidad arquitectural y su paisaje, entre los bienes materiales y espirituales, cuenta con un próvido poeta quien la entiende a través del amor y la lleva, existencialemnte, en sus cantos.

Capitán de Poetas, Pablo Mora conduce ahora las voces de sus huestes líricas al través de las páginas de A coro en el asombro y con ello no hace otra cosa sino aportar al mundo de la poesía del mundo un canto coral para enriquecimiento de la belleza y de la espiritualidad de sus lectores.

Lubio Cardozo

El despertar al infortunio

La poesía se reveló en Pablo Mora en el momento cuando su encuentro con la razón de la realidad la existencia se le bifurca en dos emotivas vías de muy diversa naturaleza: la del regreso a la comarca de la infancia, prolongación del útero feliz,

(...)

"De repente se me viene encima mi aldea sin molinos

sus casas de cal sus floridos cafetales sus veredas

sus esquinas húmedas de llorar por dentro

de tanto ser testigo

y entonces

respiro el aire que olvidé de niño" (1)

y la del dolor presente. Soporta todo el andamiaje de Almácigo (1978) este diálogo entre las reflexiones sobre los dos tiempos. Ese pasado no justifica un discernimiento en torno del vivir por cuanto estuvo enclavado en los linderos del sueño, irreal, no substantivo e inútil para mejorar el sufrimiento del hombre - aunque indudablemente hermoso en su oniria -. Significaba asumir entonces esa simbiosis de presente y de futuro un trágico reto ineludible. Comienza para Pablo Mora su levantamiento de la torre de la palabra para desde allí conjurar la desolación, emprender su lid contra la miseria moral y física de sus hermanos compañeros en la aventura sobre la tierra. No hay tregua en este Almácigo. Descorre cada uno de sus poemas el velo del desconsuelo del mundo, y para cada padecer llama a la lucha sin descanso. Por eso toma de lo acibarado del presente - futuro su código estético. No hay espacio para el hedonismo donde todo lo llena el combate justo.

(...)

"Ante tanto crimen

quisiéramos tornar a la casa escondida

al pie de la montaña

pero debemos continuar hacia la lucha

y la fría soledad" ("Binomio")

(...)

Este juego dialéctico entre los dos grandes tiempos de la poesía de Pablo Mora - el pasado de la aldea dichosa y el presente futuro donde la realidad autofotografíase para mostrar sus llagas - y la asunción sintetizante hacia el compromiso con la justicia social en el fondo mal encubren la desbordada pasión del bardo por la vida de todos los días. Reclama, por eso, su permanente emotivo discurso el mentado por Kayser "ritmo caudaloso" (2). Torrencial verbosidad sensórea disparada por los rieles de dos recursos expresivos artísticos peculiares de toda la obra lírica de Mora, la repetición y la acumulación. La repetición (...) "sirve para encarecer, encarecimiento que las más veces obra mediante los afectos, pero que también puede influir intelectualmente" (3). De este procedimiento estético con frecuencia suele usar la anáphora,

"Ese tener que despertar por la mañana

Ese tener que soportar la noche

ese tener que pasar entero el día

ese tener que esperar la misma hora

ese tener que trajinar y consumir" ( "Postulado" )

(...)

O ya la acumulación caótica de palabras o grupos de palabras no dependientes entre sí - no hay sinonimidad - más bien relacionadas por la atmósfera de la estrofa, como cuando en su poema "Módulo" dice Mora, 

"Ángulos de sombra opalescente

Reflejos contemplativos

Personificaciones laceradas

Estructuras vidriosas

Sueños desentrañados

Flores resecas raíces retorcidas"

(...)

Con lo cual búscase un efecto fulgurante al multiplicar hasta el infinito las referencias como un especie de abigarrado ornato conceptual a la angustia central del poema, o de los poemas, porque en el caso de este Almácigo las diversas composiciones tejen un largo grito del vate quien asume voluntariamente salir del útero dichoso, irreal, onírico para adelantarse en la solidaridad con los derrotados de la vida social, lo cual un pacto define con el dolor de la cotidianidad humana.

El peso de la andinidad

Sin embargo, para sorpresa del lector, en Almácigo 2 (4) el poeta desarrolla plenamente ese primer tiempo existencial. Y ello mucha importancia posee desde el punto de vista de la concepción literaria y de la ubicación de su lenguaje lírico. El universo de la infancia, de la aldea, de la montaña, de las haciendas cafetaleras, de la neblina, una expresión exige y al construirla sitúa al vate dentro de la vieja tradición de la poesía andina, afincamiento en la teluridad de la vida campesina serranera, prisionero y tributario del paisaje de las tierras altas con toda una manera de decir, con todo un léxico peculiar presentes en hombres como, por ejemplo, Manuel Felipe Rugeles por memorar al hegemón en este tipo de canto. ¿Retroceso en la elocución calológica de Pablo Mora? No es fácil zafarse al peso de una habitud tan densa como la literatura de la andinidad, esconder las voces del hechizo del entorno de la serranía andina. Debería más bien entenderse cual una contribución, un almojarifazgo a ese orbe de panoramas, costumbres - mores patrii -, vivencias, familia, amistades, lecturas; como un sumergirse en el pozo de la memoria y allí retomar fuerzas para volver a emerger en el real y duro pero magnífico por la altura de su reto del presente - futuro, segundo gran tiempo con el cual medirá el bardo la fuerza de su mensaje y de su inteligencia. Mas por de pronto dedica Pablo Mora casi todo su opúsculo Almácigo 2 a un descolgarse en el tiempo por una escalera de vocablos impregnados de aquella circunstancia: montaña, lluvia, viento, neblina, aldea, primavera, colina, niebla, cafetal, risco, arcoiris, rocío, valle, vereda, zarzales,

"Aire de abril para mi luz andina,

para mi cafetal, para mi aldea,

florida de tristeza y conticinio,

de soledad, de musgo y de vereda." ( "Primavera" )

(...)

Hacia la madurez escritural

Toda esta noción bucólica de una parcela del pasado, nutrida de primigenias vivencias de la infancia evoluciona desde haber sido una retórica poética, tributo a una tradición, hacia el símbolo de toda una vividura ya irreal por pertenecer al fabulario país de la aldea, mas de aquí en adelante operado por el bardo como un precioso fundamento contrastante, para oponerlo a todo cuanto abarca el segundo gran tiempo, el del presente - futuro, el campo del infortunio erguido sobre un vocabulario hecho de palabras - claves recurrentes tal cual guerra, quejumbre, dolor, muerte, noche, arrechera, grito, angustia, basura, empantanado, horrible, desalmado, infamia, pena, cansancio, atropello, llorar, hambre, pobreza, rebelde, et cetera. Con ese binóculo de dos tiempos, comunicado mediante dos símbolos: aldea feliz / dura guerra, el vate échase a andar por las rutas de la poesía y comienza así a componer sus libros más sólidos tanto en su vigor calológico por alcanzar un lenguaje exacto a sus sentimientos, ideas, formación humanística, espiritualidad, cuanto en exigirle a su mundo fabulario y conceptual ese mismo horizonte estético. Arranca esta estabilidad y madurez de su libro Almácigo 3 (5). El poeta definitivamente acepta el desafío de la existencia sobre los parámetros de la virtud, de la bizarría, de la dignidad humana, de la nobleza de espíritu, de la autenticidad. De aquí en adelante sus vivencias se truecan en actos de arrojo, de corazón, o por mejor decir, en versos y estrofas escritas a golpe de valentía del alma, de audacia en el afirmar, sobre la fuerza de la venustez.

"Nosotros que exprimimos los segundos

de nuestros días

y que apretamos los hilos del tiempo

en los peldaños del aire

apenas probamos la pulpa del deseo" (p. 31)

O ya en el empleo de la fina ironía,

"Hay momentos en que la vida toda se torna

religiosa

como cuando la madre pobre va de compras al mercado

por ejemplo" (p. 44)

Perseverante en su sentido de la trascendencia de la hermosura, de placerse en la venustidad,

"Estoy mirando el jardín

El jardín me mira a mí

¿Estará acaso mirándonos la rosa?" (p.57)

Con Almácigo 3 entra, pues, Pablo Mora con pie más seguro en la poesía venezolana contemporánea. Representa un libro en capacidad de dialogar con los poemarios de la década de los ochenta. Su estructura antitética en el manejo de los tiempos existenciales del vate su originalidad define. De Los Andes, de la sierra él bajó,

"Esta neblina que arropa mi conciencia hoy

Viene de estar con todos los sueños campesinos

de mi apacible aldea" (p. 42)

inmerso en la andinidad mas no para quedarse narcisamente en ello sino para introducirse con la espada de la palabra en el compromiso de su ocasión, su ajuste con el infortunio de ese presente - futuro.

"Esta quejumbre que hay en mi cuarto

puede ser la que dejaron otros

a su paso ayer

la que otros dejarán mañana

o la que llevo entre mis huesos hoy" (p. 21)

De la áspera realidad un aspecto: la guerra

Vaya por caso a partir del Almácigo 4. En tiempo de guerra (6), el vate despliega de manera formidable un matiz del segundo gran tiempo - presente futuro del infortunio -, en este caso todo cuanto traduce la guerra, su amenaza, su historia, su descripción, su peso invisible en la conciencia de los ciudadanos del orbe, su amoralidad, su horror, en fin su mistificación de la muerte. Pero por supuesto siempre resuelto a partir del contraste mediante la intercalación a intervalos proporcionalmente dosificados, breves, a manera de flashs, del primer gran tiempo, la aldea - útero como elemento resaltante del segundo, y poder así extender de modo trágico el objetivo conceptual de Almácigo 4.

Se inicia el libro con una epanadiplosis (redditio), empieza y acaba el verso con la misma palabra; figura literaria "per adiectionem" del grupo de repetición, no extraña por cierto al conjunto de los recursos expresivos artísticos peculiares de Pablo Mora. Ya en Almácigo 2 aparece,

(...)

"Azul nomás para mi sueño azul.

(...)

Azul apenas para el llanto azul.

(...)

Azul nomás, para mi muerte, azul." (p. 19).

La epanadiplosis centra la atención del lector en el ludismo en función estetizante de dos palabras - claves polares en un verso. Por la vía del juego y del arte queda en la conciencia una definición. En Almácigo 4 ella representa la llave para abrir el opúsculo,

(...)

"La guerra la paz la paz la guerra"

Verso difícil por cuanto a su vez encierra otra figura del grupo de repetición por contacto, la geminatio (iteratio), reiteración de la misma voz en un lugar del verso (...) "la paz la paz" (...). No siempre mantiénese esta disposición sino por el contrario el poeta alterna los vocablos sin cambiar la naturaleza de la doble figura, (...) "La paz la guerra la guerra la paz".

Este juego con la epanadiplosis-geminatio utilízala el bardo para separar vastos espacios poéticos del libro y variar de enfoques al presentar cada una de estas dos grandes dimensiones opuestas de la conducta social, la guerra y la paz. Por ello la complejidad de esos dos versos se enriquece al hacerse entonces portadores de la figura semántica del antítheton con la cual una contradicción se patentiza de modo dramático, lo cual, por lo demás descifra la intención de Pablo Mora a lo largo de Almácigo 4.

Dispone, mediante un lenguaje opulento y absolutamente libre en sus asociaciones imaginativas, sus versos como hilos bricholados con los cuales trenza sus largas estrofas o sus precisos sonetos y elevar así uno de los pocos aportes venezolanos de enunciación universal, en el terreno de la lírica, sobre la guerra. Tal vez sean Carlos Augusto León en su momento - también angustioso por la amenaza de la contienda nuclear - y en la década de los ochenta Pablo Mora quienes más allá de las fronteras patrias asumieran una actitud planetaria sobre la preocupación de una posible hecatombe total, capaz de trastrocar la vida en la tierra. Cogitaciones con los signos de la poesía escritas para participar así en ese diálogo con los hombres más conscientes de la época en torno a la tragedia de la guerra, los ya miles de luchadores por la paz.

Serenidad de las ideas

La alta tessitura de la voz de En tiempo de guerra no es para sostenerla mucho tiempo. Ella reflejó un momento del entorno del poeta y su incidencia en su espiritualidad. Para 1986, fecha cuando a la luz sale Almácigo 5 (7) el ímpetu se asordina, el bardo recapitula sobre el trayecto de sus composiciones, se hace más íntimo, ahonda su virtuosismo de avezado escritor de versos y lega a sus lectores una obra serena, lúdica, grata. Recoleta pero opima en sus experiencias, fábulas, afectos. Edificado Almácigo 5 sobre el juego dialéctico de los dos grandes tiempos sui generis de la poesía de Pablo Mora, aunque el segundo - presente futuro de la circunstancia áspera - desenvuélvese en este opúsculo a plenitud mas siempre frente al primero el cual le sirve de base y contraste. Al respecto hay dos sonetos paradigmas donde estos planos temporales antitéticos ofrécense, el segundo gran tiempo lo muestra "Travesía", 

"Amplio solar de pena y amargura,

recinto para el llanto y la alegría,

larga tonada, larga travesía,

viejo estribillo en clave de ternura.

Duro aguijón para la suerte dura,

ardua vereda la de cada día,

ancho portón para la misma vía,

hondo estallido en tiempo de premura."

(...)

en oposición al primer tiempo simbolizado en "La aldea",

"La luna anoche me encontró en mi aldea

con la casita en que me vio nacer.

Estaba yo bajo vetustos cedros

cantándole a la vida una canción."

En la plena sazón de Pablo Mora como creador surge este libro. Se funden en sus estrofas la lata cultura humanística del bardo, la sabiduría de quien ha vivido - "conozco de memoria muchas vidas" - y ha deliberado sobre ese vivir, el amor al País y a sus hombres, y con ello una lírica forja de palabras desatadas para hilvanar versos celestes, fervorosos, entregados a su desbordada imaginación y así corporizar sus ideas patéticas, pilares conceptuales del libro, entre las cuales despliegan el conflicto de escribir, la fuerza vivificante de la esperanza, el fantasma de la locura, el pensamiento campesino, la desolación, la muerte, paisajes y recuerdos, y su tributo a la amistad.

Almácigo 5 troquela su métrica a base de sonetos, vigorizada con una alta frecuencia de figuras retóricas orientadas hacia la tersura y el fulgor, las del grupo de repetición intermitente como la anáphora,

"El agua eternamente mariposa.

El agua eternamente buena y nueva.

El agua eternamente siempre prueba.

El agua eternamente clara rosa." ( "El agua" )

O la rima paronomásica por semejanza etimológica,

"Salve, mano, alfarera de mis versos,

(...)

y en el sexto pulgar de mis reversos

(...)

la furia de mis ritmos circunversos" ( "La mano")

(...).

O las del grupo de figuras de pensamiento, de manera específica la de interrogación simple, recurso conmovedor, iterativo, para agilitar el ánimo e involucrar al lector en el texto del discurso, como en el poema "La llave". Madurez y virtuosismo, pues, en el mester divino de pergeñar versos.

Estampida de las palabras

Libro espectacular De la noche insomne (8). Saturado todo él de cuanto se ha querido llamar el segundo gran tiempo; recorre el poeta mediante el uso de un lenguaje fabuloso - novata forma dicendi - múltiples estampas de la vida presente y de anhelos de futuro. Su elocuencia lírica se derrama como enloquecido torrente, apoyada necesariamente en las figuras de la repetición (en particular la paronomasia, la anáphora y la geminatio) y de la acumulación caótica. Tramado todo el opúsculo de manera originalísima, distribuido en tres partes. La primera, "A libertad por todos los caminos", inaugúrase con riguroso y hermoso texto de estilo militar (inspirado en El arte de la guerra de Sun-Tzu), instrucciones estrictas al poeta soldado, volcados cual partes de guerra, decretos, proclamas, manifiestos. No con menos fuerza y suntuosidad le sigue el elogio del insomnio a manera de un "considerando". Su alocución al arte - "Queremos un arte del hombre con el hombre" - lo cimienta sobre la acumulación asindética y polisindética, libremente alternadas, palabras complementarias, enlazadas o desenlazadas, relacionadas sólo por el sentido global de la composición, para conseguir un efecto calológico de tremendo impacto emotivo en el lector.

"Queremos un arte nudo, virgen, cristalino, araguaney. Paradisíaco, galáctico. Campana, pájaro, caballo, sueño. Playa, niño, arco iris, girasol. Un arte greda, vida, vino y pan. Bandera, puerta, asilo, ventanura y ventanal. Alegremente loco. Forzadamente cuerdo. Silenciosamente espejo. Aguerridamente ladrador. Un arte mástil, proa, timón y timonel. Un arte rastro, rostro, estrella o estelar. Un arte lluvia, trueno y tempestad. Un arte montañoso, resonante, inacabado, vasto, centelleante. Herbáceo, candente, aluvional. Singularmente brioso, barragán. Crepitante en tristumbre y vendaval. Disyuntivo, angustiado, peculiar. Un arte anhelo, adviento, atajo, afán. Sol en solemne agosto en soledad. Inagotablemente fraternal." (p. 34)

(...)

En igual tessitura mantiénese el resto de los poemas de esta sección, entre los cuales vale la pena resaltar el dedicado, con un cierto dejo elegíaco, al dolor histórico por la gran frustración - derrota del indígena americano, "Entre magia, gozo y guerra".

Pese a ser un libro donde el bardo irgue su discurso para ofrendarlo al segundo gran tiempo de su poesía, el presente - futuro del infortunio, el primer tiempo no puede excluirse por cuanto rompería la dinámica propulsora de la lírica de Pablo Mora, por eso aparece, aunque someramente, para cumplir su función contrastante. En la primera parte del libro, en lo más riguroso y exigente de su entonación épica se atreve el vate a romperla para interpolar,

(...)

"que no sabemos qué diéramos por una guama de aquellas que guindaban en la boca de la maestra de nuestra infancia o por una taza de café o unas onzas del tiempo en la quebrada." (p. 26).

En las otras dos secciones - "Buscando azules laderando sueños" y "De tan amarte y tan morirte paz" - la prosa poética se asordina, lo épico cede, lo lírico se intensifica, para terminar de conformar un poemario turbador por el manejo del lenguaje y por su valentía en usarlo sin cortapisas, desatado, obediente sólo a su sentir.

Humor y amistad

No se puede omitir en este pequeño ensayo un sesgo de cierta notoriedad en la escritura de Pablo Mora, en su aptitud humorística patente en el segundo gran tiempo. Suele aunar a su pulso lírico el nervio del humor dispuesto en entrelíneas con sumo cuidado de no caer en los extremos de la sátira, de lo cáustico, de lo mordaz. Procura no choquen su jovialidad con lo sublime de la composición. Presente en este opúsculo cuando mediante una frase cómica produce una fractura en el orden enfático del párrafo,

(...)

"Nos haremos a la mar, quebraremos olas, hasta dar con aquél que nos robó los sueños. Marineros de agua dulce, hijos del agua, alzaremos velas, ganaremos viento, tomaremos puerto, navegaremos hacia neblinas, nubes, madrugadas." (p. 38 de De la noche insomne)

"Marinero de agua dulce" troncha el planteamiento inicial por el sentido de esta frase en el habla cotidiana...

También,

(...)

"Para templarle la cuerda a la esperanza en busca de un pedacito más de vida. Para burlarnos de las comillas de modo que el plagio siga siendo eterno, consubstancial al hombre." (pp. 85-86 idem).

Este carácter lo hallamos diseminado, aunque parcamente en verdad, en muchas de sus publicaciones en verso cual en Almácigo 3,

"De frente a la vida nuevamente

sin responder al menos de mis días

sin percatarme ni siquiera de las horas

Con 15 dólares en el bolsillo izquierdo

50 en el otro y 78.000 liras más allá

Todo de marrón frente a la vida

Con el capitán Azpurua Núñez

en un DC va mi vida

con mis sueños y pesares

pendiente de cualquier airado

que porte algún kilo de tritolo" (p. 23)

Deberían incluirse, dentro de este perfil de fino humor, sus "homenajes". Pablo Mora devuelve con prodigalidad los placeres recibidos en el trato con poetas amigos, en los libros les rinde homenajes mediante la interpolación en las estrofas de versos de ellos, otras veces sus nombres, o recuerdos... Honora así aquel pensamiento de Epicuro en sus máximas capitales: "De los bienes que la sabiduría ofrece para la felicidad de la vida entera el mayor con mucho es la adquisición de la amistad."

Hacia la utopía: acorde de los dos grandes tiempos

Se equilibran los dos grandes tiempos, nivélanse en Almácigo 6. En tiempo de paz (9). Ya no se halla contraste sino armonía y ello nace de un ansia, de un sueño futurista, la paz. Si adviniera una paz eterna el hombre replantearíase su vividura terrenal. El símbolo de la terrestre felicidad posible para Pablo Mora expandiríase hacia el presente-futuro y quizás se podría domar con aguzada inteligencia, amor y fuerza creativa el cerril potro del infortunio. Porque para el vate la paz se define,

"Diminuta

te escondes en los sauces

que duermen en los lagos

en los cipreses de la tumba ajena

en los aljibes de las casas solas

en los zaguanes del amor del viento

en las pestañas de la madre pobre

o en los mendigos que la noche hospeda" (p. 18)

Confúndese el ser de la paz según la concepción de Pablo Mora con la naturaleza de la poesía. Entonces si la paz encarna la poesía no resulta fácil para el áspero hombre del tiempo del infortunio admitirla como sistema de vida; se requiere antes mucho dolor, mucho fracaso, mucho entender a Cristo. He allí el gran secreto de la paz, su magnificencia y su conflicto espiritual. Drama dejado sentir en la armonía de los dos grandes tiempos de Almácigo 6. Pequeño volumen donde la paz se elucida al través de la venustez lírica fusionada con lo humano de todos los momentos.

(...)

"Trino con que cantamos a la vida

cuando la muerte nos ofrece el huerto

para sembrar de estrellas el destino" (p. 21)

Final

No sé si se llamará humildad o serena hombría pero a partir de esta actitud Pablo Mora ofrenda su poesía a sus contemporáneos. En ella instala su corazón, su talento, su cultura, su exigencia. Con sus palabras desatadas, libres como su imaginación, compone una lírica tupida, hermosa, de alta latitud calológica. Dona con sus versos una escogencia, su voluntario encuentro con los hombres cotidianos para compartir su alacridad y su desdicha aunque para ello se hubiera arrancado y puesto en fuga de la verde comarca de la aldea del hechizo, tierra de la irrealidad, de la oniria, del silencio de la memoria.

Finalmente, Asombro al descubierto (10). "Una raza que canta en la tormenta", este verso del poema 46 bien hubiera podido ser el título del poemario. Por cuanto en su libro se cruzan con tremenda fuerza dos horizontes expresivos: por una parte el imaginario de Pablo Mora, desencadenada capacidad de creación de mundos donde vuelca su sentir, su reflexión perceptiva de las cosas, sus ansias, su furia y su dolor; y por otra, el enriquecer su lenguaje órfico y encantatorio apoyado en versos de poetas a quienes incorpora en el torrente de su decir ódico y a su vez les rinde homenajes en ese coro de voces por él queridas, leídas , admiradas y reverdecidas al injertarse en el frondoso árbol rojo de la trova polifónica de la "raza que canta en la tormenta". 

Julia Kristeva, en su libro Baktine, le mot, le dialogue et le roman (1967) dice (...) "todo texto se construye como un mosaico de citas, todo texto es absorción y transformación de otros textos" (...), y Roland Barthes en su Théorie du texte (1968) afirma: "Todo texto es un intertexto (...) otros textos están presentes en él, a niveles variables, bajo formas más o menos reconocibles: los textos de la cultura anterior y los de la cultura envolvente; todo texto es un tejido de citas pretéritas". (...)

Pablo Mora es un capitán de poetas, conduce las voces de sus huestes líricas al través de las páginas de su Asombro al descubierto y A coro en el asombro, y con ello no hace otra cosa sino aportar al mundo de la poesía del mundo un canto coral para enriquecimiento de la belleza y de la espiritualidad de sus lectores.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

  1. Almácigo. San Cristóbal, El Parnasillo, 1978. p. 40.
  2. W. Kayser, Interpretación y análisis de la obra literaria. 2ª ed. Madrid, Gredos, 1958. pp. 403-410.
  3. H. Lausberg, Manual de retórica literaria. Madrid, Gredos, 1976, v.II. p.97.
  4. Barcelona, Ediciones Rondas, 1980.
  5. Caracas, Presidencia de la República, 1982.
  6. San Cristóbal, Imp. Formas Lem (S.A.). Prólogo de Gustavo Pereira. Portada, diagramación e ilustraciones de Freddy Pereyra.
  7. San Cristóbal, El Parnasillo, 1986.
  8. Porlamar, Fondene, 1992.
  9. San Cristóbal, Edit. San Sebastián, 1993. Arreglo Portada: Edgar Durán.
  10. Mérida, Ediciones Mucuglifo, 1996. Óleo de Portada: Freddy Pereyra.

Lubio Cardozo

 

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