LA ORACIÓN EN LA VIDA CONTEMPLATIVA

 

 

 “La oración y la contemplación de las cosas celestiales son el  verdadero

y más natural alimento de nuestra alma”.

(S. Francisco de Paula)

 

 

 

“La Orden Mínima está consagrada íntegramente a la vida contemplativa. Por su misma constitución se encuentra en las más favorables condiciones para cumplir el primer y particular deber de todos los religiosos: la contemplación de las cosas divinas y la unión asidua con Dios en la oración”. (Constituciones de la Orden)

 

...La monja, apartada de las cosas externas en la intimidad de su ser, purificando el corazón y la mente mediante un serio camino de oración, de renuncia, de vida fraterna, de escucha de la Palabra de Dios y de ejercicio de las virtudes teologales, está llamada a conversar con el Esposo Divino, meditando su ley día y noche para recibir el don de la sabiduría del Verbo y, bajo el impulso del Espíritu Santo, hacerse con El una sola cosa.

 

...La misma vida contemplativa es, pues, su modo característico de ser Iglesia, de realizar en ella la comunión, de cumplir una misión en beneficio de toda la Iglesia. A las contemplativas de clausura no se les pide por tanto que hagan comunión participando en nuevas formas de presencia activa, sino más bien que permanezcan en la fuente de la comunión  trinitaria, viviendo en el corazón de la Iglesia.

 

...La Iglesia peregrinante es, por su propia naturaleza, misionera; por ello, la misión es esencial también para los institutos de vida contemplativa. Las monjas de clausura la viven permaneciendo en el corazón misionero de la Iglesia mediante la oración continua, la oblación de sí mismas y el ofrecimiento del sacrificio de alabanza.

 

De este modo, su vida se convierte en una misteriosa fuente de fecundidad apostólica y de bendición para la comunidad cristiana y para el mundo entero.  

...Un monasterio contemplativo es un don  también para la Iglesia local, a la que pertenece. Representando su rostro orante hace más plena y más significativa su presencia de Iglesia. Se puede parangonar una comunidad monástica con Moisés, que en la oración determina la suerte de las batallas de Israel.

 

...El monasterio representa la intimidad misma de la Iglesia, el corazón, donde el Espíritu siempre  gime y suplica por las necesidades de toda la Humanidad y donde se eleva sin descanso la acción de gracias por la Vida que cada día Él nos regala”.   (Verbi Sponsa)