Entrevista a Fidel Castro,
Página 12 (mayo 2003)
PAGINA
12 –120503
–Imagino
que usted evaluó que habría un generalizado repudio con el tema de los tres
fusilamientos recientes...
–Sí,
fue perfectamente evaluado. Es algo demasiado serio como para adoptar decisiones
a la ligera. De hecho habíamos establecido una moratoria que duraba ya casi
tres años. Fue verdaderamente doloroso para los miembros del Consejo de Estado
tener que romper esa moratoria. Esto no se hace sino por causas absolutamente
justificadas, puesto que conocíamos el precio de la medida, ya que hoy día
–y no les quito razón a los que se oponen a ella– el número de los que
piensan de esa forma crece y crece cada vez más, de lo cual realmente me
alegro, puesto que compartimos, y por razones profundas, el aborrecimiento a la
pena capital.
–¿Cuáles
fueron entonces esas causas?
–Puedo
resumírtelo en tres palabras: cuestión de vida o muerte. Me preguntarás por
qué. Sencillamente la mafia terrorista de Miami, en combinación con la extrema
derecha de Estados Unidos, se proponían, y aún se proponen, crear una grave
crisis que podría conducir a una confrontación armada entre Estados Unidos y
Cuba. No es que esto nos ponga nerviosos o nos quite el sueño. Es algo
demostrado, durante 44 años, que nosotros sabemos enfrentarnos a cualquier
peligro. No es inútil recordar que en 1961 libramos, entre los días 17 y 19 de
abril, una dura batalla frente a una expedición mercenaria que desembarcó por
Girón, y detrás de esa invasión estaba la escuadra norteamericana con un
portaaviones, naves de guerra, buques de desembarco y las tropas pertinentes
para intervenir inmediatamente después de que el gobierno creado por ellos
pudiera aterrizar en un aeropuerto recién construido, en una de las zonas más
pobres del país, precisamente en un punto que se ha hecho después famoso:
Playa Girón. Claro, nosotros hicimos todos los cálculos correspondientes y se
luchó durante 68 horas consecutivas, sin un minuto de receso, hasta el último
punto de resistencia enemiga: Playa Girón cayó en nuestro poder. No pudo
aterrizar el gobierno que tenían en Miami.
–¿Y
quién iba estar al frente de ese gobierno, (José) Miró Cardona?
–Miró
Cardona y un grupito que tenían en Miami en una casa, para trasladarlo tan
pronto dispusieran de una cabeza de playa. Si hubieran podido traer un gobierno
y proclamarlo como tal gobierno, inmediatamente habrían intervenido sus tropas
y, detrás de ellos, como es habitual, las famosísimas tropas de la OEA (ríe),
constituidas, por lo general, por dos o tres pelotones cuando más, para crear
las apariencias de “una coalición de fuerzas democráticas, patrióticas y
salvadoras” del hemisferio occidental, como hicieron después en Santo Domingo
y en otros lugares; como lo acaban de hacer en Irak, solo que esta vez con
tropas inglesas, y las demás, teoría. El barquito que Menem solía enviar en
situaciones como esta, no tuvo tiempo de llegar a las proximidades del Golfo Pérsico,
donde su misión era observar por televisión la guerra (risas).
–Me
parece bueno volver después sobre Menem, porque, como usted sabe, dentro de una
semana se vota en Argentina, pero quería preguntarle antes como diferencia la
época de Girón de la actual.
–Yo
te menciono esto (la invasión de 1961), porque tú empezaste preguntando sobre
la cuestión de los fusilados. Y ése fue un momento de esos que se califican de
vida o muerte. Si ellos tienen éxito, la guerra no se sabe cuánto hubiese
durado; hubiéramos sido el Vietnam de aquella época, y el resultado no sería
diferente, porque ya nosotros teníamos para esa época unos 400.000 fusiles y
cientos de miles de milicianos, entrenados en lo posible, pero con un gran ardor
revolucionario. Lo cito como ejemplo del momento que estábamos viviendo. Allí
no era cuestión de fusilar a nadie, era cuestión de combatir contra los
invasores, ya que era un enfrentamiento armado casi directo con Estados Unidos
en el que los mercenarios cubanos constituían la vanguardia para enmascarar el
tipo de guerra durante las primeras horas. Tiempo más tarde tuvimos momentos
también sumamente difíciles: la Crisis de Octubre de 1962. Pero eso ocurre
exactamente casi 18 meses después, en que de nuevo nos vimos ante una situación
extraordinariamente compleja: replegarnos, rendirnos, o mantenernos como siempre
nos hemos mantenido, firmes y dispuestos a luchar hasta el final. En aquella
ocasión nos amenazaban decenas de armas nucleares. No recuerdo haber visto un
solo cubano en el cual pudiera apreciar una expresión de miedo y mucho menos
una expresión de pánico. Ahí afrontábamos la muerte con total decisión, sin
la menor vacilación. Aquel episodio dio lugar a diferencias grandes con los
soviéticos, porque ellos inconsultamente tomaron la decisión de retirar los
misiles sin acuerdo con nosotros.
–¿Nikita
Kruschov?
–Sí,
desgraciadamente Kruschov, que por otro lado tuvo grandes gestos de amistad con
Cuba. Llegó a un arreglo sin nosotros. En dicho arreglo se estipulaba inspección
a nuestro territorio. No lo aceptamos, y nunca se hizo la comprobación en
tierra cubana de la retirada de aquellos proyectiles por exclusiva decisión
soviética. Tuvo que hacerse en el mar. Si cuento esto es para expresar que ni
Girón, ni la Crisis de Octubre, ni otros momentos en la historia de la Revolución
Cubana fueron los únicos en que nuestro país se vio ante riesgos graves y
cuestiones de vida o muerte.
–Me
parece importante marcar dos diferencias...
–Esto
es solo una parte de lo que yo debo decir para que pueda explicarse la
circunstancia en que nos vimos obligados a aplicar la pena capital.
–Una
diferencia, en términos militares, podría ser este poder que aparece arrasador
después de los bombardeos de Bagdad y todo lo demás; o sea, un escenario de
guerra actual, con esas características, ¿cómo lo enfrentaría Cuba?
–Yo
creo que tú te adelantas mucho. En aquella época existían dos superpotencias;
hoy existe solamente una, tan poderosa como jamás existió en la historia. Esto
marca, podríamos decir, la diferencia entre aquellos años y hoy. Entonces, a
tu pregunta, te quiero decir que estoy marcando la diferencia, aparte de lo cual
tú puedes seguirme preguntando, porque no estaría respondido el tema si no se
van usando los argumentos para que esto se entienda.
–Hemos
leído en estos días que Kevin Whitaker, jefe del Buró Cuba del Departamento
de Estado, advirtió a La Habana que los secuestros de aviones y embarcaciones
cubanas constituyen "una amenaza para la seguridad de Estados Unidos".
–Es
que el plan concebido de antemano consistía en provocar con la ola de
secuestros una crisis migratoria que sería utilizada como pretexto para un
bloqueo naval, lo que inevitablemente conduciría a una guerra. Una vez
finalizada la guerra fría, y cuando se suponía que todo el mundo comenzaría a
ahorrar un poco de dinero en armas, esta superpotencia, en los últimos dos años,
se ha consagrado a una carrera armamentista sin precedentes, en el preciso
instante en que la superpotencia adversaria ha dejado de ser superpotencia. La
pregunta es para qué quería un gasto en armamento de 400.000 millones de dólares
por año. ¿Qué objetivo podía tener ese fabuloso gasto en armas? Sólo tiene
una respuesta: el claro propósito de dominar el mundo por la fuerza. Algunos
podrían preguntar: ¿Y no tiene esa superpotencia otros medios para establecer
ese dominio, a partir de sus ventajas militares, económicas, tecnológicas y
políticas? Parece que no, a partir del hecho real de que, desde el punto de
vista económico, el orden establecido, la globalización neoliberal impuesta al
mundo, es insostenible. Ya los grandes jefes, digamos, los amos del mundo, que
dominan la economía a través del Fondo Monetario, el Banco Mundial, la OMC,
los enormes privilegios concedidos por los acuerdos de Bretton Woods y otros
grandes resortes, no pueden sostener el sistema que han impuesto. `
Por
ejemplo, la OMC (Organización Mundial del Comercio) no pudo reunirse en Seattle;
se produjo una verdadera sublevación. La reunión pro ALCA en Quebec fue una
cumbre que tuvo lugar encerrada en un búnker, no pudo prácticamente sesionar.
Hasta allí llegaron los gases lacrimógenos lanzados contra las organizaciones
sociales de Estados Unidos, Canadá y de otros países que se oponen a esa anexión.
Ya el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la OMC y el Grupo de los
7 no pueden reunirse en cualquier lugar del mundo. Ni en Davos, donde se juntan
los representantes de las grandes empresas, los teóricos y los asociados a este
orden económico mundial; no pueden reunirse ni en Suiza. La penúltima reunión
tuvo lugar en una montaña de Suiza que recordaba las fortificaciones y las
alambradas de la batalla del Marne y de Verdún, en la Primera Guerra Mundial.
Los canadienses seleccionaron unas alturas inaccesibles, Nápoles no resultó
lugar adecuado. Ya sólo les va quedando algún espacio que construyan en el
laboratorio espacial para que el Grupo de los 7 y algunos otros se puedan reunir
allí. Me pregunto, realmente, si acaso esta crisis, esta insostenibilidad del
orden que han creado, no está relacionada con el surgimiento hoy día de una
fuerte tendencia nazi-fascista instrumentada por la extrema derecha de Estados
Unidos que usurpó el poder en unas elecciones fraudulentas en noviembre del año
2000.
Como
puedes apreciar son notables estas diferencias a las que existían en los días
de Playa Girón. Hoy, el gobierno de esa superpotencia, que incluye cínicamente
a Cuba entre los estados que promueven el terrorismo, ha declarado la doctrina
hitleriana del ataque preventivo y sorpresivo contra 60 o más países sin que
nadie sepa qué significa la frase “o más”, una incógnita que puede
incluir hasta países de la propia Europa. Hay que tener en cuenta que
recientemente amenazaron a Holanda con invadirla si se juzgaba algún
norteamericano por el Tribunal Penal Internacional, por crímenes de guerra.
A
esto puede añadirse que, en su discurso al cumplirse el 200 aniversario de la
creación de West Point, el presidente Bush les declaró a más de 850 oficiales
acabados de graduar que debían estar listos para atacar de inmediato cualquier
oscuro rincón del planeta. Es de esperar que nadie tome a la ligera los
peligros a que se enfrenta un país como Cuba, que ha luchado durante 44 años
sin ceder un milímetro, sin hacer una sola concesión al imperio, y
absolutamente decidido a no hacerla.
Aquellas
palabras del señor Presidente de Estados Unidos han sido acompañadas ya por
dos guerras: Afganistán e Irak. Esta última, que constituyó una guerra de
conquista de la tercera reserva mundial de petróleo, acaba de observarla el
mundo a través de miles de imágenes de televisión y ha podido ver ciudades
bombardeadas sin piedad, sometidas a tales ataques que dejarán por toda la vida
un trauma en millones de niños, jóvenes, ancianos, hombres y mujeres adultos.
Ha podido observar también el mundo los cadáveres destrozados y la mutilación
de quién sabe cuántos niños. Ese imperio constantemente busca pretextos para
continuar con esa política de agresión y de guerra en puntos clave para
Estados Unidos y los más íntimos colaboradores y asesores del Presidente de
ese país, entre ellos, los miembros de una verdadera mafia terrorista
cubano-americana; precisamente los que le dieron el triunfo en las elecciones
fraudulentas de noviembre del 2000. Según conocemos perfectamente bien, buscan
pretextos para que nuestro país sea sometido a una agresión similar a la de
Irak, y una de sus esperanzas está en llevar a cabo una serie de provocaciones,
algunas de las cuales están en marcha. Por ejemplo, el intento de desatar,
acudiendo al potencial delictivo de carácter común, una ola de secuestros de
barcos y aviones de pasajeros en Cuba.
Ese
plan comenzó a producirse el mismo día que iniciaron la guerra,
aproximadamente dos horas antes de comenzar la agresión militar en Irak, es
decir, alrededor de las 7.00 de la noche, con el secuestro de un avión de
pasajeros que volaba entre Nueva Gerona, Isla de la Juventud, y La Habana,
llevado a cabo por seis delincuentes comunes que esgrimieron cuchillos similares
a los de los secuestradores de los aviones de pasajeros norteamericanos que
estrellaron contra las Torres Gemelas. Al avión cubano de pasajeros desviado de
su ruta con 36 personas a bordo, lo obligaron a aterrizar en Cayo Hueso.
Allí
trataron pésimamente mal a los pasajeros y a los tripulantes, dieron derecho a
la residencia a varios de los cómplices del secuestro, sometieron a juicio
meramente formal a los secuestradores, y a los pocos días un fiscal de Miami,
estrechamente vinculado a la mafia terrorista, decretó el derecho a la libertad
provisional de los secuestradores. Tal cosa no ocurría desde hacía nueve años,
cuando se firmaron los acuerdos migratorios entre Estados Unidos y Cuba, y tiene
lugar repentinamente dos horas antes de la guerra. La impunidad ulterior dio
lugar a que de inmediato el potencial delictivo de carácter común recibiera el
mensaje y así el día 30, o sea, 11 días después, secuestran un segundo avión
con 46 pasajeros a bordo; 24 horas más tarde un grupo de delincuentes, con
antecedentes penales que nada tienen que ver con cuestiones de carácter político,
según afirmaron los propios secuestradores, asaltan una lancha de pasajeros de
las que presta servicio en la bahía de La Habana, con 50 personas a bordo, según
ellos mismos informaron por radio –entre los rehenes había niños y
extranjeros de visita en Cuba–, amenazando con lanzar pasajeros por la borda
si no se les suministraba gasolina u otra embarcación.
Como
es norma establecida no tratar de interceptar naves secuestradas a fin de evitar
accidentes, ellos se alejaban. Esa lancha de pasajeros avanzaba por mar abierto
y olas con fuerza de 3 a 4, a punto de zozobrar en cualquier momento.
Milagrosamente no se hundió la embarcación y perecieron todos. Se les pudo
auxiliar oportunamente, siendo conducidos a un puerto de la costa norte, donde
los secuestradores mantenían la misma posición de chantaje, hasta que se logró
reducirlos, con la cooperación de los mismos secuestrados. De este hecho y de
las informaciones recogidas, se podía apreciar que estaba ya en marcha la ola
de secuestros de embarcaciones y aviones de pasajeros. Puede añadirse que 24
horas después se produce otro intento de secuestro con arma de fuego y armas
blancas de un avión de pasajeros. Fue frustrado. La ola planeada y ya en marcha
para buscar un pretexto de conflicto era necesario cortarla radicalmente.
Fue
por ello que, en virtud de leyes previas y mediante proceso judicial, tres de
los ocho principales responsables fueron juzgados en juicio sumario y
sancionados por los tribunales a la pena capital, sin que el Consejo de Estado
ejerciera clemencia, de acuerdo con las facultades que le atribuye la Constitución.
Era ya cuestión de escoger entre la tolerancia a este tipo de hechos
–aplicando simplemente medidas de prisión, que carecen de toda eficacia
cuando se trata de personas a las cuales en nada intimidan las prisiones por sus
propios antecedentes penales– o la vida de millones de ciudadanos cubanos.
Porque nadie debe dudar que en este país, con una elevada conciencia patriótica
y revolucionaria, una agresión norteamericana significaría la pérdida de
millones de vidas, puesto que se trata de un pueblo decidido a luchar hasta las
últimas consecuencias, aunque la Revolución, a lo largo de casi tres años,
como ya dije, se había abstenido de aplicar sanciones de esta índole, a pesar
de haber personas sentenciadas por los tribunales debido a crímenes
repugnantes. Mas esto en sí mismo no era suficiente, a nuestro juicio, y por
ello hemos declarado que en cualquier secuestro de naves aéreas y embarcaciones
de pasajeros, en ningún caso recibirán combustible para proseguir viaje, sus
autores serán sometidos a los tribunales en juicio sumario, y el Consejo de
Estado no ejercerá clemencia alguna.
Sabemos
muy bien que esto tiene su costo, puesto que gran número de amigos, y muchos de
nuestros mejores amigos, por distintas razones, que pueden ser religiosas,
humanistas o filosóficas, se oponen a la pena capital. Mucho nos ha dolido por
ello la necesidad de una medida de antemano conocido que les desagradaría, pero
no teníamos el derecho de vacilar ni vacilaremos, dentro de la ley, en aplicar
las medidas que garanticen la vida de nuestros compatriotas, que han realizado
la proeza de resistir durante décadas criminales bloqueos y agresiones de la
potencia más poderosa que ha existido jamás, situada a 90 millas de nuestras
costas.
–¿Cómo
tomó, en ese sentido, el "hasta aquí llegué" de Saramago?
–Saramago
es un buen escritor. Realmente nos duele que no hubiese entendido ni una sola
palabra de las realidades que viven Cuba y el mundo. El no es el único que se
opone a la pena capital; a millones de compatriotas también les desagrada, pero
ni uno sólo tuvo la menor vacilación ante la alternativa que conocen muy bien.
El debió expresar su desacuerdo, pero no debió pronunciar ni una sola palabra
que alimente la agresividad del gobierno de Estados Unidos contra Cuba, ni
ofrecer argumentos que recibe con delicia el brutal sistema imperialista que
pretende justificar una agresión contra Cuba. Algo más preocupante, Saramago,
y algunos otros que hayan actuado de buena fe parecen ignorar por completo que
el planeta marcha aceleradamente hacia una tiranía mundial nazi-fascista. Con
toda seguridad pienso que se dejó llevar por un arranque de ira y contrariedad
que le obnubiló su capacidad de razonar. Algo más, tal vez un rasgo pasajero
de autosuficiencia y vanidad, nada extraordinario en un buen comunista
acostumbrado durante muchos años a la calumnia y la diatriba, que ha sido de
repente elevado al olimpo de un Premio Nobel. Rigoberta Menchú, una noble y
modesta india guatemalteca, que conoce a Cuba y su invariable lealtad a la causa
noble de los pueblos explotados de este mundo, no reacciona igual. De todas
formas, por el valor maravilloso de sus obras literarias, los libros de Saramago
seguirán siendo publicados y leídos en Cuba.
–Yendo
un poco hacia nuestro hemisferio, podría decirse que atravesamos una coyuntura
histórica singular: el presidente Hugo Chávez parece haberse consolidado después
del golpe de estado del año pasado, Lula gobierna el Brasil, es muy probable
que el Frente Amplio de Uruguay se imponga en las elecciones de fin de año, y
en Argentina parece segura la derrota electoral de Carlos Menem. En este marco,
me gustaría conocer su análisis. –La posición neoliberal está derrotada
por inviable, insostenible e insoportable. Chávez, una de las personas más
nobles y generosas que he conocido, ha surgido como fruto de las actuales
condiciones históricas que prevalecen en nuestro hemisferio, acompañadas, en
su caso, de un sentimiento verdaderamente bolivariano, martiano y cristiano. No
es un hombre improvisado, tales ideas surgieron en él desde que era muy joven y
comenzaban a verse con toda claridad los primeros síntomas de esta gran crisis.
Prácticamente solo, sin un partido previo, apoyado por numerosos grupos
nacionalistas y patrióticos de la izquierda venezolana, predicando desde un
camión y unos altavoces, barrió en una contienda electoral contra líderes y
partidos tradicionales totalmente desacreditados y en crisis. Era algo muy difícil
de perdonar, y aquellas fuerzas derrotadas, pero con grandes recursos económicos
y especialmente en posesión de los medios de divulgación masiva fundamentales,
desataron contra él una implacable guerra, y en determinado momento, apoyadas
por la traición de elementos tanto políticos como militares, protagonizaron un
peligrosísimo golpe de Estado que fue aplastado por el pueblo y los jefes y
oficiales jóvenes de las fuerzas armadas. Más tarde, reagrupadas las fuerzas
derechistas y pro yankis, articularon, apenas siete meses después, una
conspiración que ha sido quizás la más difícil prueba del proceso
bolivariano encabezado por Hugo Chávez, que no obstante, gracias a su
excepcional talento y su insuperable capacidad de comunicación, logró vencer,
y en una de las más difíciles pruebas políticas que he podido presenciar en más
de 40 años de lucha revolucionaria, logró aplastar al adversario y hoy cuenta
con un apoyo más sólido que nunca. Aunque su actual experiencia y el apoyo de
fuerzas populares cada vez más aguerridas hacen más difícil que
acontecimientos como los mencionados se repitan, sería una ilusión pensar que
aquellas fuerzas no vuelvan a sus andadas y traten de derrotarlo, acudiendo a
los más groseros método que no excluyen su eliminación física.
Se
ha producido simultáneamente la victoria electoral de Lula, cuyos sentimientos
están decididamente del lado de los trabajadores y el pueblo brasileño, aunque
con tan difíciles condiciones objetivas –que incluyen una enorme deuda pública
externa e interna– se vea obligado a actuar con el máximo de sabiduría y
prudencia, para alcanzar sus objetivos en plazos más largos de lo que habría
podido suponerse en un gobierno de izquierda en ese gran país que es Brasil. No
tengo la menor duda sobre el triunfo del Frente Amplio de Uruguay en las próximas
elecciones. En Bolivia y Ecuador hay fuerzas políticas y progresistas sumamente
fuertes, como son los movimientos indígenas y otros sectores muy activos de la
sociedad, que están llamados a desempeñar un papel de gran trascendencia, si
se quiere evitar que el Mercosur sea destruido y el famoso ALCA se convierta en
instrumento de anexión de los países de América latina y el Caribe a una
potencia que, aun en el clímax de su poderío, está llamada al desastre mucho
más temprano que tarde.
DE
CARLOS GARDEL A CARLOS MENEM
–Llegamos
al sur y todavía no ha mencionado a la Argentina, a pesar de que estamos a una
semana de las elecciones presidenciales.
–Tú
dices: "Usted no ha mencionado a Argentina." Entonces yo te respondo:
efectivamente, no he dicho una sola palabra de Argentina, porque sé que tú,
como argentino me ibas a mencionar el tema, uno de los más complejos
precisamente, y con relación al cual yo tengo el temor de perder mi condición
de imparcial dentro del proceso electoral cuyo desenlace tendrá lugar en pocos
días. La prudencia y la sabiduría me aconsejan hablar muy breve. Mi amor por
los argentinos podría llevarme a estar toda la noche hablando sobre el tema;
optaré por la prudencia. Primero, algo une a cubanos y argentinos. A lo largo
de la historia ha habido una simpatía, por distintas razones. Por ejemplo,
Libertad Lamarque y Carlos Gardel eran personajes extraordinariamente populares
en nuestro país. Hablo de cuando yo empezaba a tener uso de razón, que iba al
cine, cuando tenía 10 o 12 años, si mal no recuerdo, para ver, por ejemplo,
las películas de Libertad Lamarque -tal vez me ponga nostálgico–, y quedaba
embelesado con el trino maravilloso de aquella inolvidable voz. Recuerdo también
los días tristes en que murió Carlos Gardel. Y es un hecho harto conocido que
aquí el tango era más admirado que el ballet o cualquier otra forma de danza
española o europea, que nunca dejaron de gustar mucho. Además, por aquellos
tiempos de mis años mozos, en que Hollywood no era dueño de todas las
pantallas, en Argentina se producían excelentes películas, aunque solo fuesen
para niños, adolescentes y jóvenes. Muchos de los españoles que vinieron a
Cuba con posterioridad a la independencia tenían parientes también en
Argentina. Yo mismo contaba allí con un tío, Gonzalo Castro Argiz, hermano de
mi padre, a quien tuve la suerte de conocer en el mismo año 1959 después del
triunfo de la Revolución, en un viaje a Argentina, a él y a unas primas.
Guardo de su persona un grato recuerdo por su carácter dulce y afectuoso, más
suave que el de mi propio padre, gallego y acostumbrado al ejercicio de la
autoridad, aunque sumamente noble y generoso. ¡Qué tiempos aquellos que visité
por primera vez Argentina! Era, aproximadamente, el mes de marzo. Yo había
estado antes, de paso, por Brasil y Uruguay. Al llegar a Argentina coincidió
con una reunión nada menos que de la OEA. Había un representante
norteamericano que, si mal no recuerdo, se llamaba Rubotton, o algo parecido.
Por los pasillos del hotel (Alvear) se apareció más de una vez la figura de
aquel representante norteamericano, como tanteando qué clase de sujeto era yo y
cómo se me podía domesticar, ya que había salido de la Sierra Maestra
demasiado rebelde. Conociendo muy bien el grado de pobreza de los pueblos de
nuestro hemisferio, similar a la de Cuba, que nosotros deseamos transformar, se
me ocurrió, nada más y nada menos, en aquella reunión, que proponer un Plan
Marshall para América Latina, no menor a 20.000 millones de dólares. ¡Qué
lejos estaba yo de suponer que apenas dos años después, y como consecuencia de
nuestra revolución, unido al desastre de Girón, el presidente de Estados
Unidos, John Kennedy, estaría hablando de reforma agraria, reforma fiscal y
otras cosas más o menos parecidas a aquellas por las cuales nos habían acusado
a nosotros de ser incorregibles comunistas, y por lo cual, desde muy al
principio, en los días finales del ilustre (Richard) Nixon y el insigne general
Eisenhower, habían ordenado ya para Cuba la receta de Guatemala, aplicada a
Jacobo Arbenz por haber tenido la “insolencia” de proponer, hacer aprobar y
promulgar una ley agraria. Pero esto sería lo de menos si, a su vez, el
presidente Kennedy no propusiera una Alianza para el Progreso con aportes económicos
equivalentes a 20.000 millones de dólares, exactamente, ni un centavo más o un
centavo menos, la cifra que yo había propuesto dos años antes. Fue mi primera
gran contribución a la economía latinoamericana, aparte de la cuota de casi 4
millones de toneladas de azúcar con precio preferencial que nos arrebataron y
fue repartida entre todos los productores de azúcar de América Latina y
algunos otros países azucareros, cuyas conciencias al araron con las cuotas
azucareras de Cuba. Todo el mundo feliz, y nosotros, muy seguros y confiados,
comenzamos el largo camino de aprender a luchar contra una superpotencia cuyas
lecciones, al cabo de 44 años, no nos queda más recurso que agradecer; gracias
a ello, Cuba es hoy Cuba.
No
puedo olvidar tampoco que por aquellos días la deuda externa de América Latina
alcanzaba 5.000 millones de dólares; ahora, cuando pienso que está cerca de
800.000 millones, no puedo menos que aterrorizarme ante la idea de que fui tal
vez quien envició a los países latinoamericanos en ese diabólico arte de
endeudarse hasta el cuello y convertirse en campeones olímpicos de las fugas de
capitales, el despilfarro, la malversación, la privatización: una especial
habilidad para ponerse la soga al cuello y estar a punto de anexarse a Estados
Unidos. Desde luego, no es tan grande mi tragedia cuando albergo la más
profunda esperanza y, más que esperanza, la absoluta seguridad de que los
propios pueblos de nuestra América, como ya comienzan a hacerlo, se encargarán
de arreglar todo lo que hay que arreglar.
–Esto
nos introduce directamente el tema de uno de los candidatos. Usted habló de
privatización, de despilfarro, muchos le podrían poner un nombre propio, el de
Carlos Saúl Menem, que ha intentado descalificar a su adversario, Néstor
Kirchner, asegurando que quiere "construir una Cuba", en tanto él se
propone "construir una España".
–¡Caramba!,
qué lástima que Menem no tuviera razón, porque con esos inmensos recursos de
Argentina –un desarrollo industrial nada despreciable, toda la energía hidráulica
y térmica que se necesita, todo el petróleo y el combustible como para
satisfacer las necesidades de lo que el neoliberalismo prácticamente convirtió
en una sociedad de consumo; más de 50 millones de cabezas de excelentes rebaños
de ganado vacuno, sin contar lanar y caprino; 60 millones de toneladas de
granos, soya, trigo, maíz, girasol, porotos, lentejas de tan alta calidad como
aquellas de las que por un plato fue vendido un reino; pampas húmedas por
millones de hectáreas que no requieren casi fertilizante; leguminosas y gramíneas,
materias primas para producir leche, cerdos, aves y huevos; una de las más
ricas regiones pesqueras del mundo, etcétera, etcétera, etcétera–, añadidos
a millones de graduados universitarios inteligentes y bien preparados, una clase
obrera activa y capaz, convertirla en una Cuba donde ni un solo niño se muere
hoy de hambre, la mortalidad infantil es la más baja de América latina y las
perspectivas de vida, en tiempos no lejanos, alcanzarán 80 años, con niveles
de educación más altos, con casi cero desempleo, para sólo citar un mínimo
de cosas, sería sin duda mucho mejor que la Argentina que Menem destrozó y
cuenta hoy no sólo con miles de niños que mueren de hambre, once millones en
la indigencia, y 60 por ciento de la población por debajo de la línea de
pobreza. De un paraíso terrenal habría que hablar. Convertirla en una España,
no por cierto la España familiar que nos dio cultura y una parte de su sangre,
sino la España del hombre cuyos bigoticos me recuerdan tanto los de Adolfo
–algo que realmente dudo mucho si fue casual, intencional diseño, o tal vez
un gen recesivo de carácter ideológico–, sería otra gran tragedia para un
pueblo de tanta rebeldía, dignidad y vergüenza como el de Argentina. Pero para
qué discutir este bizantino tema. Estoy tranquilo, y ustedes también deben
estarlo. El caballerito no tiene ni la más remota posibilidad de ganar esas
elecciones. Con esto termino, y no me provoques más, que no quiero inmiscuirme
en los asuntos internos de Argentina.
–Una
última provocación: Menem siempre lo atacó a usted públicamente pero alguno
de sus allegados hizo trascender que fuera del escenario político y diplomático
las relaciones personales fueron cordiales. ¿Es así? ¿Cómo fue su relación
personal con Menem?
–Excelente
siempre. Cuando nos sentábamos juntos en algún acto o en algunas de esas
terribles cumbres en que tuve el martirio de sentarme cerca de él, siempre bien
vestidito con la última moda, corbata y pañuelo del mismo color, corte no sé
si inglés o francés, –porque soy muy mal entendido en esos temas,
acostumbrado como estoy a llevar durante más de 40 años mi traje
guerrillero–, me juraba el orgullo de su amistad y me hablaba de los
excelentes vinos de su finca, del gusto por los puros cubanos, y nunca dejamos
de intercambiar puros y vinos. Así tuve la oportunidad de descorchar algunas
botellas y "disfrutar" de uno de los vinos más exquisitos del mundo.
Al menos eso habría deseado con toda mi alma, más allá de cortesías diplomáticas.
Algo, sin embargo, puedo asegurar en honor a la justicia: más de una vez me
obsequió champán de La Rioja de su propia cosecha, y jamás he probado un
refresco más exquisito (risas). Lamentaría mucho que por causas meramente políticas
yo me fuese a privar de tales maravillas. Por mi parte, he jurado: pierda o no
pierda las elecciones le seguiré enviando puros cuantas veces los necesite,
advirtiéndole, como le advierto a cada amigo a los que obsequio una caja:
"Si fumas, disfrútalos; si no fumas, regálaselos a los amigos; pero el
mejor consejo que puedo darte es que se los obsequies a tus enemigos"
(risas). Ahora, me faltaría añadir: no hubo una sola vez en que, al hablar
conmigo, no mostrara gran orgullo por esa amistad; el problema era cuando, cinco
o diez minutos después, se reunía con la prensa.
Entonces
no había quien lo parara. Me he quedado hasta hoy sin el privilegio de poder
aterrizar en el modesto aeropuerto que se hizo construir en las proximidades de
su finca, a la que con tanto afecto más de una vez me invitó.
–No
creo que ahora lo invite a visitar Anillaco; ha recuperado el lenguaje de la
guerra fría y hasta insinúa que su rival, Kirchner, es montonero.
–¿Eso
dijo Menem? No tengo elemento de juicio alguno sobre tal tema, pero sí me
contaron otra cosa muy distinta. Para hablarte con toda franqueza, conocí a los
dos Menem. A Eduardo lo ví más de una vez. Recuerdo que estuvimos juntos a raíz
de la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez en su última elección, meses
antes de la gran matanza de venezolanos, una de las cosas que decidió
definitivamente la rebelión de Hugo Chávez. Allí conversamos en un hotel,
guardo de él la impresión de un hombre correcto y amistoso.
–¿Eduardo
Menem?
–Sí,
Eduardo. Nunca dio razones para que pensara lo contrario. Incluso, en
determinado momento, cuando aspiraba a Presidente de la Interparlamentaria, le
dimos nuestro apoyo. Carlos Menem resultó ser otro tipo de hombre; incluso, nos
engañó a todos. Recuerdo muy bien cuando se decía que era un hombre de
izquierda, el mejor entre los candidatos peronistas. Alguien bien informado me
contó un día que hasta los Montoneros, que habían sido casi eliminados
durante la sangrienta dictadura militar y quedaban muy pocos sobrevivientes,
ayudaron a Menem con cientos de miles de dólares para la campaña electoral en
su primera elección en el año 1989. Valdría la pena preguntarle si esto fue o
no cierto. Quizás haya todavía testigos que puedan dar testimonio. Los que me
conocen saben que jamás me hago eco de falsos testimonios o mentiras. Si lo
desean, pregúntenselo a Aznar –el émulo de Carlitos, el que vendió o más
bien regaló la Argentina– que todavía no se ha dignado a responder nuestra
reciente denuncia sobre su papel en la guerra contra Yugoslavia.
–¿Ah,
pero Aznar sabe lo del apoyo de los Montoneros?
–No.
Sabe simplemente que yo siempre digo la verdad.
Para
explicar los fusilamientos, Fidel Castro sostiene que "la mafia terrorista
de Miami, en combinación con la extrema derecha de Estados Unidos, se proponían
crear una grave crisis que podría conducir a una confrontación armada entre
Estados Unidos y Cuba". Y pone como ejemplo lo ocurrido en 1961, cuando
"una expedición mercenaria desembarcó en Playa Girón y, detrás de esa
invasión, estaba la escuadra norteamericana y las tropas necesarias para
intervenir inmediatamente después de instalado un gobierno títere". Para
dejar claro el paralelismo de la situación, Fidel Castro realizó ante Página/12
un inédito relato de la batalla más famosa en defensa de la Revolución
Cubana.
–Ellos
suponían, por la fuerza que traían, más el apoyo aéreo, que ese punto, Playa
Girón, estaría en sus manos, o no el punto –porque, realmente, el punto
mencionado llegaron a tomarlo en su ataque por sorpresa–, sino la franja de
tierra comprendida entre dos puntos de desembarco, Playa Larga y Playa Girón,
separados del resto del territorio nacional por una de las más grandes ciénagas
de Cuba, la cual constituye de por sí una especie de Paso de las Termópilas,
atravesada por dos carreteras recién construidas por la revolución en los años
1959 y 1960; que no podían ser flanqueadas, que conectaban la franja de tierra
firme entre esas playas con la tierra firme al otro lado de la ciénaga, un
terreno boscoso y pedregoso, con una vegetación no muy alta, pero sí adecuada
para la defensa contra cualquier contraataque.
–O
sea, que iban a montar ahí una cabecera de playa...
–Sí,
ellos tomaban esa franja entre Girón y Playa Larga. Esos lugares están prácticamente
a la entrada y al fondo de una bahía abierta, la más grande y profunda bahía
de Cuba; con profundidades de cientos de metros de agua, allí prácticamente
cabía toda la escuadra norteamericana.
Una
vez en posesión de esos dos puntos y! de dos carreteras que avanzan hacia el
interior de Cuba, a una distancia, tal vez, de 50 kilómetros una de otra, la
primera y más directa iba de un central azucarero, atravesando la Ciénaga,
hacia el punto denominado Playa Larga; y la otra, que hace lo mismo, partiendo
de Girón, avanza hacia la Ciénaga 10 o 12 kilómetros y allí, antes de
atravesar la misma, hace una “Y griega”, en que una parte se inclina hacia
el norte y otra hacia el noreste. En conjunto, estas dos carreteras, diseñadas
de esa forma, constituyen tres puntos por donde se atraviesa la Ciénaga, con un
ancho de 8 a 10 kilómetros. Esa Ciénaga tiene una gran profundidad, no hay vehículo,
ni siquiera infantería, que pueda atravesarla. En el ataque del amanecer del 17
de abril de 1961 ellos ocuparon las dos cabezas de playa, y lanzaron un batallón
de paracaidistas para tomar los seis puntos situados a la entrada y salida de
aquellas carreteras que atravesaban la ciénaga. Los puntos están en la tierra
firme de la isla por donde arriban las carreteras y en el lugar de la tierra
ocupada por ellos antes de atravesar la Ciénaga, de modo que lanzaron sus
paracaidistas por seis puntos diferentes y lograron apoderarse prácticamente de
cinco de esos puntos. De ellos, nosotros recuperamos uno, prácticamente, y
avanzamos rápido por el que constituía el camino más recto y tomamos, del
otro lado de la Ciénaga hacia el sur, en dirección al mar, hacia el territorio
ocupado por los invasores, el otro punto. De modo que ese primer día ellos
disponían de cuatro de los puntos y nosotros, de dos. La escuadra
norteamericana, sus buques de desembarco y sus cruceros, a tres millas de la
costa.
–Visibles,
digamos...
–Claro
que sí, totalmente visibles. El portaaviones y otras fuerzas de escolta, un
poco más atrás. Además de estos medios y de los transportes que trasladaban
las tropas, ellos utilizaron aviones de bombardeo B-26 con base en Nicaragua,
que traían insignias cubanas y pilotos batistianos que, habiéndose escapado
hacia Estados Unidos, tripulaban aquellos aviones auxiliados por un grupo de
pilotos norteamericanos que emplearon en la medida en que iban sufriendo bajas,
para destruir nuestra escasa aviación y atacar nuestras fuerzas terrestres.
Lanzaron el primer ataque aéreo al amanecer del día 15, es decir, casi 48
horas antes del desembarco, a fin de destruir en sus aeropuertos –que eran
tres– los aviones de guerra con que contábamos, que eran los que poseía
Batista, que curiosamente eran más que los pilotos con que nosotros contábamos.
Habíamos tomado medidas preventivas; los aviones estaban dispersos, no porque
supiéramos día y lugar exacto del ataque sorpresivo, sino porque nos percatábamos
de que era inminente el ataque. Todos estaban dispersos y un número determinado
de armas antiaéreas protegiendo esos puntos. De modo que el ataque sorpresivo
producido el día 15 al amanecer hizo un estrago limitado, destruyó algunos
aviones; pero ellos, a su vez, sufrieron pérdidas. En los días que duraron los
combates, prácticamente todos sus aviones fueron derribados o puestos fuera de
combate. La mayoría de los que manejaban las antiaéreas eran jóvenes de 16,
17 y 18 años, algunos de 15, gente de pueblo recién entrenada; dispararon rápidamente
contra los aviones atacantes, y el pequeño grupo de pilotos cubanos tuvo una
actuación brillante. Se perdieron unas cuantas vidas, se perdieron algunos
aviones, murieron pilotos y artilleros; pero, al final, la fuerza aérea enemiga
estaba fuera de combate. En todo instante ellos atacaron nuestras fuerzas con
insignias cubanas. Aun después del ataque del 15, el número de aviones que nos
quedaba era superior al número de pilotos de que disponíamos.
Desde
luego que la fuerza aérea de Estados Unidos constituía su principal reserva, y
prácticamente salvo movimientos de intimidación y algún aislado ataque, no
entró en acción. El primer ataque mercenario por tierra ocurre el 17 antes del
amanecer, por la zona de Bahía de Cochinos; es decir, en Playa Larga y Playa
Girón, en horas de la madrugada. Enviaron a los exploradores, hombres rana! s,
todo lo necesario para preparar el desembarco del grueso de las tropas. Allí se
produjeron los primeros choques.
–¿Usted
estaba allí?
–Yo
el día 16 estaba en La Habana, acababa de despedir el duelo de compatriotas caídos
el día 15. Me acosté y dormí temprano, llevaba muchas horas sin descanso. La
tarde del 16, ante decenas de miles de milicianos armados, proclamamos el carácter
socialista de la Revolución Cubana. Fue la primera respuesta patriótica y
desafiante al agresor. Dos o tres horas después que me había acostado, bien
temprano, la noche del 16, comprendiendo que era inminente la batalla por
tierra, puesto que no tenía sentido lanzar aquel ataque aéreo si no tenía un
objetivo ulterior de desembarcar, me despertaron a las tres horas más o menos
para informarme que el ataque, es decir, los primeros contactos de fuerzas que
estaban desembarcando la madrugada de ese día, se estaban produciendo, y, en
previsión de un segundo ataque aéreo a nuestras bases –que nunca se produjo
y habría sido inútil que se produjera–, toda nuestra aviación estaba en el
aire en dirección a Girón, y allí le ocasionó al enemigo terribles estragos,
atacando a las fuerzas que desembarcaban, sus lanchas y tropas. Ese mismo día,
al amanecer, lanzaron a los paracaidistas.
No
pudimos proteger a nuestras tropas de tierra, que estaban siendo atacadas por
aviones de bombardeo con insignias cubanas, con lo que, incluso, engañaron a
algunas de las tropas que marchaban desde temprano en dirección a la playa.
–¿Usaban
las mismas insignias?
–Las
mismas, exactamente.
–¿Las
que usaba la revolución?
–Sí,
sí, las de nuestra aviación. Ellos ocasionaron con eso algunas bajas, porque
engañaron a las tropas que avanzaban, pensando que aquellos aviones eran
propios. Nosotros, por nuestra parte, concentramos todos los aviones en atacar
los barcos y las fuerzas de desembarco; sólo en un instante, entre las 10 y las
11 de la mañana, le dimos apoyo directo a un batallón para que cruzara por una
de las carreteras sobre la ciénaga a una importante misión. Resultado: a las
11.00 de la mañana todos los barcos enemigos estaban hundidos o en fuga, una
parte de sus aviones derribada, aunque algunos de los nuestros también se
perdieron. Todo eso ocurrió el 17 entre las 6 y las 12 del día. Cuento estos
detalles para que, simplemente, vea lo que fue el ataque, la forma artera con
que se llevó a cabo.