HAY UN CAMBIO SUSTANCIAL EN LA PLANIFICACIÓN

EL ECONOMISTA 310500 - Por Arleen Rodríguez Derivet_El Economista de Cuba

-ENTREVISTA EXCLUSIVA A JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ

Más análisis y menos procesamiento de datos en las proyecciones. También cambiarán planes y métodos de estudio en la Universidad. Se busca mayor vínculo entre el organismo y las instituciones científicas. La economía cubana no se quedará fuera de la actual batalla de ideas, no todos los debates pueden ser públicos

P.- Ud. me habla de la planificación como una cosa fascinante, como una ciencia realmente apasionante, y en los últimos años tiene que haber sido una tarea realmente angustiosa...

J.L.R.- Yo diría que era una necesidad a la cual simplemente no podíamos dar respuesta en determinado momento porque no estaban creadas las condiciones mínimas para ello. El país, para sobrevivir, tuvo que descentralizar mucho las decisiones económicas, porque era imposible manejar centralmente lo que antes se recibía centralmente y ahora había que buscarlo por miles de vías distintas. Se ha explicado, Lage lo ha explicado, que nosotros descentralizamos facultades, no siempre teniendo las condiciones para el uso de los recursos descentralizados de la forma más eficiente posible, pero sí era evidentemente claro en ese momento que no se podía seguir administrando todo centralmente cuando no había posibilidades de dar respuestas centralizadas a todo y había que dejar, que con el uso descentralizado de los recursos siguiéramos una tendencia natural también a una administración más eficiente, pero además a una necesidad de que a determinadas actividades se les buscara su nivel de aseguramiento con fuerzas propias.

Eso supuso un desafío muy grande para la planificación porque amplió el rango de los actores económicos en la economía. Ya no era solamente la propiedad estatal, se introduce la propiedad cooperativa con una fuerza mucho mayor, se introduce la empresa mixta, se introducen formas distintas de expresión de la propiedad estatal como las sociedades mercantiles, donde el dueño es el estado pero ejerce su papel de dueño a través de una sociedad mercantil, que se rige por un conjunto de regulaciones diferentes, las que rigen las sociedades anónimas. En fin, se hizo mucho más complejo el manejo de esa economía, pero podemos decir que a partir del 94-95, cuando comienza la economía nuevamente a dar señales de un repunte después de la caída hasta 1993, se plantea la necesidad evidente de retomar todo aquello, de recuperar y tener una visión del conjunto, y volver nuevamente a trazar, bajo esas condiciones, cómo iba a operar la economía. Otra vez comenzamos a trazar los métodos, las técnicas, lo que se puede llamar la tecnología de la elaboración del plan, que cambia totalmente, pues si antes el centro era el balance material, ahora es el presupuesto de ingresos y gastos en divisas.

Nosotros mantenemos todavía determinadas cosas que se balancean centralmente, por ejemplo, los alimentos normados a la población, todo lo que es el consumo normado a la población, una parte de los combustibles también, pero evidentemente en la medida en que uno pueda asignar una capacidad financiera y descentralizar decisiones, se acerca por lógica a un uso más eficiente de los recursos y todo eso se vincula después con un sistema de planificación.

P.- ¿De qué manera?

J.L.R.- Hay formas de descentralizar planificadamente. Lo importante es cómo se orienta, a cada uno de los actores económicos, a través de otros mecanismos que ya no son la asignación material directa, qué es lo que se espera de ellos, para eso entonces se trabaja con las utilidades, con el aporte que hacen las empresas al Estado, con el nivel de inventario con que trabajan, con el nivel de cuentas por cobrar y por pagar que tienen, con el nivel de créditos que son capaces de gestionar, es decir, se busca una serie de mecanismos a través de los cuales se logra esa meta de contribución a los objetivos sociales que está planteada en la Resolución Económica y que es el aporte como tarea fundamental de las empresas. Pero todo es a través de mecanismos que le permiten a la empresa, dentro de un marco, moverse para buscar las mejores opciones. No se baja ya una directiva de la asignación de todos y cada uno de los recursos materiales que demanda esa empresa y sin embargo es un proceso planificado también. Es otra forma de hacer planificación, más compleja, y para la cual estamos menos preparados, porque tenemos que adecuarnos a condiciones que no son sólo las condiciones internas de la economía, sino también las condiciones externas de la economía, pero que va ganando en perfil, va ganando cada vez en calidad... ya no es algo totalmente nuevo para nuestros empresarios tener que trabajar con un plan de negocios, tener que trabajar sabiendo que tienen que ser rentables, teniendo que aportar de los resultados que obtengan una parte al Estado. Y, lógicamente, el Estado trata de lograr, con los recursos con los que dota financiera y materialmente, que las empresas obtengan el mayor rendimiento posible de esos recursos.

P.- Yo sigo viendo como un misterio el vínculo entre la descentralización y la planificación.

J.L.R.- Precisamente la tarea que tiene este ministerio es proponer directivas teniendo en cuenta lo que va ocurriendo en las empresas, lograr un proceso de interacción. Hablamos así de planificación continua, porque no es un problema de llegar en un momento, llenar unos modelos y punto, sino que es un proceso constante de interacción, se han roto mitos tales como que el plan no puede variar. El plan sí varía a lo largo del año, lo que tiene que ser un proceso ordenado, porque el plan puede variar porque suban los precios y hay que reducir lo que se exige o dividir el costo de esa reducción de precios entre lo que tenía que aportar y lo que le cuesta a la empresa o al revés: si aumenta el precio de un producto que vendemos, hay que ajustar entonces lo que le pedimos, porque la empresa entonces está obteniendo más beneficios de lo que originalmente se planificó, o sea, hay un proceso de, pudiéramos decir, intercambio, de negociación que se lleva a cabo durante varios meses hasta que llegamos por consenso a compatibilizar hasta donde es posible cubrir las necesidades que se plantea la sociedad por un lado y las posibilidades que se plantea la entidad de producción y servicios por otro, pero no de una manera, como era anteriormente que bajaba una cifra con las asignaciones, de abajo respondían qué podían hacer con esas cifras y simplemente después todo eso se calzaba con un soporte material externo que garantizaba esos recursos. Hoy esos recursos hay que generarlos desde cada una de nuestras entidades y hay que buscar eficiencia en cada uno de los puntos de la economía. Yo pienso que el sistema propicia una mayor eficiencia en ese sentido también y el misterio consiste en que las cosas no se deciden centralmente por úcase, sino que son directivas que parten de un razonamiento de por qué se puede llegar a una determinada meta que no siempre es creciente, de por qué puede un año moverse a un lado y otro moverse hacia otro, teniendo en cuenta las condiciones objetivas en que se desenvuelve un sector, una empresa, una unión, y se llega finalmente a formular un plan que es el propósito. Un plan, necesariamente siempre va a ser tenso, porque preponderan los intereses de la sociedad, como es lógico. Nosotros no podemos ahora acomodarnos a lo que cada uno diga que puede hacer, porque realmente hay necesidades sociales que cumplir y tenemos el deber de exigir el máximo de todos. Ahora, dentro de un rango de racionalidad, hasta dónde es posible llevar y potenciar esos recursos dentro de ese marco de racionalidad. La vida ha demostrado que ese marco es muy amplio, muy amplio. Nadie concibió, por ejemplo, que la agricultura se pudiera financiar hace tres años atrás o cuatro y hoy día la agricultura es un sistema cerrado, donde ella misma genera las divisas que requiere para su desarrollo y tiene que cumplir una serie de encargos sociales; en primer lugar cada vez más y más responsabilidad a las empresas de la agricultura para que ejerzan ese mandato del Estado con los recursos que el propio Estado les ha dado pero cada vez buscando más eficiencia, y ahí hay todavía un camino amplísimo que recorrer en sustitución de importaciones.

P.- Estamos hablando, sobre todo, de haber ido venciendo el subsidio por pérdidas.

J.L.R.- Sí, prácticamente, porque las empresas, en la misma medida en que han ido racionalizando, han dejado de tener pérdidas tanto en moneda nacional como en divisa, porque se consideran las dos -no se concibe que una empresa tenga ganancias en divisas y pérdida en moneda nacional o viceversa, sino que hay que considerar las dos monedas- y eso se refleja en la reducción del subsidio que el presupuesto da por pérdidas a las empresas y que se ha reducido en más de un 75 % del 93 hasta la fecha. Ya prácticamente los sectores que nos quedan con pérdida se han planteado hacerla desaparecer. Por ejemplo, la agricultura este año se ha planteado, globalmente como sistema no tener pérdidas en sus actividades, es decir, todo eso te va propiciando que se vaya logrando un mayor nivel de eficiencia,. Ahora el problema nuestro es de otra naturaleza, ahora es ver cómo aceleramos los ritmos en que esas transformaciones se están dando, en otras palabras cómo se incrementa la eficiencia en el tiempo. Porque ha habido un incremento de la eficiencia en estos años, si no, no hubiera podido crecer la economía al 4 % del 95 para acá. Ahora el problema es que los ritmos no son suficientes, todavía las necesidades están muy lejos de ser satisfechas. Y hay también un cambio cualitativo importante y es que tenemos que hacer un uso aun más eficiente de los recursos limitados que tenemos y hacer lo que se pueda hacer eficientemente con esos recursos, no pretender hacer más y que después resulte en un uso ineficiente de esos recursos.

P.- Pero eso se ha planteado siempre, ¿qué es lo nuevo ahora?

J.L.R.- Que no se puede planificar sobre la base de las necesidades, porque evidentemente los recursos no alcanzan. Ahora, sobre la base de un nivel dado de eficiencia que podemos discutir y hasta dónde sea posible intervenir con factores subjetivos para mejorar esa eficiencia, tenemos que lograr un determinado resultado. Lo que no es posible hacer es predeterminar un nivel de actividad, es decir, vamos a hacer esto y después entonces salir a buscar con qué nivel de eficiencia lo vamos a lograr, que ha sido hasta cierto punto una práctica. No, primero usted tiene que establecer qué productividad va a tener para los recursos disponibles, y entonces, con esa productividad, usted puede plantearse esta producción y esa le tiene que salir bien y no dar pasos atrás. Hay un ejemplo que ilustra mucho sobre eso: el bacheo de las calles, ¿qué hacer ante la limitación de asfalto?,¿ hacemos bien diez calles o tratamos de repartir el asfalto entre 50 y ninguna queda bien? Bueno, la vida lo ha demostrado, no hay más que ver los procesos de bacheo que se han hecho en La Habana en varios años.

P.- Y quiénes son los que planifican en Cuba?

J.L.R.- Mira, se puede decir que planifica desde el Gobierno Central, que establece los parámetros a partir de las propuestas que se hacen por el Ministerio de Economía de lo que queremos alcanzar en un año determinado, las directivas para elaborar un plan, que finalmente culminan en los lineamientos que se llevan a la Asamblea Nacional cada año, hasta el trabajador cuando en la base discute en su empresa cómo esas directivas del plan se pueden concretar en una mayor o menor producción, en una mayor o menor eficiencia, en un mayor o menor ahorro. Es un proceso muy participativo, que, contrario a lo que se puede pensar, no transcurre entre especialistas, sino que va atravesando la sociedad de arriba abajo con todos sus actores políticos, sociales, económicos y con un nivel de participación que no es el deseado todavía sobre todo ya cuando llegamos a la base productiva o de servicios, pero hay un nivel de participación y hay entidades que han avanzado mucho en eso, por ejemplo, la Industria Básica. Allí, cuando se discuten los planes de negocios en una entidad, se garantiza la participación de los trabajadores, porque, además, de eso depende después que puedan obtener un sistema de estimulación o no. Es decir, la discusión del plan es hoy mucho menos formal que lo que era antes cuando se discutía un plan con otras características. Yo me atrevería a afirmar eso sin duda, aunque estamos muy lejos todavía de lograr el nivel de participación que queremos.

P.- Sin embargo, yo he oído a muchos gobiernos locales quejarse del plan central, cuando hablan de la asignación de divisas o de inversiones para el año.

J.L.R.- Porque las necesidades no se cubren y evidentemente donde más chocan directamente las carencias es en los territorios que tienen que enfrentarse todos los días a las necesidades de la población y donde no podemos dar respuesta a un conjunto de necesidades de orden social, por ejemplo la vivienda, el transporte, las inversiones que tienen que ver con servicios sociales básicos. No creo que estén inconformes con el proceso de planificación, sino con la ausencia de los recursos suficientes de acuerdo con lo que ellos se plantean y de acuerdo con lo que se les puede asignar. No creo que la inconformidad sea con el proceso de planificación porque eso se discute con ellos bastante exhaustiva-mente, incluso hay un proceso previo de discusión con los territorios para evaluar dónde están los problemas fundamentales, tratando de que ante una escasez de recursos que se conoce vayan concentrando el plan en aquellas cosas que más necesitan, y en las que más posibilidad tiene el territorio de multiplicar o de hacer un uso más eficiente de los recursos. Yo diría que el plan con los territorios se ha ido haciendo más realista en ese sentido con un nivel mayor de participación, esas discusiones se hacen antes de la discusión del plan y después se vuelve a discutir cuando ya traen el plan, y después ante determinadas decisiones que el país va tomando ese plan puede mejorarse, puede incrementarse como se ha hecho con Ciudad de La Habana, o se ha hecho con determinados territorios en las provincias orientales, que se les dan recursos por encima de lo que estaba originalmente planificado.

P.- Y en qué medida un plan deja espacio para la improvisación, para algo que pudo quedarse fuera del plan...

J.L.R.- Bueno, no es lo mismo modificar el plan que improvisar, aquí no hay improvisación, una modificación del plan hay que sustentarla y defenderla, porque se supone que usted tuvo que tener la capacidad de previsión para en el período de corto plazo que estamos hablando se incluyeran en el plan la mayoría de las cosas. Ahora, por ejemplo, un caso típico de modificación del plan es una inversión que se va a hacer y que en el momento en que se cierra el plan no tiene todavía concluido el estudio de factibilidad económica. Todas las inversiones de volumen significativo para ser incluidas en el plan tienen que tener un estudio de factibilidad económica aprobado, es decir, que se demuestre que eso que se va a invertir se va a recuperar, es útil, está dentro de los parámetros que se han establecido de eficiencia, etc, etc., y eso puede ocurrir en cualquier momento del año. Nosotros aquí estaremos modificando, por ejemplo, el plan de las inversiones en el turismo, porque los estudios de factibilidad de un hotel no entran todos antes del 31 de diciembre, entran en enero, entran en febrero, entran en marzo, y si cumple con los requisitos el estudio de factibilidad se introduce en el plan y se hacen las modificaciones en el plan. Hay cosas que pueden modificarse a nivel de ministerio, hay cosas que pueden modificarse a nivel de empresa, pero las cosas que son directivas usted no puede modificarlas simplemente sin autorización, porque no puede plantearse, por ejemplo, distribuir más alimentos de los que realmente tiene planificados, porque le crea un desbalance al país, usted no puede gastar más combustible del que tiene asignado porque se crea una situación que lo puede dejar sin cobertura, es decir, que hay cosas que para cambiarlas hay que consultar y las consultas son bastante numerosas, yo diría que dentro del marco de las posibilidades se resuelven por los distintos niveles con bastante agilidad en comparación con lo que significaba antes modificar el plan. Se ha hecho un proceso que ya se acepta como parte de la filosofía por los propios planificadores y es que el plan tiene que cambiar, a eso ayuda la técnica también, no es lo mismo hacer una modificación del plan o como le decimos darle una vuelta al plan modificándolo con computadora que hacerlo a mano. Normalmente el plan, desde que se hace la versión de lo que llamamos el modelo global, que es el punto de partida de lo que se supone pueda hacerse en un año, hasta que se aprueban los lineamientos en la Asamblea Nacional, pueden dar entre ocho y diez vueltas. Además, el gobierno va tomando decisiones a lo largo del tiempo, van apareciendo créditos o van cambiando situaciones, o se toma una decisión y tú tienes que ir introduciendo eso en el plan, haciendo lo que se llama las iteraciones al plan, es decir, tú le vas introduciendo elementos y el plan entonces te va cambiando parámetros que se mueven por ese cambio y eso se hace en días cada vuelta del plan. Antes eso demandaba trabajar 24 por 24. Hoy se sigue trabajando fuerte porque es poco el personal, unos 150 planificadores aquí, donde llegó a haber 1 000 compañeros cuando no era Ministerio de Economía, era la JUCEPLAN todavía y había compañeros especializados en el balance material de un producto. Hoy día eso ya no se concibe así y realmente los compañeros tienen una carga importante, pero también tienen una computadora, se han diseñado sistemas, software, algunos bastante complejos para poder hacer todo ese trabajo, que sería imposible con tan poca gente.

P.- Ahora ¿se puede hablar hoy de una escuela cubana de planificación?

J.L.R.- Sería pretencioso hablar de una escuela cubana de planificación, lo que nosotros sí estamos demostrando es que es posible planificar en las actuales condiciones en que vive el mundo y que eso sólo es posible en las condiciones del socialismo; porque cómo es que un país puede hacer frente a una contingencia, por ejemplo, que puede ser de orden natural o de otro orden, una situación de tensión internacional, una situación de fenómeno climático, si no es contando centralmente con los recursos para poder decidir. Y en la vida regular de la sociedad nosotros tenemos que enfrentarnos a circunstancias muy adversas, por ejemplo, el precio del azúcar, críticamente bajo este año, y sin embargo, la economía sigue funcionando ¿por qué? Porque puedes redistribuir entonces lo que se obtiene al aumentar el precio del níquel, y esos recursos tienen que suplir en parte lo que baja el precio del azúcar. ¿Cómo sería posible esa redistribución si esas empresas fueran entes independientes?

En el capitalismo eso no es posible, porque no hay una voluntad de consenso social unitaria, puede haberla hasta nivel de monopolio o hasta nivel de conglomerado, pero es imposible que exista a nivel social, porque no hay consenso social para que todo el mundo trabaje en una sola dirección. Eso no lo va a lograr nunca el capitalismo porque tendría que eliminar la propiedad privada. Y esa es la gran ventaja del socialismo, que a veces se nos pierde de vista en medio de las dificultades cotidianas, pero es una fortaleza enorme que explica lo que algunos han dado en llamar el milagro cubano, cómo hemos podido subsistir en estos años cuando parecía que estábamos al borde de la desaparición, y la sociedad se las ha ingeniado no sin dificultades para salir adelante.

P.- Cuando hablo de una escuela cubana pienso en que no hay otro referente, y que el que quedó atrás está marcado por errores que incluso le costaron la vida a todo un sistema mundial.

J.L.R.- Lo que yo diría es que hay que aprender. Hay cosas que nosotros tenemos que crear por nosotros mismos porque nadie nos las va a enseñar y hay otras en las que podemos tomar de otros determinados elementos técnicos, en el campo por ejemplo, de la gestión empresarial, que pueden servir a los objetivos del socialismo, si se emplean adecuadamente.

Ciertamente lo que nosotros estamos haciendo es un experimento casi único en el mundo. Pero no debemos ser absolutos, existen otros países de orientación socialista que mantienen principios también de planificación, con otras características, con un mayor peso de la economía de mercado, como el caso de China, Vietnam, pero que se han ido desenvolviendo en ese contexto con éxito también. Es decir, yo pienso que la fortaleza que da la propiedad social sobre los medios de producción como factor preponderante dentro de la sociedad es un elemento de tal vitalidad que le da una garantía no sólo de subsistencia sino de desarrollo a la planificación. El problema está en cómo se desarrollan las técnicas para con esa fortaleza enfrentar todas los desafíos que se presentan a la hora de materializar los objetivos propuestos. Y si eso va creando una determinada escuela de pensamiento o una forma de ver las cosas, para no ser tan pretenciosos, ciertamente nosotros hoy tenemos experiencias que resultan totalmente inéditas para otros países que ni se imaginan que se pueden hacer esas cosas. Hemos demostrado, dicho en pocas palabras, que se puede hacer mucho con poco.

P.- Y, ¿se estudia esa experiencia?

J.L.R.- Yo pienso que hoy día la necesidad de estudiar hacia adentro es constante. Ya no se concibe un economista, un planificador, responsabilizados con proponer políticas económicas o planes de desarrollo al país, que no estudien constantemente técnicas nuevas, instrumentales nuevos. En la planificación, por ejemplo, hay determinadas técnicas como las de los escenarios, o las de planificación estratégica que en el mundo se aplican a los sistemas empresariales y de las cuales podemos tomar determinados elementos para aplicarlos en nuestra sociedad. De las técnicas de los escenarios, por ejemplo, ya se han utilizado con éxito algunos elementos para las proyecciones a mediano plazo en el país, adaptándolas a nuestras circunstancias, con un determinado aporte por parte de nuestros planificadores. En fin, que prácticamente todo el mundo tiene que estudiar todos los días algo nuevo.

P.- Estoy de acuerdo, pero lo que yo pregunto es si al mismo tiempo que se está produciendo este fenómeno, esta aparición de una escuela o de una manera de hacer las cosas, se estudia por nuestros investigadores sociales el fenómeno de la planificación cubana...

J.L.R.- Todavía es insuficiente el estudio que se hace de eso, es más, nosotros estamos ahora en un proceso de perfeccionamiento de los estudios de economía en todos los centros de Educación Superior. Es una responsabilidad que se le ha asignado a nuestro ministerio y uno de nuestros propósitos es lograr mayor vinculación de los estudiantes y profesores con la práctica. Ya vamos a tener aquí un aula donde los estudiantes de cuarto y quinto año del perfil global de economía vendrán junto con sus profesores a trabajar y estudiar y nuestros especialistas les van a dar clases también. Hemos creado comisiones mixtas entre especialistas nuestros y de otros organismos, por ejemplo del propio Instituto Nacional de Investigaciones de la Economía (INIE), el Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana, el Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM), para mejorar los programas, los textos, pero evidentemente todavía el estudio que se requiere de estos fenómenos desde el punto de vista conceptual está por debajo de las necesidades nuestras. Tanto es así que en el propio ministerio hemos desarrollado estudios de esas realidades y los hemos hecho porque hemos tenido, desde luego, capacidad para hacerlo pero también porque nos ha sido necesario. Hay, por ejemplo, un trabajo de investigación que hizo Alfredo González, a partir de meses de experiencia del grupo de análisis de saneamiento de las finanzas internas del ministerio, y que sintetiza teóricamente cómo hay que analizar actualmente el mercado interno que es un problema bien complicado.

En términos ya más particulares de economía política del socialismo, creo que es muy difícil enfrentar las transformaciones de nuestra economía sin tener clara la base conceptual, que hay que buscar desde los clásicos hasta Fidel. Porque si no se estudia, sino se profundiza, sino se sistematiza ese pensamiento se pueden cometer muchos errores. Nosotros tenemos montada en el ministerio una disciplina que se llama Introducción a la política económica de la revolución cubana, que yo mismo imparto en nuestro diplomado y mediante la cual tratamos de hacer una síntesis de ese pensamiento que va desde cómo Marx empezó a concebir el socialismo hasta nuestro período especial. Con-ceptualmente se han ido fundamentando todos y cada uno de los pasos para demostrar en el caso de la revolución cubana que lo que hemos hecho durante estos 40 años marca una línea de continuidad y que no ha habido ruptura en el período especial. Nos apoyamos mucho, desde luego, en las obras del Che, en los planteamientos de Fidel, en los estudios de Carlos Rafael Rodríguez...No obstante, yo pienso que todavía en los Centros de Educación Superior, en los centros de investigación, queda un trecho por andar en esta dirección, no se ha agotado todo lo que se puede investigar, todo lo que se puede hacer en ese sentido y estamos tratando de estimular a los compañeros a que trabajen estas líneas.

P.- Creo que también falta el debate a nivel social. A menudo en los medios aparecen voluntarios dispuestos a amplificar ideas que cuestionan los modos en que opera nuestra economía, pero no se encuentra con la misma facilidad la disposición de los entendidos a debatir esos criterios con los sólidos argumentos que les da no sólo el estudio sino la práctica ...

J.L.R.- Yo creo que en eso vamos a tener un cambio este año, yo pienso que sí, que vamos a tener una proyección pública en el campo de la planificación en particular mucho más amplia este año que en épocas anteriores porque es necesario esclarecer, divulgar y llevar realmente los elementos de lo que estamos haciendo, no porque lo que estamos haciendo esté perfecto sino porque se desconoce muchas veces.

P.- Pero, ¿Ud. piensa en la polémica o sólo en divulgar mejor esas ideas?

J.L.R.- Yo pienso que hay determinados temas que podemos debatir, pero no necesariamente esos debates pueden o deben en todo caso hacerse públicamente, lo cual no quita que se haga el debate, son dos cosas distintas. Hay trabajos que nosotros tenemos aquí de mucho valor que sería de mucho gusto para quienes lo hicieron poderlos publicar y sin embargo no lo podemos hacer por la información que se maneja, porque tenemos al enemigo enfrente, porque está el bloqueo, por montones de cosas, entonces hay que tener la noción de la responsabilidad que se adquiere en ese sentido. Ya eso lo expresaba Raúl con mucha nitidez: hay que decir lo que se piensa, pero en el lugar adecuado, en el momento oportuno y de forma correcta. Creo que eso vale para el debate en cualquier esfera y particularmente en la esfera de la economía, donde cualquier cosa de las que estamos planteando puede discutirse, una forma de descentralizar, otra; un modelo, otro; un instrumento mercantil u otro, pero en ningún momento dar pie a que el enemigo utilice eso en contra de nosotros y que entonces se empiece a crear la sensación de que hay una cierta oposición dentro de la economía, cosa que están buscando desesperadamente. Por eso le otorgan título de economista a cualquier pelagatos que se autodefina como disidente, lo hemos visto como práctica; están tratando, incluso, de crear personalidades en nuestra esfera que no lo son ni nunca lo han sido. Pero también hay compañeros que se dejan llevar a veces, tal vez por un exceso de entusiasmo y no meditan bien a la hora de exponer públicamente sus criterios, sin tomar en cuenta que lo que ellos digan inmediatamente es amplificado por las agencias de prensa y luego nuestros enemigos lo utilizan para tratar de demostrar que es inviable lo que hacemos, que hay líneas de fracasos, y sobre todo que hay opiniones no diferentes dentro del socialismo, sino contrarias al socialismo. Entonces tenemos que ser conscientes de que tenemos esa limitación, pero el debate desde luego que lo estamos estimulando. Es una lástima que no podamos publicar todo lo que se debate, pero yo puedo asegurar que sí existe debate y bastante.

P.- ¿Puede decir que su trabajo aquí en el Ministerio le ha hecho descubrir la ciencia de la planificación, o usted la conocía perfectamente desde antes?

J.L.R.- En algún momento de mi vida, antes incluso de ser profesor universitario, fui planificador, de la planificación que se hacía en los años 60, es decir, no es totalmente nuevo para mi este campo, como no lo es la contabilidad, porque fui contador también y eso me sirve, lógicamente, como experiencia vital. Pero haberme formado como profesor de economía política me dio una base más amplia que diría que sirve para todo. Es decir, la economía política es a la economía en general, lo que la filosofía marxista para las ciencias en general. Entonces haberme formado en esa línea de especialidades después de haberme especializado en economía política del socialismo, haber estudiado bastante a los países ex-socialistas, incluyendo la Unión Soviética, me dio una experiencia que me permitió llegar al ministerio no totalmente desprovisto de posibilidades para comprender los procesos. Ahora bien, ya la tecnología de la planificación, los procesos internos de cómo formular una política, cómo estructurar un plan, cómo organizar todo ese proceso, cómo motivar a la gente, todo eso se aprende a partir de una línea política, a partir de lo que le enseña a uno la dirección del país todos los días. Así se va aprendiendo e indudablemente todos los días yo aprendo algo de planificación. Aquí mismo hay un montón de trabajos y yo tengo que leer de casi todo, desde problemas de planificación, problemas estratégicos, problemas a veces que tienen que ver con política de cuadros, pero que tienen que ver también con estrategias de desarrollo en el mundo.

Por ejemplo, aquí hay un trabajo que tiene que ver con las macrofusiones y cómo cambian el paisaje empresarial en el mundo. Eso es algo que hay que estudiar porque es el único modo de saber qué está sucediendo. Sin ese conocimiento es imposible entender la globalización y los mecanismos que tiene la globalización, incluso, para alterar el ciclo capitalista de las crisis. Hay otros trabajos por aquí que ya tienen que ver con planificación estratégica, con cuestiones más directamente dirigidas al trabajo de planificación que tengo que leer de manera constante y algunos trabajos que hay que repasar, como base de estudio de la asignatura de Introducción a la política económica de la revolución cubana. Aquí están la resolución económica del V Congreso del Partido, una serie de discursos de nuestro Comandante en Jefe donde están muy claramente expresados varios conceptos sobre nuestro modelo económico, el informe al Pleno del Comité Central del Partido de 1996 y una serie de trabajos hechos por compañeros de mucha experiencia en el campo de la planificación, por ejemplo, un trabajo de Alfredo González sobre modelos económicos socialistas, escenarios para Cuba en los años 90, un trabajo medular para cualquiera que quiera estudiar planificación, porque contiene una caracterización de los distintos modelos de desarrollo que ha habido en Cuba.

P.- Y en el exterior, ¿qué dicen sus colegas de Iberoamérica, por ejemplo, del sistema de planificación cubano?

J.L.R.- Yo diría que primero hay un gran desconocimiento. Cuando uno conversa con algunas de estas personas no conocen a ciencia cierta qué es el trabajo de planificación., Quizás también eso se deba a que nosotros no hemos hecho mucha difusión de la técnica de planificación, pero por otro lado está el entorno en que ellos se desempeñan. Son sociedades que no pueden dirigirse unitariamente y donde el poder del Estado está cada vez está más cuestionado por las transnacionales por la globa-lización, de manera que en ellas el espacio que le va quedando a la intervención estatal va siendo muy reducido, lo cual no niega que haya países que se han planteado determinado reorde- namiento, que están haciendo intentos de planes que les permitan defender un mínimo si se quiere de su propia burguesía nacional frente a la globalización, frente a los intereses hegemónicos de Estados Unidos. Hay países que tienen programas de desarrollo bien estructurado, no puedo hablar de planificación en estos casos, pero sí de programas que defienden con cierta coherencia determinados elementos de la burguesía nacional, como es el caso de Brasil, y ha habido otros que se lo han planteado con más o menos éxito tratando de buscar precisamente que el papel del Estado en la esfera de la economía no se pierda. Todo esto tiene que ver con que ya se reconoce que el mercado no lo puede resolver todo, que tiene que haber un determinado nivel de intervención estatal. Ahora, cómo ese nivel de intervención estatal se hace, cómo se programan los procesos de desarrollo; bueno, aquellos que tienen en mente la fallida planificación de los países ex-socialistas pueden ver en la planificación en general un fenómeno histórico fracasado, lo cual es una visión pesimista y totalmente sesgada de las posibilidades de la planificación.

Cuando explicamos cómo hacemos las cosas aquí y cómo se toman las decisiones, el nivel de consenso y de participación, evidentemente uno se da cuenta de que las condiciones que tiene creadas Cuba hoy para desarrollar ese proceso no son fáciles de obtener en otros países, pero tampoco son imposibles de crear. Y pienso que en ese sentido es útil lo que hacemos, aunque entendamos que a un ministro de Planeamiento o de Programación y Presupuesto, como se les llama en un grupo de países, no le resulte fácil ir más allá de programas de enmarcamiento general para el sector privado. Ahora en qué medida eso se hace mandatorio para que el sector privado efectivamente juegue un papel positivo en el entorno del desarrollo de un país, es un reto bastante grande y bastante difícil de lograr en esos países. Ahí radica precisamente su debilidad y nuestra ventaja.

P.- ¿Cómo un estudioso de estos temas explica que un hombre como Fidel, que no ha estudiado economía, ni ha sido contador, ni ha sido economista, tenga una visión tan clara respecto a temas como la planificación o los principios de desarrollo económico de un país, al punto de que sea imprescindible incluirlo en estudios como el que ustedes preparan?

J.L.R.- Fidel sí ha estudiado los temas de economía y no sólo cuestiones de economía internacional, que domina a un nivel más profundo incluso que muchos especialistas, sino cuestiones de economía y de desarrollo aplicadas a nuestro país, que no por gusto lo colocaron al frente de la estrategia de recuperación del país en el período especial. Es decir, no se trata de una persona que simplemente conozca los temas de economía, sino de una persona que ha estudiado los temas de economía a profundidad.

No será economista de profesión, pero sabe de economía más que cualquier jefe de Estado de los que por el mundo andan y te reitero no sólo de economía internacional, y eso es una tremenda ventaja, porque con la visión que lo caracteriza, al estudiar estos temas, al profundizar sobre estos temas ha contribuido significativamen-te para que se haya podido avanzar más rápidamente en la recuperación económica del país en estos años. Yo no tengo dudas al decir eso.

P.- Ha habido además concertación, evidentemente, entre el pensamiento de Fidel, que es sobre todo un pensamiento político, y el trabajo de los cuadros de la economía.

J.L.R.- Yo pienso que se ha logrado algo que Fidel planteó en Economía´98, que hacía falta que los políticos aprendieran de economía y que los economistas aprendieran de política y fueran economistas políticos y creo que eso se ha ido logrando en nuestro país, es una medida que no voy a decir que no existiera antes, pero en una magnitud mucho mayor que la que anteriormente teníamos Y hoy día no se discute la preminencia de los aspectos políticos en las decisiones económicas. Es decir, se ha ganado mucho en esa visión política de los economistas y a su vez los economistas políticos tienen una visión de la economía diferente. Yo creo que Fidel ha favorecido una interacción muy positiva en ese sentido para el desarrollo del país.

P.- ¿Le parece que queda algo importante por decir?

J.L.R.- Bueno, te pudiera decir que en este año estamos trabajando en un proceso de perfeccionamiento de la planificación. Vamos a tratar por primera vez de que el plan del 2001 tenga elementos de proyección a mediano plazo, y eso va a conllevar también un proceso de simplificación de la planificación para buscar menos procesamiento y más análisis, lo cual supone un trabajo enorme. En eso estamos enfrascados en estos días en el ministerio en sesiones maratónicas, discutiendo qué indicadores debemos pedir, qué modelo debemos simplificar, qué niveles de decisión debemos bajar, cómo lo debemos después controlar. Es un cambio bastante profundo de lo que se ha hecho hasta ahora, es un salto y además vamos a tener los escenarios hasta el 2005, en su primera versión, ya en el mes de abril.

P.- Y los escenarios hasta el 2000, ¿se cumplieron?

J.L.R.- Mira, muchas cosas sucedieron como se previó, otras tuvieron desviaciones, pero sobre todo alcanzamos a ver la capacidad que teníamos no sólo de previsión, sino también de identificar las tendencias fundamentales de la economía. Los escenarios no son una planificación puntual, ya lo dice la palabra: se trata de un escenario de opciones posibles, de cosas que pueden suceder si introduces un cambio o si no cambias nada. Y se vio, cómo dentro de las alternativas fueron preponderando determinadas cosas y estos escenarios hasta el 2005 que vamos a elaborar, que estamos elaborando ahora, parten del trabajo que se ha hecho ya por los organismos. Es decir, estamos en otra etapa, ya muchos organismos tienen proyecciones hasta el 2005 y hasta el 2010, y lo que estamos ahora es compatibilizándolas.

Hay, por tanto, un cambio sustancial en el proceso de planificación este año que nos parece que va a marcar una transformación importante, porque necesitamos que nuestros planificadores se dediquen más tiempo al análisis y menos tiempo al procesamiento de la información. Esto es tan válido para el planificador de la empresa como para el planificador de aquí del ministerio y en esa línea andamos. Esto supone un esfuerzo intelectual enorme, la gente tiene que dominar computación, contabilidad, análisis financiero... que es donde más dificultades advierto; tiene que construir de nuevo el objeto central de su trabajo: una planificación más eficiente.