NOVISSIMO CODEX CALIXTINUS (MINOR)  3ª parte

(El camino de Santiago por el Cantábrico)

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Las  siguientes etapas entre Unquera y Oviedo las realizaron sin ningún tipo de información. Llegaron los peregrinos cansados a Oviedo buscaron el albergue, encontrándose este cerrado. Decidieron buscar restauran donde saciar el hambre que hacia rato les iba deleitando con un ligero runruneo de tripas que empezaba a ser indiscreto. Encontraron uno pequeño muy cerca del albergue, donde comieron copiosamente y muy bien  atendidos por los dueños, que muy amablemente les dijeron que podían dejar sus mochilas mientras visitaban la ciudad.

 

Aprovechando la oportunidad decidieron visitar la Catedral ,el museo y por supuesto el Salvador, cumpliendo con la tradición y el dicho popular (QUIEN VA A SANTIAGO Y NO VA AL SALVADOR VISITA EL CRIADO Y OMITE AL SEÑOR) Tras visitar la Catedral y un ligero paseo por la ciudad recogieron sus mochilas agradeciendo la amabilidad que habían tenido con ellos, fueron al albergue y tras un merecido descanso, pasearon y descubrieron una ciudad llena de encanto y con mucha marcha. Pese al cansancio de la etapa disfrutaron de la marcha de la ciudad, pues la marcha y la alegría  no están reñidas con el camino. A las 11 de la noche decidieron retirarse a descansar para afrontar al día siguiente una nueva etapa.

 

Abandonaron el casco urbano de Oviedo por la Argañosa, a las 8,15 sufriendo ya un primer despiste que corrigieron tras preguntar. Debían de buscar la vieja carretera de Galicia y seguir la parte más baja de la falda del Naranco, cruzando una zona recientemente urbanizada (con las farolas características de la ciudad),pero aún no construida. El día era soleado aunque a esa hora el calor aún no apretase. Pasaron San Lázaro de Paniceres y siguieron hasta Llampaxuga, deteniéndose ante la pequeña capilla de Nuestra Señora del Rosario que padece la proximidad de un depósito de agua pintado de azul cobalto, una auténtica agresión; a la izquierda hay una gran cruz metálica azul y blanca.

 

Superando Loriana, abandonaron en Fabarín el concejo de Oviedo para entrar en el de les Regueres, tras cruzar el río. Iniciaron a continuación la subida al Escampleru, atravesando Requejo, Gallegos y los Arroxos. Ya en la otra vertiente, descendieron y, superada Valsera, interpretaron mal una señal en una caleya y, en vez de tirar a la izquierda, siguieron bajando a la derecha por un camino hormigonado que, llegado al río, comienza una marcada subida. Arriba dieron con dos magnificas casonas rehabilitadas y pintadas con colores indianos (ocre una, azul la otra), dónde dos hermosas jóvenes les informaron de la equivocación cometida; a pesar de lo entrecortado de su respiración, los peregrinos sostuvieron gallardamente que la vista justificaba el esfuerzo. Una vez retornados a la senda adecuada, siguieron la marcha por Rabaza y Picadin para llegar a Premoño dónde repusieron fuerzas en el bar”Feliciano”  Un anuncio en el tablón exterior les informa de la existencia de una “Asociación de Amigos del Camino de Santiago de les Reguers” y al preguntar por la misma, les comentaron que se constituyó para oponerse a la explotación de una cantera ante la que habían pasado poco antes los peregrinos, amparándose en la franja de protección y limitaciones legales que protegen al Camino, logrando los vecinos su paralización .

 

Por Valduno, Paladin, y Puerma, alcanzaron Laracha, donde les Regueres dan paso a Candamo, para inmediatamente llegar al concejo de Grao en Peñaflor. Desde allí tuvieron que seguir la carretera general en un recto tramo en el que los coches circulan a gran velocidad. Llegaron los peregrinos sobre las 14,40 a Grao dónde celebraban la segunda flor con notable afluencia de visitantes. Tras un suculento tente en pié salieron por una carretera local que surge frente a la segunda gasolinera y en la que aparece una indicación a Acebedo; bordeando el cementerio por arriba, avanzaron unos dos kilómetros antes de guarecerse del temible sol bajo una exigua sombra durante una hora, comiendo con gran frugalidad.

 

Superado Acebedo volvieron a encontrar las marcas del camino que habían abandonado en Grao, debiendo afrontar una penosa subida a Fresno. A su paso, un campesino moscón  al que se le presentó un problema en la segadora con la que estaba lanza a gritos una larga letanía de blasfemias, capaz de ruborizar al mismísimo Lerroux (piensan los peregrinos que, dadas las circunstancias el Apóstol sabrá perdonar).

 

Desde Fresno se desciende a San Marciellu. Poco antes de llegar a este lugar, los peregrinos encuentran, perplejos, una huerta recién plantada en que las funciones de espantapájaros las cumple cuatro tiras de banderines electorales del PSOE; uno de los peregrinos piensa que la política es cruel a veces. Antes de llegar a Dóriga el Camino pretende acercarse al río, pero el tramo está tan cerrado que se hace inevitable retroceder y regresar a la carretera, pasando por delante del castillo y deteniéndose en el sombreado pórtico de la iglesia .

 

Reanudada la marcha, alcanzaron una monstruosa cantera (los peregrinos comentan que aquí no debe haber Asociación de Amigos del Camino), sin penetrar en la cual debieron coger una caleya a la izquierda (que no estaba señalizada en su arranque), descendiendo directamente hasta la carretera general que va a Belmonte por cuyo arcén continúan hasta el cruce, dirigiéndose a Cornellana a dónde llegaron a las 19,15. El monasterio está cerrado; uno de los peregrinos intenta conseguir información sobre donde sellar las credenciales, sin  éxito porque las seis personas a las que se dirige en el entorno del monasterio son sordomudas. Tras dar algunas vueltas consiguieron alojamiento en el hotel La Fuente; después de cenar razonablemente, los peregrinos, cansados, se acostaron a las once . En total, caminaron 40 kilómetros. El recorrido les pareció fácil, salvo por las ortigas que castigaron duramente las piernas indefensas por el pantalón corto.

 

Una vez desayunados, antes de salir de Cornellana, los peregrinos volvieron al monasterio y una amable alumna de la Escuela Taller allí asentada les consiguió el sello de la misma para estamparlo en las credenciales. A las 8 salieron siguiendo un camino que sigue el arroyo tributario del Narcea por su orilla izquierda dejando el monasterio a esa misma mano. Encontraron una pequeña subida a Sobrerriba; después la cuesta continúa suavemente hasta que el Camino se transforma en una agradable senda que desciende por medio de un bosque. Este cómodo tramo termina en un paisaje sahariano; las dunas de una planta de sílice producen una imagen insólita en medio del verde del entorno.

 

En paralelo a la carretera general cruzaron Llamas, Casazorrina, la Dehesa y Macellin. La entrada en Salas es cruel. Desde la carretera general se sigue un camino muy cerrado en ortigas y espinos, con tramos enfangados y piedras sueltas; los peregrinos comentan que si no lo mejoran es preferible acceder por la carretera. En Salas visitaron la tumba del inquisidor y, tras un pequeño descanso y obtener en el ayuntamiento el sello correspondiente, abandonaron la villa pasando ante el palacio. Afrontaron la subida a La Espina por un camino de carreteros amplio y sombreado que se inicia a la altura del río. Tras unos metros al más empinados, salieron a la carretera general por la que transitaron durante unos quinientos metros para coger un camino a la izquierda que, en seguida, toma de nuevo a la izquierda para seguir subiendo entre árboles por una senda algo más cerrada.

 

Una vez que alcanzaron el alto, bordeando La Pereda y El Espin, se acercaron por una cómoda pista paralela a la carretera, hasta La Espina, encontrando antes, a la derecha, al lado de un cementerio, un sencillo crucero. Llegaron a las 13,45 y, una vez que tomaron un refrigerio en el bar Dakar, avanzaron una hora más para tumbarse a la sombra y descansar.

 

El último tramo hasta Tineo discurre por senderos generalmente a la derecha de la carretera general, con algunos tramos de ésta, cruzando La Pereda, El Pedregal y Santolaya. Hay pequeñas subidas y bajadas y bastantes sombras, abundando las fuentes lavaderos con agua potable, en gran parte rehabilitados por las Administraciones Local y Autonómica y la Asociación de Amigos del Camino, igual que ocurre con algunas ermitas. Uno de los peregrinos vio saltar  un zorro a la vera del camino.

 

Sobre las 18,30 los peregrinos se aproximaron a la ermita de San Roque, que pudieron visitar, descendiendo después hacia Tineo. En la casa rectoral, al lado de la iglesia, el párroco (conocedor de Derecho por los libros que pueblan su mesa de trabajo) estampa el sello en la credencial. Después de conseguir alojamiento (albergue en el antiguo matadero  habilitado para los peregrinos), pasearon ante los Palacios de Merás y de García de Tineo. Premiándose con una sabrosa cena, se fueron al matadero a descansar a la hora ya habitual. Fueron unos 37 Kilómetros sin demasiadas dificultades.

 

(Continuará)

 

Pili Carrasco

 


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