Quieren ser más. Así que les han dicho que cada uno debe buscarse a otro, mira si es fácil. Y para motivarlos les han ofrecido un premio y ahí los tenemos desviviéndose para encontrar su doble. Mientras no se acabe la promoción deberemos estar alertas porque nos los podemos encontrar en cualquier parte con su mejor sonrisa: ¿quiere ser del PP? Y es que el premio merece todos los desvelos.
Yo no he podido evitar los recuerdos de mi infancia, cuando salía con la hucha del DOMUND. Entonces el Hermano colgaba una gran hoja de papel en la pared con todos los nombres de sus alumnos postulantes e iba confeccionando un gráfico de colores que reflejaba los progresos de cada uno en la cuestación. Y como en las carreras de caballos, había líneas que avanzaban con celeridad y otras que a penas se movían pasito a pasito. Pues algo así piensa hacer el Sr. Curto con sus militantes. Al final, la línea más larga se llevará el premio. Entonces el Hermano Director distinguía al ganador con una estampita o con un banderín de la escuela. Ahora José M. Aznar los recompensará con un diploma firmado de su puño y letra, y, con un poco de suerte, con un viaje gratis a Madrid para recibirlo de sus mismísimas manos. ¡Ahí es nada!
Aunque yo, la verdad, no recuerdo mucho entusiasmo por ganar la estampa (admito que me falle la memoria), me imagino a los militantes del PP alborozados por conseguir ese diploma que los acredita como los más aplicados. Y al partido haciendo números: con el precedente del Sr. Lacalle, doblar el número de militantes, a poco que se presten a ser pedigüeños, puede solucionar los problemas económicos del partido para siempre.
Y no es todo. Porque están preparando una gran campaña para Cataluña y avanzan que podrían decidir que los carnets del partido sean distintos a los del resto de España, como ya ocurre en Galicia. Ignoro si piensan hacerlos en catalán, pero por si es así, aquí va un consejo generoso: busquen formas lingüísticas que sean idénticas aquí y en Valencia. Que las hay. Así, cuando el Sr. Zaplana decida hacer sus carnets en valenciano, no tendrá que ponerse nuevamente en ridículo haciendo reír a todas las universidades del mundo.
Definitivo: el Ministerio de Fomento se echa atrás y lo que dije no lo recuerdo y se hará lo que se pueda, pero pronto. Así de claro fue Arias Salgado para explicar el estado en que se encuentran los proyectos de desdoblamiento de la N-340 a su paso por Torredembarra, Altafulla y Tarragona. De momento, a hacer cola. O sea, que el alcalde Nadal podría mandar a pasear otra biga en señal de protesta. Lástima que quien acabaría pagando la gracia reivindicativa sería la ciudadanía que suele sufrir todos los atascos.
La N-340, sobre todo en su paso por Cataluña y Valencia, es posiblemente una de las vías de mayor tráfico de España. Aún así, continúa siendo una carretera de vía única en cada sentido y se entretiene en todos los semáforos. Hasta dejar Alicante, porque entonces, salvo algún pequeño tramo por acabar, se transforma en una autovía gratuita hasta el Estrecho. Y aunque las malas lenguas quieren ver sospechosa esta situación por la existencia de autopistas de peaje precisamente en Cataluña y Valencia, siempre paralelas a la N-340, yo pienso que la razón es otra. Y de agradecer.
Verán: el gobierno, que nos conoce, sabe que somos más bien reservados y poco propensos a las manifestaciones externas, a diferencia de los andaluces, por ejemplo, que, como es sabido, suelen ser graciosos y extrovertidos. ¿No? Por eso no tiene importancia que ellos corran por la autovía. Ellos ya son sobradamente sociables. A nosotros, en cambio, nos conviene incentivar el trato. Por eso nos obliga a pasar por todos los pueblos y ciudades. Así, aquí compro el pan y allá me tomo un café, hablamos con la gente y se favorece de manera natural y fácil nuestra sociabilidad.
Ya ven, pues, si van equivocados los que malpiensan que es una muestra más de anticatalanismo; o los que creen que así se favorecen los intereses de las autopistas; o incluso el alcalde accidental de Tarragona, señor Burgasé, cuando dice que el PP castiga a Tarragona y se olvida de que son los suyos del PSOE los que han gobernado los últimos bastantes años. Nada de eso: al PSOE antes y al PP ahora sólo les mueven las ganas de que seamos más amigables. ¿No habría que agradecérselo?
"A Marcelino Domingo, avui l'han fet diputat entre Ginestar i Tortosa, i un poble que es diu el Prat." Con esta copla celebraban nuestros abuelos el acta de diputado del ministro republicano. Eran otros tiempos, aunque las preguntas fueran parecidas: On va Catalunya? (1927) y ¿A dónde va España? (1930) son títulos de dos libros suyos.
Tras dimes y diretes en la prensa, parece que el primer intento de eso que hemos llamado l'olivera catalana empieza a cuajar por Tortosa y busca cobijo bajo el nombre del ilustre ministro. El protocolo de acuerdo entre ERC., IC. y PSC. para presentar una candidatura unitaria a las elecciones municipales en Tortosa (1999) se ha firmado al pie de un decàlogo programático, que, como pueden suponer, consiste en un conjunto de intenciones muy bien intencionadas. (Por cierto, que es curiosa esa tendencia irrefrenable a los decálogos, de claras referencias bíblicas, incluso en los ateos). En fin, chapeau! por ellos, no por las intenciones (nadie se presenta a unas elecciones sin ellas), sino por la decisión de sumar voluntades en un país en que nadie parece estar dispuesto a renunciar a nada para conseguirlo. Singularmente la izquierda, tradicionalmente incapaz de ponerse de acuerdo y experta en descubrir sospechos entre los que discrepan, aunque sólo sea un poco.
El alcance real de este paso, sin embargo, estará en su capacidad de proyección. Y no parece que las direcciones de las organizaciones respectivas lo hayan acogido con un gran entusiasmo, con excepción, quizás, de IC. En realidad, todo será una anécdota si no són capaces de generalizar la actitud de diálogo y predisposición al acuerdo que han mostrado en Tortosa.
Y, la verdad, si en general ya parece estúpido que los partidos de izquierda no sean capaces de llegar a acuerdos (electorales, de gobierno, de oposición...), ahora, con un PSC que debe cargar aún con la losa de sus pecados de gobierno, una IC asediada por su teórica hermana de IU, y una ERC obligada a recomponerse después de la fuga con cartera del PI, cualquier esfuerzo para buscar los puntos de encuentro es no sólo recomendable sino, seguramente, exigible. Al contrario de lo que piensan algunos de ellos. Y si no, que se lo pregunten a CIU.
Tinet está enfadado. No, no, l'Agustinet no: el enfado del concejal del Ayuntamiento de Tarragona, Agustí Mallol, es con el alcalde accidental, J.A. Burgasé. No quiere despachar con él. Sobre todo, no le perdona que ocupe, aunque sea por unos días, el lugar de Nadal. Y es que para Mallol, alcalde no hay más que uno y a ti, Burgasé, te encontré en la calle. Para evitar tales trastornos emocionales, propongo que el año próximo Agustí Mallol haga vacaciones al mismo tiempo que Joan Miquel Nadal. (Que el alcalde se lo lleve consigo ya es una cosa que debe decidir él mismo).
No, el TINET que está enfadado es el conjunto de ciudadanos que forma la comunidad internauta que bajo el impulso de la Fundació Universitària de Tarragona i con el patrocinio del Ayuntamiento de la ciudad, la Diputación, la Cámara de Comercio, el Puerto y La Caixa, ha constituido la primera red ciudadana del Estado en Internet. I está enfadado con razón, porque la N-240 entre Valls y Tarragona, salvada la excepción de Vallmoll, es una muestra de tercermundismo viario de difícil digestión: El firme está en tal estado de deterioro que se ríe de su nombre a carcajadas y los arcenes son un sueño que nunca se ha hecho realidad. Y los años pasan por su estrechez, y a pesar de ser la ruta del Pont del Diable (acueducto romano que Júpiter debe proteger) o del polígono petroleoquímico, el ministerio competente no ha encontrado aún motivo suficiente para invertir en ella. (Aunque dicen las malas lenguas que el Ayuntamiento de Tarragona se apalanca en la pasividad, al menos, para evitar que, de la mano de la mejora viaria, algunas empresas decidan instalarse en Valls, a la vista del mejor precio de su suelo industrial.)
Así que desde TINET se invita a los internautas a hacer explícita su queja a Fomento enviando una carta electrónica a BUZON.CIA@igsap.map.es. Es una buena iniciativa i un ejemplo de lo que es una red ciudadana en Internet. Dentro de pocos años, una parte posiblemente mayoritaria de ciudadanos accederán de una manera fácil y natural a Internet. Pero mientras llega ese momento, no estaría de más que los ciudadanos que usan sobres y sellos se sumaran a la iniciativa.
Las rutas son un gran invento para atraer visitantes, el reclamo para vender nuestros encantos. Cerca de los estertores del milenio, hemos descubierto nuestros atractivos y los empaquetamos a gusto de las visitas. Las hay para todas las sensibilidades: medievales en Besalú, olímpicas en Barcelona o gastronómicas en el Empordà de l'any Pla, por ejemplo.
Como es lógico, las comarcas de Tarragona no son ninguna excepción. Así, es posible emprender la ruta modernista, la romana, la del Císter o la de l'Ebre (paulatinamente navegable), entre otras. Todas ellas merecen la pena, si bien tienen dos inconvenientes: el tiempo y la geografía. Es decir, exigen continuidad geográfica y tener vacaciones. Por ello, y porque las nuevas tecnologías lo permiten, se me ocurre que no estaría de más la creación de lo que podríamos llamar las rutas virtuales.
Son rutas que pueden recorrerse cómodamente sentados ante la pantalla del ordenador, o en la butaca, frente a un periódico o un videotelevisor, naturalmente en un local con aire acondicionado y servicio de bar. De hecho, serían rutas por la memoria. De este modo sería posible, por ejemplo, pasearse por la ruta de las promesas electorales incumplidas, la de los cambios políticos de chaqueta, la de los meandros del hoy por ti mañana por mí o la de los desaguisados judiciales y de los delitos prescritos, que van apareciendo en la prensa y se nos olvidan. Porque esta ruta es tan real como las otras y conocer un país exige pasearse por ella, también.
Estas rutas sólo tienen un inconveniente grave: tienden a generar en el visitante enojo y escepticismo, aunque combaten otro más grave aún: la desmemoria que nos vuelve estúpidos y nos deja indefensos. Por ello, quizás, sería conveniente que las sesiones fueran ligeras y finalizaran con una noticia positiva. Por ejemplo: el proyecto de parque arqueológico de Tarragona, la consolidación de una programación estable en el teatro Bartrina de Reus o una excelente cosecha de fruta en la Ribera d'Ebre. Porque la memoria, aún siendo imprescindible, no debe substituir a la vida. Ni amargarla.
¿Es ya Tarragona la primera ciudad del orbe en aparcamientos subterráneos por capita? Si no es así, habría que considerar la posibilidad de dar un pequeño impulso al plan de perforación de la ciudad. Y puestos a singularizarnos, mientras agujereamos la plaza del mercado y soterramos la vía del tren, ¿no podríamos estudiar la idea de conectar el lago subterráneo con el Port Esportiu para que nuestros visitantes pudieran acceder al centro con sus embarcaciones? Tal vez así podremos salir en el Discovery Channel, de una vez. Porque, la verdad, haciendo aparcamientos subterráneos no saldremos nunca. Aunque eso sí: hoy por hoy, el que no aparca es porque no quiere, pagando lo que sea, claro.
Y resuelto eso - y me alegro de que esté resuelto-, ¿qué tal si pensamos en los que prefieren moverse sin el coche? Por ejemplo, a pie y sin coches alrededor. Quizás va siendo hora de intervenir en el carrer Major, en su pavimento y en su carácter de zona reservada a caminar; o puede que haya llegado el momento de ampliar la zona peatonal en la Part Alta o en el centro de la ciudad. Europa está llena de ciudades que ya lo han hecho.
¿Y el carril bici? Tarragona es una ciudad con desniveles más que medianos. Desplazarse en bicicleta desde la Plaza Imperial Tarraco a la Catedral, o desde el Serrallo a la Rambla requiere buenas piernas; las mismas que exige la vuelta a la ciudad desde cualquiera de sus playas, y que hacen diariamente muchos jóvenes. Pero que a nuestros gobernantes municipales- como a un servidor - los músculos se les hayan instalado en unas vacaciones permanentes (?) y la vista de una subida les provoque agujetas no es razón para que consideren resuelto el tema con una bicicletada al año, aunque su foto salga en los periódicos. Porque hay ciudadanos que quieren usar la bicicleta en una ciudad que tiene un clima ideal para hacerlo y no deberían correr ningún peligro por ello. Y ¿saben?, también hay muchas ciudades en Europa que han sabido hacerlo. Entre tantas placas que conmemoran los actos de nuestro modesto alcalde, me gustaría poder ver la de la inauguración del primer carril bici de Tarragona.