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Vaya, ahora resulta que van de farol y a la hora de las apuestas uno tiene una tía enferma y al otro le duele la cabeza. Y tan bien que lo había preparado el organizador, con el vapor de rueda navegando por el Mississipi. Bueno, ya lo saben, la reunión que el pasado 20 tenía que darle el espaldarazo a la candidatura de Tarragona para la Exposición Universal del 2005 duerme el sueño de los justos. Y es que en ella había que llevar el dinero y es mucho para unas partidas que nunca acaban bien, se lo digo porque he visto muchas películas. Para empezar, muchos no juegan con su dinero y tendrán que rendir cuentas, y otros temen que pagar para poder jugar sin estar seguros de si va a celebrarse la partida es una tonta manera de perder dinero. Así que sin saber si el barco sube o baja y si el premio existe, han preferido quedarse en tierra. Los aplaudo. El juego es un vicio. Y si los jugadores son, entre otros, la Generalitat, la Diputación y los Ayuntamientos de Tarragona, Reus i Vila-seca, peor aún, que el dinero público no debe irse en quimeras faraónicas más viejas que el cuento de la lechera: primero haremos un estudio que nos costará un millón de euros (que serán dos o tres), luego el Bureau International des Expositions (BIE), quedará fascinado por el proyecto y enseguida llegarán euros a raudales (8000 millones de impacto, todo para nosotros, para ser preciso) y a continuación 30 millones de visitantes, 10.000 puestos de trabajo permanente, 300 hectáreas de paraíso, infraestructuras… Vol dir?, dicen que dijo Pujol, que es un jugador experto. De acuerdo. Espero que los jugadores se queden en tierra y alguno se atreva a decir de una vez que hay infinidad de cosas necesarias y útiles en que invertir el dinero público. El proyecto es poco realista, e irresponsable enterrar dinero en él. Conocer la propia talla es una virtud. Si el presidente de la CEPTA, que todavía no ha pagado su parte del Pacte de la Boella, quiere seguir jugando, es cosa suya. Buena suerte.
Tarragona puede ser la segunda ciudad que tenga que decidir si se declara antitaurina. Todo depende de si ERC decide dejar de mirar los toros desde la barrera y presentar la misma moción que presentó en Barcelona. De momento, lo estudian, pero parece bastante claro que si no la presenta ERC no la presentará nadie. En cualquier caso y por si hay que bajar al ruedo, los concejales han empezado a decir lo que piensan, antes de que les pille el toro. Y como era de esperar, hay opiniones para todos los gustos y los límites ideológicos y de partido se mezclan al abordar ésta cuestión. Así hemos sabido que Aregio (CIU), Almagro (ERC) o Elices (PSC) están dispuestos a echar un capote para que siga habiendo corridas en la ciudad, mientras que en sus compañeros Sala (CIU), Rossell (ERC) o Castillo (PSC) la fiesta pincha en hueso. Me imagino que todos preferirían evitar un pronunciamiento que a buen seguro que les resulta incómodo y del cual es imposible que todos salgan por la puerta grande. Porque como en todos los temas sociológicos, la unanimidad simplemente no existe y las pasiones suelen desbordarse. Éste es uno de esos asuntos que encona discusiones e invita a posicionarse con pasión incluso a quienes no han ido en su vida a una plaza de toros a no ser que hayan ido a ver castells, y se la han mirado siempre con indiferencia. El hecho de que haya ciudadanos que lo sientan como una tradición, lo envenena inevitablemente. Me parece claro que es una discusión que tarde o temprano deberemos tener, aunque dudo de que sea la que hay que tener ahora mismo. A mí, por ejemplo, me parece más importante y más urgente declararse ciudad antibélica y no se permita la entrada de buques de guerra en el puerto; o ciudad anticontaminación y que se acaben los episodios de malos olores, humos, llamaradas y vertidos a la atmósfera, y que se acaben como deben: con responsables. Y eso aún no ha pasado nunca. Ahí aún no hemos cortado ni una mísera oreja. Y, francamente, nos urge una buena faena.
Según datos hechos públicos, el perfil mayoritario del espectador de teatro en Catalunya es el de una espectadora. Un perfil que coincide en lo fundamental en toda España. Y en Tarragona debe ser el mismo, porque no somos tan raros i además en la muestra se tuvieron en cuenta el Metropol y el Camp de Mart. Así que ya lo saben, el retrato es el de una mujer soltera, entre los treinta y los cuarenta años y con estudios universitarios. Y autónomas, con unos ingresos alrededor de los 18000 ?. Sospecho que si conociéramos el perfil tipo de las personas que visitan museos y exposiciones o que asisten a audiciones musicales descubriríamos que también son el de una mujer. I estoy seguro que el de los lectores de literatura es el de una lectora. Como tampoco me cabe ninguna duda que son las adolescentes las que dominan en los conciertos de los grupos de moda y quienes los siguen con más pasión. Es decir, que si es cierto que en los estadios de fútbol son minoría, en los distintos campos de la cultura y de la vida social son mucho más participativas. Yo lo dejo aquí y les invito a que acaben ustedes la lista. Aunque también es obvio que en una librería nadie ha agredido nunca a nadie por leer un libro distinto y aunque me parezca evidente que su capacidad para incorporarse a actividades que durante mucho tiempo les han estado vetadas de derecho y/o de hecho, es tan vital que sólo puede ir a más: en el acceso al estudio, en la vida social y cultural, y en la actividad profesional y laboral. En cambio, llegar a la cúspide de los puestos de responsabilidad en los diversos ámbitos, va a costarles más. Para muestra, la política: en Tarragona sólo 7 de los 27 concejales son mujeres. Aquí el perfil tipo es el de un hombre (que, en general, no va al teatro y sí al fútbol). Pero mientras esperamos que llegue el momento que ocupen con normalidad esos puestos y se rompan las inercias seculares del mundo de los hombres, bienvenidas sean las medidas forzadas de paridad o de participación.
El señor Ricomá viajará solo a Madrid. Espero que le guste leer porque no va a ir con el AVE que nos construía su gobierno y el trayecto será largo. Y tendrá tiempo también para ir pensando por qué su partido ha perdido más de once mil votos en Tarragona y la mitad de los diputados en Catalunya. E incluso puede que decida decirnos algo, él, que como diputado es tan mudo como Masetto de Lampovecchio, el protagonista de uno de los cuentos del Decamerón. Hasta entonces, hay que presumir que Acebes i Zaplana hablan también por él. Y es una lástima. ¿No les gustaría saber como lo hacen los del PP para asistir a una manifestación espontánea tan bien organizados, todos con su banderita del partido, y si es verdad que todos tienen una exactamente igual en casa? ¿Y porque un partido como el suyo tiene que hacer salir a su lider por una ventana para saludar a sus simpatizantes? Pero ¿es que nadie ha previsto manifestaciones espontáneas de apoyo? Con tantos hijos de franquistas insignes en el partido, este descuido es imperdonable. Anécdotas a parte, lo que más me aflige del resultado de las elecciones es ver que el PP no da muestras de resituarse en el espacio de la derecha democrática moderada que nos hace falta. El PP se alimenta aún del postfranquismo sociológico bien presente en amplias zonas de España, aquellas que todavía homenajean en la calle a los fundadores de la falange y a los generales golpistas, y a sus muertos y sólo a ellos. Quizás es una cuestión de generaciones, pero el PP debería jugar ese papel modernizador entre los suyos. En cambio Aznar y su mayoría absoluta no sólo no lo han hecho sino que han alentado la vuelta a atrás: a la intolerancia y a la falta de diálogo, al autoritarismo y a la falta de respeto a los discrepantes. Después de haber tomado decisiones de tal importancia que exigían inexcusablemente el consenso, nos dejan un país crispado. Y aún ahora alientan la crispación de su electorado. Necesitamos una derecha europea para enterrar al franquismo.
El jueves, el colectivo d’Escriptors del Camp del Tarragona dedicó la jornada a la escritora Margarida Aritzeta y se leyeron fragmentos de su obra. Me llamó especialmente la atención uno de L’herència de Cuba en que los personajes hablan con ilusión de lo que harán sin que lleguen a hacerlo nunca, como si el mero hecho de hablarlo supusiera ya haberlo hecho, hasta el punto de que crean haberlo hecho. La buena literatura suele iluminar nuestro conocimiento de la condición humana. En este caso, una actitud así puede ser un hecho consolador absolutamente imprescindible para sobrevivir en una realidad difícil. Pero es claro que también puede ser el resultado de una indolencia o de un engaño. Quizás porque estamos en época electoral i los ministros del PP andan poniendo primeras piedras de obras que no se empiezan, porque se repiten promesas de otras elecciones, luego olvidadas, o porque ayer se conoció la noticia del poco cumplimiento del Ayuntamiento de Tarragona en la ejecución de los proyectos, el texto me ha recordado una práctica censurable de la actividad de gobierno de los políticos. De los malos políticos. La de aquellos que sustituyen la gestión por la palabra, los hechos por los fuegos de artificio y la información por la propaganda. El resultado es que hacen la mitad de lo que dicen, gastan mucho en hacer publicidad de lo que dicen que van hacer y los proyectos se eternizan aparcados indefinidamente, aunque se aprovechan propagandistamente una y otra vez. El gobierno de CIU-PP de la ciudad es un especialista en esta práctica del escamoteo y aunque ya se han utilizado políticamente de manera reiterada para presumir de gestión, algunos asuntos parecen eternos. Por citar sólo algunos: la escuela de idiomas, el teatro Tarragona, la casa Canals y por supuesto la fachada marítima. Probablemente todos estos proyectos acabarán siendo realidad tarde o temprano, a nos ser que, como los personajes de la novela, acaben creyendo que ya los han hecho, a copia de decir que los harán.
Carod no estará en el Govern y Maragall da por cerrada la crisis. Es una respuesta europea y democrática: el que se equivoca paga con su cargo y sus expectativas políticas inmediatas. A unos les parecerá suficiente y a otros poco, pero se ajusta al modelo, a diferencia de lo que hace el gobierno del PP, que nunca asume responsabilidades ni culpas: ni en el Prestige, ni en el AVE, ni en la guerra de Iraq, y ni siquiera acepta comparecer ante el Parlamento. A partir de aquí, el 14 de marzo tendremos todos la oportunidad de manifestar nuestro juicio y ahora los políticos deberían cerrar filas contra ETA y ocuparse de nuestros problemas. Pero no va a ser así porque el PP, en la más rancia tradición del autoritarismo español, hace tiempo que ha apostado por la crispación, el frentismo y la intolerancia ideológica, arropado por su mayoría absoluta y por el coro mediático que va desde la sumisión de TVE hasta la desvergüenza, la mentira y el insulto de, por ejemplo, La Razón y los columnistas y tertulianos de algunos medios que ustedes ya saben. Así seguirá. No es algo nuevo. Si no hubieran tenido a mano la desafortunada iniciativa de Carod y la ayuda del comunicado de ETA, que ahora resulta paradógicamente más creíble y respetable que partidos de larga tradición democrática como el socialista y ERC, y hasta que el Govern de la Generalitat, habrían encontrado cualquier otra razón, no lo duden. Carod y la proximidad de las elecciones sólo lo hacen más virulento. Conviene recordar que el acoso a ERC y al tripartito, y de rebote al PSOE, empezó al día siguiente de las elecciones catalanas, cuando ni siquiera se havia constituido aún el Govern de la Generalitat, en lo que no es más que una nueva fase de la estrategia que el PP y sus corifeos han venido aplicando en el País Vasco contra su gobierno, su lehendakari y los partidos nacionalistas democráticos. Ahora nos toca a nosotros. Y los ingredientes son los mismos: violencia verbal, intolerancia, uniformismo y mentira.
Más allá del juicio que pueda merecer en su aspecto profesional la gestión de Lluís Badia al frente de la Autoridad Portuaria, es de justicia reconocer que bajo su mandato el Puerto se ha acercado a la ciudad y los ciudadanos hemos empezado a disfrutarlo. Aunque, como él mismo ha destacado, quedan aún proyectos muy importantes, entre los cuales cabe destacar, por su dimensión ciudadana, el de remodelación de la fachada marítima y el frontal del Serrallo. Tampoco me cabe la menor duda de que el nuevo presidente, Josep Anton Burgasé, continuará la via emprendida de convertir el puerto en un espacio urbano, también, al servicio de todos nosotros. Por eso y porque ahora empieza su gestión es un buen momento para llenarle la mesa de pequeñas y grandes peticiones. Aquí van algunas. Primero, las grandes: Evitar tanto como sea posible la especulación urbanística. El edificio supuestamente emblemático que ha sido bautizado como la Roca, si no recuerdo mal, no debería hacerse. Corren por Internet simulaciones muy fieles y su impacto visual des de la ciudad i des del mar es simplemente monstruoso. Nada, salvo el negocio y la megalomanía, lo justifican. Y también, salvar el espacio de uso publico que hoy suponen los tinglados del lado de la vía, que desaparecería en beneficio de las viviendas. Y ahora las pequeñas: puesto que las obras deben estar más que amortizadas, ¿no sería posible que se corrigiera el error y la zona de peatones i ciclistas en el paseo de la escollera hasta el faro cambiara de lado? Lo lógico es que sean las personas quienes disfruten de la proximidad del mar y no los vehículos, como hasta ahora. Y también, ¿por qué no convertir el muro de la escollera del puerto deportivo en una pasarela como en otros puertos? Y por último: aparcamiento. Aunque sea provisional y sólo los fines de semana, algunas de las zonas próximas a la Autoridad Portuaria, ahora cerradas, reservadas o con prohibición de estacionar, ¿no podrían cumplir esa función? Anímense i continúen.
Dolors Comas, la portavoz de ICVP en el Ayuntamiento, se despidió en el último pleno de todos los ciudadanos. Su responsabilidad en la política municipal pasa ahora a Lluís Balart. Comas se dedicará en exclusiva al Parlament de Catalunya, como diputada por nuestra circunscripción. Hasta aquí la noticia. A partir de aquí, permítanme un par de reflexiones asépticas: La primera: celebrar el gesto y desear que no sea el único. La política parlamentaria, en Madrid o Barcelona, es muy importante y la municipal también. Por eso es un fallo del sistema democrático que haya personas que tengan a la vez responsabilidades importantes en las dos y es deseable que se limiten tanto como sea razonable y posible. Ya lo he dicho otras veces: Superman es un héroe de cómic. Si se ejercen dos cargos de responsabilidad, alguno se hace a medias, o alguno es insignificante y eliminable, y si se cobra por los dos se malbarata el dinero público. Aunque sea legal. Nuestro sistema democrático debería tener un código de incompatibilidades políticas tan matizado como haga falta, y no puede aceptarse que sean los mismos políticos quienes decidan sobre sus dedicaciones y sueldos. Es un dislate, para decirlo amablemente, que un alcalde de una ciudad como Tarragona, por ejemplo, sea también diputado. Superman no existe. Y los cargos públicos no deben servir para contentar a los miembros destacados de los partidos. El segundo: que la concejal Dolors Comas tuviera que reivindicar su derecho a despedirse del consistorio tras ocho años de dedicación porque el alcalde no fuera lo suficientemente cortés para ofrecérselo motu proprio es sólo una mala anécdota. No lo es en cambio que mientras lo hacía, Joan Miquel Nadal no supiera asumir su papel institucional y con un comportamiento infantil y maleducado se dedicara a hablar, a tontear, a tener accesos de tos o a tirar papelitos, en una falta de respeto a si mismo, a Comas, al Consistorio y a los ciudadanos. ¿No hay nadie en CIU capaz de explicárselo?
Ahora que Fomento ha dado por bueno el proyecto de la fachada marítima, vamos a creer que efectivamente se llevará a cabo y que será entre 2003 y 2006 como dice el alcalde, vamos a olvidar por ahora la especulación urbanística que se prepara con la excusa de la financiación y el aire faraónico del soterramiento de la vía del tren y su costo posiblemente desmesurado. Ahora cada uno de nosotros debería empezar a pensar de qué manera queremos aprovechar los cambios urbanísticos en primera línea de mar. Sobre todo para evitar que se convierta de facto en patrimonio casi exclusivo de quienes van a tener el privilegio de vivir allí, de quienes van a atracar sus lujosos yates en la nueva marina del antiguo puerto comercial o de los empresarios del ocio. O simplemente del viento y del abandono. Como hay mucho espacio y hay sitio para todos no debería ser un problema que pudieran convivir ciudadanos de todo tipo y aficiones de índole muy diversa. Debería ser el espacio de quienes aprecian estar solos y de los que prefieren moverse en pequeños grupos; de quienes gustan de pasear, ir en bicicleta o correr, tanto como de los que simplemente quieren tomar el sol, leer, conversar apaciblemente o tomar un vermut,; de los amantes de la música que esperan el auditorio y de quienes se sienten atraídos por los deportes náuticos, que aún son pocos pero serán previsiblemente más. Ven, siempre me ha sorprendido que una ciudad con este mar magnífico a sus pies tenga tan poca afición a la navegación, que sean tan pocas las velas sobre las olas que pueden verse des del Balcó y que haya tantos amarres vacíos en el puerto deportivo. No es lógico y es de imaginar que con la apertura de la ciudad al mar, los ciudadanos acaben tomándole cariño. Sí, ilusiónense y hagan planes para que acabe teniendo la vida que entre todos queramos darle y el urbanismo que la haga posible. Pero mientras llega, no sería posible que arreglaran las baldosas de eso que hoy nos hacemos la ilusión de que es un paseo?
Si nadie lo remedia, en las próximas Navidades los vecinos de Boscos de Tarragona podrán invitar a turrón a los automovilistas que circulen ese día por la nueva variante de la N- 340. Sólo tendrán que reducir la velocidad y extender el brazo. Será como un cuento de Navidad. Algunos descontentos insisten en afirmar que el trazado de esta nueva variante que pasa muy cerca de las viviendas es una agresión al territorio y sobre todo a los ciudadanos, pero no se dan cuenta de que también fomentará las relaciones interpersonales y estimulará la solidaridad. De momento, vecinos que no se conocían ya se reúnen y se enfadan juntos. Hay quienes piensan, de una manera descabellada por supuesto, que la solución viaria de Tarragona pasa por aprovechar las infraestructuras existentes, por rescatar el tramo de autopista entre Torredembarra y Vila-seca, ampliar los carriles y hacer las conexiones necesarias, pero eso es porque no piensan que hay que proteger los beneficios de ASESA y no se dan cuenta de que hay que impulsar la economía con las obras públicas, así que, si podemos, hagamos otra carretera. Incluso si se puede hacer alguna poco útil o mal, como la variante de Altafulla, con un solo carril en cada sentido, mejor, porque así podremos hacer otra después. Además, si mantenemos vivo el problema, siempre podremos hacer un plan, que es algo que gusta mucho. Lo digo únicamente para que conste puesto que no van a considerarlo ni a discutirlo. El gobierno municipal prescinde de la opinión y de los intereses de muchos ciudadanos (ojo, no de todos). Aunque francamente entre ellos y Fomento nos están dejando el término municipal hecho una birria, vean si no el mamotreto de la playa del Miracle (lo siento, no puedo con él), el desaguisado del cruce de la Móra o el rosario de rotondas de la N-240. Ahora le toca el turno a una nueva agresión territorial en la N-340 a su paso por Llevant, para desesperación de los vecinos. Y atención con la playa Llarga, que también hay planes para ella.
Me parece formidable que señores de tanta proyección se hayan puesto a jugar en el excitante juego de mesa La Exposición Universal 2015, que consiste en convencer a todo el mundo de que Tarragona tiene ventajas insuperables para alojar el evento, muchísimas más que Estambul, Moscú o Turín. Los jugadores son la Confederación Empresarial de la Provincia de Tarragona, los alcaldes de Tarragona, Reus y Vila-seca, la Autoridad Portuaria y la Cámara de Comercio. Ignoro cómo se juega, pero por lo visto lo primero es conseguir apoyos políticos. Y eso está hecho, sobretodo porque es gratis y no compromete a nada. Así que el Senado ya nos lo ha dado (eso sí, también se lo ha dado a Zaragoza para el 2008 aunque las dos son incompatibles) y hasta el mismísimo Aznar, en la cena de los empresarios que hemos financiado en parte todos, se puso de nuestro lado (lástima que se retire de aquí unos meses y que después de su apoyo al ITER, suscite poca confianza). Y vendrán más, no lo duden. A ver quien es el guapo que dice que no nos lo merecemos. Lo segundo es elaborar un plan, pero con la cantidad de planes estratégicos, directores, de viabilidad, de seguridad, etc. que han elaborado estos jugadores en los últimos años, eso está francamente chupado. Y, sobretodo, deben ilusionarnos. Pues bien, no seré yo quien no se quiera ilusionar, pero mientras ellos juegan el aeropuerto pierde la base de Ryanair a favor de Girona, la N-340 continua siendo una porquería de carretera, como la N-240 cosida de rotondas y el puerto de Tarragona es incapaz de recuperar una línea de pasajeros; y cuando usamos el tren en las horas punta tenemos que ir a Barcelona de pie como los caballos, en lugar de sentados como las personas. Por hablar sólo de las “excelentes comunicaciones por tierra, por mar y por aire” que es nuestra gran baza, según dijo Emilio Casinello, que en su día fue presidente de la Sociedad Estatal para la Expo de Sevilla para animar a nuestros jugadores, que puede que incluso le creyeran.
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