ELEMENTAL, QUERIDO WATSON

Ayer pasé todo el día en la calle. Intentaba encontrarme con Josep-Lluís Carod Rovira. Y es que a pesar de que lo he visto muchas veces, no debo habérmelo mirado bien. Porque alguna cosa debe tener este irónico casteller e inteligente coleccionista de pins y chapas de cava que dirige ERC y vive en Tarragona para que en Madrid anden tan nerviosos. Ahí es nada que sin salir de casa fuerce a Rodríguez Zapatero a pedirle a la Unión Europea que no admita socios divorciados y haga que Mariano Rajoy y su puro se vengan a Barcelona para alertar a la cúpula empresarial de las intenciones del demonio.

Después de esperarle en vano y ya un poco aburrido, he pensado que si los dos aspirantes a gobernar España se lo tomaban tan a la tremenda debía ser porque este era el principal problema de los españoles. Y la verdad, me ha sorprendido en un país con una tasa de desempleo por encima de la media europea, colas en la sanidad pública, un índice de fracaso escolar elevado, un sistema judicial lento y a menudo sorprendente, un marco ineficaz para abordar los flujos migratorios, precariedad laboral y un monumental problema de vivienda gracias a haber convertido el sector en el paraíso de la especulación, entre otras calamidades. En fin, que me ha extrañado. Claro que si Carod y la unidad de la patria son el principal problema de un tornero de Castilla o de un joven de Extremadura yo no tengo nada que objetar.

En cualquier caso quizá sería prudente recordar que las fronteras se han movido a lo largo de la historia y lo seguirán haciendo, y que no hay ni una sola generación adulta viva que haya conocido un único mapa político del mundo, ni siquiera de Europa. O pensar que puesto que es una realidad sería inteligente y justo admitir que los pueblos también tienen derecho al divorcio y esforzarse en minimizar los problemas que comporta. Y proclamar que para evitar un divorcio no se puede matar a la pareja. Elemental, querido Watson (por cierto, que la frase no la dijo jamás Sherlock Holmes).


ELOGIO DE LA TRADUCCIÓN

Si es usted aficionado a la lectura y se interesa por escritores rusos, lo más probable es que acabe teniendo en sus manos un libro traducido por Josep M. Güelll. Aunque probablemente usted no lo sepa, ignore que es vecino suyo y desconozca que se ha cruzado con él en las calles de Tarragona o ha comprado algo en la céntrica tienda que ha atendido durante años. No les censuro por ello, son las cosas de nuestra sociedad que gusta de creerse culta y civilizada pero se alimenta de futilidades televisivas y donde el esfuerzo y el rigor valen mucho menos que el escándalo y la frivolidad. Pero si se ha conmovido con Dostoievski o Gorki, se ha apasionado con Txèkhov o Gógol, o se ha dejado seducir por Pasternak o Soljenitsin, es muy probable que haya leído a Josep M. Güell. Y posiblemente le gustará saber que el pasado jueves fue el escritor invitado de la Trobada d'Escriptors del Camp de Tarragona, en un acto que quiso ser de justo reconocimiento a un espléndido trabajo que nos ha dejado cincuenta y cuatro volúmenes traducidos, treinta y tres en castellano y veintiuno en catalán. El trabajo de los traductores está mal pagado y aún peor reconocido. Y sin embargo son imprescindibles. Ninguna literatura, ninguna cultura puede desarrollarse con vigor encerrada en sí misma y las traducciones constituyen las ventanas que ventilan nuestras estrecheces y oxigenan nuestro pensamiento, la puerta a través de la cual vivificar nuestro conocimiento y nuestra visión del mundo. Por eso hay que felicitarse porque los Premis Ciutat de Tarragona que protagonizan La Tardor Literaria hayan reconocido esta labor con el Premi de traducció Vidal Alcover. Aunque no basta. Todavía es imprescindible un reconocimiento social al trabajo de los traductores para que tenga consecuencias positivas en su actividad profesional y haga posibles buenas traducciones. Hasta entonces, cuando cojan un libro traducido, miren quien es su traductor e interésense por conocerlo un poco. Todos saldremos ganando.


NO, SEÑOR ARZOBISPO

El arzobispo de Tarragona, Lluís Martínez i Sistach, reivindicó en una reciente homilía el reconocimiento explícito de la herencia cristiana en la futura Carta Magna europea. No entiendo esa falta de humildad, ese afán de protagonismo, de exaltación pública y de ostentación inmodesta. ¿No habíamos quedado que la soberbia era un pecado y que nadie debía conocer nuestros méritos más que Dios? Aunque bien mirado, la jerarquía eclesiástica siempre ha necesitado rodearse de oro y emperifollarse de joyas, y es adicta a las ceremonias pomposas.

El arzobispo dice más. Cree que la Iglesia "tiene una responsabilidad en la definición del futuro de Europa y cree que puede ofrecer una contribución importante en la elaboración de nuevas formas institucionales que se preparan." Lo cual es cierto, aunque su formulación es inquietante. Porque en una Europa laica donde la separación entre Estado e Iglesia es una conquista irrenunciable, la Iglesia, como institución, no tiene nada que decir sobre las instituciones políticas, aunque sí sus fieles, en tanto ciudadanos europeos.

Sin embargo, aunque simplifica y exagera, tiene razón cuando afirma que "toda la historia de nuestro continente y la progresiva toma de conciencia de una común identidad llevan el marchamo del cristianismo". Y es precisamente porque las iglesias cristianas han jugado un gran papel en Europa que yo prefiero que la Constitución europea no haga alusión a un cristianismo que también ha llenado de dolor y intolerancia nuestra historia; de un cristianismo que ha de avergonzarse de haber asesinado cátaros o calvinistas, de haber expoliado y expulsado a los judíos, de haber arropado a una inquisición que robó, torturó y ejecutó en nombre de la Iglesia y de Dios, de haber forzado conversiones en todo el mundo o de haber bendecido casi todas las guerras y haber amparado a todos los dictadores cristianos. Esa también es su herencia y no es una herencia que nos onorgullezca y que muchos europeos queramos recoger.


EL CONSORCI DE LA DISCORDIA

Francamente, no me importa saber quien tiene razón. Y aún menos sus razones. Porque al fin y al cabo no hacemos más que asistir de nuevo a la enésima representación de la mezquindad con que los partidos políticos y algunos políticos en particular, se enfrentan a la tarea de hacernos mejor y más fácil la vida. El Consorci del Camp de Tarragona, celebérrimo por no haber hecho aún nada que no sea llenar páginas de periódico para mayor gloria mediática de sus componentes, no ha resistido ni siquiera el nacimiento y ya andan a la greña llamándose de todo en público. El alcalde de Cambrils levanta la liebre, el de Tarragona dispara y el de Reus embiste al cazador. Benaigues llama mediocre a Nadal, éste le ignora y le menosprecia, y Pérez se queja de que Nadal suelte tanto exabrupto y haga difícil el diálogo. Este es el resumen y que cada cual saque sus conclusiones. Pero el espectáculo resulta inaceptable y bochornoso para todos. Un organismo creado para que el consenso impulse el desarrollo de toda la zona no debe permitirse estas escenas. Si alguien prefiere dedicarse al teatro, que lo haga, pero las discusiones deben tenerlas en las reuniones del Consorci y no en la prensa.

Aunque no nos engañemos, lo que ha pasado viene sucediendo desde hace largo tiempo aquí o allá y a juzgar por los resultados electorales que se van repitiendo, no parece importar demasiado a nadie. Y eso es lo preocupante: que se haya entronizado entre los electores ese estilo miserable de hacer política que consiste simplemente en ignorar, despreciar y atacar de manera sistemática al oponente político o al simple discrepante. En mayor o menor medida todos los partidos políticos son adictos al juego, es de suponer que con el beneplácito de sus votantes, aunque desde luego hay personajes que destacan especialmente. Pero no abordar los temas a tiempo y con el consenso necesario es un juego ruin de elevadísimo coste social y económico. Si alguien no es capaz de entenderlo no debería estar en el Consorci.


FOTOGRAFIAR AL INCIVISMO

El Ayuntamiento ha contratado un despacho de detectives para que fotografíen a los ciudadanos que realizan acciones incívicas. Habrá que buscarle un nombre a esta nueva figura que patrullará por las calles, pero a mí lo primero que me ha venido a la cabeza es Mortadelo y Filemón, y ya me los imagino agazapados detrás de un geranio intentando dilucidar qué es un acto incívico y fotografiando a la señora María mientras tira la basura antes de hora. Porque a la TIA no se le escapa que va a ser imposible cazar a los que destrozan mobiliario urbano, apedrean farolas, ensucian monumentos y queman contenedores. La ciudad es demasiado grande y esas acciones suelen realizarse de noche, en grupo y en lugares poco transitados. Así que prepárense todos porque el objetivo somos nosotros. Usted, por ejemplo, que no recoge la mierda de su perro, desde luego. Pero ¿retratarán también a los que dejan el coche en doble fila, a los peatones que cruzan en rojo, a los que tiran papeles al suelo, a los que fuman en lugares no autorizados, a los que en el coche llevan la música escandalosamente alta, a los que se sientan en las terrazas en bañador? No me negarán que son acciones incívicas muy corrientes. Hay mucho trabajo. Por eso, y con el ánimo de colaborar, el Ayuntamiento podría armarnos a todos con una cámara y pedirnos que nos espiáramos. Incluso más tarde podríamos poner micrófonos. Por ejemplo, podríamos fotografiar a los responsables de que el tráfico de nuestras calles sean un caos, la Rambla se haya convertido en un embudo que huele a tubo de escape, y la contaminación acústica, lumínica y de gases de la ciudad sea alta; de que el Teatre Tarragona siga en el limbo de la dejadez, la ciudad esté mal señalizada, los camiones de la basura hagan un estrépito incalificable, el muro verde sea una porquería, la industria química nunca dé explicaciones o que muchos contenedores estén mal situados y sean un peligro para conductores y peatones. Ya ven, esto a mí también me parece incívico. Y es sólo lo que se ve sin buscar.


EL PARQUE QUE NUNCA EXISTIÓ

Poco ha durado el sueño de tener un parque público a primera línea de mar y salvar el único espacio natural posible de la costa de la ciudad. Tan poco que ni siquiera ha habido proyecto. Mientras el Ayuntamiento afirmaba que la finca del antiguo preventorio de la Savinosa sería un parque, allá por el año 1998, ya se pensaba de qué manera podía llenarse de cemento y el anterior presidente de la Diputación se atrincheraba contra los pinos amenazándolos con hoteles, balnearios o escuelas de hostelería.

Ahora, un ejército mejor pertrechado y más unido, formado por el Ayuntamiento, la Diputación y la Cámara de Comercio, esgrimiendo un proyecto que implica a la URV y hasta a un premio Príncipe de Asturias, ha decidido dar el asalto final. Demasiada munición para tan pocos pinos.

Sinceramente, no entiendo esa aversión a los espacios verdes. Tarragona no tiene, a no ser que al patio interior del parque de la Ciutat se le hayan subido los humos. No los tiene porque nuestros gobernantes nunca han querido preservar terreno urbano para ello. Y no los habrá porque ni siquiera ahora hay voluntad de hacerlo. ¿De verdad la única alternativa al abandono es la construcción? Las ciudades europeas con parques deben estar regidas por incompetentes.

Yo veo razonable que una parte de la finca pueda edificarse, pero la intención de alojar el Institut de l'Evolució Humana, la Universitat d'Estiu de la URV, un gran centro de convenciones y el Museu Interactiu de la Mediterrània es simplemente excesivo y previsiblemente incompatible con la idea del parque, que va a ser sustituido por un simple paseo. Habrá que esperar a que se presente en detalle, pero lo conocido es inquietante, sobre todo por la alusión a Futurscope, un parque de atracciones especializado y de amplia extensión. Todos los proyectos son interesantes, pero no todos deben hacerse en la Savinosa. Esa finca debería ser fundamentalmente un parque. Es un espacio único y, ésta, una ocasión única para preservarlo de la voracidad del hormigón.


ESTAMOS DE SUERTE

A partir de ahora ya podemos comprarnos un yate de hasta 120 metros de eslora porque ya tenemos dónde amarrarlo. Si los planes se cumplen, Tarragona contará con uno de los pocos puertos del Mediterráneo destinado a grandes yates. Esta marina, que se ubicará entre los muelles de Costa, Lleida y Llevant, cuenta con el mayor calado del litoral español y tendrá capacidad para 90 embarcaciones de grandes dimensiones. El proyecto prevé la construcción de una zona lúdica con todo tipo de servicios y se integra a la ciudad a través de su conexión con la remodelación de la fachada marítima. Ambos proyectos, del despacho de Ricardo Bofill. Por cierto, que el Ayuntamiento debería ir pensando en nombrarle arquitecto predilecto. Y los constructores, levantarle un monumento dado el volumen de negocio que les propone con los terrenos que abandonará la vía férrea.

El nuevo puerto deportivo quiere contar con un restaurante de estrella Michelín que alguien ya se ha apresurado a calificar de emblemático. Ya me dirán ustedes qué pretende hacer ese restaurante para ser nuestro emblema. Además, ¿no era el Fortí de la Reina el emblemático, después de que el Ayuntamiento y un nutrido grupo de patricios lo defendieran de los efectos de la ley y la justicia? Y ya puestos en ello, podrían los jueces sacar el caso del limbo: que lo indulten o que ordenen la demolición, antes de que pensemos definitivamente mal del sistema judicial.

Perdónenme la digresión. Vamos al yate y al perfil de la ciudad que puede observarse mientras nos dirigimos al puerto: es el de una ciudad mediana elevada sobre una colina y arremolinada entorno de la Catedral, habitualmente con una gran columna de humo a su espalda: es la refinería de Repsol que nos recordará los muertos de Puertollano y el silencio de los directivos de la factoría de Tarragona ante el accidente. Y luego, sólo alguna milla más allá, cuando el yate se adentre en la bocana, aparecerán ante nosotros los muelles industriales, las montañas de carbón, los coches preparados para embarcar y la telaraña de tuberías y depósitos del Polígono Petroquímico Sur. Al fondo estará nuestro paraíso de lujo y placer y se habrá cumplido el sueño de hacer compatible industria, turismo y calidad de vida ciudadana sin necesidad de ningún Plan Director, que tampoco sirve para nada.


RUTINAS ESTIVALES

Seguramente ya han hecho las maletas y han decidido un nuevo destino, pero durante unos días las hemos tenido entre nosotros como unas turistas más. Es probable que hayan visitado los monumentos romanos o incluso la Catedral. Siendo como son de Croacia, nada de eso debe sorprenderlas. Y hasta habrán ido a la playa y habrán saboreado el tacto finísimo y caliente de la arena, tan escasa en sus costas. La policía las detuvo ayer mientras trabajaban y las acusó de robar en 26 pisos del centro de la ciudad. Por la tarde el juez las había dejado en libertad y hoy deben estar en otro lugar. Es una más de las rutinas estivales.

Como lo son también las colas y atascos en la N-340 entre Torredembarra y Tarragona, a pesar de la exigua circunvalación inaugurada hace poco. Y digo exigua porque sólo evita pasar por el interior de Torredembarra y Altafulla, pero siendo de un solo carril ya pueden comprender que no aligera en nada el tráfico. Y desde La Mora a Tarragona, ni eso: la vieja N-340 jalonada de zonas residenciales y paso obligado de muchos ciudadanos es un embudo.

Las playas tienen bandera azul y están razonablemente limpias. Pero la escasez crónica de aparcamientos es desesperante, también gracias a la eficacia de la Policía Municipal, y los accesos a algunas de ellas, especialmente a la Llarga, la mayor del municipio, continúan siendo simplemente tercermundistas, de aspecto desolador. Aquí las colas para volver a casa (forzosamente a través de la inefable N-340) son sencillamente épicas: cola para salir, cola para cruzar y cambiar de sentido, cola para volver.)

Tampoco han faltado algunas obras inoportunas, como en Cala Romana, ni la dejadez perpetua del paseo entre la playa del Miracle y el Port Esportiu que nos obliga a hacer surf sobre las baldosas, ni la proliferación de terrazas de bares y restaurantes en las calles, cada vez con mayor agresividad depredadora: en algunos puntos como Méndez Núñez o la Plaça de la Font, el paseo se convierte en una especie de slalom gigante entre mesas y sillas que cercan los bancos públicos y asaltan al peatón con una promiscuidad forzada.

Afortunadamente el buen tiempo, las vacaciones, la horchata y los helados, las fiestas mayores y los espectáculos al aire libre también han vuelto como cada verano. Y el aire acondicionado.


QUAN LA PEDRA ES TORNA FANG A LES MANS

Quan la pedra es torna fang a les mans no és només el títol del primer llibre de Margarida Aritzeta, que va guanyar el Premi Víctor Català de 1980. El temps ha demostrat que era gairebé una definició d'ella mateixa, de la seva capacitat d'entusiasme, de la tenacitat amb què assumeix tots els projectes, de la incansable dedicació a la nostra literatura i de la seva imparable activitat creativa. Margarida Aritzeta és un impuls creador capaç de circular amb seguretat pels treballs d'investigació, per la narrativa breu i la novel·la. I per la vida. El seu talent, la curiositat intel·lectual i l'empenta vital és el riquíssim equipatge que l'escriptora aplega per transitar amb encert per la novel·la, la narrativa infantil i juvenil, i per la novel·la de gènere. A hores d'ara, la seva bibliografia és tan extensa i variada que, per força, ocupa un lloc destacat entre els escriptors del Camp de Tarragona i, com és lògic, en el panorama literari català. Des dels estudis i/o edicions del Baró de Maldà, Manuel de Montoliu, Tisner, Narcís Oller, Mercè Rodoreda o Llorenç Villalonga, novel·les juvenils com Emboscades al gran Nord (1985), La volta al món de Gilbert, el lloro (1987), El castell de Tascó (1988), Un rock d'estiu (1992), L'aiguamoll dels cocodrils (1999) o El castell del cor menjat (2003), a novel·les com Un febrer a la pell (1982), Vermell de cadmi (1984), El correu de Trípoli (1990), El cau del llop (1992), Atlàntida (1995), L'home inventat (1996), L'herència de Cuba (1997) o El verí (2002) i les aportacions als treballs col·lectius d'Ofèlia Dracs. I la llista no és exhaustiva. Comproveu-ho vosaltres mateixos en la seva pàgina web (www.urv.es/Departaments/fcatalana/margarida/web.htm).

Ara ha publicat Perfils de Nora (Ed. Proa), una novel·la llarga i densa que sense gaires dubtes constitueix una obra de maduresa literària: en l'ambició del projecte, en l'abast del seu contingut, en la solidesa del llenguatge, dels recursos tècnics i de la v eu narrativa.

Perfils de Nora és la biografia imaginària de la pintora Nora Font (Nora Dorrego); un recorregut alhora vital i històric que arrenca a la Barcelona dels anys vint i travessa el segle XX, des de Catalunya, França, Alemanya, els Estats Units i especialment l'Argentina, impulsat pel coratge i l'ambició d'una dona que aconsegueix vèncer dificultats de tota mena fins a esdevenir una figura reconeguda en la història de l'art del segle. En una entrevista recent en aquest diari, Margarida Aritzeta deia que la seva Nora «és un personatge singular, extraordinari, que a la manera de Faust vol arribar més enllà del que la vida reserva a les persones (...). Amb el personatge plantejo quin és el preu que una persona és capaç de pagar per aconseguir allò que vol». És cert, però la Nora no busca la immortalitat, no almenys a la manera de Faust. La Nora vol ser lliure, vol estimar i busca la felicitat a través de l'art, entès com a vehicle de comunicació amb el món que superi la brutalitat que la humanitat també és capaç de protagonitzar, encara que per aconseguir-ho hagi de pagar un alt preu. I el paga. Que potser no és aquest desig el de més abast possible? Perfils de Nora és un gran fresc inquiet i intel·ligent, ple de vida i de dolor, de petites històries i de grans ambicions, de reflexions, de matisos.

«En realitat hi trobareu, més enllà del mite (amb clares ressonàncies villalonguianes), la meva poètica del fantàstic, una mostra de com l'escriptura sorgeix de la vida quotidiana en la mateixa mesura que teixeix amb l'escriptura dels altres (...), la meva voluntat d'arrossegar el mite cap a la terra i cap a la vida. Perquè estic convençuda que l'art és una de les poques possibilitats que encara tenim els éssers humans de salvar-nos. Malgrat els dubtes. Malgrat l'horror.» Ho diu Margarida Aritzeta a Perfils de Nora.


ESCRITORES DEL CAMP DE TARRAGONA

Los escritores en lengua catalana de esta zona se han agrupado bajo el auspicio del departamento de Filología Catalana de la URV y el área de Cultura del Ayuntamiento de la ciudad para mancomunar esfuerzos. Así, bajo el nombre genérico de Escriptors del Camp de Tarragona conviven poetas, novelistas, dramaturgos y traductores; lo hacen libremente, movidos por su dedicación a la literatura y la voluntad de promocionarla en nuestras comarcas. Nada más lógico, ni más necesario. Porque de todos los productos culturales, posiblemente sea la literatura el que goza de menor apoyo mediático y muy especialmente televisivo.

El Camp de Tarragona no es ninguna excepción y los autores que escriben desde aquí encuentran la dificultad de vivir fuera de Barcelona, además de las que de por sí ya tiene la literatura y más aún la literatura catalana. Desde el primer encuentro, hace dos años, el colectivo, además de las reuniones para tratar aspectos relacionados con su actividad, ha protagonizado una serie de sesiones monográficas dedicadas a un autor que han tenido un gran éxito de público y un merecido eco en los medios de comunicación. Josep Anton Baixeras, Xavier Amorós, Olga Xirinacs, Montserrat Abelló y Joaquim Mallafré han sido hasta ahora los protagonistas de estas sesiones, que cuentan también con el apoyo de la redacción y publicación de un opúsculo y la elaboración de una página web.

Y porque, como pueden imaginar, comparto plenamente sus inquietudes y creo firmemente que la obra de los Escriptors del Camp de Tarragona debe ser más y mejor conocida, y sabiendo que en vacaciones todos tenemos más tiempo, quiero animarles a que lo aprovechen también leyendo. Les propongo que conozcan las últimas propuestas de cuatro narradores, que se dejen tentar por sus historias: Jordi Cervera y su Ànima de benzina, Maria Lluïsa Amorós con Un glop de calvados, El faroner, Déu i l'intrús, de Àngel O. Brunet, y Margarida Aritzeta con Perfils de Nora.


UNA PREGUNTA INOCENTE

Perdonen mi ignorancia, pero ¿podría alguien explicarme por qué razón les cuesta tanto a los políticos dejar el cargo y a los partidos pasar la escoba en su casa? Es que en pocos días se han acumulado las noticias. Por ejemplo: dos diputados socialistas de Madrid abandonan el partido inmediatamente después de las elecciones y aguantan impertérritos aferrados al escaño y los responsables de hacer las listas se hacen el loco con ayuda del partido, que parece no haber aprendido nada después de Roldán y otros caraduras; con menos escándalo, un recién electo concejal de CiU en Tàrrega hace lo propio y se pasa también al grupo mixto; el PP rescata para el Gobierno balear a un condenado en los tribunales por delitos derivados de su acción política; CiU premia con la alcaldía de Tivissa a un mosso condenado por irregularidades en la anterior campaña electoral; una lista demasiado larga para esta columna de políticos de casi todos los partidos que acumulan cargos y sueldos en parlamentos, ayuntamientos, diputaciones y consejos comarcales, amén de consejos de administración de empresas públicas.

Y en Tarragona el alcalde se saca de la chistera un nuevo cargo (y sueldo) de asesor para colocar a un ex concejal a quien las urnas han dado calabazas. En una encuesta de urgencia entre ciudadanos elegidos al azar surgen varias hipótesis: A) volver al trabajo anterior, es decir, al de usted que me está leyendo, es terrible; B) hay tanta porquería que esconder en los partidos que es preferible no mover nada para evitar que alguien tire de la manta; C) solidaridad inter pares: hoy por ti, mañana por mí; D) la política da acceso a chollos impensables en la vida ordinaria; E) la tasa de ahorro de los políticos está muy por encima de la media nacional de los votantes; F) los partidos exigen una fidelidad tan reñida con la coherencia y el sentido común que de alguna manera hay que premiarla; G) son seres con un sólido sentido del servicio a la sociedad y los partidos no pueden prescindir de ciudadanos de tan elevado espíritu cívico. Ustedes mismos.


IGUALDAD DE DERECHOS

Hoy se celebra en el IES Campclar la presentación de la comunidad virtual Xesca, la Xarxa d'Escoles Solars de Catalunya, que contará con la presencia del alcalde, del director general de Centres Docents y del de Energia. La casualidad ha querido que este acto que distingue al IES Campclar, el único de Tarragona con una central fotovoltaica, coincida con las muestras de inquietud expresadas por su consejo escolar ante los planes del Departament d'Ensenyament de suprimir un grupo de bachillerato del citado centro y el escaso presupuesto previsto para la puesta en marcha de un ciclo formativo de grado medio.

En un comunicado hecho público, el consejo escolar del IES Campclar lamenta que el esfuerzo de la comunidad educativa del instituto a lo largo de más de veinte años, su iniciativa para dotarse de instalaciones como laboratorio de idiomas, cuando nadie lo tenía, o la central solar ahora, o su voluntad de ofrecer estudios hasta ahora inexistentes en los barrios de Ponent no hallen en la delegación del departament en Tarragona más que dificultades.

Padres, profesores y alumnos muestran su deseo de que el Departament d'Ensenyament dé su apoyo al trabajo de sus profesionales en lugar de convertirse en un obstáculo. Asimismo, reivindican una financiación adecuada y manifiestan su voluntad de mantener el grupo de bachillerato que pretenden suprimirles con un argumento inapelable. Dicen: “Si amb l'argument de respectar la voluntat de pares i mares, el Departament d'Ensenyament crea noves línies en alguna escola privada, no hi ha cap justificació perquè s'ignori la voluntat de qui confia l'ensenyança dels seus fills a l'IES Campclar i se'ns vulgui suprimir un grup de batxillerat que tenim des de fa anys i s'obligui a aquells que volen ser els nostres alumnes a anar a un altre centre. Els ciutadans dels barris de Ponent tenen el mateix dret a l'elecció de centre que els qui han decidit dur els seus fills a una escola privada de la ciutat. No més, no menys”. Está claro, ¿no?


LA CIUDAD DUERME

Tarragona no es una ciudad de 120.000 cadáveres, aunque de ordinario parezca muerta a partir de las diez de la noche ni porque soporte en un silencio ciudadano inerte agresiones constantes de la industria, ni siquiera porque una buena parte siga votando a aquellos que las permiten con su pasividad cuando no con su complicidad. No, no es una ciudad muerta. Pero sestea envuelta en una niebla dorada de autocomplacencia bien anclada en la convicción de que aquí se vive muy bien, mecida por la luz y la calma, y acunada por las canciones adormecedoras de los gobernantes que nos arrullan con sus cantos: todo va bien, la ciudad está creciendo, la riqueza se extiende.

En esta ciudad encantada uno teme preguntar y despertar la ira de los satisfechos. ¿Sabe qué le cuesta a usted esta ciudad? Y si ya lo sabe, ¿cree que se ha administrado bien ese, su, nuestro, dinero? En la ciudad adormilada es posible que la multitud se enfurezca en silencio por la subida de algunos céntimos de la gasolina, pero no sienta el menor interés por los millones de más que puede haber costado una obra pública; puede que se irrite por el mal estado de una acera y en cambio soporte con cansina paciencia el abandono crónico de las infraestructuras. Incluso es muy probable que se inquiete con los malos olores permanentes, al mismo tiempo que renuncia a exigir responsabilidades a las industrias y a los gobernantes.

En esta ciudad encantada, asuntos capitales como las guarderías y las residencias para la gente mayor apenas existen para los presupuestos públicos, las bolsas de marginación y pobreza son negadas contra toda evidencia, los contratos basura de los jóvenes son norma, la política de vivienda condena a largos créditos a quienes quieren y necesitan independizarse, y hasta hay indicios de que se prepara una gran operación urbanística especulativa en primera línea de mar. Y mientras tanto, la ciudad duerme en una inconsciencia plácida.