¿CUÁNTO NOS CUESTA EL NÀSTIC?

El domingo pasado, después de culminarse el paso fugaz del Nàstic por la segunda división, unos centenares de jóvenes saltaron al campo y se situaron ante la presidencia para mostrar su júbilo. Se les veía contentos y entusiastas cantando que ser del Nàstic es "el millor que hi ha". Muy cerca, también encarando a la presidencia, un político de CIU gritaba desaforado las mismas consignas mientras su padre, un histórico del mismo partido, se lo miraba en silencio y el resto de los aficionados salía lentamente del campo. Desde luego, eso es mucho mejor que el espectáculo que algunos energúmenos nos dieron el día del Polideportivo Egido. Pero es igual de falso: ni entonces éramos todos unos salvajes, ni el domingo estábamos tan contentos.

Que el descenso no se haya vivido como una tragedia es una noticia excelente, pero eso no significa que ya no haya nada más que hablar, ni se confunda el entusiasmo juvenil con el estado de ánimo general de los aficionados. Ahora no tiene ciertamente ningún sentido buscar culpas y enconarse en acusaciones ácidas del todo inútiles. Pero tampoco vale cerrar los ojos. Los errores han existido y habrá que aprender de ellos. La responsabilidad última es obviamente de la Junta Directiva y de su presidente, aunque ya la han asumido en parte haciéndose cargo del club la próxima temporada.

En cambio, persisten las nubes en el papel del Ayuntamiento, cuyo alcalde, de manera populista, se ha aprovechado políticamente del club hasta ahora. Que Nadal prometiera hacer lo que fuera para volver a la segunda, es preocupante. ¿Qué quiere decir exactamente? ¿Cuánto dinero de todos los ciudadanos nos ha costado ya el Nàstic esta temporada y cuánto está dispuesto a poner para la próxima? ¿Debe ser el Ayuntamiento el principal colaborador económico? ¿Piensa el alcalde que debe ser la ciudad quien pague la presumible deuda del club? La Directiva deberá rendir cuentas ante los socios muy pronto. El alcalde debería rendirlas también ante los ciudadanos.


TARRAGONA ES CATALUÑA

El domingo pasado los ciudadanos que acudieron al campo del Nàstic mostraron su descontento con el arbitraje y con las sanciones que han sido impuestas al club. Hasta ahí, todo normal. Lo que ya no lo parece es que la grada cante de manera generalizada un insulto contra TV3 i se cuelguen pancartas recordando a la madre de este medio de comunación que presume, a lo que se ve inmerecidamente, de ser la "nuestra", o sea también la de los ciudadanos que la rechazan de forma tan explícita como contundente. El divorcio es claro. Y las razones también: los aficionados del Nàstic estan convencios de que la televisión pública catalana ha ninguneado al Nàstic a lo largo de toda la temporada, aún siendo el único equipo catalán de la segunda división; creen que el área deportiva de TV3 piensa que todo nace i muere en el Barça.

En realidad, aunque hiperbólica y grosera, es la expresión de un sentimiento mucho más generalizado y perfectamente detectable a poco que se quiera, y que expresaba de manera maravillosamente simple una de las pancartas del Nou Estadi: "Tarragona és Catalunya". Una manera de denunciar y rechazar el provincianismo de los grandes medios de comunicación de Barcelona, que parecen estar convencidos de que hacia el sur no hay vida inteligente más allá de Sitges. A lo sumo hay un territorio apto para accidentes nucleares, episodios de contaminación, oposición al Plan Hidrológico Nacional, folclore y algun crimen espeluznante que decore sus informativos centralistas.

Este es un país pequeño, pero bastante más grande del que aparece en los medios de comunicación, que lo achican indeseablemente y no sólo en el aspecto deportivo. La inercia empequeñecedora, provinciana en su barcelonitis que ignora lo que no conoce, culebrea por las secciones de deportes, política, cultura o sociedad y se encarna en un pequeño cartel de nombres y rostros, clubs y entidades. Lo demás no existe.


SIN MEMORIA NO HAY FUTURO

Los museos y las exposiciones son siempre recomendables porque siempre hay algo que conocer y porque nuestra curiosidad es ilimitada. Pero también porque muchas veces tienen la virtud de ponernos de bruces ante nuestra propia realidad, lo que somos y lo que hemos sido. Y si museos los hay de casi todos los tipos, yo echo en falta el de la explotación laboral. Ése que recogiera la evolución de las condiciones de trabajo y de vida a que han sido sometidos los trabajadores por sus patronos a lo largo de la historia. Material hay de sobra. Sería uno más de los museos que albergan la infamia humana.

A falta de él, podemos, sin embargo, ir haciendo aproximaciones. Por ejemplo, si hoy no piensa usted acudir a la alguno de los actos sindicales convocados y no desea manifestarse por la Rambla, podría desplazarse a Terrassa y visitar el Museu Nacional de la Tècnica i la Ciència, instalado en lo que fue el Vapor Aymerich, Amat i Jover, uno de los edificios fabriles modernistas más bellos, obra del arquitecto Lluís Muncunill, construido en 1909. Sólo por contemplar la gran nave de 10000 metros cuadrados o la chimenea de 43 metros de altura ya vale la pena. Pero ya que está aquí, no se conforme con eso y visite la exposición permanente que reconstruye el ambiente de una fábrica textil de la época. Y abra bien los ojos para contemplar el trabajo infantil y un mundo en que no existía más descanso semanal que medio día, ni vacaciones, y donde la enfermedad solía significar siempre hambre. Y luego alíviese pensando cómo han cambiado las cosas. Es cierto. Aunque lo es gracias al esfuerzo, a la lucha, de muchas personas. Desgraciadamente, cada conquista ha habido que pagarla con dolor y sacrificio. No deberíamos olvidarlo. Por ello, afiliarse a los sindicatos y hacerlos fuertes, y exigirles que avancen unidos, es simplemente una necesidad si aspiramos a no retroceder y a que los signos de la explotación sean enterrados definitivamente en los museos. También aquí, en Tarragona.


REFLEXIONES SOBRE UN PROCESO

Joan Miquel Nadal está contento y no es para menos. Mi enhorabuena, para él y para la ciudad, que, con el archivo del caso, cierran un triste capítulo de la història más reciente, y un severo reproche a un sistema judicial que permite procesos tan disparatada e injustamente largos.

Pero cerrado el caso es hora de reflexionar. Hace tres años y desde este mismo lugar, pedí al alcalde que dimitiera. No me hizo caso y no creo que entendiera mis razones; al contrario, sé que lo tomó como un ataque personal. Se equivocaba. Y puede que sea esa confusión, no saber deslindar su persona en tanto ciudadano, de su tarea politica y su alta representación de la ciudad, el origen de buena parte de sus errores. Pues bien, aunque la permanencia fue una decisión perfectamente legítima avalada por la irrenunciable presunción de inocencia, yo sigo pensando que, en un acto de mayor sensibilidad democrática, debió haber dimitido. Es obvio que casos como éste no tienen una buena solución y nos obligan a escoger entre la mala y la peor. Si el político dimite y resulta finalmente inocente, se le causa un perjuicio grave, pero si continúa y es culpable, el perjucio grave es para el país y sus instituciones y todos los terceros que hayan podido ser perjudicados por sus actos.

¿Qué hacer? Yo creo que deben imponerse los intereses colectivos. Del mismo modo que se imponen cuando se expropian hogares para construir infrastructuras, o cuando se separa cautelarmente de su labor diaria a un médico o a un profesor sobre quienes pesan acusaciones graves relacionadas con su profesión. Pero también creo que el mal que se causa debe ser el menor y debe poder ser resarcido.

Casos así, seguirá habiéndolos. Pero es preciso que se introduzcan las reformas necesarias para que se acelere todo el proceso y para que las dimisiones o ceses puedan tener un carácter provisional, si así se quiere, y existan mecanismos de protección y hasta económicos para minimizar los inevitables daños profesionales y personales.


UNA IMAGEN LAMENTABLE DE LA CIUDAD

No sé si el sector turístico estará satisfecho con el resultado de la campaña de semana santa en nuestra ciudad, aunque a ojo de paseante no parece que haya sido nada extraordinario. A pesar de que se haya notado un aumento de visitantes desde la declaración de Tarragona Patrimonio de la Humanidad, no parece que la ciudad acabe de despegar en lo turístico. Algunas razones habrá. Y si se me permite ayudar, yo diría que a lo mejor, una de ellas es la desidia de nuestro Ayuntamiento por su propia imagen y la de la ciudad en Internet. Vean, sino.

El Patronat Municipal de Turisme de Tarragona mantiene una página que supuestamente debe servir a cuantos quieran conocernos. Es algo habitual que uno pueda planificar su viaje a través de este tipo de páginas, que pueda conocer lo más interesante, pueda trazar itinerarios de visita, conocer la gastronomía del lugar y hasta reservar habitación. Son páginas útiles y generalmente fáciles de localizar. La de Tarragona, no. Esta es un desastre. Para empezar, es difícil de encontrar con una dirección como ésta: www.fut.es/~turisme. Pero eso no es lo peor. Porque nuestro aparador turístico es una muestra de diseño descuidado, elemental y anticuado, con pobres contenidos, errores e incoherencias inaceptables. Algunos ejemplos: a pesar de que se ofrece el acceso, además de en catalán, en español, inglés, francés i alemán, los textos en la mayoría de los casos no se ofrecen en estos idiomas; la información sobre alojamientos es de 1999, algunos enlaces como el de cómo llegar en ferrocarril no funcionan, el apartado dedicado a los monumentos tiene explicaciones telegráficas y ni siquiera se dice dónde están y las rutas que se recomiendan carecen de itinerario detallado y explicado y abandonan al visitante frente a un mapa mudo. Entre otras perlas.

En fin, que el concejal responsable, Emili Mateu, haría bien en dejar que los profesionales de Tarragona Ràdio hagan su trabajo, que lo hacen bien, y él procurara hacerlo igual de bien en el área de Turismo, que gestiona.


EL VÍA CRUCIS DE TARRAGONA

Llegan tiempos de penitencia. El via crucis rememora el camino que condujo a Jesús desde la casa de Pilatos hasta el Calvario. Los tarraconenses, sin embargo, tenemos un via crucis más doméstico y mucho menos trascendente, cuyas estaciones podrían ser éstas.

Primera: El alcalde Joan Miquel Nadal y el teniente de alcalde Angel Fernández, bajo la mirada de los jueces por presunto mal gobierno.

Segunda: El patrimonio, abandonado: se pierden las pinturas de la Casa del Mar por negligencia y el teatro o el Pont del Diable esperan actuaciones que no llegan.

Tercera: La fiscalía pierde el rumbo con actuaciones erráticas contra la URV.

Cuarta: El Nàstic se fosiliza en la zona de descenso.

Quinta:. A una gran plataforma de cemento para hacer un aparcamiento en la playa del Miracle la llaman paseo marítimo.

Sexta: La vía del tren sigue donde siempre. No hay quien la entierre.

Séptima: El billete simple del autobús bate el récord mundial de subida de un servicio público.

Octava: Repsol-Ypf defiende su merecida fama de prepotencia, opacidad y desprecio a los ciudadanos y a las normas con un nuevo episodio de amago de información de sus accidentes.

Novena: El Estado mantiene la N-240 en un estado lamentable de obras que no avanzan.

Décima: El paso a nivel de la Plaza dels Carros continua allí ridiculizando las promesas de los políticos

Undécima: Aún no sabemos lo que ha costado el Palau de Congressos. En cambio, convertir la Savinosa en un parque no ha costado nada, porque no se ha hecho.

Duodécima: La ciudad sigue muy sucia.

Decimotercera: Prosigue la política de aparcamientos subterráneos, cuya beneficiaria suele ser la misma empresa. Los ciudadanos pierden aparcamientos gratuitos en la calle y se impulsa el acceso de los coches hasta el corazón de la rambla

Decimocuarta: El franquismo sociológico levanta cabeza y el concejal del PP Emili Mateu muestra su espíritu de censor en la ràdio


LOS NUEVOS GLADIADORES

Del "cara a cara" protagonizado por Joan Miquel Nadal y Xavier Sabaté ante las cámaras de Més TV la pasada semana, los ciudadanos sólo parecen recordar el bonobús que exhibió el jefe de la oposición y los recortes de prensa que mostró el alcalde. Poco y pobre balance, la verdad, para un debate político, se supone, de primer nivel. Aunque tampoco es ninguna sorpresa porque al menos aquí, la política se ha convertido en un diálogo de sordos permanentemente en campaña electoral. Una deriva que a un observador desapasionado sólo puede decepcionarle.

Parece razonable que los grupos políticos preparen a fondo los debates y, en consecuencia, hagan acopio de información sobre los temas que piensan abordar. Y es lógico que, llegado el momento, se usen recortes y dossiers para apoyar opiniones y defender opciones. Pero lo que resulta ridículo, aunque perfectamente comprensible dado el cariz que ha tomado la política, es que asesores y compañeros dediquen su tiempo a escarbar en las hemerotecas con la intención de desenterrar declaraciones de los rivales para echárselas en cara a la primera ocasión. Así que llegado el momento , cada cual abre su carpetita repleta de palabras fotocopiadas y las lanza como quien lanza un obús. Y al observador desapasionado le da la impresión que le escatiman las razones, le regatean argumentos, le esconden informaciones y sólo le dan espectáculo; que lo de menos es contrastar pareceres y exponer ideas, y lo de más vencer al adversario en un ejercicio que tiene mucho más de combate que de debate.

Mientras ellos vayan de gladiadores armados de fotocopias no hay nada que hacer y el espectáculo es sólo para fieles. Porque, con lo que hablan todos los días, lo imposible es no tener fotocopias o cintas donde todos se contradigan, se repitan, se inventen y hasta se olviden. Y si esto va a seguir así sugiero que sustituyan el plató por el anfiteatro y llamemos a las cosas por su nombre.


EL OLIMPO DE LOS SUPERHÉROES

La señora Maria Lluïsa Expósito, hasta ahora concejal de Urbanismo de Tarragona, será diputada. No me extraña que esté contenta. Para quienes han convertido la política en una profesión, lo lógico es aspirar a un papel cada vez más destacado: en responsabilidad, reconocimiento y retribución. Y el Congreso de los Diputados es todo eso.

Por otro lado, con el ascenso, pasa a formar parte del reducido y selecto grupo de superhéroes al que ya pertenecen Joan Miquel Nadal, Francesc Ricomà, Xavier Sabaté y Dolors Comas, que hasta ahora parecía reservado a los cabezas de lista. Así que Expósito se convierte en el paradigma de la ascensión: desde una pequeña asociación de vecinos hasta el epicentro de la España centralista que va bien.

Enhorabuena, pues, aunque eso de los superhéroes esté cada vez más devaluado. Porque antes iban con un vestido ajustado con el que remarcar su singularidad prodigiosa al servicio del bien y el malvado estaba siempre bien definido. ¡Qué tiempos! Los de ahora, en cambio y salvo excepciones, visten un único uniforme perfectamente adocenado, se comportan prácticamente igual en su apariencia pública y su único poder es el de unos votos que gracias a abstenciones masivas y a leyes electorales en que dos más dos pueden ser tres les permiten hablar en nombre de todos, aunque a veces, aun gobernando, no tienen detrás más que un pequeño porcentaje de ciudadanos con derecho a voto. Y su extraordinaria capacidad de trabajo, claro.

Los demás debemos vencer la tentación de pensar que no es posible ser diputado y concejal, o alcalde, y hacerlo bien. O que si es así, alguno de los cargos sobra o podría hacerlo cualquiera: total, para ir a votar... O aún peor: ¡qué poca gente capaz hay en los partidos o cuánta desconfianza, que unos pocos tienen que acumular los cargos. ¡Pensamientos vulgares y mezquinos! Desde el Olimpo de los superhéroes ellos se ríen a carcajadas.


SUBVENCIONA, QUE ALGO QUEDA

Por fin las dos federaciones de asociaciones de vecinos de la ciudad y el Ayuntamiento han llegado a un acuerdo para regular el proceso de adjudicación de subvenciones que si no entusiasma, satisface a todos. Y es que en este tema un acuerdo, incluso aunque fuera mediocre, es muchísimo mejor que la nada. Un acuerdo público que fije principios, normas y procedimientos con suficiente concreción es sin duda el mejor antídoto contra la tentación permanente del poder de utilizar el dinero público para favorecer a los más próximos ideológicamente y maniatar a los discrepantes y, en definitiva, utilizar la discrecionalidad para hacer puro clientelismo político.

Pero no basta con eso, porque los recursos son limitados y las necesidades muchas. Un buen acuerdo, además de los principios lógicos, como equidad, igualdad o publicidad, debería acabar con las subvenciones generalizadas, ceñirlas a las peticiones argumentadas y condicionarlas al cumplimiento de las actividades para las que se solicitaron y a su justificación económica documental, lo cual no es un simple requisito administrativo sino una exigencia moral. Y en fin, debería ser capaz de fijar los criterios que permitan jerarquizar prioridades. Porque de lo que se trata es que se ayude a quien realmente lo necesita y para acciones de interés general.

Y eso nos lleva al verdadero eje del asunto: la extensión cada vez mayor de la mal llamada cultura de la subvención, en que colectivos de todo tipo exigen dinero a las administraciones públicas, a veces con razón y muchas sin ella, y que en muchos casos supone un abandono de las propias responsabilidades que puede ser inaceptable y puede suponer una degradación colectiva de valores de graves consecuencias a la larga.

No sé ustedes, (ya sé que las generalizaciones son siempre injustas) pero yo tengo la sensación de que se tira mucho dinero público en subvenciones


OJO CON LA POLÍTICA BASURA

Porque la hay, de la misma manera que hay comida o correo basura. Y sospecho que por las mismas razones: porque importa poco la calidad del producto o la calidad de vida de los ciudadanos, reducidos a meros consumidores anónimos, y lo que interesa es sólo obtener beneficio. Así que nos inundan los buzones de publicidad y de correo no deseado o nos colapsan el correo electrónico con mensajes que no queremos, y si no nos someten a una dieta de grasas y comida rápida es porque no pueden. Y si de la publicidad nos empezamos a proteger con cartelitos educados en las escaleras y evitamos los establecimientos de mala comida, del correo convencional o electrònico no deseado no nos protege nadie. De la política basura, tampoco.

Política basura es la que nos engaña, la que nos promete cosas que sabe que no va a cumplir, la que se hace para obtener algún tipo de beneficio incluso dentro de la legalidad, la que justifica sus acciones sea como sea y jamás asume responsabilidades, la que malbarata el esfuerzo colectivo con una gestión ineficaz, la que nos quita la voz y sólo nos quiere como electores pasivos y mansos o la que esconde su pobreza de ideas y de acciones bajo un manto de palabras que todos respetamos. La lista es larga y aún podría serlo más.

Pero como es lógico, también hay comida excelente, correo deseado, publicidad útil y buena política. Nos toca a nosotros discernir. Por eso ahora les propongo que decidan qué tipo de política es presentar como un nuevo proyecto de futuro actuaciones que hace años que venimos demandando inútilmente, como soterrar las vías del tren o construir un tercer puente sobre el Francolí; presumir de diálogo en la revisión del plan general porque se habla con asociaciones de vecinos, cuando no se hace con la oposición que es quien representa a buena parte de los ciudadanos; o se dice que se apuesta por la capitalidad cultural pero las inversiones escasean y el patrimonio bosteza en su descuido.


AÑO NUEVO, ACTITUDES VIEJAS

Hay desde luego situaciones más esperpénticas, como que Berlusconi se haya autonombrado ministro de exteriores. Pero aunque sea en un entorno más doméstico, nuestros gobernantes se esfuerzan con tesón. Ha sido revelador ver al delegado de la Generalitat para las Terres de l'Ebre y presidente del Consorci d'Aigües de Tarragona, Francesc Sancho, diciéndonos por televisión que todo ha funcionado a la perfección, después de habernos endosado a chorro agua con mercurio. Créanme, sospechaba que su reacción sería exactamente ésa. Sobre todo después de haber comprobado que sus mayores daban la culpa a los ciudadanos del caos que se originó con la nevada y que el Honorable Jordi Pujol ignorara en su mensaje navideño que en Cataluña se va la luz en cuanto un pájaro se posa en una línea de alta tensión, los presos se fugan diciendo que van a comprar tabaco o los cerdos enferman con facilidad, los tontos.

Bueno, puede que tengan razón, que los responsables seamos los ciudadanos, los presos y los cerdos. Y el mercurio, que malévolo él ha querido emponzoñar las aguas que tan meticulosamente y admirablemente controla el Sr. Sancho. Y por eso, porque es sabido que ellos no son nunca responsables de nada, nuestro alcalde, el excelentísimo Joan Miquel Nadal, que es un profesional y ha aprendido el oficio en largos años de dedicación, ha reclamado que se esclarezcan los hechos, obviando, desde luego, que el consorcio que ha presidido dejó que el agua contaminada llegara a los municipios. Y es que si los ciudadanos tuvíeramos más esprítu cívico, tendríamos un laboratorio en casa para emergencias y estas cosas no nos pasarían.

Sancho y Nadal hacen bien, porque si Jimézez Gusi fue destituido como secretario de Ejecución Penal por la fuga de presos pero fue nombrado director del Centro de Estudios Jurídicos del mismo departamento, que para eso era uno de los suyos, en el peor de los casos su futuro no corre peligro.