|
Aprovechando que el año que se acaba ha sido el del aniversario del cuarto de siglo de la Constitución, permítanme esta mirada superficial sobre un aspecto. Aunque el balance real de estos veinticinco años no será posible sino hasta dentro de algunos años, tengo la percepción absolutamente indemostrable que algo de lo peor que nos podía haber pasado como pueblo es justamente lo que ha sucedido. El grupo que ha gobernado ininterrumpidamente la Generalitat se ha presentado aquí i fuera de aquí como el grupo nacionalista catalán, pero no ha sido capaz aún de definir su horizonte político nacional y se ha mantenido en una nebulosa de conceptos abstractos cuyo alcance a medio o largo plazo nunca ha precisado. Eso, en una situación histórica excepcional de construcción del estado democrático, ha pesado como una losa sobre nuestras posibles aspiraciones y nos ha condenado de facto a ser una más de las autonomías que beben el mismo café aguado. Ahora, pasados esos años, el nacionalismo español bien representado por el PP ha recuperado fuelle y gobierna sin concesiones y quién sabe si con el horizonte de restringir los márgenes autonómicos. Y aún así, el autodenominado grupo nacionalista catalán convive felizmente con él. Verán, como en política no hay casualidades, los apoyos mutuos indican acuerdos que benefician a los dos. Así debe ser, pues. Por eso no nos extraña que el país se conforme con partidos de selección catalana de fiesta mayor (igual que los que juegan las selecciones de Valencia, Andalucía o Asturias, por ejemplo) o que a pesar de que el Ayuntamiento de Tarragona sea su principal valedor económico y en su Junta Directiva haya miembros destacados del grupo nacionalista, los nuevos carnets del Nàstic ya no estén escritos en catalán salvo algún pequeño detalle que se les debe haber escapado y que hace el carnet aún más pintoresco y descuidado. Aunque seguro que hay alguna razón para ello y si nos la cuentan descubriremos que es lo mejor para todos. Pues eso.
De las 33 zonas verdes que CiU prometió en las pasadas elecciones sólo 4 han sido ejecutadas y eso que ha transcurrido más de media legislatura. Ellos aseguran que tienen tiempo y habrá que darles crédito aunque sólo sea porque somos unos incorregibles inocentes. Porque acostumbrados como estamos a que determinadas actuaciones aparezcan en los presupuestos sin que se ejecuten jamás o que muchas de las promesas electorales duerman el eterno sueño de los justos deberíamos ser un poco más desconfiados. Sobre todo porque es un hecho bastante generalizado y no es monopolio de ningún grupo político. Ante hechos así los ciudadanos estamos totalmente indefensos, puesto que nuestros sistemas democráticos no nos proporcionan ningún instrumento eficaz para protegernos de incumplimientos, olvidos o cambios. O engaños. Sorprende que los sistemas democráticos europeos no hayan encontrado la manera de preservar el derecho de los ciudadanos a administrar la soberanía más allá de las elecciones periódicas. En eso estamos aún en el siglo pasado e ignoramos todos los cambios políticos y tecnológicos que se han producido. Es paradógico que cualquier ciudadano pueda administrar su patrimonio y gestionar sus inversiones prácticamente al minuto y en cambio tenga la soberanía secuestrada durante cuatro años. Imagínense ustedes por un momento que cada cierto tiempo de la legislatura pudieran cambiar su voto cómodamente a través de Internet i de terminales instaladas en las juntas electorales de manera que su decisión pudiera tener repercusiones inmediatas, aunque fueran limitadas. Como en la bolsa: tal partido sube tanto y gana tantos diputados, tal otro pierde tantos. Estoy seguro que los grupos políticos andarían mucho más finos. Se trata de profundizar en la democracia y creer que efectivamente la soberanía reside en los ciudadanos. Se trata de buscar mecanismos para que pueda ejercerla mejor.
Tarragona fue pionera en la introducción de Internet. Tinet (Tarragona Internet) fue una de las primeras redes ciudadanas públicas que permitió el acceso generalizado de los vecinos, primero de Tarragona y después de toda la provincia. Y es de justicia recordar que entre las administraciones públicas que le dieron apoyo estaba desde el principio el Ayuntamiento, que fue de los primeros en contar con una página web. Si cualquiera de los internautas tarraconenses accede a esa página (www.tinet.org/~ajtargna) encontrará una gran cantidad de información útil y actualizada relativa a la ciudad y a sus actividades e incluso un acceso a la página de trámites administrativos (accesible también directamente en www.tgna.org). Se trata de un espacio repleto de información relativa a los más diversos asuntos de la gestión del Ayuntamiento, que nos permitirá conocer mejor su composición y estructuración y aspectos básicos de las formalidades y reglamentos que rigen su relación con los ciudadanos. Consultar ordenanzas municipales, acceder a modelos de instancias, informarse de cómo solicitar una licencia de obras, conocer el calendario de contribuciones o saber cómo tramitar una denuncia son algunas de las utilidades de esta web. Y sin embargo le falta lo esencial. Le falta dar ese salto imprescindible que hace que Internet no sea únicamente un escaparate o una base de datos por muy completa y útil que sea. Le falta ofrecer la posibilidad de realizar realmente gestiones administrativas de nuestro interés: pagar tasas, multas o impuestos; o presentar solicitudes y denuncias, por ejemplo. Por otro lado, si el Ayuntamiento defiende que el nombre "Tarragona" no puede ser utilizado por nadie salvo él, carece de sentido que el grupo de CiU, aprovechando un vacío legal, se haya apropiado del dominio www.tarragona.org, que mantiene inactivo. ¿No es hora ya de que lo ceda al Ayuntamiento?
Parece que existe acuerdo entre el Ayuntamiento y Telefónica Móviles para trasladar la antena que está funcionando en la Móra desde hace cuatro años y por cuyo desmantelamiento llevan batallando algunos vecinos desde hace dos. Es un caso curioso porque esa antena siempre ha sido ilegal. Fue instalada sin licencia municipal, le fue denegada la legalización a posteriori y tiene pendiente de ejecución una orden de retirada avalada por una sentencia judicial. Pero no ha habido manera: las maniobras dilatorias de la empresa y la sorprendente actitud del Ayuntamiento mantienen la antena en funcionamiento. Desde luego la actitud de Telefónica Móviles es censurable, pero lo que no tiene explicación fácil es la de nuestro gobierno municipal, que da la impresión que entorpece la ejecución de una orden de retirada que él mismo ha dictado. Y lo hace con dos argumentos que socavan nuestro sistema democrático: las necesidades de cobertura de la zona y el apoyo de la Asociación de Vecinos. Vayamos por partes: es un sinsentido que desde el Ayuntamiento se sostenga que la necesidad de un servicio justifica el incumplimiento de la ley y, en el fondo, se defienda que las decisiones no se ajusten a derecho sino a la discrecionalidad de las autoridades. Eso es lo que pasa en los regímenes autoritarios. Y por otro lado es una perversión del Estado de Derecho alegar con clara voluntad de descalificación que sólo son dos o tres los que se quejan. Porque con uno basta. En este asunto no hay mayorías que valgan. ¿Desde cuando los derechos de los ciudadanos dependen de la opinión de los demás? ¿Desde cuando el cumplimiento de la ley ha de depender de la voluntad de un grupo por mayoritario que sea? Nuestros derechos están claramente amparados por la legislación, así que sólo hay que ser respetuoso en su cumplimiento. Y las autoridades deben velar por ello. No es tan difícil de entender.
Al grupo municipal de CiU se le atraganta la democracia. Serán cosas de la política o serán cosas del carácter, pero su falta de respeto por quienes discrepan y su prepotencia insultante se han hecho crónicas. El último episodio del compulsivo efecto rebote que padece tiene su origen en el aumento del precio del billete del autobús. Des de hace días se mueven por la ciudad con la calculadora en mano intentando convencernos de que por fin dos más dos son cinco (o lo que es lo mismo, serán seis o tres según convenga.) Y que puede que no lo parezca, pero el precio casi baja. O sea que aunque el billete senzillo cueste 166 pesetas, en realidad sale por menos de 20, si uno quiere. Sí, ya sé que no es fácil entenderlo, pero menos fácil es creer en la Santísima Trinidad. Es lógico, pues, que quienes creen en misterios incomprensibles se atrevan con cosas muchísimo más simples. En cualquier caso, la culpa siempre será de usted. ¿Por qué quiere un billete? ¡Compre un bono en las condiciones que fija la empresa y no se queje más! Es como si por una camisa le piden cincuenta mil pesetas pero si compra diez se las dejan por seis mil y si se lleva veinte casi se las regalan. ¡Una baratura! Por lo visto lo de menos es que usted necesite sólo una camisa. Bueno, pues hay ciudadanos que quieren que se pueda comprar una camisa a un precio razonable. Mira si es fácil. Pues no lo han entendido y en su lugar, los han insultado con un folleto en que se les acusa de estar manipulados y de haberse convertido en marionetas en manos de los partidos de oposición. O sea, que los ciudadanos que dan apoyo al gobierno municipal son normales, pero los que se oponen son una especie de seres débiles mentales y sin criterio. En fin, a la vista de todo esto y de los resultados de su último congreso, ¿no será que ya sólo les gustan las unanimidades, tradicionalmente tan poco democráticas?
La discusión anual de los presupuestos y las finanzas municipales vuelve a brindarnos la ocasión de tomar el pulso a nuestro sistema político. Porque más allá de compartir o no los criterios y los métodos de elaboración o de aprobar o censurar su aplicación, evidencian un modelo de relación anquilosado, lejano y superficial entre los políticos y los ciudadanos, que somos cada vez menos exigentes y manifestamos un interés menor por los asuntos públicos y una tendencia a la fidelidad electoral casi suicida. Por ejemplo, la Empresa Municipal de Transports (EMT) acabará el año con unos 800 millones de pérdidas, unos 145 más de los previstos, que pagaremos todos a través de los presupuestos. Yo ignoro si esos millones de déficit responden en parte a una mala gestión como ha dicho el PSC, pero si es así deberían aportar datos que lo demuestren y proponer modelos de gestión alternativos para evitar que la política se acabe de convertir en un espectáculo que nos quiere sólo de espectadores. El transporte público es un servicio básico que hay que potenciar y debe ser asumido a sabiendas que no se autofinanciará, pero el déficit tiene que ser estrictamente justificado y no puede servir de excusa para un aumento del 33% en el precio del billete, desproporcionado y abusivo. No podemos conformarnos con las palabras de unos u otros. Pero aun siendo importante, la discusión de fondo no debería ser esa, el precio del billete o el déficit, sino otra que se nos ha escamoteado y a la cual los ciudadanos parece que hemos renunciado: la venta de las empresas municipales rentables. Porque mientras la EMT, la de Mitjans de Comunicació, Habitatge o Desenvolupament Econòmic pierden dinero, Ematsa o Serfumt lo ganan para sus accionistas cuando deberían estar ganándolo sólo para el Ayuntamiento, como hacían antes. La próxima será Espimsa, que tiene previsto vender un 5% de su accionariado. También gana dinero.
Si es usted un usuario habitual o ha tenido necesidad de circular durante estas últimas semanas por la carretera de Lleida, permítame que le acompañe en la paciencia. En las horas punta las colas han sido kilométricas. Aunque nos asista el consuelo de que las obras que tantas molestias nos causan nos las evitarán más adelante, en este caso es algo dudoso. Tras las actuaciones que se están llevando a cabo, la carretera mejorará en su tramo final, sin duda, pero seguirá siendo una N-240 con problemas de anorexia y no pasará de ser una carretera arregladita y con una tremenda envidia a algunas de sus hermanas que por las tierras de España se pavonean con su vestido de autovía. Y es que en cuestión de infrastructuras, seguimos sin avanzar. ¿Qué le habremos hecho nosotros nadie para que nos traten tan mal? Porque mal es que se sea cicatero en las inversiones del Aeropuerto de Reus, se quiera regatear la llegada de vías férreas en condiciones al Puerto de Tarragona o se mantengan la N-240 y la N-340 en las estrecheces que todos conocemos y sufrimos. En fin, que sólo nos llegan parches: un tramo de tres carriles por aquí, una circunvalación de dos por allá. Y de vez en cuando, sí, una tramo de autovía. Corto, eso también, muy corto. Y si el grado de desarrollo del país fuera ése, no habría nada que decir. Pero basta darse una vuelta para comprobar que no, que las carreteras nacionales se empiezan a convertir en autovías en cuanto se sale de Cataluña. Claro que por allá no hay ninguna concesionaria de autopistas que haya que enriquecer con el monopolio de las vías de varios carriles constantemente prorrogado por las autoridades. Y siendo de buen conformar como somos, aún nos resignaríamos si las carretera estuvieran bien. Pero ni ese consuelo tenemos, el estado de abandono y de suciedad es generalizado. ¿Controlarà alguien el mantenimiento, al menos?
La consciencia de estar a las puertas de una guerra es un hecho. Ya en el siglo XXI seguimos en la barbarie. La que acaba de vivir Nueva York es sin duda mediáticamente más viva que cualquier otra, pero no más abyecta por atentar exclusivamente contra población civil indefensa que las ocurridas los últimos años en Europa, Africa u Oriente Medio. En cualquier caso, ésta, además de horror, no puede sino suscitar muchos interrogantes. Sorprende que desde las miserables montañas de Afganistán pueda coordinarse un ataque que requiere una larga, compleja y meticulosa organización de alto nivel tecnológico y logístico. Sorprende la rapidez con que los servicios de inteligencia americanos han identificado al presunto culpable e incluso a algunos de los autores materiales, en contraste con su incapacidad para detectarlo o para minimizarlo en su ejecución. Sorprende la facilidad con que el mundo observa tal dialéctica de guerra como ineludible y acepta el punto de vista americano sin más pruebas por ahora que sus propias sospechas o convicciones previas. Y sorprende, aunque sea comprensible, que una acción bárbara contra USA sirva en realidad para exacerbar el nacionalismo americano, criminalizar a los musulmanes y cambiar el mapa geopolítico mundial en beneficio de América, frustrando la idea de una Europa independiente a las puertas del Euro y convirtiéndola en un apéndice de Estados Unidos; asimismo para neutralizar a los países árabes y musulmanes en general, silenciar a Rusia y China, potenciar el militarismo y el armamentismo, y relanzar el juego sucio y las peticiones de "manos libres" de los servicios de inteligencia. Demasiadas sorpresas y demasiados interrogantes que quizás tardemos mucho en poder responder. Desde este pequeño rincón no podemos más que pedir prudencia para que las consecuencias no causen más daño ni más injusticia que el ataque a las torres gemelas.
Puesto que esta columna no tiene que ser políticamente correcta, empezaré diciendo que no lamento que Raúl Navarro haya abandonado la Subdelegación del Gobierno en Tarragona. Parecía demasiado postfranquista, con tendencias autoritarias y actitudes de Gobernador Civil de los viejos tiempos. Aunque hubiera sido mejor que el cese se hubiera producido por eso antes que por un supuesto escándalo relacionado con el sexo y el abuso de poder. Pero qué le vamos a hacer, parece que al PP le preocupa menos que se apalee a los ciudadanos que se manifiestan pacíficamente que otras cosas que quizás nos querrá explicar. Porque sorprende el escaso apoyo que ha recibido desde el Gobierno y desde su propio partido. ¿Tan poco crédito tiene entre los suyos que unas simples diligencias judiciales previas justifican su lapidación pública? ¿O saben algo que los demás ignoramos? Por lo demás, su reacción no ha podido ser más torpe al intentar capear el temporal, que no hace más que arreciar, justificando su dimisión en supuestas causas de salud que nadie ha podio creer y ha dado motivo a los graciosos para crear chistes que prefiero no reproducir. Sus silencios y sus declaraciones no mejoran en absoluto su imagen. De las acusaciones que se le han hecho se defenderá él tan bien como pueda y, una vez apartado del cargo, no hay nada más que decir hasta que no lo hagan los jueces. Pero resulta socialmente inaceptable que los juzgados se hayan convertido en un patio de vecinos y asuntos bajo secreto sean filtrados a la prensa con irresponsabilidad e impunidad como viene siendo habitual. ¿Cómo vamos a confiar en quienes incumplen sus más básicas obligaciones? ¿No tienen nada que decir cuantos tienen responsabilidades en ello? A los jueces, ¿no les avergüenza verse incapaces de salvaguardar los derechos de los ciudadanos y garantizar los secretos de los que son depositarios
La falta de credibilidad de algunas de nuestras autoridades sería alarmante de no ser porque todos sabemos que no debemos fiarnos de lo que dicen. Es un sistema difícil de entender para un anglosajón, pero por estos pagos mediterráneos es perfectamente normal. Quiero decir que cuando hablan ya sabemos que dirán lo que "deben" decir, aunque no sea exactamente la verdad. Y que, por supuesto, jamás aceptarán que la oposición tenga razón o que los ciudadanos se quejen justificadamente de su acción de gobierno, salvo en asuntos menores. Así que no hay sorpresa si todos nos damos cuenta del aumento de actividades delictivas diversas menos el Delegado del Gobierno, Raúl Navarro. Él está ahí precisamente para decir lo que dice. No tiene la menor importancia que coincidan gentes tan diversas como el presidente de la Cámara de La Propiedad Urbana, ciudadanos de la Part Alta o vecinos de la Vall de la Arrabasada. Todos están equivocados y ahí están las estadísticas para demostrarlo. Y en último extremo la culpa será de los jueces, por ejemplo. Así que el Delegado duerme tranquilo. Sobre todo después de haber descubierto gracias a su ministro, que la mejor respuesta, además de esgrimir una estadística, culpar a jueces i acusarnos a todos de alarmistas, es aconsejarnos que nos paguemos la vigilancia. ¿Quieres seguridad? ¡Pues págatela! Pero no nos engañamos: sabe que hay una gran cantidad de delitos como tirones, pequeños atracos callejeros, intimidaciones y agresiones a adolescentes, que jamás estarán en las estadísticas porque no se denuncian ya que todo el mundo sabe que no sirve para nada; y sabe que se cometen a la luz del día, cerca de las grandes superficies, en los lugares de ocio, incluso en la playa Arrabassada, antaño playa familiar y ahora a menudo invadida por pequeños grupos de jóvenes violentos que actúan según su capricho. Aunque lo que mejor sabe es lo que tiene que decir si quiere seguir en el cargo.
Desde luego no puede negarse que la más urbana de nuestras playas ha tenido mala suerte con las decisiones ministeriales: primero fue una regeneración a base de piedra molida que la ha condenado a ser el patito feo con su arena polvorienta y de tacto áspero; y luego la plataforma de hormigón apta para aterrizajes de prueba de la escuela del aire de Reus, donde debería haber un paseo marítimo. Por eso hacen bien los vecinos de la playa Llarga de organizarse visto lo que ha ocurrido en el Miracle. Y hablando de playas, ¿para cuándo el regreso de los chiringuitos y restaurantes populares donde comer después del baño? Por cierto, ahora que pienso, no recuerdo que cuando las autoridades decidieron arrasar los del Miracle y la Arrabassada hubiera ciudadanos preocupados por la restauración playera; ni siquiera ahora que algunos han adquirido conciencia de la importancia gastronómica de la zona litoral parecen interesados en cubiertos por debajo de las cuatro mil. Y ya son demasiados años sin ellos. Y hablando de dinero, soberbio el sentido del humor del alcalde proponiendo que para que algunos puedan continuar comiendo en un marco incomparable la ciudad dé alguna limosna generosa a gentes de buen corazón para ayuda de necesitados sin concretar. Los programadores de la pròxima temporada del Metropol deberían tenerlo en cuenta. Humor fino, el suyo, conceptual e irónico. El éxito es seguro. Y hablando de éxito, hoy el Nàstic subirá a segunda. Felicidades a todos los que han protagonizado este fin de temporada espléndido, jugadores, equipo técnico, directivos i afición fiel. Incluso aunque en el colmo de la mala suerte pasara lo improbable, felicidades. Hoy el campo estará lleno cuando lo habitual ha sido que estuviera vacío. Por eso es ahora el momento de pedir a todos esos aficionados un mayor compromiso con el club. La fiebre nastiquera debería dar paso a un sólido estado de salud.
|