AGRESIÓN A LA PLAYA DEL MIRACLE

No creo que debamos esperarnos más para decir en voz alta lo que muchos llevan diciendo en voz baja desde hace meses. Por mi parte, hace más de medio año que lo dije desde aquí mismo. Y el tiempo, eso que siempre piden los diletantes y los prudentes, no ha hecho más que confirmar aquella primera impresión: la obra perpetrada en la playa del Miracle es un mamotreto, un escarnio a las finanzas públicas y un insulto al buen gusto y al sentido de la proporción. Que a alguien se le pueda ocurrir obra tan megalómana como inútil es comprensible; en cambio, que una administración pública esté dispuesta a enterrar miles de millones en construir una inmensa pista de cemento junto al mar es absurdo, a no ser que la única justificación esté en la misma actividad económica que genera. Y que el Ayuntamiento de la ciudad haya dado su visto bueno al proyecto es completamente inaceptable. ¿Es así como se respeta nuestro entorno?

En mi opinión se trata de un caso de despilfarro absolutamente censurable. Y la obra, una muestra de falta de sentido común. Es agresiva, injustificada y escandalosamente cara. Su impacto sobre el entorno es simplemente demoledor y nada lo arreglará. Comparto el sentimiento de rabia y de impotencia de muchos ciudadanos ante tamaño despropósito. Y lamento que en esta ciudad un número importante de entidades sea capaz de movilizarse poco o mucho por otras causas, pero se muestre totalmente insensible ante esta agresión al territorio y al dinero público.

Dicen que vendrá el mismísimo ministro a inaugurar la faraónica construcción. Y siendo así, no faltará la flor y nata de los políticos y autoridades de la ciudad y de la provincia. Por eso, quizás ese día sería una buena ocasión para manifestarles a todos ellos nuestro más sincero agradecimiento y admiración y solicitar humildemente que ahora nos suban de nivel el mar para poder chapotear alegremente con los pies sentados en la plataforma.


LA IMAGEN NEGRA DE REPSOL

Ahora que el movimiento ciudadano anda soliviantado por defender un negocio privado, elabora manifiestos de dudoso respeto a los derechos de los ciudadanos y se empecina en burlar la ley, que es lo único que le protege de los abusos de la administración, y lo hace, oh paradoja de las paradojas, acompañado en la fiesta callejera por la Agrupació de Juristes Tarragonins, que digo yo que deberían andar más finos en estas cosas, será buen momento para pedirles que no se relajen y cuando acaben con eso nos dejen continuar viendo sus cuerpos serranos defendiendo mejores causas. Por ejemplo, la del derecho de los ciudadanos a ser bien informados y a tiempo de los accidentes que se producen en las industrias de nuestro entorno.

Ya saben ustedes que hablo de la torpe, deshonesta y ridícula actitud de Repsol al querer esconder el verdadero alcance del accidente que sufrió. Francamente, decepciona que con tantos especialistas, equipos técnicos, cursos de formación y poder económico lleguen a resultados tan decepcionantes al alcance de cualquier empresario chapucero.

Lo más ilustrativo del caso es que el episodio llega después de que la dirección de Repsol hiciera protestas encendidas de implicación con la ciudad y de que nos abrumara con una exposición de autobombo en la carpa de la Plaza Verdaguer. Pues si pretendían mejorar su imagen, el fracaso ha sido rotundo. Quizá porque equivocan el concepto y creen que la imagen se gana a base de gastarse inútilmente millones con maquetitas para moverlas de una lado a otro o que para implicarse con la ciudad basta con ir regalando camisetas.

Bueno, pues al menos yo prefiero que cumplan puntualmente con sus obligaciones legales y que en lugar de tirar el dinero en campanyas de imagen vacías que no aprovechan a nadie, lo inviertan en la ciudad en cantidades acordes con su cuenta de resultados: becas, restauraciones, nuevos proyectos. El etcétera puede ser tan largo como ellos quieran.


A LAS ARMAS, CIUDADANOS

Por fin he visto que la ciudad es capaz de movilizarse por grandes ideales. El asociacionismo ciudadano clama para salvar al Fortí de la Reina. Yo creía que a lo que debíamos aspirar era a hacer compatible el espíritu de la sentencia con los intereses económicos del municipio; procurar que nos costara lo menos posible restablecer el principio de legalidad e igualdad que la sentencia venía a proclamar contra la actuación ilegal y prepotente del Ayuntamiento, que violó a sabiendas la legalidad que debía proteger. Pero debo ser yo el equivocado, que tengo un escaso sentido épico.

Se objetará que resulta desoladoramente provinciano que el movimiento asociativo, incapaz de entenderse hasta ahora para casi nada, se movilice para salvar un negocio privado, que además incumplió la licencia de obras en lo que quiso. Pero por lo visto éste es el asunto más importante que ha ocurrido jamás y gracias a ello vamos entrar en la historia de los Fuenteovejuna; ya sólo nos falta un Lope de Vega que inmortalice nuestra epopeya contra la injusticia (o un Valle Inclán que nos ponga el espejo delante para que veamos lo grotesca que es la imagen.) Y se dirá quizás que todo tiene un lamentable aroma de populismo fascistoide cuando en el comunicado de los sublevados se apela a un supuesto sentido de la justicia popular opuesto al legal, o cuando se ataca a la demandante en el caso porque no representa a nadie, obviando (o negando) que en un estado democrático los ciudadanos tenemos derechos individuales y los ejercemos libremente sin tener que pedir permisos a asociaciones de ningún tipo.

En fin, yo, puesto que parece que la única alternativa entre la ruina y la dignificación es un restaurante, pido permiso al Ayuntamiento para poner uno en las Voltes del Pallol, espacio arqueológico que está abandonado y hecho una birria. Ya sé que será ilegal, pero eso tanto da. Abriré, les serviré como se merecen y de aquí once años todos ustedes se alzarán por mí.


LAS CUENTAS DEL GRAN CAPITÁN

Buenas noticias para los ciudadanos de Tarragona y muy especialmente para los pequeños industriales después del último pleno municipal. Quedó claro que el Palau de Congressos, que acumula un retraso ridículo en términos arqueológicos, que es como hay que medir el tiempo en una ciudad romana, ha tenido un sobrecoste de 1200 millones, que pese a lo que parece es una minucia que con un poco de destreza contable se queda en un porcentaje tan minúsculo que casi da vergüenza para una obra que es la más importante de los últimos 150 años, según dijo Angel Fernández, el Gran Capitán del Palau. También es cierto que el equipo de gobierno ha cometido irregularidades conscientemente, pero ha sido para bien. O sea que aunque parezca que lo han hecho muy mal, lo han hecho estupendamente. Y la oposición, en lugar de ir con el dedo en ristre par vaciarle el ojo al teniente de alcalde, debería ir a los plenos a tomar apuntes. ¡Cuánto por aprender! Física, contabilidad y hasta historia.

Insisto, los ciudadanos deberíamos estar encantados. A partir de ahora, cualquiera de nosotros debe estar legitimado para incumplir normas y reglamentos municipales a sabiendas, si es para bien.Y lo mejor es que seremos nosotros mismos quienes decidiremos si es para bien. No se preocupe porque si tiene usted un buen motivo, ellos lo comprenderán. Por otro lado carpinteros, albañiles, fontaneros o pintores han encontrado por fin al cliente ideal. Ya lo saben, los miembros del equipo de gobierno de CiU-PP entenderán que usted entre en su casa, eternice las obras, acabe su trabajo cuando pueda y presente una factura multiplicada, y no se quejarán si se lo explica al estilo Fernández.

En fin, lástima que se quedara corto y sólo contemplara los últimos 150 años de historia. De ser más osado, hubiera podido retroceder dos mil años más y ahora podría rivalizar nada menos que con las murallas


LA MUJER DE ROJO Y EL FILIBUSTERO

Dicen que se ha puesto el parche de filibustero y pasea su pata de palo por la cubierta del Patronat Municipal de Turisme de Tarragona para abordar la nave consistorial y saquear sus arcas con el fin de sostener grandes y colectivas empresas, y guerrea en heroico combate contra la poderosa Mujer de Rojo. Esta es la versión romántica del desencuentro entre Emili Mateu i María Mercè Martorell.

El primero pide más dinero para su área y llora porque la Tarraco Imperial apenas atrae estudiantes de secundaria y jubilados del país. La segunda, que debe pensar que una cosa es un bucanero con patente de corso y otra un pirata que vaya por su cuenta, ha decidido pasar al filibustero por la quilla y dejar claro que toda la madera que haya que cortar la corta ella, que los datos son otros y que nunca antes había habido más turistas en la ciudad de Tarragona.

Aunque yo prefiero la versión romántica, por pura inclinación literaria, las olas nos han traído otra a las desoladas por la mano del hombre arenas del Miracle. Esta tiene el aroma de la intriga política refinada que tantas cabezas ha ayudado a separar de ilustres cuerpos, y quiere ver en el desplante de Mateu el deseo de orzar a todo trapo por los mares a costa de los presupuestos municipales, porque el costeo le sabe a poco.

Ya ven, se nos cae el héroe al mar, incluso teniendo razón en lo del cabotaje. Pero lo de menos es eso y lo demás que dos miembros del gobierno municipal, los dos del Partido Polpular, se tiren a sable a través de los medios de comunicación sin ningún decoro. Y sobre todo que lo hagan a cuenta del patrimonio y la promoción de la ciudad que ellos mismos gestionan. Porque mientras ellos riñen inútilmente ante las cámaras, nuestros visitantes se quejan de lo de siempre: monumentos sin señalizar, información escasa o espacios incomprensiblemente cerrados, y se van enseguida. Otros muchos ni siquiera vienen.


BIBLIOTEA DIGITAL PARA EL FUTURO

Polvo, ruido, calles cortadas, circulación difícil... són las consecuencias que vamos sufriendo los ciudadanos de Tarragona a cambio de unos beneficios futuros, cuyo potencial la mayoría aún desconoce. El proceso, sin embargo, es imparable. El cable u otras tecnologías van a ponernos al alcance un mundo de posibilidades comunicativas extraordinarias. Desde casa, con la velocidad necesaria, a un coste razonable y con un manejo fácil, tendremos acceso a servicios de telefonía, transmisión de datos, televisión a la carta y un largo etcétera de aplicaciones interactivas. No crean que estamos hablando de un futuro hipotético o lejano. Estamos hablando casi de presente. Por eso es tan necesario como importante tener presencia en la red, estar preparado para ofrecer aquella información que nadie más que nosotros va a poner a disposición de todo el mundo.

Nuestra ciudad ha sido pionera en el impulso de las nuevas tecnologías al servicio de la ciudadanía y cuenta con una de las primera redes ciudadanas de internet que existieron. Gracias a Tinet (Tarragona Internet), los tarraconenses y todos los habitantes de la provincia pudimos tener un acceso generalizado y barato a la red mucho antes que la mayoría. Y continuamos teniéndolo de manera gratuita.

Ahora, el incansable Manel Sanromà, creador de Tinet y director de l’Organisme Autònom per a la Societat de la Informació (OASI) impulsa una nueva iniciativa oportuna i necesaria: la Biblioteca Digital Tarraconense (BDT), con la que se pretende crear un fondo digital de documentos (textuales y audiovisuales) de interés para nuestras comarcas, al estilo de los que ya existen en el mundo, con el objetivo de preservar y difundir el patrimonio literario y documental. Un proyecto tan ambicioso requerirá esfuerzo y tiempo, sin duda, además de la colaboración de muchos, pero su nacimiento es ya ahora una noticia excelente. Démosle, pues el impulso que se merece.


EL MILITANTE 14714

Sólo se levantaron una vez los congresistas de ERC para aplaudir al militante 14.714 en su discurso como candidato a la secretaría general del partido y fue para dedicar una ovación cerrada a su falta de complejos. Josep Lluís Carod Rovira ironizó sobre quienes ven en su acción política maniobras destinadas a satisfacer sus secretos anhelos de ser conseller de la Generalitat. Les falta ambición y sólo imaginan objetivos mediocres, vino a decir. Lo que quiere ser es presidente. Entusiasmo y risas comprensibles.

Es de agradecer tanta sinceridad y tanta ambición política. Tiene también otra virtud: la claridad con que expone sus convicciones, aunque eso le sitúe algún metro más allá de lo políticamente correcto. Es impagable el descaro con que se distancia de dirigentes políticos catalanes, repartidos por los partidos. La "pijería barcelonesa", dice. Sí, la de las buenas familias de la parte alta de Barcelona, la que estudia en las mismas escuelas privadas, acaba sus estudios en EE. UU., tiene casa en la Cerdanya, el Ripollès o l'Empordà, y cree que Cataluña se acaba en Sitges.

Sobresalió una de sus ideas y llenó de sentido común la sala: no hay ninguna Cataluña posible sin una mayoría que integre a ciudadanos de origen muy diverso. Y su apostilla: para poderles pedir lealtad nacional, el país tiene que ofrecer bienestar a sus ciudadanos.


SON LAS COSAS DEL QUERER

El amor es un sentimiento universal y muy bonito. Y el amor patrio, también. Por eso algunos políticos suelen vestirse de bandera con una facilidad pasmosa. Pero no hay que fiarse, porque, como de los amantes, no hay que creer todo lo que dicen, ya que a menudo mienten llevados por la pasión o por el cálculo. Son las cosas del querer, como cantaba Ángela Molina en la película.

No conozco ningún partido político gobernante o aspirante a gobernar que no nos quiera con desmesura. Debe ser verdad, claro. Aunque también debe ser cierto el refrán que advierte que quien bien te quiere te hará llorar y no debería extrañarnos si de tales amores no recogemos más que los plantes, los engaños o los sinsabores. Son las cosas del querer.

Por otro lado siempre ha habido amores por interés. No puede sorprender, que, a propósito del Plan Hidrológico Nacional, los dirigentes de CiU se muestren más dispuestos a complacer al PP que al país, a pesar de sus constantes juramentos de amor. ¿Qué quieren? Los partidos suelen ser amantes egoístas, esencialmente promiscuos y dispuestos a transitar por todas las camas. ¿Qué pensar sino del PP en Cataluña, que en lugar de votar según convicciones y razones abandona CiU y se lanza en brazos de la oposición por un ataque de celos? Son las cosas de querer.

En Tarragona CiU también nos quiere mucho, tanto que ha convertido el "tarragonisme" en una bandera excluyente de identidad. Nadie es tan tarraconense como ellos. También: nadie la expolia como ellos. Porque aunque hay otros que la expolian, estos no le han prometido amor eterno ni presumen de su pasión. CiU sí, por eso su traición es aún más dolorosa. Así que en internet secuestran el nombre de la ciudad i lo usan en vano en beneficio propio. Como la zorra aprovecha un pequeño agujero en la tela metálica del corral para robar las gallinas, el partido que nos ama aprovecha un vacío legal para saquearnos el nombre i convertir "www.tarragona.org" en una página partidista de carácter electoral que, aunque caducada, mantiene en la red. I digo yo que como nos quiere tanto y entendemos que eso son las cosas del querer, ¿por qué no regalar a la ciudad el dominio "www.tarragona.org" y dejarlo libre para que lo ocupe el Ayuntamiento? Por amor.


MORATORIA PARA PONIENTE

Un número considerable los de vecinos de Tarragona han vuelto a manifestar su deseo de que el Ayuntamiento no permita la instalación del molino de cemento en la ubicación en que está proyectado. A estas alturas no creo que haya nuevos argumentos. Des del punto de vista medioambiental todos los expertos consultados coinciden en señalar el bajo impacto que una instalación de ese tipo puede tener. Pero aún así, el rechazo vecinal es claro. Y creo que perfectamente comprensible y razonable.

Por un lado porque el hecho de que los estudios concluyan un impacto moderado no garantiza la ausencia de molestias ciertas. Lo que para un estudio es una incidencia mínima, en función de unos parámetros determinados, puede convertirse en un suplicio cuando hay que soportarla diariamente. Lo único que garantizaría que no hubiera molestias sería un impacto cero. Y no es el caso ni por la actividad del molino ni por los efectos molestos del intenso tráfico de camiones que comportará, que se añaden a las que ya sufren en la actualidad los vecinos de esa zona. Y es ese impacto global lo que los estudios no reflejan.

Por otro lado porque también está en cuestión el modelo de crecimiento de la ciudad, o la ausencia de modelo. Dejando de lado que una decisión como ésta no debería tomarse a espaldas de los vecinos y de los grupos de la oposición, resulta inaceptable que se tome sin pensar en el futuro. Nuestra ciudad ya ha sido demasiado castigada por políticos de vuelo corto cuyas consecuencias seguimos pagando: en la ubicación del polígono petroquímico, en la desestructuración de los barrios o en la barrera de la circunvalación por el cementerio, por ejemplo. Por eso tenemos la obligación de decirles a los que nos gobiernan ahora que piensen a cincuenta años vista y no en mañana mismo o en ayer.

Antes de autorizar el molino, el Ayuntamiento debería preguntarse qué piensa hacer con el polígono entrevías y qué con la carretera de Valencia cuando por fin se acabe la variante hasta Vila-seca. En los próximos cincuenta años, ¿queremos que todo ello sea suelo industrial o prevemos convertirlo en espacio urbano? La revisión del PGU es una oportunidad para hacerlo. Hasta entonces, las instalaciones que pueden hipotecar ese futuro deben suspenderse.


DEFENDER A LOS CIUDADANOS

Trece años son demasiados se mire como se mire. Así que no hay excusa posible. El Ayuntamiento de Tarragona no tiene Defensor de los Ciudadanos porque quienes han gobernado durante todo este tiempo, CiU, PSC i PP, no han querido que lo haya. Es fácil imaginar que no todos deben tener la misma responsabilidad, pero en cualquier caso son ellos quien deben explicarse. Y hasta la fecha no parece que tengan ningún interés en hacerlo. En su día, trece años atrás, aprobaron la creación de su figura y reglamentaron los requisitos exigibles para nombrarlo, pero ahí se quedó todo, como si fuera un ejercicio formal de democracia - ¿quién se atreve a negarse a ello si no es con un voto secreto? -, pero la convicción real de que el ciudadano pueda ser defendido de sus abusos parece escasa.

Desde luego que los censuro por ello, pero no crean que no los comprendo. A los políticos, aunque se enfaden tengo que decirlo, les gusta poco que les controlen más allá de las fronteras de su partido y aún les gusta menos que se les critique o incluso que se discrepe abiertamente de ellos. Salvando matices y excepciones, que las hay, debe ser cosa del oficio, porque importa relativamente poco si son de un partido o de otro y tanto da que sean concejales de un ayuntamiento que consellers de la Generalitat. Ahí tienen ustedes las palabras del conseller Pere Macias insultando a cuantos se oponen a su política en las Terres de l'Ebre llamándolos farsantes. ¿Nos defenderá el Síndic de Greuges de este tipo de declaraciones prepotentes indignas de un gobernante? ¿Tendrá él el valor de pedir disculpas después de comprobar que somos demasiados miles para ser todos farsantes?

En Tarragona, por el momento, la pregunta es ociosa puesto que aunque lo tenemos definido, no existe. Así que el gobierno municipal puede actuar con total impunidad, por ese lado, como viene haciendo. Aunque quizás deberían creer más en la democracia y en los derechos de los ciudadanos y nombrar por fin al Defensor. Y para que vean que quiero colaborar, y visto que cumplo los requisitos básicos y no incurro en ninguna de las incompatibilidades, me ofrezco para cubrirlo interinamente mientras encuentran al mejor de los posibles. Aunque eso sí, que no tarden trece años más.