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Si es verdad que cada pueblo tiene el gobierno que se merece, me gustaría que al menos una vez tuviéramos el que no nos merecemos. Porque el que tenemos no es una maravilla. CiU vive esclerotizada desde hace años y su sumisión al PSOE i al PP no ha servido de mucho: no ha conseguido mayores cotas de autogobierno ni una financiación mejor, escasos avances en el tema de la lengua (véase el patético ridículo del cine, el etiquetaje, la denuncia del PP contra el catalán ante Europa o la secesión lingüística del PP en la Comunidad Valenciana) y ni siquiera ha sido capaz de salvar los muebles en los aspectos más simbólicos como en el caso de los documentos catalanes depositados como botín de guerra en el archivo de Salamanca o las matrículas de los automóviles recién aprobada. Mientras, ajenos a nosotros, su gran problema es deshojar la margarita de la sucesión, ensimismados en un sainete protagonizado por Artur Mas, Duran i Lleida i el mismo Pujol. No parece, pues, que puedan dar más.

El último capítulo de la esclerosis lo ha protagonizado la consellera de enseñanza, Carme Laura Gil, otrora docente que ha perdido contacto con la realidad gracias a la servidumbre política, para quien el curso escolar ha comenzado mejor que nunca. Olvida decir que gracias a los docentes, que sí han hecho su trabajo, y prefiere obviar el caos de su departamento en la adjudicación de plazas de los profesores, los miles de barracones en que los estudiantes de Cataluña van a tener que estar, la supresión de ciclos formativos de FP o el retraso de las obras en muchos centros. Presenta como una gran novedad el refuerzo de las materias instrumentales (matemáticas, catalán, castellano, etc.) en lo que no es más que un reconocimiento de lo que la mayoría de institutos venían haciendo por propia iniciativa (contra las directrices de su departamento), y mientras el President Pujol promete planes para la formación acelerada de informáticos, el Departament d'Ensenyament ningunea la informática en los centros de secundaria y estrena el curso con un huelga de mínimos de los Coordinadores de Informática convocada por la Asssociació d'Ensenyants d'Informàtica de Catalunya (AEIC) por la falta de medios, apoyos y reconocimiento.

Menos mal que todo va bien.


LA CIUDAD QUE NO ES

La creencia popular de que hay dos mujeres por hombre es falsa. Lo siento por los aspirantes a seductor, pero en Tarragona sólo hay tres mil mujeres de más y dada su longevidad, la mayoría deben ser viudas mayores. Y eso a pesar de que según el último censo cuenta con 116.233 habitantes . Aunque no lo parece. Y es que es y no es.

Es porque las cifras deben ser ciertas y porque basta dar un paseo para comprobar la expansión de zonas como la de Juan XXIII, l'Arrabassada o la avenida de Roma. Y sin embargo Tarragona nunca da la impresión de ser una ciudad de más de cien mil habitantes a quienes nos visitan y ante quienes, en realidad, se muestra como una pequeña y tranquila capital provinciana.

Ya sabemos que las impresiones de los turistas siempre son inexactas y forzosamente parciales y hasta superficiales. Pero algo tienen de razón. Porque el viajero descubre de inmediato que el centro es escaso y se mide a pie, que no hay grandes avenidas ni amplias zonas peatonales, que no existe ni un solo parque arbolado merecedor de tal nombre y que las calles son estrechas en su gran mayoría. Incluso la Rambla presenta habitualment un aspecto vacío y cansino. Por no haber, dicen, no hay ni un El Corte Inglés en pleno centro, algo que, según parece, nos sitúa en una inequívoca dimensión, no importa lo que diga el censo.

Y es verdad. Tarragona tiene a penas cincuenta y cinco mil habitantes: esa es la ciudad real que ven quienes nos visitan. El resto, aún siendo de la ciudad, está fuera, vive fuera, en otros tejidos urbanos. La ciudad es un conglomerado de barrios que giran como satélites alrededor de un núcleo urbano que se expande con extraordinaria lentitud. Es un problema heredado, responsabilidad de políticos ineptos que no tuvieron ni visión de presente ni de futuro, y que son merecedores de un piadoso olvido. Pero hoy no hay excusa: la obsesión de nuestro ayuntamiento debe ser la planificación urbana, el diseño de la ciudad de mañana: con calles anchas, plazas amplias y parques mayores que una maceta, y no los raquíticos diseños como el de la Vall de l'Arrabassada, de calles estrechas y edificios enormes, como los que se han permitido al lado del campo de futbol, por ejemplo.


BLASFEMIA VATICANA

Jurar, maldecir, renegar o votar son algunos de los sinónimos que los diccionarios recogen para "blasfemar". En consecuencia, la blasfemia es un juramento, maldición, reniego o voto, además de taco, irreverencia y venablo. Esto para la lengua. Para la Iglesia, en cambio, la blasfemia es un pecado. No hace falta decir que, en justa correspondencia, la mayoría de los tacos que los ciudadanos han lanzado a lo largo de los siglos apuntan directamente a la línea de flotación del catolicismo. Vayan ustedes a saber por qué, pero por estos pagos siempre se ha preferido un "mecagüendiós" lleno de ecos que un inédito "mecagüenelprimohermanodemitía", por ejemplo.

Y eso lo saben en Roma, y aunque lo han combatido siempre, son perfectamente conscientes, ellos que saben latín, que "abusus non tollit usum", o sea que aunque se abuse, el uso es indiscutible i hasta necesario. Porque qué va a decir la gente cuando se pille un dedo en una puerta, descartados los ridículos eufemismos tipo córcholis o cáspita de las niñas bien de antaño. Desgraciadamente, la cultura popular otrora tan creativa, sufre la travesía del desierto de la estupidez televisiva y por no incorporar, no se incorporan ni palabrotas, así que en plena explosión de la tecnología digital seguimos blasfemando como cuando íbamos en carro. Paradojas de la historia.

Pero por suerte el Vaticano y el Patriarcado ruso han decidido echarnos una mano con las canonizaciones del último Zar i del Papa Pio IX. Aunque permítanme la duda, ¿los dos santos comparten el mismo cielo? ¿Soportará el antiecuménico ex Papa católico, ahora santo, la vecindad de un zar ruso ortodoxo sin mandarlo decapitar? En fin, dos nuevos santos del universo cristiano con un perfil adecuado para generar nuevas y más retorcidas blasfemias. Y es que Papas y Patriarcas están en todo y hasta se preocupan por actualizar nuestro repertorio de irreverencias. Ahí es nada el esfuerzo de Juan Pablo II poniéndonos a tiro un santo que se distinguió por su carácter intolerante, reaccionario, autoritario y antisemita. Aunque los más agradecidos serán aquellos como San Agapito o San Nepomuceno, tradicionalmente víctimas de los blasfemadores, que podrán descansar. San Pio IX, sea bienvenido al reino de la tierra.


PROYECTO NACIONAL

Centenares de parlamentarios populares reunidos en el monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla, proclamando su fe en el español y en la historia de España, con el propósito indisimulado de poner bozal a las autonomías, particularmente a la vasca y a la catalana, es un hecho que debe haber conmovido los huesos del caudillo y debe haber convocado los espectros de todos los héroes interesados en recuperar un lugar de privilegio en los libros de texto y en la retórica patriotera. También se habrán estremecido los huesos de todos aquellos que fueron víctimas de lo que tal retórica ha significado en el pasado.

Sin embargo, seria un error liquidar el tema con un sarcasmo fácil. Y no lo digo por la defensa de la lengua castellana, perfectamente legítima pero francamente innecesaria dada su evidente vitalidad, ni tampoco por la pretensión de imponer una visión uniformada de la historia, puesto que se trata de una tentación sentida por gobernantes de todo el mundo y de larga tradición en España; lo digo por lo que supone de rearme ideológico en la derecha española. Que la primera Interparlamentaria Popular se haya reunido con tal objetivo y en tal lugar es altamente revelador. El PP de José Mª Aznar ha conseguido dar cohesión a su partido y a un amplio sector de la sociedad española ofreciendo, en lo nacional, un modelo ideológico de país que si bien no tiene nada de nuevo, sí ofrece la particularidad de haber superado su vinculación al ultraderechismo y puede ser reivindicado sin complejos y hasta con orgullo por amplios e interclasistas sectores de la sociedad. La España "esencial", uniformista y uniformadora se reformula vestida de modernidad y el nacionalismo español se fortalece y se justifica a costa de la diversidad y el respeto a la diferencia. El sueño de una España plurinacional está más lejos tras la vuelta hegemónica de la España que en las autonomías no quiere ver más que descentralización administrativa.

Paradógicamente, el españolismo se fortalece mientras el catalanismo, supuestamente activo, se pierde en la indefinición. En el aspecto nacional CiU no ha sido capaz en veinte años de hacer en Cataluña lo que Aznar ha hecho en España en menos de una década. Quizás porque no tiene ningún proyecto nacional para Catalunya.


PARECE QUE TOSE UN POCO

El pasado fin de semana se celebró en Andorra la VII Trobada d'Escriptors al Pirineu que viene organizando el Departament de Filologia Catalana de la Universitat de Lleida, este año conjuntamente con Àgora Cultural, de Andorra. Durante dos días una docena de autores procedentes de diversos territorios de habla catalana han convivido y han podido conocer el territorio de la mano acogedora de los escritores andorranos. Eran Sebastià Alzamora, Jaume Cabré, Ada Castells, Jordi-Pere Cerdà, Pep Coll, Josep Dalleres, Josep M. Fonolleres, M. De la Pau Janer, Joan Peruga, Albert Salvadó, Jordi Tiñena, Alvar Valls y Vidal Vidal.

Como que los he visto reír, comer, pasearse en helicóptero y andar por la cima del Casamanya, a 2740 metros de altitud, puedo asegurarles que, al menos por lo que respecta a esta pequeña muestra, la literatura catalana goza de muy buena salud i de un humor excelente. Lo digo por si puede interesar a aquellos que periódicamente se interrogan al respecto. Pues nada, que no se preocupen y no permitan que se les agrie el humor con preguntas tan trascendentes. En su lugar, podrían dedicar el tiempo que van perdiendo en dolorosas reflexiones, ya ven: del todo inútiles, a leer más y a conocerla mejor.

En cambio, ya no estoy tan seguro de la salud del país (Cataluña, quiero decir, con permiso de los miembros de la Academia de la Historia). Porque la verdad es que me parece un poco hipocondriaca, al menos. No debe ser nada sano andar preocupado constantemente por la propia salud y aún menos ir comparándola con la de los demás. Y en eso, aquí tenemos especialistas de primera categoría, plumas señeras y mentes preclaras, cráneos privilegiados, vaya, que desde los más diversos ámbitos nos van recordando nuestro mal color, la palidez de nuestra literatura, el decaimiento y la postración creciente de la economía, el enflaqueciminto general imparable o el letargo y la somnolencia de la cultura. Aún más terribles porque enfrente tenemos, dicen, la esplendidez rebosante del Madrid de la España que va bien.

En fin, que como con la salud no se debe especular, lo mejor sería ponerse en manos del médico y no escuchar al vecino, no automedicarse y poner los recursos para que el enfermo siga el tratamiento. Lo demás es palabrería.


EL CUENTO DE LA LECHERA

Creo que voy a contratar a una agencia de publicidad para que me haga un anuncio en que diga a mis conciudadanos lo bueno que soy. Porque me han dicho que algunos no me tienen demasiada simpatía y no desaprovechan ocasión para ponerme de vuelta y media. Así que será una campaña moderna en que algunas personas que no me conocen pero cobrarán bien por hacerlo, les dirán lo envidiable que soy: simpático, generoso, listo y comprensivo. ¿También entusiasta y tenaz? Bueno, en realidad dependerá del precio, porque a lo peor, por un adjetivo de más saltamos de tarifa y se pone la cosa en un pico.

Ya lo imagino: páginas en los periódicos, cuñas radiofónicas y hasta algún anuncio televisivo, y de aquí pocos días me saludarán afablemente por la calle o puede que incluso me inviten a comer. Seguro, porque si la Generalitat espera convencer a los españoles de que los catalanes somos generosos y simpáticos porque lo dice Charo López, ¿por qué no voy yo a convencer a unos pocos vecinos malhumorados por el exceso de trabajo y los sinsabores del ejercicio del poder?

Y después, ya arropado por mi fama de tipo encantador, me dirigiré a las autoridades y me ofreceré a hablar catalán a cambio de una pequeña gratificación. Nada del otro mundo, no crean, que tampoco quiero pasarme. Lo justo, vaya, que justifique el esfuerzo de utilizar mi lengua. Puede que incluso lo tarife, porque no es lo mismo utilizar el catalán para hablar con mi hijo que para pedirle la hora a alguien por la calle, así a pelo, sin conocerlo de nada. En fin, lo que sea, por ayudar. Lo único que siento es tener que desmentir a Coronado, que ha tenido la suerte de que le dejen un caballo gratis. En cambio, yo quiero cobrar por hablar catalán, de gratis nada, yo como los jueces y funcionarios de la administración de justicia (a excepción de algunos de Tarragona que, desagradecidos ellos, no quieren cobrar por un estúpido sentido de la vergüenza que la Generalitat no tiene.)

Y con ese dinero que me ganaré tan ricamente intentaré poner algún negocio en que la gente se lo pase realmente bien y como seré tan simpático no sólo me lo autorizarán sino que las autoridades hasta me lo defenderán en caso de que la autorización resulte ser ilegal. Por el bien de todos, claro. ¡Pero que bestia es la política!


MÁS DE LOS MISMO Y UN SALVADOR

Como temía en la columna del pasado día 6, el último pleno municipal se convirtió en un nuevo espectáculo de partidismo mezquino. La moción socialista sobre los grandes temas pendientes de la ciudad de Tarragona, que debía haber sido aprobada por unanimidad sin decir ni una palabra, fue la excusa para un alarde de oratoria belicosa e inútil. Donde es imprescindible el consenso y el sentido común, se volvió a imponer la sinrazón de la bandosidad y el acoso pueril. ¿De verdad creen estos políticos que nos interesan sus discusiones estériles? ¿Podemos confiar que llegará el día en que oiremos argumentos e ideas, en lugar de tener que soportar descalificaciones y desplantes? ¿De veras puede alguien creer que los errores del pasado descalifican a alguien a perpetuidad o pueden justificar la esterilización de la vida política municipal, escamoteada de los plenos y perdida en trifulcas de patio de escuela?

Francamente, tenemos el derecho a esperar mucho más de los políticos. Tenemos el derecho a exigirles que unan esfuerzos para solventar los grandes temas. No hay excusa posible. Es exigible que se respete a todos los grupos y se hagan esfuerzos para aprovechar las energías y las ideas de todos, que no se rechacen aportaciones sólo porque provienen de la oposición y que los plenos sean un auténtico foro político de debate, porque ése es el lugar donde puede y debe oírse la voz de los ciudadanos.

Acabado el pleno, se prolongó el rifirrafe y el alcalde se despachó a gusto contra el portavoz socialista en los medios de comunicación. Creo haber leído que en una entrevista decía que el peor enemigo del alcalde es él mismo. He de darle la razón. Las últimas declaraciones de Nadal han sido simplemente lamentables. Decir que está considerando la posibilidad de volver a presentarse para que no salga elegido Sabaté, es una muestra de que no hay que hablar tanto. Nadal y su partido pueden decidir lo que crean conveniente al respecto, es obvio, pero su tono de salvador mesiánico de la patria es ridículo y risible. El o yo o el caos subyacente (donde el yo es Nadal y el caos Sabaté) es una tontería impropia de quien ostenta la alcaldía y un acta de diputado. En fin, si sabe que él es su peor enemigo, estas cosas no deberían pasarle.


FUTUROS INQUIETANTES

De todos los futuros terroríficos que el hombre ha imaginado hay dos que me parecen especialmente intranquilizadores; no, claro, el de los marcianos que invaden la tierra dispuestos a limpiarse los dientes con nuestros huesos o el del holocausto nuclear para que pueda lucirse un héroe en un planeta desolado, que a parte de alguna película interesante no han hecho más que llenarnos las pantallas de porquería. Yo me refiero a los futuros temidos por Aldous Huxley en "Un mundo feliz" (1932) y George Orwell en "Mil novecientos ochenta y cuatro" (1949).

Aún siendo diferentes, ambos libros imaginan un futuro dominado por el autoritarismo en el que el individuo pierde no sólo la libertad sino, lo que es más importante, la consciencia de la libertad. Los dos coinciden en lo fundamental: una sociedad autoritaria es un instrumento que oprime a muchos en beneficio de pocos y se sostiene gracias a la represión. La proyección resulta inquietante porque a diferencia de otras que se adentran en el terreno de la ciencia ficción, de la imaginación en definitiva, éstas parten de nuestra propia historia, en que represión, injusticia y autoritarismo han estado desgraciadamente presentes, y lo siguen estando en muchos puntos del planeta. Y aún son más inquietantes porque se proyectan de una manera que intuimos perfectamente posible: la manipulación genética, en la novela de Huxley; el control represivo, la permanente vigilancia de la población, en la de Orwell. En la primera, la manipulación genética permite la creación de individuos diferenciados destinados desde su nacimiento a desempeñar un papel, el individuo pierde todo control sobre su vida, toda posibilidad de cambiarla; en la segunda, no existe más horizonte que la obediencia ni más futuro que el que se nos asigna.

Seguramente estamos lejos de esa sociedad que reflejó sus temores, pero puede que haya indicios preocupantes. La manipulación genética se abre paso lentamente y suscita muchos interrogantes aún por resolver. La pesadilla de Orwell puede estar más cerca, sobre todo si pensamos que quizás el "gran hermano" que nos controla no es una cámara que vigila todos nuestros movimientos, como en la novela, sino una pantalla de televisor que nos uniformiza y moldea gustos y voluntades.


TEMAS PENDIENTES

El próximo dia 12 habrá pleno municipal y el grupo socialista ya ha avanzado cuál será su principal interés. El PSC piensa proponer al pleno la aprobación de una moción en la que se pide al alcalde que negocie al más alto nivel de las administraciones de la Diputación, la Generalitat y el Estado un plan plurianual de actuaciones para Tarragona que resuelva los principales temas pendientes de la ciudad. En su página de internet puede leerse el texto completo de la moción, amén de los temas que en su opinión deberían ser negociados con las distintas administraciones. La lista es larga: desde el cruce del cementerio en la N-340 y la N-240 a su paso por Sant Salvador, hasta el paso a nivel de la Plaça dels Carros, el desvío del Francolí y el traslado de la Laboral, pasando por el nuevo Museo Arqueológico o el tercer puente sobre el río.

La lista és también, por desgracia, perfectamente conocida. Salvando algunos proyectos nuevos, o de los cuales se habla hace relativamente poco, la inmensa mayoría la conforman actuaciones que hace años deberían haber encontrado alguna solución (incluso se incluye el nuevo teatro, la nueva escuela de idiomas o el Preventorio de la Savinosa). Eso quiere decir que la mayoría han estado pendientes mientras el PSC gobernaba la ciudad juntamente con CiU; e incluso algunos se remontan sobradamente a los tiempos de gobierno socialista en solitario: en Tarragona y en España. La cuestión es pues qué credibilidad hay que conceder a la moción. O de otro modo, qué tiene de útil y qué de pura retórica de grupo en la oposición.

Por otro lado, una moción así, no debería encontrar oposición por parte del gobierno de la ciudad. ¿Quién puede oponerse honestamente a unos deseos tan positivos y a una moción que no hace más que pedir que se inicien negociaciones? Debería aprobarse, pues, por unanimidad, con el firme compromiso de que no quede en un mero brindis al sol. Aunque teniendo en cuenta cómo van las cosas por el Ayuntamiento, no me sorprendería que el partidismo volviera a protagonizar la vida política y lo que debería aunar esfuerzos acabe por provocar una de esas discusiones agrias y estúpidas, de tan poco provecho. Porque utilizar los temas pendientes para ir tirándoselos a la cara no es útil para nadie.


DESPUÉS DEL DESFILE

Pues ahora que ya han desfilado los soldados podrían empezar a plantearse la conveniencia de homenajear a otros profesionales con alguna exhibición pública. No sé, quizás médicos y personal sanitario o maestros. Sería una manera de reconocer la importancia diaria de su actividad en beneficio de todos y podrían mostrarnos los últimos artilugios tecnológicos que les hemos comprado para que nos curen o eduquen a nuestros hijos. Aunque no acabo de entender la necesidad de tales desfiles y nadie hasta ahora ha sido capaz de explicarla convincentemente. En cambio hemos podido constatar algunas evidencias. Por ejemplo, la incomodidad del ministerio organizador del evento ante la imposibilidad de que una parada militar no lo parezca. Misión imposible, claro, a pesar de los llamamientos a las ONG o de haberla sacado de la ciudad y haberla llevado a un espacio prácticamente cerrado. Por ejemplo, la vacilación permanente de CiU, que juega al papel de pirómano y de bombero en la misma partida, o el ardor guerrero de algunos líderes socialistas, a quienes la apelación al sentido de responsabilidad o al sentido de estado llevan a menudo a posiciones propias del conservadurismo.

De todos modos lo que de verdad me ha llamado la atención son otras cosas. Por ejemplo, que el gobierno haya sido incapaz de aguantar hasta el final y optara por forzar el desalojo de los acampados en la Plaza de España horas antes del desfile, a pesar de haberlos tolerado algunos días y de su comportamiento pacífico, o que la policía actuara como en los viejos tiempos, es decir, con una violencia desmesurada y a la vez discriminadora en beneficio de la extrema derecha que pudo exhibir banderas anticonstitucionales sin ningún impedimento. O sobre todo, que en defensa del desfile se apelara insistentemente al humanitarismo del ejército como si se tratara de una ONG en una actitud vergonzante sorprendente e incomprensible.

Hay aún un último aspecto que quiero resaltar por encima de cualquier otro. Es una paradoja, pero el desfile militar consiguió organizar una multitudinaria fiesta por la paz en la Ciudadela. No creo que lo pretendieran, pero el desfile permitió que Barcelona celebrara una espléndida fiesta democrática en la que cada cual pudo manifestarse a su gusto.


PLANIFICACIÓN TERRITORIAL


EN HONOR A LA MUSA POLIMNIA

Ayer sí que estuvieron ocupando las primeras filas y luciendo el palmito en el Metropol. Y es que ayer había acto protocolario y fotógrafos. Pero, excepciones a parte – Almagro y Comas son unos habituales- normalmente no están. Y es extraño que los políticos se muestren tan poco aficionados al teatro porque son unos actores voluntariosos.

Hemos tenido ocasión de comprobarlo nuevamente en la reunión del Consell Nacional de UDC donde se ha representado con una escenificación sobria y bajo la dirección eficaz de Duran i Lleida, el melodrama protagonizado por el presidente del partido, Ignasi Farreres, titulado "Dimitir o no dimitir. Esa es la cosa." Se trata de una versión moderna de algún viejo drama sobre el honor, que ha sido recibida favorablemente por la crítica de CDC i el PP. Aún así, es obligado señalar que existe alguna contradicción en el texto. No parece convincente que los miembros del Consell Nacional den por bueno el informe cuando exculpa al partido de financiación ilegal y en cambio rechacen la dimisión de Ferreres que también contiene el informe y lo hagan con una escena de entusiasmo, todos aplaudiendo en pie, que convierte el gesto de la dimisión en un acto para la galería, vacuo y grandilocuente. Por lo demás, no queda claro qué aplaudían. ¿Aplaudían que el conseller había permitido el uso irregular de dinero público? ¿Aplaudían que no se había enterado que en su departamento existían esas prácticas? Aplaudían simplemente porque les cae bien y es amigo suyo o porque antes se dejarían comer por la marabunta que admitir que se han metido un gol en propia meta? No queda claro.

Ya en la política local, la revisión del Plan General de la ciudad ha empezado a dar oportunidad para la representación de escenas por parte de los políticos más importantes. Como viene siendo habitual, improvisan o recurren a viejos papeles aprendidos. Unos declaman sobre el crecimiento de la ciudad por Poniente, otros proyectan para la de Levante, y unos i otros rescatarán los gestos más audaces i las voces más convincentes (y quizás vuelvan a hablarnos del Francolí, de la fachada marítima, de un plan para la Part Alta y un largo etcétera). No está mal. Aunque como espectador preferiría que alguna vez acabaran las obras.


FORTÍ DE LA REINA. RECTIFICO

Desde que decidí publicar una dirección de correo electrónico al pie de esta columna son muchos los ciudadanos que escriben. Como es lógico recibo apoyos, desacuerdos, informaciones, sugerencias y opiniones diversas. Agradezco todas las comunicaciones y todas las contesto. Esta semana he recibido una que me obliga a rectificar. En mi artículo anterior sobre el Fortí de la Reina decía que sería absurdo demoler el restaurante para volverlo a edificar después ajustándolo a la legalidad. Me equivoqué porque eso es justamente lo que parece impedir la sentencia del TSJC de 16-12-98, en que se dice que la actitud del Ayuntamiento de intentar dar cobertura legal a una ilegalidad ya sentenciada, como es la instalación del restaurante del Fortí de la Reina en una zona verde, pretende un "fin no legítimo" e incurre en "temeridad" y "mala fe"; que la recalificación posterior que hizo "no responde a eventuales circunstancias sobrevenidas en el desarrollo de todo tipo de la ciudad de Tarragona... sino ante el absoluto empecinamiento del Ayuntamiento de Tarragona en conferir cobertura a una actuación declarada contraria al ordenamiento jurídico mediante sentencia firme." Dicho de otro modo: no es posible modificar la calificación de la zona para poder instalar un restaurante, puesto que eso no sería más que una artimaña para burlar la ley.

Se podrá decir de otra manera, pero no más claramente: el Ayuntamiento otorgó una licencia ilegalmente y después intentó burlar la legalidad y las sentencias contrarias. O sea, que si el asunto se arrastra desde 1989 se debe a la actitud del Ayuntamiento que, según los tribunales, se ha empecinado en amparar un interés particular contra viento y marea. Y aún cabría añadir alguna otra responsabilidad que la sentencia no contempla. Por ejemplo, el hecho de que la empresa haya hecho exactamente lo que le ha dado la gana, incumpliendo incluso las condiciones de la licencia: abriendo ventanales donde no debía y modificando lo que no podía, ante la pasividad municipal.

Puede que sea económicamente caro cumplir la sentencia, pero mucho más caro es para la democracia que la administración municipal se salte la ley o que trate de manera desigual a los ciudadanos y permita a unos lo que prohibe a otros.