LENGUA I OBISPOS

Esta semana quiero hablarles de dos temas. El primero: La boda del heredero de la corona belga con una joven aristócrata. Ya saben ustedes que Bélgica es un país formado por dos comunidades distintas. Por eso en la boda pudimos oír cómo el Príncipe Felipe se dirigía formalmente a Matilde d'Udekem en flamenco y ella le respondía en francés. ¿Veleidades bilingües de los novios? No, sólo respeto a la realidad multicultural del país y reconocimiento de la necesidad de ser extraordinariamente escrupuloso en eso. Hasta el punto de incluirlo en el protocolo de la boda real, como símbolo. Pero lo importante es que no es un caso aislado. En Bruselas pueden verse todos los días películas en versión original subtituladas a la vez en francés i en flamenco.

Pues bien, ahora que CiU y PP son tan amigos y se prestan apoyo para gobernar España, Cataluña y Tarragona, ¿sería posible que se notara en el reconocimiento de la nuestra, de multiculturalidad? Y no me refiero a la boda del Príncipe sino a la vida normal: en los billetes y monedas, en los sellos, en el DNI, en las etiquetas de los productos o en los cines. Aunque a lo peor ya se nota y lo que ocurre es que los dos están de acuerdo en que sea como es ahora: de la última de oo7, 40 copias en castellano y 13 en catalán, en Cataluña.

El segundo: La Conferencia Episcopal Española pide el perdón de Dios por todas las tragedias de la guerra civil. ¿Eso es todo? La verdad es que no está bien que los obispos sean tan poco cristianos. Han tardado sesenta años en hablar de la guerra civil y no han conseguido ni si quiera un auténtico arrepentimiento. Entiéndanme: son muchos los que deben pedir perdón, en ambos bandos, y yo no le pido a la Iglesia que lo haga, eso es cosa suya; pero si lo hacen, háganlo bien y sin trampas. Y sobre todo: si son capaces de alzar a los altares a sus mártires – y lo están haciendo estos mismos días – entonces también deben ser capaces de responsabilizarse por su connivencia y su apoyo a uno de los bandos cuyas acciones no reprobaron; de pedir perdón, sí, por el papel de muchos capellanes castrenses en la barbarie; y del de sus obispos y cardenales que recibieron y reverenciaron al dictador e ignoraron voluntariamente sus crímenes. En fin, si me lo enseñaron bien, Dios no puede perdonar sin auténtica contrición.


SE IMPONE LA LÓGICA

Al fin parece que se ha impuesto la lógica y en la política municipal cada cual está donde debe. Me alegro. Me hubiera gustado más que lo vieran algo antes y hubiera preferido que los socialistas hubieran asumido su papel de oposición por convicción y no porque Nadal haya preferido ignorarlos en beneficio de los populares, pero qué le vamos a hacer. Ahora se trata de que todos, gobierno y oposición-alternativa, actúen como deben según su papel.

Decía que me alegro porque el pacto entre CiU y el PP introduce un factor de coherencia nada despreciable en la vida municipal. Puede que algún votante nacionalista ande un poco desconcertado, pero a estas alturas un pacto así no debería sorprender a nadie. Si el PP gobierna España con el apoyo de CiU i CiU gobierna Cataluña con el apoyo del PP, no es anormal que en Tarragona anden del brazo. Y quién sabe, incluso puede que en cuanto al nacionalismo y la configuración del Estado estén más de acuerdo de lo que sus votantes creen. Por otro lado a los ciudadanos cuyos representantes están en la oposición un pacto CiU-PP debería satisfacerlos puesto que clarifica el panorama: en Tarragona gobierna la derecha, aunque sea una derecha vergonzante que reivindica no serlo. Eso es todo. Lo del nacionalismo es a parte: que CiU vaya de la mano con quien se opone con uñas y dientes a la ley del catalán, en el sistema escolar o en el decreto sobre los cines, o a mejorar el sistema de financiación y, en definitiva, a todas las iniciativas de CiU en materia de autogobierno es difícil de razonar. Pero más difícil es explicar el misterio de la transubstanciación y eso no ha impedido jamás que haya creyentes. Y es que la fe quizás no mueva montañas, pero sin duda ata voluntades.

Los socialistas, por su parte, han anunciado ya algunas medidas para abordar su nuevo papel de fuerza en la oposición y han mostrado su voluntad de convertirse en el referente no sólo de sus votantes sino de todos aquellos ciudadanos que no se sienten representados por un gobierno CiU-PP. Eso está bien. Ahora sólo falta que recuerden que algunos de ellos tienen representantes en el Ayuntamiento, también en la oposición, y que todos (PSC, IC-EV-LP y ERC ) sean capaces de mantener buenas relaciones. Una exigencia, una obviedad.


PENSAR EN EL FUTURO

El hecho de que el PSC no esté en el gobierno de Tarragona, al menos por ahora, nos ha aportado ya un primer beneficio: abrir el debate sobre el futuro de la comunicación entre la ciudad y el puerto por la Plaça dels Carros y, lo que es lo mismo, el de la fachada marítima. En otros tiempos, lo más probable es que se hubieran tragado la discrepancia en aras del pacto de gobierno. Que dure!

El equipo de gobierno de CiU parece que apuesta por la construcción de un paso subterráneo. Y el PSC ha alertado sobre la hipoteca que tal opción puede significar para el futuro soterramiento de la vía férrea. Es evidente. Tan evidente que resulta obligado preguntarse por las razones de CiU en proponer una opción que, a falta de argumentos de peso, no parece más que un dislate. Esta ciudad ya ha sufrido en exceso la falta de planificación de sus gobernantes en el pasado. Algunos de los problemas importantes que arrastramos se deben a eso: la excessiva proximidad del polígono químico a núcleos urbanos, la pérdida de litoral en beneficio de actividades industriales, la desestructuración urbana formada por un tejido de barrios alejados o la barrera de una circunvalación mal pensada, ahora ya del todo evidente con la construcción de un nuevo núcleo urbano entre Sant Pere i Sant Pau y l’Arrabassada. Por eso, porque es obligado aprender de los errores, debemos exigir que las decisiones de hoy no hipotequen la ciudad de nuestros hijos como hipotecaron la nuestra y se tomen de acuerdo a una idea de ciudad que hay que diseñar y consensuar ahora.

La remodelación de la fachada marítima será sin duda una de las actuaciones más importantes a realizar, por el impacto que va a tener en la vida de la ciudad: canviará su fisonomía, acercará la ciudad al mar, impulsará una nueva zona de ocio que ya ha nacido al amparo del Port Esportiu, dará una nueva dimensión a la relación Puerto-Ciudad y liberará miles de metros de la esclavitud de la vía férrea. En consecuencia, ninguna actuación de hoy debe impedir la de mañana.

Sería deseable que este proyecto dejara de ser un tema mediático para entrar de lleno en su materialización. Pero mientras tanto debería encontrarse una solución provisional – aunque fuera un paso elevado de mecano-, antes de que ocurra algún accidente de gravedad.


PREMIS CIUTAT DE TARRAGONA. QUO VADIS?

El pròxim dissabte tindrà lloc al Teatre Metropol l'acte de lliurament dels Premis Ciutat de Tarragona. Aquests són un premis als quals em sento molt vinculat: era membre de la Junta d'Òmnium Cultural que va convocar-los per primera vegada, he estat jurat del Ramon Comas i Maduell de poesia, del Tinet de narrativa curta i del Pin i Soler de narrativa i vaig ser el guanyador del Pin i Soler de la passada edició. Va ser l'any XX, quan Òmnium Cultural del Tarragonès va convocar-los per primera vegada. Naixien amb la voluntat de contribuir a construir un país sota el nom ambiciós de Nit Literària dels Països Catalans, per això el premi estrella del cartell volia ser el Rovira i Virgili d'assaig; l'acte de lliurament va celebrar-se a Altafulla. Eren uns premis inequívocament orientats al retrobament nacional. A ningú no li estranyarà que ara afegeixi que el seu creador, com a President d'Òmnium Cultural durant aquell i altres anys, fou Josep-Lluís Carod- Rovira, l'ara Secretari General d'ERC.

Durant alguns anys van ser així, convocats i impulsats per Òmnium Cultural en solitari, però finalment hagué de desistir perquè els propis recursos no podien mantenir-los i es van deixar de convocar. Avui el principal suport dels premis és l'Ajuntament. La injeccció d'aquest suport, econòmica i institucional, els ha salvat però els ha canviat el caràcter. Avui són uns més dels molts premis que amb suport d'institucions o d'editorials se celebren a tot el país, sense que hagin trobat encara una personalitat que els defineixi i els identifiqui prou clarament ni s'hagin guanyat un sòlid prestigi en el món cultural català. No pas encara. En general, i a desgrat de l'esforç innegable que es fa en els darrers anys, els premis encara no han aconseguit aixecar el vol i el món mediàtic no estrictament local hi dedica encara una atenció subsidiària. Això no obstant, seria absurd negar la seva consolidació i l'empenta creixent que els alimenta. L'augment de les dotacions econòmiques, la renovació dels jurats, la voluntat de donar-los major projecció dins i fora de la ciutat i la creació de nous premis els van empenyent en una línia que hauria d'acabar per situar-los entre els més importants en llengua catalana. Així ho desitjo. El recent anunciat premi a la traducció Jaume Vidal Alcover contribuirà sens dubte a donar-los un nou abast. De la mateixa manera que els actes que ja van organitzant-se al seu entorn: recitals de poesia, taules rodones, conferències, etc.

El premi de narrativa Pin i Soler, amb una dotació de tres milions de pessetes i amb un jurat amb la presència de Joan Perucho, entre altres ( per cert, és imprescindinle el retorn d'agun escriptor de la zona al jurat), és ara com ara l'estendard dels premis. Ja he dit en alguna ocasió que no n'hi ha prou amb això. En el conjunt de territoris de parla catalana n'hi ha molts, de premis de novel·la o de narrativa, bastants més ben dotats i d'altres que tot i que inferiors en diners tenen major difusió. El Pin i Soler és un entre molts. Res no el fa especial. Si és vol que assoleixi un altre nivell cal alguna cosa més. Cal, sobretot, que l'obra guanyadora tingui una projecció molt superior a l'actual. Per a un escriptor és molt més important la promoció de l'obra que el mateix premi. És cert, i cal celebrar-ho, que a nivell local això ja és un fet gràcies al suport dels mitjans de comunicació de la ciutat que l'han convertit en un dels llibres de Sant Jordi, però cal ser més ambiciosos. En la meva opinió cal esmerçar més recursos en la promoció del llibre. En aquesta línia crec que fóra positiu que el premi, que ara edita Edicions el Mèdol, fos editat en un futur en coedició amb alguna editorial més gran, amb major influència en el món cultural i mediàtic del país. D'altra banda assegurar la seva traducció y publicació en castellà el faria molt més atractiu y el singularitzaria positivament. I si això és així amb el Pin i Soler, ja no cal dir el que passa amb el Rovira i Virgili d'assaig o el Comas i Maduell de poesia, la promoció dels quals és senzillament inexistent. Així mateix convindria que els guanyadors dels premis tinguessin una presència al llarg de l'any en els actes culturals que s'organitzen a la ciutat, especialment en aquells que organizen directament o indirecta les institucions públiques, de manera que realment els premis passessin a formar part de la vida cultural de l'any. ¿No seria lògic acostar obres i autors a les escoles, instituts i Universitat? ¿No seria desitjable que els llibres dels premis formessin part dels obsequis i atencions que les institucions tenen amb els seus hostes? ¿No podria negociar-se alguna mena de conveni, per exemple, amb els mitjans de comunicació locals i/o amb les entitats d'estalvi perquè tard o d'hora ofereixin els llibres guanyadors als seus lectors i clients? Perquè, cal no oblidar-ho, l'únic objectiu respectable que poden tenir els premis és promocionar la cultura i la literatura catalanes i la seva vinculació a la ciutat.

Si els premis no són més que la coartada cultural dels polítics, no tenen cap sentit. I he de dir que ara com ara semblen ser exactament això: el vernís superficial amb què els nostres governants s'empolaien per oferir una imatge cultural que no tenen. I que no senten: en aquesta edició els premis han començat a patir una retallada pressupostària prou eloqüent, que presagia, tristament, una actitud menfotista en relació a les obres guanyadores, com ve sent habitual. Si el paper dels premis queda circumscrit a una setmana i més exactament a l'acte de lliurament, anem a reculons.

El fet que la gestió dels premis hagi passat finalment a l'àrea de cultura de l'Ajuntament - i ja era hora! - i que comptin amb la presència d'un escriptor com Joan Cavaller és sens dubte una bona notícia, però convé no oblidar que, com en totes les inciatives, la voluntat política real dels governants per impulsar-la està, sobretot, en el pressupost que s'hi destina. Potser va sent hora, ara que se n'ocupa directament l'Ajuntament, d'obrir un debat entre totes les forces polítiques que hi tenen representació per aclarir què en volen fer.


LIBERTAD RELIGIOSA

El Papa ha pedido libertad religiosa en India. Lo aplaudo. Cuanto más libre es una sociedad, más respeto tiene con sus ciudadanos: para que crean y para que no crean. Y por eso los asuntos de la conciencia y los del Estado van por separado. En el pasado y en el presente, la implicación de las iglesias en los asuntos de Estado ha sido y es sinónimo de sociedades autoritarias y poco o nada tolerantes. Da igual que sea en nombre de Yahvé, de la Trinidad o de Alá.

El Papa pide libertad religiosa y le aplaudo, aunque temo que en realidad lo que pide es libertad para que la Iglesia de Roma pueda desarrollarse allá. Lo digo porque allí donde la religión del Papa está consolidada su actuación es más bien una muestra de prepotencia y de defensa de privilegios heredados y no destaca por el respeto a los no creyentes o a las otras religiones. Corríjanme si me equivoco. ¿Ha renunciado la Iglésia Católica a un trato de preferencia por parte del Estado? ¿Ha renunciado quizás a figurar en los impresos de la declaración de la renta o ha pedido que otras iglesias también figuren? ¿Ha decidido tal vez renunciar a los ingresos directos del Estado garantizados por el Concordato y que pagamos todos los ciudadanos tanto si somos católicos como si somos protestantes o simplemente no creyentes? Con la defensa de tales privilegios, derivados de un pasado que aspiramos a superar, no parece que la iglesia del Papa respete demasiado la libertad de los ciudadanos de España para financiar el culto de su preferencia, sino el trágala, trágala más rancio. El mismo que evidencia su empecinamiento en que el estudio de su religión, en lugar de ser simplemente voluntaria, obligue a todos los estudiantes del país a soportar mayor carga docente.

Finalizo con una anécdota reciente. En Montferri acaban de terminar la ermita modernista que diseñó Jujol, que es propiedad del Ayuntamiento. Pues bien, dicen que la Iglesia Católica se niega a hablilitarla para actos religiosos si no le es cedida la propiedad. Si es cierto, deben tener sus razones, pero ninguna de ellas debe tener nada que ver con la generosidad y el respeto a los ciudadanos y al patrimonio cultural. Puede que sean sinceros cuando dicen que su reino no es de este mundo, pero es innegable que su patrimonio sí lo es.


CONTRA EL MILITARISMO

Parece que finalmente nuestro puerto puede convertirse en base de los buques de EEUU. Ustedes ya saben mi opinión contraria al respecto y no voy a repetirlo. Sin embargo me ha llamado la atención alguno de los argumentos solapadamente militaristas que se han podido oír a propósito tanto de este tema como de la reciente visita de navíos de la Armada española. Me refiero a la interpretación del éxito de público. Algunos han querido ver en ello un respaldo mayoritario a la decisión del Ayuntamiento y de la Autoridad Portuaria de ofrecerse a los americanos. Y puede que sea verdad. Y puede que no. Pero no parece demasiado correcto contar como partidarios de esa decisión a las 30000 personas que acudieron a visitar los barcos; eso es tan demagógico e inútil como que yo cuente a los 80000 ciudadanos de Tarragona que no fueron, en las filas del no.

Por otro lado se ha hablado del nuevo talante de los ejércitos y de sus misiones de pacificación. No voy a negar que ejercen misiones de protección, de socorro u otras, todas admirables, pero ninguna de ellas cambia el hecho fundamental, y obvio, de que el ejército existe para estar armado y combatir. Ahora mismo el de Paquistán se ha hecho con el poder siguiendo una tradición sólida en todos los continentes; el ruso - que también pacifica en Kosovo - bombardea indiscriminadamente Chechenia y el marroquí reprime con brutalidad a los saharauis en El Aiún. Me dirán que son países que flojean en cuanto a democracia y es cierto. Pero tan cierto como que el de Israel hace lo que le viene en gana en Líbano o que los de EEUU i el Reino Unido aún bombardean a discreción Irak.

Es fácil de entender: el ejército es eso y ser arma, se organiza y se entrena para intervenir cuando él mismo - en sistemas no democráticos - o su gobierno lo deciden, en función de sus intereses. En fin, si tienes un tigre no tiene sentido decir que es un gato, sólo porque a veces se deja acariciar. La historia de la humanidad es una historia de guerras, barbarie y siempre uniformes. Posiblemente sea imposible eliminar de golpe los ejércitos, pero el futuro no está en el mantenimiento y la exaltación de la cultura militarista de la guerra. Eso es el pasado que hemos de aspirar a superar.


ELOGIO DE LA OPOSICIÓN

Si el pacto es imprescindible para la madurez del sistema democrático, el juego gobierno/oposición es su verdadera esencia. Porque es ese juego el que garantiza la alternancia, justifica la existencia de partidos y elecciones, y da expresión a la diversidad de opciones políticas que razonablemente tiene una sociedad compleja. Por eso causa perplejidad lo mal que lo llevan los partidos políticos.

España debe ser el único país de Europa que es gobernado por la oposición y el PP, el único partido que gobierna desde ella. Encastillado en un estilo opositor peleón y sucio, no ha sabido gobernar sin él. Así que ahora asistimos a una campaña sobre las pensiones insólita en un partido que gobierna, más bien propia de quien aspira a sucederle, y que debería hacer enrojecer de vergüenza a más de uno. En cambio el PSOE no parece aún repuesto de su destronamiento y no consigue presentar un perfil claro y convincente en la tarea de oposición que debe ejercer. Así que nos ofrece el triste espectáculo de un Felipe González que no ha encontrado su papel y se muestra comprensivo con Pinochet; unas primarias a favor de Borell que han sido más fugaces que los fuegos fatuos; o un sainete de labaradores en las pugnas por el control del partido en Valencia.

En el Ayuntamiento de Tarragona no andamos mejor. En los últimos cuatro años, el pacto entre CiU y PSC eliminó la oposición, funcionó como un rodillo en beneficio de CiU que aniquiló todas las demás voces, permitió un estilo de gobierno prepotente i condenó a los socialistas al papel de comparsa dócil y amordazada, y los lanzó a un perfil de centroizquierda moderada difícil de distinguir del centroprogresismo que se atribuye Nadal.

Ahora parecen dispuestos a repetir, aunque ignoramos en detalle las condiciones que se autoimponen. Francamente, si el cambio tan anunciado es más de lo mismo, se trata de una estafa. Estoy de acuerdo en que la ciudad necesita un gobierno que pueda trabajar. Pues lleguen a acuerdos de gobernabilidad, sin renunciar a su papel de oposición, a la libertad de poder decir esto sí y esto no, y a ser en definitiva una opción política distinta que representa ciudadanos que piensan de forma distinta.


REFORMAS NECESARIAS

Los resultados y las reacciones a las eleciones vienen a confirmar la necesidad de reformar nuestro sistema político. Por un lado, resulta obvio que el plus de representatividad con que se prima la territorialización es excesivo. Modificar la ley electoral, aún conservando algún mecanismo que proteja los territorios menos poblados, para que los resultados en escaños reflejen con mayor acierto la voluntad popular es una tarea que habrá que abordar. Y hay que hacerlo al margen de si ocasionalmente el sistema actual beneficia o perjudica a una u otra fuerza. El sistema debe ser reformado sólo porque es manifiestamente mejorable y puede ser más democrático.

Aunque lo que precisa una mayor y urgente reforma es el funcionamiento de los partidos políticos, claramente insatisfactorio. Las reacciones de Pascual Maragall i de Jordi Pujol han rozado el esperpento. El primero autoproclamándose vencedor y atribuyéndose un derecho, el de formar gobierno, que no tenía; el segundo, amenazando al país con nuevas elecciones en una versión de alpargata del “yo o el caos”. A la vista de este panorama, coincido en que los únicos que no estaban preparados para el cambio eran los del PSC. Sólo resta añadir, que tampoco los de CiU lo están para aceptarlo, como ha quedado patente en unas actuaciones postelectorales del todo lamentables. Habrá que darle la razón a Carod-Rovira cuando dice que la renovación no puede venir de quienes llevan ya veinte años dirigiendo la política del país.

Posiblemente sean ya necesarios nuevos dirigentes que substituyan a los viejos dinosaurios incapaces de no tener una visión partidista de la política, del poder y del país, que acaben con ejercicios estériles i ridículos como, por ejemplo, el de los socialistas al especular en una página de internet sobre como sería el ayuntamiento de Tarragona si los resultados de las autonómicas se hubieran dado en las municipales. ¿No saben aún que las perdieron? También en CiU deberían empezar a jubilar a esos dirigentes que se dicen nacionalistas y aprueban leyes que luego no se cumplen, como la del cine; o firman acuerdos como el tan aireado con Canal Satélite Digital a propósito de la lengua, pero que este mes ha programado un total de 654 películas y sólo 7 de ellas se han podido escuchar en catalán.


HEMOS PERDIDO

No es cierto que todos hayan ganado. La victoria, de verdad, por una aplastante mayoría absoluta continúa obteniéndola la abstención con un cuarenta por ciento de votos no emitidos. En realidad, pues, tanto el partido más votado como el que previsiblemente formará gobierno no alcanzan a representar más que un poco más de un veinte por ciento de los ciudadanos de Cataluña cada uno. Ese es el dato. Porque si es cierto que legalmente no hay nada que objetar y que el que no vota no está, ni para bien ni para mal, en el resultado político, también es cierto que sí que está en cuanto ciudadano que vive aquí, paga impuestos y es usuario de carreteras, educación, sanidad, pensiones o infraestructuras.

También sabemos quien pierde: el sistema democrático. No discuto que sea el mejor sistema que tenemos, pero no deberíamos conformarnos con el hecho de que poco más de un veinte por ciento sea en realidad quien decida por todos y que poco menos de la mitad decida no participar en la vida política del país, ni siquiera acudiendo a votar. Que un alto índice de abstención, como sucede en Cataluña - y en muchos países democráticos -, se haya convertido en algo normal debería preocuparnos y sobre todo debería alertarnos de las insuficiencias de nuestro sistema. Es una responsabilidad colectiva que deben asumir todos los políticos y muy especialmente el gobierno de la Generalitat, que está obligado a estimular la participación.

Y no es una cuestión de hipótesis partidistas sobre si la abstención beneficia o perjudica a tal o cual formación, que eso no lo sabremos de verdad hasta que se reduzca considerablemente. Es por una cuestión de higiene democrática: la exigencia de que la ciudadanía se responsabilice de la marcha de sus asuntos. La debilidad democrática que expresa un alto índice de abstención, de desinterés ciudadano por los asuntos públicos, es el marco ideal para que se desarrollen los peores vicios del sistema: corrupción, nepotismo, uso partidista de las instituciones, abuso de poder, etcétera.

Los políticos deberían discutir en serio el tema y a tomar decisiones que tiendan a minimizar la abstención. Y posiblemente comenzar por reformar su propio mundo de manera que la política no sea el coto reservado de los partidos y sus profesionales.


UN POCO DE GUINDILLA

Permítanme recordarles que quedan pocos días para cenar con un candidato y que si no lo hacen será únicamente por culpa suya, porque en estas elecciones los políticos han optado por seducir al electorado a través del estómago. Por lo demás, cada cual cumple su papel sin demasiada imaginación.

Los del PP son decisivos. Han desembarcado en "provincias" ministros y gerifaltes como quien va de montería: un paseo, cuatro tiros electorales y si te he visto no me acuerdo. Pero es cierto que son decisivos: gracias a ellos la autopista no será gratuita mientras se construye la variante de la 340. ¡Pobre Ricomá, obligado a ser más fiel al partido que a sus convicciones y a los intereses de los tarraconenses!

En cuanto a CiU, la campaña nos ha ofrecido una imagen impagable: Nadal con un Plim, la bebida reusense. Aunque algunos ciudadanos de Reus habrán pensado en el viejo eslógan publicitario: "A mi plin…" Porque ¿cómo creer sin reticencias a un candidato que según la voz popular ha sido capaz, como alcalde de Tarragona, de trasladar los fuegos artificiales de Santa Tecla para que no coincidieran con una celebración familiar suya? Aunque recogido por los medios de comunicación, es un rumor imposible de confirmar. Pero el concejal de fiestas, Carles Sala, aún no ha encontrado un argumento razonable para justificar el traslado, y eso que se pasa el día pegado al móvil, incluso en los lugares que por buena educación debería apagarlo. Esto, si embargo, se lo perdonamos porque comprendemos que després del estupendo aumento de sueldo que se ha regalado como presidente del Consell Comarcal del Tarragonès debe estar contento.

ERC también aspira a ser decisiva y promete aire nuevo, aunque, eso sí, sin decirnos aún si sus votos van a servir para que gobierne de nuevo Jordi Pujol. En eso Benach calla, en cambio para impedir la entrada de IC en el gobierno municipal de Reus, habla por los forros.

Y PSC-IC-Ciutadans pel canvi, ya en la recta final, sigue absurdamente sin carteles de la candidata por Tarragona, Montserrat Duch, que merece un trato mucho mejor del que su partido le da.

En fin, lo que de verdad es importante es vencer a la abstención y que los ciudadanos de Cataluña acudan masivamente a las urnas i digan lo que piensan. Masivamente.