La Unesco ha descartado de nuevo la candidatura de Tarraco a patrimonio mundial y por tercera vez ni siquiera ha sido examinada. Pero no importa, nuestras autoridades insisten en el optimismo y aseguran que para el 2000 es seguro. Y si no es el 2000, será el 2001 o el 2002, añado. Hay tiempo. Pues, ¡hala!, a presumir de los expertos que nos avalan y a otra cosa, mariposa. Pero...
¿Pero esto sale gratis? Entiéndanme: en la puesta en marcha del proyecto y en la promoción de la campaña entre nosotros los políticos del gobierno de la ciudad han exhibido sus mejores galas: fotos, entrevistas y triunfalismo. La rentabilidad política y electoral- de la campaña ya la han obtenido, aunque para la ciudad el resultado no ha sido el esperado. Y no lo duden, el día que la Unesco nos proclame, ellos se colgarán las medallas y los tendremos con las colas bien abiertas pavoneándose ante nosotros. Todo es muy natural y muy comprensible. Pues bien, si ya se han aprovechado de la publicidad y el éxito va a ser suyo, el fracaso también debería serlo. Lamentablemente, no he oído ni una sola voz autocrítica. A estos políticos les falta algo.
Ahora los informes son buenos y tarde o temprano lo conseguiremos, pero alguien debería explicar, por ejemplo, por qué el año pasado el Icomos dio un informe negativo, por qué este año el dossier de la candidatura se entregó en el límite del plazo o por qué no se buscaron los apoyos científicos hasta el segundo revolcón. En definitiva, por qué se nos ha hecho creer que la nuestra era una candidatura seria y sólida, cuando aún estaba en pañales.
En este contexto de falta de transparencia informativa, mi felicitación al recién estrenado concejal de cultura, Albert Vallvé, que tuvo el sentido común de decirnos con antelación que no obtendríamos la nominación, a diferencia del alcalde, que el día después insistía en el triunfalismo afirmando que estábamos más cerca que nunca de ella, en lugar de reconocer sin tapujos lo que en círculos oficiales era ya sobradamente conocido. Para expiar esa falta propongo que en las próximas fiestas, y en un acto excepcional, simpático y puramente festivo, detrás de la cabalgadura de Vallvé-Magí de les Timbales, salga el alcalde en el papel de Maginet de la Pala.
Hoy no voy a hablarles de política. El nuevo Ayuntamiento aún no ha dado nada de sí. En la sesión de constitución cada cual cumplió su papel: Ricomà, protocolario, Comas y Almagro, en la oposición, Sabaté protogobernante y Nadal agresivo. A destacar, en todo caso, las medallas democráticas que se colgó al recordar su pasado en la Assemblea de Catalunya (innegables y compartibles con más de un concejal de la oposición) y la deriva literaria un poco cursi de Sabaté en su declaración de amor monógamo a Tarraco, con alusiones a Eros y Afrodita. En fin, un pleno de lo más presentable y civilizado.
El título de esta columna, pues, no tiene ninguna relación con la política sino con la crítica, después de haber leído una. No era buena y más bien parecía un ejercicio de carnicería y despiece, que de disección y análisis. Y no es un caso aislado. En el escaso espacio que la prensa dedica a la literatura catalana, y salvando las excepciones, que las hay, proliferan los críticos con complejo de Viernes 13, adictos a la sierra mecánica, y es frecuente también el amiguismo y el compadreo. En realidad eso tiene poca importancia para el futuro de un libro porque su influencia sobre autores, editores y lectores es insignificante por no decir inexistente. Sin embargo, desde una perspectiva cultural el hecho es bastante serio, porque ninguna cultura puede prescindir de una crítica solvente e influyente. Que nosotros no la tengamos, es un síntoma más de la anormalidad y provisionalidad de la nuestra.
Y, en cambio, sí que tenemos críticos. Incluso alguno de los carniceros ilustres sería un excelente crítico si pudiera profesionalizarse. Pero lo cierto es que hoy por hoy, en las condiciones actuales en que la crítica es una actividad laboralmente precaria, leen poco y desconocen mucho, pocos se han preguntado para quien escriben y con qué intención; aún más escasos son los que asumen la responsabilidad de marcar rumbos y, en definitiva, pocos, muy pocos, orientan a lectores y autores. Y, en cambio, són aún demasiados los que confunden un períodico con una revista especializada, los que escriben pensando en los colegas o los que delante de un burro hermoso no ven más que un mal caballo.
Ni grandes catástrofes ni lluvia de panes. Nada. Hay que ver con qué impasibilidad se miran los dioses nuestros afanes. Antaño eran de otra manera, incluso se divertían a nuestra costa. Ahora, en cambio, da la impresión de que se han vuelto de espaldas y no les interesamos ni como juguete. Algo habremos hecho. Quizás es que tenemos un vivir mediocre, desprovisto de grandes anhelos, y repetimos nuestras taras en la paz y en la guerra. En fin, que me los imagino bostezando en el Olimpo, hastiados de nuestra pequeñez inalterable.
Y no puede negarse su razón. Tanto en lo trágico, como en lo normal nos movemos con una constancia colosal, apiñados alrededor de una identificación de grupo, de manada. En lo trágico: la guerra en Yugoslavia ha respondido de nuevo al guión más antiguo de la barbarie en que el odio al otro substituye a la reflexión, la violencia preside la vida y se impone a la cordura. Y no es cosa de locos ni de sádicos, aunque también los haya. Entre los que han actuado y los que han consentido hay gente tan normal como nosotros; gente de costumbres ordenadas, de gustos sencillos y amantes de sus familias. Algo hay de bestia gregaria y violenta muy profundo en la humanidad para que emerja con tanta facilidad y contundencia.
En las situaciones normales, como en las electorales, también mostramos la fidelidad de grupo. Menor, por razones obvias, pero perceptible. En Tarragona, por ejemplo, el panorama se ha mantenido bastante estable: CiU gana, y aunque ha perdido dos concejales y bastantes votos, son votos que han beneficiado poco a sus adversarios y Nadal puede estar satisfecho de haber mantenido un alto porcentaje de fidelidad, a pesar de los dos suplicatorios del Tribunal Supremo. Por lo demás, poco movimiento: PSC, compartiendo los éxitos y las miserias del gobierno municipal, sólo consigue arañar unos pocos votos; ERC ni se ha movido, aunque ahora esos mismos votos le den un concejal; lo mismo que PP, o IC-V-LP, cuyos votos, sumados a los d'Esquerra Unida i Alternativa, son también casi los mismos de las anteriores elecciones.
Con todas las matizaciones que convengan: del gregarismo y el individualismo, hacia la individualización y la solidaridad. He aquí, posiblemente, una línea evolutiva aún por concluir.
Los popes ortodoxos de Yugoslavia andan preocupados porque los serbios emigran de Kosova. Así que sus largas barbas se han instalado en la región para que sus monasterios sobrevivan a su miseria moral. Incluso el gran patriarca Pavle se ha trasladado a Pec para que los serbios no huyan y salven la cuna sagrada. No importa que la cuna esté ensangrentada y que algunos -¿pocos, muchos? - de sus fieles cristianos se hayan bañado en la sangre de los infieles; ni siquiera conmueve que el cristianismo se haya enlodado en la barbarie al lado de Milosevic. ¿Dónde estaba el patriarca Pavle cuando los suyos perpetraban el genocidio? ¿Acaso hemos oído su voz condenando la brutalidad de sus cristianos? En cambio les hemos visto bendecir las banderas serbias arboradas sobre el asesinato. Ya lo he dicho en otras ocasiones: ningún pueblo es inocente, pero ahora son ellos quienes deben responder. ¡A las puertas del siglo XXI!
Siento decirlo, pero la historia enseña que el ejército vencedor siempre ha ido acompañado de popes, obispos, rabinos o imanes. La jerarquía eclesiástica suele acompañar a las banderas, suele estar al lado del poder, aunque sea profundamente injusto. La jerarquía. ¡Benditas sean las excepciones, que las hay!
La verdad es que es un poco triste hacer memoria: guerras santas, genocidios bendecidos, barbaries comprendidas, en medio de crucifijos, iconos, torás o coranes esgrimidos para justificar el terror. Si el infierno existe debe estar lleno también de jerarcas eclesiásticos de todas las religiones. Y no me hablen de los "otros". Los otros no predican la bondad y el perdón. Que cada cual cargue con su miseria.
Resulta imposible de entender, porque la limpieza étnica, con su escenificación macabra de asesinatos y fosas comunes, casas incendiadas, deportaciones y destrucción sistemática de símbolos, no puede ser posible sin odio; un odio primitivo, animal, que los hombres de religión ni siquiera deberían comprender. Ahora empezaremos a conocer la magnitud del dolor en Kosova durante este tiempo y redescubriremos con horror que la civilización es una epidermis que se pierde con facilidad en beneficio de la bestia ; y será muy difícil entender la connivencia o el silencio cómplice de la Iglesia serbia.
La arenga vehemente de Nadal a los suyos ("no quiero ver caras tristes, ¡coño!") evidenció que el ambiente en CiU era triste. No era para menos, el retroceso era general, de bacatazo en Barcelona, i aquí no sólo no se había rondado la mayoría absoluta sino que se habían perdido dos concejales; además el PSC había ganado uno e IC-V-LP, la oposición que los convergentes habían deseado públicamente que desapareciera, había mantenido los dos suyos. Tarragona seguirá siendo la única capital catalana gobernada por CiU, pero también es la única donde el partido en el gobierno ha retrocedido. Tampoco el PP estaba feliz, pues aunque mantiene sus concejales no cumple sus expectativas de aprovecharse del tirón del gobierno de Aznar.
Aunque el dato que más debería hacernos reflexionar es el de participación electoral. A no ser que estemos delante de un imparable aumento de las ideas libertarias y la abstención sea un boicot al sistema, algo falla cuando casi la mitad de los ciudadanos se despreocupa de las elecciones municipales. Es un dato muy serio; más aún si tenemos en cuenta que en los barrios periféricos de la ciudad, la abstención supera la participación. Se mire como se mire, supone un rotundo suspenso a los políticos y no es de recibo que en primeras declaraciones algunos dirigentes la consideren normal o la atribuyan al mal tiempo o a la desmovilización de los suyos. Son demasiados para que respuestas así sean suficientes.
Aún así, enhorabuena a quienes lo han celebrado. Enhorabuena al PSC por el avance. A IC-V-LP, que ha aguantado y superado las consecuencias de la escisión de IU en Cataluña. Y enhorabuena también a ERC, que vuelve al Ayuntamiento después de veinte años. En cambio, EUA se queda fuera. Lo hace, sin embargo, tirando estúpidamente a la basura un tres por ciento de votos de izquierda que merecen mejores dirigentes. Por cierto, el fracaso d'EUA es también para los únicos que des de esa formación y temerariamente han querido convertir la lengua en un instrumento de confrontación social y política.
Ya tenemos los resultados, pero ¿se abre una nueva etapa en la política municipal? En realidad nada habrá cambiado si CiU i PSC reeditan el pacto de gobierno de los últimos años. En mi opinión la tendencia de recuperación de voto socialista marca una voluntad de arrebatar el gobierno – el de la ciudad y el de Cataluña – a CiU, que debe tener reflejo en los próximos días.
Tengo un amigo que, escandalizado por los inacabables casos de corrupción de todo tamaño y pelo que nos van ofreciendo algunos profesionales de la política de los grandes partidos que gobiernan, afirma que "político honesto" es ya un oxímoron. O "político sincero". Pero mi amigo exagera porque un oxímoron no es alguien con corbata o traje chaqueta que se aprovecha de la candidez de los votantes y miente como un bellaco. Eso es un sinvergüenza. No, un oxímoron es sólo una figura literaria que consiste en colocar juntas dos palabras cuyo significado es excluyente, por ejemplo: "alegre llanto". Y los periodos electorales son una ocasión de oro para ver con qué facilidad los usan los políticos en sus piruetas ante los electores a la caza de un voto.
Ya en la recta final han proliferado las encuestas y la mayoría de los candidatos y sus partidos han vuelto a representar el ritual de la confusión que consiste en interpretar una encuesta de manera que donde pone que no te quiere nadie ponga que aumentan los que te quieren. Y para todos: si la encuesta es favorable, refleja la realidad, y si no, ya se sabe, las encuestas se equivocan y la única válida es la que se hace con el voto en la urna.
De todos modos cuando se lucen de verdad es después de las elecciones. El día después es rico en el uso de ésta y otras figuras literarias. Porque todos ganan y nadie pierde. Eso está bien, la verdad, porque no hay ninguna necesidad de convertir unas elecciones en una competición, aunque eso es lo que han hecho a menudo los candidatos durante toda la campaña: convertir lo que debería ser la exposición de proyectos y el debate de ideas es una simple muestra de recursos publicitarios. Y ya que se han puesto a competir, alguien debe haber ganado o perdido.
Barrunto, sin embargo, que va a ser imposible saberlo por ellos, y como que cada cual va a echar las cuentas según su conveniencia, propongo que establezcamos un baremo unívoco y objetivo: uno gana o pierde únicamente contra él. Si los resultados se ajustan o superan sus expectativas declaradas, gana; si no, pierde. Si ERC entra en el Ayuntamiento, gana; si IC mantiene sus dos concejales, gana; si el PP no aumenta significativamente su representación, pierde; si PSC no tiene un avance que le acerque al gobierno, pierde; si CiU no obtiene la mayoría absoluta, pierde. Este sistema, además de reflejar el grado de satisfacción real de los grupos, incluso permite que pierdan los que ganan y van a gobernar.
Ya Estamos en pleno asalto electoral y llueven las propuestas. Y la vida municipal se convierte en un supermercado de ilusiones, sueños, proyectos, fantasías o engaños. A pesar de la evidencia de que muchas de las propuestas nunca serán realidad, creo que hay que creérselas todas. O lo que es lo mismo, no creer ninguna. Por un lado porque, ¿cómo distinguir las que se hacen en serio y las que se usan para cazar votos; las honestas, bien pensadas, de las improvisadas o imposibles? Por otro lado porque ¿podemos atrevernos a juzgar intenciones? Además, en estas elecciones, salvo ERC que no ha estado presente en el Ayuntamiento, nadie es un desconocido. Así que los electores haremos muy bien en dejar que hablen, escucharlos a todos y pensar en lo que han hecho y en cómo lo ha hecho.
Yo quiero pedirles algo a todos los candidatos de Tarragona, a Almagro, a Comes, a Nadal, a Ricomà, a Sabaté y a Zanón, pero muy especialmente a los que obtendrán mayor representación: un compromiso. A los que estarán en minoría, que huyan del sectarismo y de la tentación de enquistarse en una actitud permanentemente a la contra. A los que gobernarán, que renuncien a la mayoría absoluta. A sus efectos perversos, para ser precisos. A interpretarla como un cheque en blanco para despreciar a la oposición y utilizarla como un rodillo para triturar la discrepancia, para chafar la crítica, para enterrar las propuestas alternativas. Les pido un compromiso para que sin renunciar en absoluto a la confrontación ni a la representación obtenida, sepan aprovechar todas las energías de la ciudad representadas en el Ayuntamiento y la democracia sea, en efecto, un saludable ejercicio y no una decepcionante aplicación mecánica de las matemáticas. Que el gobierno de la ciudad recoja adecuadamente la sensibilidad de todos nosotros y se evite que la voz de muchos nunca sea tenida en cuenta.
Como comprenderán, mi petición no tiene nada que ver con la ley; a los efectos que me ocupan, tan rodillo puede ser el de algún grupo que consiga la mayoría absoluta como el que puede imponer una coalición gobernante. Hablo de talante, de actitud. La que entiende que es posible buscar el acuerdo en más ocasiones, la que cree en una forma de hacer política que no excluya, la que hace del respeto a la oposición y al gobierno - incluidas las formas – un principio de actuación política. Quizás no sea más una quimera, pero es ella la que nos dará el índice real de nuestra madurez democrática.
No puedo evitarlo: cuando alguien se viste de bandera me pongo a temblar. No me gustan los profetas, intérpretes en exclusiva de la verdad trascendente, porque siempre suelen acabar condenando a alguien. ¡Y expulsar del paraíso es tan fácil! Sin que llegue a tanto (aquí a veces ridículamente dejan de saludarte) el lema de la campaña electoral del candidato de CiU que ha sido dado a conocer me produce esa inquietud. Para él lo importante es Tarragona, dice. Sudores fríos. ¿Qué querrá decir?
¿Se trata de un lema puramente publicitario, de contenido político nebuloso y más que demagógico? Si se trata de unas elecciones municipales, lo normal es que los candidatos se preocupen por la ciudad. El lema, pues, no aporta nada que no sea previsible. Pero por otro lado, ¿quiere decir que los demás no se preocupan? ¿Que hay una única manera de entender la ciudad y de preocuparse de ella?
Lo verdaderamente importante no es pues que parezca un eslógan más o menos vacuo e inocuo, sino si lo es. Y puede que no lo sea. Dejemos que nos los aclare el candidato. Este periódico publicó el pasado domingo en estas mismas páginas una entrevista con él y al ser requerido por el periodista sobre la oposición respondió: "La oposición ha ido a unos ámbitos heterodoxos, poco tarraconenses". Dejo de lado lo de la heterodoxia, porque no entiendo lo que quería decir. ¿Pero qué significa poco tarraconense? ¿Es que hay alguna especie de decálogo? Que el candidato presumiblemente vencedor se otorgue el derecho de decidir el "tarragonisme" de nadie es simplemente delirante. Identificar la ciudad (o el país, o la religión) con una única visión no sólo es un atentado a la razón, es una falta de respeto a la mayoría de edad de los ciudadanos y muy especialmente a todos los que tienen otra. Y desgraciadamente suele ser una actitud que acompaña a quienes se sienten tentados a usar el poder de manera excluyente y rencorosa.
CiU ya ha querido identificar Cataluña con su manera de entenderla. Pero de la misma forma que nadie posee la facultad de repartir carnés de catalán, tampoco habrá quien reparta aquí los de tarraconense. El candidato, tampoco.
La tierra tembló y sus espasmos sumieron a los hombres en la incertidumbre y el espanto, pero al final todo lo que los montes supieron parir fue un pequeño, temeroso y huidizo ratón. La fábula la contó Esopo hace muchos años para ilustrar la desproporción entre la realidad y sus expectativas. En Tarragona ya tenemos otra versión moderna. Después de años de miseria con una N-340 permanentemente colapsada, de accidentes y de protestas, de promesas y de incumplimientos, las autoridades acaban de dar a luz el tan anhelado proyecto de variante. Pero como el ratón mísero de la fábula, la tan deseada variante es poca cosa más que una excusa para que Acesa haga el tercer carril en su autopista.
He visto la foto y, la verdad, no comprendo por qué estaban tan contentos; debe ser que el PP y sus allegados tienen la sonrisa fácil, o son unos entusiastas del humor negro o tal vez sólo se preparaban para la foto siguiendo las indicaciones del manual de perfecto engañabobos. Los bobos, siento decirlo, somos nosotros.
Lo lógico sería ampliar la autopista, construir las conexiones y hacerla gratuita a su paso por aquí. Esa es la variante, como lo es en Barcelona, Valencia, Zaragoza o Madrid, tecnicismos a parte. Pues no: La variante que ha de catapultarnos al siglo XXI transcurre en paralelo a la autopista, por su misma plataforma, y consta de un solo carril en cada sentido, salvo en un tramo en que tendrá un carril para vehículos lentos. ¡Gran perspectiva la de los gestores de nuestros intereses! Habrá que ponerse a trabajar ahora mismo para exigir la variante de una variante que ya es insuficiente antes de construirla. ¡Imagínense cómo nos hubiera ido si nuestros abuelos hubieran hecho calles i carreteras pensando como piensan estos de ahora!
De todos modos lo que me resulta más curioso es que piensen que con un carril basta y en cambio la autopista, que ya tiene dos, crea que le hace falta un tercero. ¿En qué quedamos, hacen falta más carriles o no? ¿O es que la autopista ya cuenta que con una variante así va a tener más clientes? ¿O quizás es que se hace una variante así para que los tenga? En fin, ¿cuales son los intereses que defiende el Ministerio de Fomento y todos cuantos le aplauden?
Ciudadanos y autoridades municipales debemos oponernos rotundamente a un proyecto que llega tarde y mal.
He leído que a pesar de planes y esfuerzos los arquitectos creen imposible acabar las obras del Palacio de Congresos de Tarragona antes de las elecciones y me apresuro a mostrarles mi solidaridad por si el preboste local de CDC, Santiago Pallàs, decide ponerse el mandil, coger la sierra mecánica y convertirlos en carne para perro (mediática, claro), como hizo con este columnista el uno de febrero por decir eso mismo.
Aún así, inacabado, desde el Ayuntamiento se insiste en inaugurarlo ahora. Bueno, ya dije el veintiséis de enero que me parecía oportunista y poco ético utilizar las obras públicas para el autobombo electoral y pedí inútilmente que no lo hicieran. Lo dije, aunque quizás no debí decirlo, porque el político se enfadó. Por eso esta vez me desvivo por ser dócil, no sea que monte nuevamente en cólera y se sienta tentado a dedicarme alguna temible "vendetta". Así que digo: no importa que no esté acabado; tampoco que no vaya a ser utilizado hasta dentro de algunos meses, ni mucho menos que no haya ninguna otra razón que no sea la del mísero electoralismo. Da igual, que lo inauguren, que inviten al President y corten cintas, sirvan canapés y corra el cava; y que nos dejen ver lo muy avanzadas que están las obras y lo muy bien que quedarán. Cuando llegue el día y la hora, allí estaré con casco y botas de seguridad (es una licencia retórica, perdón señor político, se me ha escapado); allí estaré, decía, por patriotismo ciudadano, respeto a la autoridad y entusiasmo civil. Y sobre todo que se hagan la foto, bien ordenados jerárquicamente. Incluso, si quieren, me pongo yo también en un rincón festejando el acontecimiento.
Y para que vean que tengo ganas de colaborar, sugiero que a continuación, si puede ser en plena campaña electoral mejor, inauguren el soterramiento de la vía férrea en la fachada marítima o incluso el desvío de la desembocadura del río Francolí o el nuevo Museo Arqueológico, que también son obras importantísimas para la ciudad. Que ni siquiera se hayan iniciado no tiene la menor importancia. Incluso mejor, así podrán inaugurarlas más de una vez. Vaya por delante nuestro más sincero agradecimiento. Que venga la TV y champán para todos.