LA LEY DE LA GRAVEDAD

Déjenme repetirlo: en política no todo vale. He aquí una sentencia sencilla que no debería dar mayores problemas. Pero ya, ya, a veces da la impresión que a algunos políticos los han sacado del ring antes de meterlos en alguna institución. Son esos que hacen de la mala educación una señal de identidad supuestamente firme, los mismos que exhiben una prepotencia chulesca, una sólida incapacidad para aceptar la crítica y una voluntad hiriente para no asumir la responsabilidad política de sus actos. Sin ideas pero con ambición, suelen ser también, eso sí, fieles al partido y por ello acaban medrando en él. Permítanme que no ponga nombres, estoy seguro que ya lo harán ustedes.

Lo malo del ascenso de políticos con ese perfil es que su estilo va imponiéndose lentamente en la vida política. Tarragona no es una excepción, así que no debería sorprendernos que vayan proliferando las descalificaciones y escaseando los argumentos, y que los insultos sustituyan a la palabra razonada. Tampoco quiero poner nombres, aunque algunos tienen ya un largo currículum en esas miserias, pero últimamente hemos asistido a algunos episodios lamentables. Un día un concejal discute con otro y recurre a llamarle borracho y parrandero. Poco después otro concejal se hace el gracioso y tilda al primero de perro del alcalde. ¿Tresky, era el nombre? Y, claro, como que no hay dos sin tres, los compañeros del aludido se apresuran a descalificar al gracioso arguyendo que no es más que un payaso. ¡Ya sólo nos faltaban los anónimos! En fin, así vamos pudriendo la ejemplaridad que debe tener la vida pública. Y puede empeorar con las elecciones a la vista.

El debate político puede ser duro y en el combate dialéctico son perfectamente aceptables algunos excesos: hipérboles o imágenes y metáforas agresivas. Pero deben ser el adorno al razonamiento, el aderezo en la exposición de las ideas. Lo que es inaceptable es que no haya ideas ni razones y el discurso ya no tenga más intención que insultar y zaherir. Los políticos deben empeñarse en devolver la dignidad a su quehacer.

¿Por qué no se les cae la cara de vergüenza a algunos? ¿No tienen cara? Sí que tienen. ¿No tienen vergüenza? No me atrevo a decir tanto. ¿Entonces? Pues debe ser que la ley de la gravedad es un camelo.


EL DELEGADO NO VIAJA

Hace un par de semanas la Coordinadora de Plataformas que reclaman la gratuidad de la autopista se reunieron con el Delegado de Fomento y salieron convencidos que el señor José Mª Alcaraz les había amenazado e irritados por su actitud prepotente y nada dialogante. Él, según la prensa, afirma que el que se mata es porque quiere y que las retenciones son de lo más normal, porque la N-340 está en perfecto estado.

Des de marzo de 1997, la conservación de las carreteras del Estado que dependen del Delegado, la ejecuta la UTE Postigo-Talher, a quien fue adjudicada por cuatro años y por un importe de 900 millones, aunque la supervisión y la responsabilidad final recaen sobre Fomento. ¿Tiene razón el señor Delegado?

Visto desde el volante, algunas perlas: el alumbrado de la N-340 en la circunvalación desde Tarragona hasta su muerte en Les Gavarres hace año y medio que no funciona. En la misma vía, las protecciones laterales y la central presentan un tendido discontinuo sin ninguna coherencia y con golpes sin reparar, y ya en el final una señal de prohibido adelantar ha estado más de un mes en el suelo. Tampoco existe protección en la mediana en la autovía de Tarragona a Reus, a pesar que la anchura de la vía lo exige. Las señales verticales en la N-240 están sucias y pierden su capacidad reflectante y de noche no se ven. Hay cunetas llenas de tierra y son incapaces de evacuar el agua cuando llueve, por ejemplo a la altura de la Gasolinera de Altafulla. ¿Más? Cúanto hace que no se podan los plátanos de la N-240 en Vallmoll o en Montblanc, o los de la carretera de Falset? Por qué en el Coll de Lilla una señal provisional de desprendimientos ha enraizado? ¿Y qué dice de los cortes por lluvia en Altafulla o Torredembarra, estos sin señalizar? Quizás pueda explicar por qué la isleta del cruce de Ferran tiene aún bordillos sueltos que ya han causado algún accidente. ¿Y las pasarelas de peatones sobre la autovía Tarragona-Reus con escalones descarnados y en mal estado? Y puestos a preguntar, cómo es posible que se hagan obras en la N-340 en fin de semana, a pesar de estar prohibido, como el viernes 9 de abril por la tarde a la altura de Altafulla?

El señor delegado viaja poco. Quizás sería conveniente que fuera más prudente en sus declaraciones, atendiera con amabilidad a los ciudadanos y velara por nuestra seguridad mejorando la conservación de las carreteras.


PARAR LA GUERRA

La Coordinadora Tarragona Patrimoni per la pau convoca a todos los ciudadanos a una manifestación el domingo 25 bajo el lema "Per una Mediterrània en pau, fora els vaixells de guerra del port de Tarragona". La convocatoria es tan oportuna como valiente. Oportuna porque la guerra en Yugoslavia muestra la brutalidad de que somos capaces cuando la cultura por la paz no es un sólido valor social; valiente porque en un tiempo en que los aparatos propagandísticos de los bandos en guerra han convertido el conflicto en un TBO de buenos y malos, no resulta nada fácil mantener el espíritu crítico y lo suficientemente sereno como para no renunciar a pensar.

Lo cierto es que estamos en manos de los señores de la guerra. A nosotros, que no tenemos más información que la que nos quieren dar, no nos resta sino creer lo que nos dicen o hacernos preguntas. Por ejemplo: con tanto presupuesto en inteligencia militar, ¿nadie pudo prever que Milosevic iba a empujar a los kosovares hacia el exilio? Con tantos estrategas, asesores y expertos ¿nadie dijo que los bombardeos no podrían impedir los planes del genocida serbio? ¿Difícil de creer, no? Y siempre miles de víctimas civiles y miles de millones gastados en la destrucción. Y ahora, ¿qué? La limpieza étnica ya se ha consumado y Occidente debería asumir que tiene también parte de responsabilidad en ello. En mi modesta opinión no hay ninguna salida militar posible, porque cualquiera de ellas es desproporcionada. Continuar con los ataques aéreos se ha demostrado ineficaz, a no ser que se quiera devastar por completo Yugoslavia, y una intervención terrestre nos conduce a una guerra sangrienta de proporciones y consecuencias inaceptables. El único camino posible sigue siendo el político: atender a los deportados, declarar un alto el fuego, dar apoyo a la oposición serbia a Milosevic y aislar a su régimen política y económicamente de verdad, implicar a Rusia en el proceso de paz, dotar a la ONU de capacidad real de intervención política y negociar. Porque el peor acuerdo es la guerra. Y aprender. Aprender que la guerra no es un camino hacia la paz e iniciar políticas de desarme, ejecutar medidas políticas y económicas firmes y a tiempo ante los conflictos, y rechazar que ni la OTAN ni nadie quiera convertirse en el gendarme del mundo.


TARRAGONA CIUDAD REFUGIO

El genocidio en los Balcanes, la represión turca o iraquí contra el pueblo kurdo, los crímenes del integrismo islámico en Argelia o la negación violenta de los más elementales derechos a la mujer en Afganistán, por citar sólo algunos casos, ponen en evidencia con suficiente crueldad hasta qué punto son violados y despreciados los derechos humanos a las puertas del segundo milenio. En Asia, en África, en América i en Europa.

Estas violaciones van siempre acompañadas de la persecución de la palabra y de su libre expresión. Los asesinos no toleran las voces discrepantes y no permiten ni libros ni medios de comunicación que no sean serviles y meros altavoces propagandísticos de sus mentiras. Importa silenciar a quienes se les oponen, con la represión legal y frecuentemente hasta con el asesinato. Sus víctimas: escritores y periodistas. Basta recordar la sentencia de muerte del regimen Iraní contra Salman Rusdhi o el asesinato anteayer en Belgrado de Slavco Curuvija, periodista propietario del diario independiente "Dnevni Telegraf", recientemente cerrado por las autoridades serbias.

Para ayudar en lo posible a los escritores que son perseguidos en sus países nació El Parlamento Internacional de Escritores (PIE). Se trata de una asociación de carácter no lucrativo e independiente de toda institución económica o política, que pretende organizar la solidaridad hacia estos escritores y crear una red internacional de Ciudades Refugio que los acoja. Hasta ahora se han convertido en Ciudades Refugio una treintena de ciudades y regiones del mundo, entre ellas: Amsterdam, Berlín, Berna. Estrasburgo, Francfurt, Méjico, Oporto, Salzburgo, Viena o Venecia. En España, son Barcelona, Lleida y Sabadell, a las que en breve podría unirse Santa Coloma de Gramenet, las ciudades que han querido formar parte de este proyecto. Y es Barcelona quin acoge des de 1997 a Bashkim Shehu, escritor albanés, coordinador del PIE en España.

Recientemente el PIE ha solicitado ayuda a l'Associació d'Escriptors en Llengua Catalana (AELC) para ampliar la red de ciudades dispuestas a acoger a escritores perseguidos. Des de aquí, pues, quiero pedir a nuestro Ayuntamiento que considere la posibilidad de hacer también de Tarragona una Ciudad-Refugio, una ciudad comprometida aún más con la defensa de la libertad.


RÉQUIEM POR LA PAZ

El 10 de marzo de 1998 esta columna se tituló "Muerte en Kosovo". Entonces ya eran transparentes los planes del gobierno yugoslavo y la columna finalizaba: "Urge reaccionar y parar la maquinaria de la muerte." No ha sido así y la OTAN y los gobiernos occidentales han tardado un año en ver lo que era evidente con sólo leer los periódicos. O, lo que es más probable, no han querido intervenir hasta ahora. Pero ahora Milosevic ya ha trasladado sin obstáculos su ejército a la zona y la limpieza étnica es imparable. Hace un año todo hubiera podido ser mucho más fácil y menos cruento. Ahora la situación es extraordinariamente compleja y la solución, forzosamente incierta, costosa y difícil.

Pero algunas cosas son, en cambio, muy claras. Por ejemplo, los perdedores. Sea cual sea el final del conflicto, pierden los albaneses kosovares; y sus vecinos macedonios y albaneses, y quizás los montenegrinos; pero también pierde el pueblo serbio, preso quizás de su orgullo, quizás de su miedo, de Milosevic i de los bombardeos de la OTAN. Y perdemos todos nosotros porque pierde, sobre todo, la cultura de la paz.

También son claros algunos de los ganadores, en una guerra en que sólo sufren civiles y en la que la OTAN vacía su arsenal. Ganan los fabricantes del carísimo armamento que se está utilizando y ganan los militaristas que cuando hablan de disuasión quieren decir guerra; y gana Milosevic y con él todos los políticos autoritarios, agresivos y fascistas del mundo. Pero no nos engañemos, con todas las matizaciones necesarias estos vencedores llevan años ganando y aquellos perdedores años perdiendo: en el Kurdistán, en Palestina, en África, en América del Sur.

El desastre humano es ya inevitable y nosotros, ese mundo rico y feliz, educado y democrático que nos gusta creer que somos, también somos responsables de él en alguna medida. No hay vuelta atrás posible y no basta con emocionarse sinceramente con el drama televisado; al menos deberíamos ser capaces de reflexionar sobre todo ello y movilizarnos para que la acción occidental vaya encaminada a aliviar el sufrimiento de los cientos de miles de deportados y evite en lo posible que también el pueblo serbio tenga que sufrir el dolor y la desesperación.


TURISMO SOCILÓGICO

Si hubiera venido un día después, podrían haberlo recibido con ramas de olivo i de laurel. Una pena, pero ya se sabe que la agenda del President de la Generalitat está siempre llena y aunque sea un trabajador infatigable no puede estar en dos sitios a la vez. Nos tocó, pues, el sábado y no el domingo.

Y dicen las crónicas que el President le tomó el pulso a Tarragona, se paseó por ella, habló con los ciudadanos y se coló en las tiendas. Y dicen que no dejó de sonreír y se mostró relajado y satisfecho. Vino, continúan los cronistas, a arropar a su candidato a la alcaladía y a mostrarnos a todos que goza de su confianza. Se hicieron las fotos y todo salió bien. Objetivo cumplido. La visita, las promesas y las inauguraciones son el testimonio que la campaña electoral ha empezado, de hecho.

Yo, en estas cosas, no tengo suerte. A pesar de la ingente cantidad de encuestas que se realizan , nunca me han preguntado nada. Ni siquiera entro en los paneles de audiencia. Debe ser culpa mía. Y me hubiera gustado, porque aunque mantengo una relación distanciada con la estadística resulta reconfortante saber que se es uno de los puntitos de un gráfico. El sábado, por supuesto, a pesar de ser un paseante contumaz por las calles de la ciudad, no me encontré al President y, claro, tampoco tuve el privilegio de que me preguntara si todo iba bien y no pude responderle que sí. A ver, en un cruce fortuito uno ya entiende que las preguntas son de cortesía y las respuestas deben serlo también.

Dicen que Pascual Maragall quiere irse a vivir una temporada de acá para allá para acercarse más al país. Y ahora mismo no para de recorrerlo. El President, en eso es un auténtico especialista y lo hace todo el año, desde hace muchos años; en cambio, de lo de hacer parada y fonda y vivir una temporadita aquí o allá, no han dicho nada. Aunque todo podría ser. Pero, la verdad, si los políticos empiezan a hacer turismo sociológico habrá que ir pensado excusas para no salir de casa. Porque una cosa es ser amable y educado con una visita y otra tener que soportar su presencia con fines meramente electorales. Y eso, con que lo sufran los periodistas, los pobres, es suficiente.


PREMIOS Y TRADUCCIÓN

Ya sabemos el perfil de la próxima convocatoria de los Premis Ciutat de Tarragona. En la Fundació Ciutat de Tarragona o, lo que es lo mismo, en el Ayuntamiento, hay una voluntad clara de convertirlos en unos de los más importantes de Cataluña. Conseguirlo no es una tarea sencilla: hay que encontrar una personalidad que los defina y los singularice, dotarlos económicamente bien, darlos a conocer y estimular la participación y promocionar las obras ganadoras; conseguir, en definitiva que el mundo cultural y mediático del país, con sede en Barcelona (el país, también), apueste por ellos. Pienso que van en esa dirección, aunque los resultados óptimos quizás tarden un poco más de lo que desearíamos.

Si el año pasado la novedad fue la redefinición del Premi Pin i Soler de narrativa, que lo ha colocado entre los mejor dotados, para la próxima edición está previsto convocar un nuevo premio a la traducción. Aplaudo la idea. Aunque como dicen los clásicos traducir es también traicionar, mientras no poseamos el don de lenguas generalizado, las traducciones serán imprescindibles para conocer lo que ocurre más allá de nuestro entorno, por más que entre ellas se cuele mucha mediocridad prescindible. Ninguna cultura puede florecer sin vivificarse con el contacto con otras.

Ese contacto, sin embargo, debería ser recíproco. A nuestra cultura le es imprescindible que la literatura extranjera sea traducida al catalán, pero no le es menos imprescindible que la catalana sea traducida a otras lenguas. Y si en lo primero tenemos déficits, en lo segundo vivimos en la miseria. Incluso al castellano. A pesar de tener en Barcelona editoriales importantísimas de la edición en castellano, que generan un gran volumen de traducciones desde todas las lenguas del mundo, las del catalán son testimoniales. Por eso me hubiera gustado que el premio fuera para un trabajo de traducción del catalán a otra lengua, y no al revés. Aunque comprendo un premio así comporta problemas de muy difícil solución.

Pero lo que sí puede hacerse con sólo un poco más de esfuerzo es dar proyección al más importante de los premios de la ciudad, el Pin i Soler de narrativa, promoviendo su traducción y publicación en castellano, como ya hacen otros premios.


HIGIENE DEMOCRÁTICA

La comparecencia del alcalde Joan Miquel Nadal ante el Tribunal Supremo ha venido a remover las aguas de la ciudad i las reacciones han sido las previsibles: desde la de CiU, al lado del alcalde, hasta la del representante del grupo Mixto, que ha pedido abiertamente su dimisión.

Pero el rifirrafe más divertido lo ha protagonizado, paradógicamente, el político más antipático de por aquí, según los periodistas: el convergente Ángel Fernández se ha enojado por las declaraciones del socialista Sanahujes pidiendo separación entre los asuntos públicos y privados, y ha remitido una carta al Conseller d'Ensenyament alertándolo sobre el uso indebido que el socialista hace del teléfono del Instituto en que trabaja, porque lo ha facilitado a los periodistas por si quieren localizarlo. Ante tamaño ataque súbito de ortodoxia sólo se me ocurre, además de felicitar al sr. Fernández y desear que siempre sea tan fino en la percepción, advertir a mi madre que no se le ocurra llamarme al instituto. Por favor, mamá, que me la lías.

Anécdotas a parte, soy de los que piensan que tener un alcalde con el triste récord de ser el primer diputado objeto de dos suplicatorios a petición del Supremo, no es algo que deba alegrarnos. Pero convendría distinguir entre el ciudadano Joan Miquel Nadal i el Alcalde de Tarragona. El primero, que piense sólo en él y que se defienda tan bien como sepa; suerte y silencio. El segundo, en cambio, debería pensar en la ciudad. La Alcaldía no es un patrimonio personal, sino una institución representativa. Por eso es exigible que siempre aparezca limpia de cualquier sospecha. El tribunal, y sólo él, acabará diciendo si el ciudadano Nadal es inocente o culpable de los delitos que se le imputan, pero el simple hecho de que haya suficientes indicios para que el Tribunal Supremo haya decidido investigarlo, indica bien a las claras que las cosas no se han hecho bien y la sospecha salpica a la institución. Por eso, porque no hace falta que el Salón de Plenos esté lleno de porquería para limpiarlo y un solo papel en el suelo ya exige la escoba, tampoco hace falta el fallo del tribunal para liberar a la institución de una mancha. Por higiene democrática y estrictamente política, deberían meditarlo.


ANALFABETOS FAMOSOS

El Teatre Metropol se nos ha vestido de librería por unos días. Acérquense y podrán ver las últimas novedades del libro en catalán y una extensa selección de títulos; y si siguen su programación tendrán la oportunidad de conocer a algunos de sus autores y pedirles que les dediquen un libro o escucharles mientras lo presentan en público. Por primera vez, la Fira ha traspasado las rondas de Barcelona y ha hecho acto de presencia en Tarragona. Felicitémonos por ello.

Aunque el balance lo harán los libreros pasado el día catorce y ojalá sea inmejorable, no puedo evitar la sensación de espejismo que este tipo de muestras me producen, sobre todo porque viéndolas se tiene una sensación de normalidad que no se corresponde en absoluto con la realidad. Quiero decir que viéndolos allí, bien ordenados en los estantes, con gente deambulando por el espacio y hojeándolos, los libros, y concretamente los libros en catalán, parecen un elemento habitual de nuestra vida diaria; del mismo modo que el número de títulos editados, cada año más, producen la falsa impresión de vitalidad.

Y sin embargo, aunque quizás el estado de la industria editorial es bueno, el número de lectores sigue siendo exiguo y la influencia del libro en nuestra cultura, en declive. Son miles las personas que no se acercan nunca a una librería y lo que es más grave, millones los ciudadanos que han arrinconado a los profesionales relacionados con él: profesores, escritores, filósofos, etc., en beneficio de cantantes, modelos, futbolistas, aristócratas decadentes o políticos. Lamentablemente la palabra ha perdido prestigio social, así que su conocimiento también. A pesar de la generalización de la escolaridad y de la mejora del nivel de vida, la gente aún sabiendo leer más, lee menos. Desgraciadamente se imponen los analfabetos funcionales, capaces de leer un texto pero incapaces de entenderlo en todo su significado; balbuceantes, repetitivos e imprecisos en el hablar; hábiles en perderse a la menos dificultad e incapaces de expresar algo mínimamente complejo. Y ¡ojo!, son esos especialmente los modelos que los medios de comunicación acogen; esos, los triunfadores, y a menudo hasta los que deciden por nosotros en la política.


JUGAR A LA DEMOCRACIA

El Ayuntamiento de Tarragona ha querido que los ciudadanos participemos y opinemos sobre el emplazamiento del monumento a los "castells". Eso está bien, no hay nada más sano para la democracia que la participación ciudadana. Aunque... ¿No han tenido nunca la sensación de ser como un "clik" articulado con el que juega alguien? ¿De formar parte de un juego, con sus vestiditos y sus complementos para conquistar el Lejano Oeste o para encontrar el tesoro de la isla? ¿O para jugar a la democracia?

Imaginemos que nuestras autoridades municipales quisieran contar con nosotros para tomar algunas decisiones. En ese caso la votación debería ser seria, con un censo fiable, mesas eletorales, etc. I des de luego podrían estar interesados en saber dónde queremos situar un monumento, pero digo yo que ya puestos, tal vez sentirían alguna curiosidad por conocer si aprobamos que se construya un nuevo horno en la planta incineradora; si nos parece correcto que haya que destrozar más el país construyendo una variante en lugar de convertir la autopista en la variante a su paso por aquí; o si apoyamos su decisión de hacer de nuestro puerto una modestísima base naval de los EUA; o incluso si nos parece adecuado que las empresas municipales se privaticen o que subvencionen un club de fútbol; o sobre los recursos que dedicamos a asistencia social; o llegado el momento ¿qué tal si nos preguntaran por el destino de los terrenos que liberará la vía del tren o alguna cosa sobre el nuevo párquing en la Rambla que todos prometen? Temas, ya lo ven, hay.

Sin embargo parece que de momento tienen de sobra con preguntarnos por el monumento. Y aún así no se fían y ya advirtieron antes de empezar la partida que salga lo que salga ganan ellos. Porque eso sí, una cosa es dejarnos votar y otra hacernos caso. Así que un día nos instalan las urnas de "playmóvil" i las papeletas de voto de "la señorita Pepis" para que podamos jugar, mientras ellos deciden lo que quieren.

Y digo yo que si la ley no les obliga porque son ellos quienes legítimamente deben tomar las decisiones, ¿qué necesidad tienen de jugar así con nosotros, con una pantomima de consulta, aberrante en lo formal, cuyos resultados no piensan respetar? Pregunto.


EL AZUFAIFO

Ya no hay ninguna excusa para ignorar el significado de esta palabra que se ha encumbrado a la categoría de noticia. El informativo de TV3 del domingo noche dedicó sus imágenes a informarnos a todos que el alcalde de Barcelona había plantado un azufaifo en la ciudad. Gran noticia, sin duda, merecedora de colarse en todos los comedores del país. Desde hoy y gracias al alcalde de Barcelona, el azufaifo, (zizyphus vulgaris), conocido en catalán como "gingoler", arbusto que se utiliza para la fabricación de la "tenora", pasa a ocupar un lugar en nuestro vocabulario. ¿Dónde está la noticia? quizás se pregunten. Buena pregunta. La verdad, no debe ser porque se plante un árbol, ¿no? Ni porque lo plante un alcalde. Debe ser porque el evento ha sucedido en Barcelona y, ya se sabe, lo que ocurre allí, siendo como es el centro del universo liliputiense en que la han convertido nuestros vyps, debe interesarnos a todos.

Bueno, ya ven dónde hemos ido a parar. Llueve sobre mojado. La TV pública de Cataluña y en general los medios de comunicación públicos y privados que se producen en Barcelona son bastante provincianos i no ven más allá de sus cinturones. Para ellos, el resto del país somos, según el día y según sus necesidades, un lugar de ocio, una reserva de pintoresquismo, una prueba de variedad, un ejemplo de riqueza y hasta la evidencia del progreso del país. Pero en su vida diaria somos una molestia que es preferible ignorar, salvo que podamos aportar algún accidente espectacular o un asesinato perverso. En el mejor de los casos, nos reservan para las rutas y las curiosidades. Cualquier hecho aquí es minimizado allá en beneficio de azufaifos u otras efemérides. Y lo peor es que el olvido diario es común a los mandarines de nuestro mundo político, social y cultural, que se mueven en Barcelona.

Así las cosas, vivir en Tarragona es un defecto sin solución posible. Ahí tienen ustedes a Olga Xirinacs, una escritora que ha ganado los premios literarios más importantes del país y con una obra extensísima, permanentemente ignorada. Por eso es importante poder celebrar los diez años de existencia de una editorial en Tarragona, como EDICIONS EL MÈDOL, que ha podido sobrevivir lejos de la metrópolis. Felicidades.


MADUREZ DEMOCRÁTICA

Una de las señales para conocer el grado de madurez de un sistema democrático es sin duda su capacidad para superar sin convulsiones la alternancia en el poder. Pero no es la única. En mi opinión también es un signo de vitalidad democrática la capacidad de los partidos políticos para llegar a acuerdos, a veces incluso más allá de lo que parece razonable y conveniente. Y en ese terreno, no cabe duda de que llevamos un largo camino recorrido, baste recordar los pactos de CiU con el PSOE primero y ahora con el PP, o los gobiernos municipales de Tarragona o de Reus.

Pero donde arrastramos un déficit histórico es en el terreno de la colaboración entre los sectores de izquierda. En efecto, mientras los partidos de derecha y de centroderecha han sido capaces de reconocerse, en la inquierda y el centroizquierda continúa imperando un recelo estéril. Y superar ese déficit es también un signo de madurez, aún pendiente.

La Plataforma de Maragall - que por respeto histórico no debe llamarse "Entesa dels catalans"- puede ser un paso importante en esa dirección. Si las cosas se hacen bien, con sentido común y generosidad, la Plataforma puede tener serias opciones de victoria en las próximas elecciones al Parlament de Catalunya. Pero en mi opinión su éxito debe buscarse, si no al margen sí en paralelo a la contienda electoral, en su capacidad para articular un movimiento de centroizquierda capaz de convergir en lo esencial, sin sacrificar la diferencia.

Parece ser que las próximas elecciones municipales pueden significar el pistoletazo de salida para que PSC i IC-V empiecen a concretar. Soy de los que creen que las municipales ya deberían ser más unitarias, pero comprendo que los distintos partidos quieran saber quien es quien, electoralmente, antes de sentarse a negociar. Sería bueno, sin embargo, que no olvidaran que más que a las respectivas direcciones partidistas, incluida ERC, es al electorado potencial de centroizquierda de Cataluña, mayoritariamente sin afiliar, a quien hay que dejar satisfecho con una opción que de verdad responda al perfil unitario de ese sector posiblemente mayoritario de la población que quiere un cambio. En ese sentido, hacer posible tal plataforma es casi una obligación.


BIENVENIDO CARNAVAL

El Carnaval es tiempo de locura y de licencia: de transgresión; el tiempo del atrevimiento, las horas en que el orden pierde pie y la autoridad se ve escarnecida. O almenos eso es lo que suele decirse. Aunque, la verdad, no me parece que sea del todo cierto. Si he de hacer caso a mi experiencia, no soy capaz de recordar más que algún que otro exceso verbal y alguna crítica acerada en los pregones, porque lo demás, la rúa y los disfraces, suelen tener poco de transgresión y mucho de hábito y de espectáculo festivo.

Este año los pregones de Tarragona y de Reus han afilado la sátira y se han centrado en la crítica a ediles y alcaldes de los respectivos ayuntamientos, como debe ser; en Tarragona, a Mallol (titola del barri mariner), Aregio (enxufista) y Nadal (cofacha español); en Reus, a pesar de alguna referència a Abelló (exalcalde), se han cebado especialmente en Galofre (Pancràs). No les habrá gustado, pero no tienen más remedio que callar y lucir una bella sonrisa carnavalera, como ya dejó claro Carles Sala, concejal de fiestas de Tarragona.

Sin embargo, por mucho que se empeñen los teóricos de la cultura popular y se esfuercen los pregoneros, el Carnaval va siendo otra cosa y la burla, la sátira y la desinibición són cada vez más raros y más cosa del pasado, si alguna vez lo fueron. Lamentablemente. Hoy lo que impera es la brillantez. Las comparsas apelan a la imaginación y a las tijeras para confeccionar disfraces coloristas y fantasiosos, y ensanyan movimientos y pasos de baile para conseguir una réplica deslucida de los carnavales por excelencia. Nuestros carnavales se han quedado en tierra de nadie: ni tienen el carácter irreverente e iconoclasta, desvergonzado y salaz que acaso tuvieron, ni son graciosos como los de Cádiz, ni brillan con el esplendor y la mágia de los de Río, que acaso querrían tener, pero para lo cual nos faltan tradición y clima.

Aunque a pesar de ello, la rúa se ha convertido en una cita obligada del calendario festivo, en un motivo para que grupos de amigos y asociaciones y entidades de toda índole se diviertan y ocasión para que otros muchos ciudadanos se dejen divertir por un espectáculo de música, color y movimiento. Aunque sólo sea por eso, bienvenido sea.


GANAR VOTOS

Si los periódicos no mienten, el PSC estaria buscando asesores made in USA para Maragall con vistas a las próximas elecciones. Supongo que se trata de responder a la pregunta ¿qué podemos hacer para ganar? És, claro está, una aspiración legítima. De hecho, todos los partidos políticos, y de una manera especial los más importantes, recurren a profesionales (de la publicidad i de la imagen o de la sociologia) para poner la máquina a punto para las elecciones. I deben tener razón. Al fin y al cabo ganar unas elecciones depende a menudo de la decisión final de un grupo relativamente pequeño de electores que no fidelizan su voto.

La experiencia parece confirmar que el grueso del cuerpo electoral tiende a ser muy conservador con su voto y es poco proclive a cambios. En consecuencia todos los esfuerzos deben ir encaminados a convencer a los desavisados, a los indecisos y a los que están disuestos a cambiarlo sin prejuicios. Los expertos, pues, intentan conocer al máximo su perfil para saber a qué tipo de mensaje pueden ser sensibles. Las campañas electorales, así, són cada vez menos políticas y, sobre todo, menos ideológicas y se aproximan a las campañas publicitarias.

En mi opinión, eso es una lástima. Una lástima que haya tan poco debate de ideas entre los políticos, y en la sociedad, y una lástima que los ciudadanos fidelicen tanto su voto. No es bueno que los electores se ganen como se gana clientes un negocio, ni que una parte muy importante de la sociedad tenga el voto cautivo por una fidelidad que a menudo no se merecen.

En nuestro sistema democrático, la participación real de los ciudadanos se limita fundamentalmente a ejercer el derecho a voto cada cuatro años. Por eso el voto se convierte realmente en el único instrumento para castigar o premiar a quienes nos representan. Renunciar a ese derecho en nombre de una supuesta afinidad de ideas, que puede no haber tenido traducción real en los actos de gobierno o de oposición, significa desarmarse y otorgar patente de corso a los políticos para que utilicen nuestro voto como mejor les convenga.

Nuestro sistema político debería encontrar mejores y más eficaces cauces de participación ciudadana, y nosotros deberíamos implicarnos más en nuestra vida col·lectiva. Y almenos deberíamos aprender a cambiar nuestro voto.


ELAGUJERO

Dice mi amigo piloto que desde el cielo parece un agujero, una enorme boca desdentada; pero desde el Ayuntamiento de Tarragona se ha asegurado que estará listo para las próximas elecciones. Tan listo que ya prevén una semana de puertas abiertas para que podamos visitarlo dentro de muy poquito y comienzan a pensar en su inauguración. Estoy hablando del Palacio de Congresos.

El Palacio, más allá de las dificultades que ha encontrado en su construcción y sin discutir los beneficios que puede aportar a la ciudad, se ha convertido en el buque insignia de las inversiones en infraestructuras del gobierno municipal y, en especial, de alguno de sus miembros. No debe extrañarnos, pues, que deseen poder cortar la cinta y celebrarlo. Pero, qué quieren, hacer coincidir los fastos con las elecciones parece poco adecuado, bastante oportunista y hasta poco ético. Resulta tan evidente, que el mismo político que anuncia estas intenciones jura que la coincidencia es simplemente casual y advierte a la oposición para que se conforme con el destino.

Qué cosas, la casualidad! No me negarán que resulta sorprendente que la fortuna siempre premie con ella a aquellos que tienen a su alcance los medios para no necesitarla. En la Edad Media se la imaginaban como una enorme rueda ciega, repartidora arbitraria de la fortuna, pero ¿no será que tras la rueda hay un crupier con freno de pedal?

Mi amigo piloto también es arquitecto y dice que desde las nubes parece poco probable que el Palacio se acabe tan pronto, aunque todo es posible, sobre todo si se acelera casualmente el ritmo de las obras. En cualquier caso, por un simple sentido de la vergüenza el gobierno debería renunciar a su inauguración durante el periodo electoral. Si efectivamente se acaba, nada impide que se ponga en funcionamiento y se posponga la inauguración oficial hasta pasadas las elecciones. Incluso nada impide que la protagonicen los concejales que lo han impulsado, aunque no salgan elegidos para el próximo mandato. Y no es sólo una cuestión de estética.


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