IBERSA L'EBRE
CENTRE D'ESTUDIS DE LA RIBERA D'EBRE

El Barranc de Gàfols, Ginestar

Joan Sanmartí, Maria carme Belarte,Joan Santacana, David Asensio i Jaume Noguera

Resum i conclusions  del llibre L'assentament del bronze final i primera edat del ferro del Barranc de Gàfols (Ginestar, Ribera d'Ebre). Publicat a la col·lecció Ilercavonia
 
 
 

Resumen

1. Ubicación

El yacimiento de Barranc de Gàfols, también conocido como “El Pomeralet” está situado en el término municipal de Ginestar, a menos de un kilómetro al sudoeste de esta población. Se encuentra a la derecha del torrente del mismo nombre, justo en el punto en que éste desemboca en la llanura aluvial. Las coordenadas UTM del lugar son CF006455, según el mapa a 1:50.000 de la Cartografía Militar de España, hoja 32-18 (426).
El asentamiento antiguo ocupa una superficie algo inferior a 600 m2 en el extremo noroccidental de una extensa plataforma delimitada por pendientes abruptas, que forma parte de la segunda terraza cuaternaria y es conocida con el nombre de Les Planetes.

2. Cronología y evolución estructural

Los materiales datables más antiguos recuperados en Barranc de Gàfols son un cuchillo y una punta de flecha de sílex de tipos aún corrientes durante el Bronce Medio y que pueden perdurar incluso durante las primeras etapas del Bronce Final (fig. 5.222 y 5.238). Estas piezas no han podido ser relacionadas con estructuras constructivas, pero muestran que el lugar era ocupado o frecuentado durante el segundo milenio a.C., y probablemente ya con anterioridad. Este primer momento de ocupación, de naturaleza incierta, ha sido denominado Período 0.
El Período 1 corresponde claramente al Bronce Final y Primera Edad del Hierro, con una datación absoluta comprendida entre los siglos X-IX y VII a.C. Los fósiles directores característicos son, para los primeros siglos de este período, las cerámicas a mano propias de los Campos de Urnas Antiguos, o Período I de Vilaseca (bordes exvasados convexos con labio biselado al interior, decoración de acanalados complejos y hoyuelos) (fig. 5.197, 5.198 y 5.231), mientras que los niveles de los siglos VIII-VII a.C. se caracterizan principalmente por la presencia de acanalados horizontales simples (fig. 5.204), propios del Período III de Vilaseca, y, en cantidades muy reducidas, de cerámica fenicia de la zona del Estrecho de Gibraltar. La datación por C14 de un carbón procedente de la UE 280 (Beta-98213) no se aparta de esta evaluación, puesto que da una cronología calibrada de 1015 a 815 BC (método A) y 938-841 BC (método B).
Las casas de este período son de una sola habitación y no comparten paredes medianeras con las casas vecinas (con la posible excepción de los recintos 01-02). El mismo tipo de vivienda está documentado contemporáneamente en el yacimiento próximo de Barranc de Sant Antoni (Asensio et alii, 1994-1996). Las distintas construcciones edificadas a lo largo de los cuatro siglos de ocupación del Período 1 se superponen y se recortan en distintas ocasiones, y sin duda algunas de ellas han resultado destruidas por los edificios levantados durante el Período 2 (fig. 4.2). Ello explica la mala conservación de muchos de estos recintos (en realidad sólo el recinto 08 nos ha llegado en relativo buen estado), así como el hecho de que prácticamente todos, con la única excepción del 05, daten de los siglos VIII-VII a.C. o sean de cronología imprecisa.
La estructura descrita sugiere que el lugar no fue habitado durante el Período 1 de una forma permanente, sino que a cada momento de habitación seguía un tiempo de abandono, después del cual se volvía a construir, ignorando generalmente la ubicación de las estructuras más antiguas. En estas condiciones, resulta muy arriesgado intentar evaluar el número de casas construidas durante este período (y aún más el número de ocupaciones), pero no está de más plantear la cuestión de forma hipotética. En efecto, para el período comprendido entre finales del siglo VIII a.C. y los últimos años de la siguiente centuria contamos con los restos bien documentados de seis casas, a las que tal vez puedan añadirse otras tres que habrían existido bajo el emplazamiento de los recintos III-IV del Periodo 2. En total, pues, se podría pensar en un mínimo de nueve casas para un período de cien años. Admitiendo –pero es sólo una hipótesis- que hubiera una media de dos casas habitadas simultáneamente en cada momento de ocupación, ello representaría que cada ciclo de ocupación-abandono habría durado unos 30-35 años.
El Período 2 se caracteriza muy particularmente por un cambio profundo en la estructura del asentamiento (fig. 4.1). En efecto, aparecen ahora una serie de habitaciones ocupadas sin duda de forma simultánea, a menudo adosadas formando bloques constructivos compactos (A, B, C, D) separados por estrechas callejas (a, b, c). También se documenta, al este, una estructura excavada de forma alargada y una profundidad máxima de 105 cm, que ha sido interpretada como una cisterna. Nos hallamos, pues, ante una estructura física que puede calificarse de “protourbana”, en el sentido de que existe un uso controlado del espacio. Todo ello, así como la presencia de decoraciones pintadas en las paredes de los recintos I y II, la abundancia de grandes envases cerámicos de almacenaje y la utilización de molinos de grandes dimensiones y peso, sin duda no transportables (tipo A), pone de manifiesto que el grupo humano establecido en Barranc de Gàfols había modificado radicalmente las formas de vida practicadas por sus antepasados y había adquirido un carácter plenamente sedentario. El tamaño de este grupo humano puede ser evaluado con una cierta precisión, teniendo en cuenta que, de los doce recintos ocupados, solamente los cinco que conforman el bloque constructivo A, más el recinto IX y, tal vez, el recinto VI parecen haber sido auténticas casas, lo que permite pensar en un grupo compuesto por unas treinta a treinta y cinco personas.
En cuanto a la datación de este Período 2, parece probable que la construcción del bloque constructivo A se iniciara en los últimos lustros del siglo VII a.C. con la erección de los recintos I y II, a los que pronto se debieron de añadir los recintos II-V. El momento de construcción de los recintos VI-XII y XIV no puede ser determinado, pero es prácticamente seguro que todos ellos funcionaron contemporáneamente con el bloque constructivo A y que todo el conjunto quedó destruido por un violento incendio en una fecha próxima a 570/560 a.C. La datación de este período se apoya fundamentalmente en la ausencia de decoración de acanalados entre las cerámicas a mano, en el pequeño número y el carácter evidentemente residual –excepto en los niveles fundacionales– de la mayoría de cerámicas fenicias procedentes del área del Estrecho de Gibraltar -–tan abundantes todavía a principios del siglo VI a.C. en el yacimiento de Aldovesta–, y, finalmente, en la abundancia de otras producciones a torno de tipo fenicio, posiblemente producidas en el sudeste de la Península Ibérica, que incluyen también en su repertorio algunas formas griegas propias de la primera mitad del siglo VI a.C. Dos dataciones radiocarbónicas realizadas en restos procedentes del recinto IV (una bellota carbonizada de la UE 44) (Beta-98211: 817-752 a.C., 58,7% y 695-544 BC, 41,3%, según método B) y del relleno de la cisterna (UE 433) (Beta-98212: 888-871 BC, 1,3% y 850-518 BC, 98,3%, según método B) no contradicen la evaluación propuesta a partir de los materiales cerámicos.
Con posterioridad al final del Período 2, el lugar permaneció deshabitado, pero no abandonado. Efectivamente, los niveles superficiales han proporcionado un pequeño número de fragmentos de cerámica ibérica, campaniense A, Terra Sigillata Hispánica, Terra Sigillata Clara, ánfora bajoimperial y diversas producciones medievales y postmedievales (fig. 5.235) que muestran que el lugar continuó siendo frecuentado hasta la actualidad, sin duda con finalidad de explotación agrícola.
3. Análisis funcional del asentamiento

3.1. El Período 1

La documentación proporcionada por los niveles correspondientes al Período 1 es más bien escasa, debido tanto a la destrucción de una gran parte de estos sedimentos como, muy particularmente, al hecho de que las casas parecen haber sido abandonadas siempre –el recinto 03 es la única posible excepción- de forma pacífica, llevándose la totalidad de objetos que podían ser de utilidad. Así, el recinto 08, el mejor conservado, con una sedimentación interna prácticamente intacta, sólo ha dado materiales cerámicos muy fragmentados (fig. 5.219), sin elementos que permitan reconocer las actividades realizadas en el mismo.
Más concretamente, no se ha documentado ningún objeto relacionable con la actividad textil, lo que no significa, evidentemente, que ésta no existiera. En efecto, se podrían haber utilizado telares horizontales de rejilla, sin pesas, o bien utilizando piedras para esta función. También podría haberse tratado de telares verticales del tipo utilizado para la cestería de saltos, con pesas del mismo tipo o con la barra inferior fijada en el suelo con un sistema de anclaje (Morris, 1986, 252, fig. 82). En cualquier caso, y teniendo en cuenta su escasa sofisticación, debía de tratarse de una actividad doméstica. Lo mismo puede decirse de la molienda, aunque sólo puede fecharse dentro de este período un único molino de pequeñas dimensiones. La presencia de grandes vasos de almacenaje se ha documentado en el recinto 03 (fig. 5.205.7-8), pero su número es ciertamente reducido, por lo menos en comparación con el Período 2 (sólo un 3% de los individuos de cerámica a mano, frente a un 13% del Período 2, al que se debería añadir los numerosos pithoi a torno propios de este momento. Este hecho debe relacionarse con la probable ausencia durante el Período 1 de pisos superiores en las viviendas que pudieran servir como zonas de almacenaje. En otros muchos aspectos, sin embargo, las construcciones del Período 1 de Barranc de Gàfols, como las que han sido descubiertas en el yacimiento vecino de Barranc de Sant Antoni (Asensio et alii, 1994-1996a), son similares a las de la etapa más avanzada, lo que muestra claramente que éstas últimas son una evolución de las tradiciones constructivas existentes en la zona durante el Bronce Final. Efectivamente, las viviendas del Período 1 son también a menudo de planta rectangular alargada, semiexcavadas en el suelo de base y con hogares, generalmente en posición central, encajados en el pavimento y dotados a veces de preparación de fragmentos cerámicos o guijarros. En cambio, no hay evidencia alguna del uso de adobes ni hornos ni del resto del equipamiento fijo o semifijo que durante el período más avanzado se elaboraba con tierra. Por supuesto, de ello no se deduce necesariamente que tales elementos no existiera, dado el mal estado de conservación de estas construcciones antiguas y el hecho de que la ausencia de incendio no ha favorecido la preservación de los objetos de tierra no cocida. En cualquier caso, en Barranc de Sant Antoni se ha documentado una banqueta cuadrangular de piedra en uno de los ángulos de la habitación. Por último, no se ha documentado en este Período 1 ningún elemento relacionable con prácticas cultuales.

3.2. El Período 2

Contrariamente, el buen estado de conservación de los niveles de destrucción del Período 2 y la presencia en los mismos de un gran número de materiales in situ, consecuencia lógica del final imprevisto del asentamiento, suponen la existencia de una documentación de gran riqueza para el conocimiento de los aspectos funcionales del mismo.

3.2.1. El asentamiento como lugar de trabajo y almacenaje

Las actividades de trabajo mejor documentadas en el asentamiento son el tejido, la molienda y la cocina. Todos los recintos domésticos ocupados durante el Período 2 han proporcionado elementos relacionables con al menos una de estas actividades, y a menudo con todas ellas. En efecto, la presencia de pesas de telar ha sido documentada en los recintos I-IV y VI, la de molinos en los recintos I-V, VIII, XI y XVII, y los hogares en los recintos I-V, VII y IX. Además, el recinto I también contenía un horno culinario. El asentamiento es, pues, tanto un lugar de trabajo como un núcleo residencial. A todo ello debe añadirse aún la preparación de colorantes y, posiblemente, de productos medicinales, concretamente en el recinto VIII.
La distribución de los pondera parece indicar que el tejido era una actividad desarrollada en el marco de cada familia nuclear, ya que, de no ser así, se esperaría haber hallado la totalidad o la mayor parte de estos objetos agrupados en un solo recinto, tal como se observa en muchos yacimientos de la segunda edad del hierro. El hecho de que el número de piezas halladas en cada habitación sea reducido (cuatro en el recinto I, una en el recinto II, cuatro en el recinto III, tres en el recinto IV y una en el recinto V), a veces solamente una, no se opone necesariamente a esta idea, ya que los telares de la primera edad del hierro parecen haber funcionado a menudo con un número reducido de pondera. Así, en Aldovesta se recuperó un solo ejemplar, hallado en el único recinto doméstico del yacimiento (recinto C) (Mascort, Sanmartí, Santacana, 1991, lám. 30, nº 7); en el Coll del Moro de la Serra d’Almos el número se reduce a 4 (Vilaseca, 1953, 41, 47; Cela, Noguera, Rovira, 1999, 114, lám. V, 11-12), y en el Puig Roig del Roget solamente se han hallado cuatro piezas en el conjunto del yacimiento (Genera, 1995). Esta situación se documenta también en otros ámbitos culturales y geográficos muy diferentes, como la Creta del Bronce Antiguo (Warren, 1972, 220) y muestra que el instrumento utilizado seguramente no era el telar vertical de pesas –a menos que fuera muy pequeño-, sino que probablemente se trataba de telares horizontales de rejilla, tal vez dotados de un lizo, o bien de telares verticales del tipo de cestería de saltos (fig. 7.16). De todas maneras, la presencia de un número importante de pondera agrupados en un mismo recinto en determinados yacimientos contemporáneos del Período 2 de Barranc del Gàfols –como Sant Jaume-Mas d’en Serra (Gracia, García, Munilla, en prensa) o el Tossal Montañés (Moret, Gorgues, Lavialle, en prensa)- muestra que la difusión de los telares verticales de pesas se había iniciado ya en estos momentos.
También la molienda parece haberse desarrollado en el marco de las familias nucleares, ya que todos los recintos dotados de hogar y que, consecuentemente, han sido considerados como casas, contenían al menos una piedra de molino. Con todo, la concentración de determinados tipos de molino en ciertos recintos permite suponer también una cierta especialización de esta actividad. En efecto, en los recintos IV y VIII se concentran respectivamente la totalidad y la gran mayoría de los tipos A1 y A3, es decir, los instrumentos de molienda de mayores dimensiones y que parecen haber estado destinados al procesado de cereales (con exclusión de las bellotas). En cambio, el tipo A2, utilizado indistintamente para cereales y para bellotas, se documenta en todos los recintos, y lo mismo puede decirse prácticamente del tipo A4, ausente sólo en los recintos II y V, que era también utilizado para la molienda de bellotas y de cereales. En definitiva, parece que los instrumentos especializados exclusivamente para la molienda de grano se documentan únicamente en tres ámbitos domésticos (I y, sobre todo, IV y VIII), mientras que los molinos polivalentes están presentes en todas las casas. La interpretación de estos datos no es fácil, pero, en cualquier caso, parece evidente la existencia de una cierta concentración de instrumentos especializados en la molienda de cereales, sobre todo en los recintos IV y VIII, posiblemente destinados a la obtención de harina o sémola de cereal a gran escala en ciertos momentos del año, particularmente después de la cosecha, mientras que en todas las casas se debían de procesar las bellotas y, ocasionalmente, los cereales. Nos hallaríamos, pues, ante un principio de especialización de los procesos de molienda.
Por otra parte, es posible que los recintos X, XI y XII, que no tenían pavimento ni (con seguridad el primero, probablemente tampoco los dos restantes) hogar hayan servido para el alojamiento de animales domésticos. Esta posibilidad parece particularmente plausible en el caso del recinto X, que es de forma diferente (más corto y ancho) que los recintos claramente domésticos y, además, tiene un acceso en rampa descendente que parece particularmente indicado para la función que proponemos. En cuanto a los recintos XI y XII, sus formas y dimensiones (aunque no su equipamiento interno) se corresponden claramente con los de las casas normales. Es posible que se trate de casas desafectadas y reutilizadas para guardar animales, pienso, leña, paja, materias primas transformables o instrumental diverso. En cuanto al recinto XIV, tan peculiar, es plausible suponer que se tratara de un pajar. Los cuatro recintos mencionados representan el 30% de los doce espacios cubiertos que estaban en uso durante el Período 2. Por otra parte, y dada la ausencia de hogares, es probable que los recintos VI-VII-VIII deban considerarse también como áreas de trabajo y almacenaje, lo que significa que prácticamente la mitad de los espacios cubiertos eran de hecho instrumentos relacionables con la producción y no con las funciones residenciales propiamente dichas. Si se evalúa desde este punto de vista funcional la superficie cubierta útil, las áreas residenciales (recintos I-V y IX) ocuparían unos 126 m2 (+61,6% del total de la superficie útil cubierta), mientras que los demás recintos se extienden sobre 78,4 m2 (= 38,4%) aproximadamente (suponiendo una superficie útil de 20 m2 para los recintos XI y XII), pero hay que tener presente que estas construcciones tenían además un piso superior destinado al almacenaje.
Además de lo dicho, es posible que también se practicaran junto a las casas (posiblemente al oeste de las mismas) otras actividades mal o nulamente atestiguadas en el registro arqueológico, como la preparación de derivados de la leche o de bebidas fermentadas a base de cereales, cuya existencia está bien documetada desde principios del bronce final como mínimo (Juan, en prensa). El mismo lugar podría haber sido utilizado para la actividad metalúrgica –de haber existido– o para la fabricación de cerámica. Con objeto de verificar estas posibilidades, se ha excavado prácticamente todo el sector comprendido entre los recintos V-XIV-X y los límites meridional y occidental de la plataforma, pero no se ha podido documentar ninguna actividad concretada (lo que no necesariamente significa que no se practicaran), pese a la existencia de algunos agujeros y capas de cenizas que no ha sido posible interpretar.
En cuanto al almacenaje de alimentos, la presencia de grandes envases cerámicos destinados presumiblemente a esta función ha sido bien documentada en todos los recintos del bloque constructivo A (I-V), en los recintos VI-VIII y, con menor claridad, en los recintos XI-XII. Es decir, que la totalidad o la gran mayoría de las casas y espacios de trabajo cubiertos utilizados durante el Período 2 eran a la vez almacenes. A juzgar por la posición estratigráfica en que se han hallado estos elementos, resulta evidente que su posición original estaba en un nivel superior: altillo, piso o terraza (fig. 6.16.-17). La utilización de pisos superiores para el almacenaje está bien documentada etnográficamente, por lo menos en los meses fríos (Horne, 1994, 100; Louis, 1979; Triantafyllidou-Baladié, 1979, 15; Schinde, 1991). En cuanto al volumen de estas reservas, es difícil evaluarlo con precisión, dado que la gran mayoría de vasos se conserva sólo de forma fragmentaria y que, además, no es posible asegurar que se han encontrado todos. En cualquier caso, los envases recuperados en el recinto I habrían podido contener un mínimo de 1.000 litros de grano, lo que se corresponde bastante bien con el consumo familiar anual, y es posible suponer que esta cifra es válida también para el resto de recintos, en particular los del bloque constructivo A. Se trataría, por tanto, de reservas domésticas a escala familiar. No se puede excluir que también existieran otras reservas ubicadas en otros lugares, utilizando silos u otros sistemas, pero no se ha hallado evidencia alguna de ello en la zona excavada.

3.2.2. El asentamiento como lugar de refugio

Como indica L. Horne, la noción de refugio se puede definir como aquellas condiciones que garantizan no solamente la supervivencia biológica, sino también unas condiciones de trabajo adecuadas, el mantenimiento de la salud y un ambiente general tolerable, a la vez que un nivel de confort personal aceptable (Horne, 1994, 96-97). Esto significa, en primer lugar, la necesidad de mantener unas temperaturas confortables –aspecto que presenta ciertas dificultades en una zona con oscilaciones térmicas considerables entre verano e invierno–, y también la de protegerse de la acción de los vientos, particularmente del cierzo, que sopla del noroeste y es frío y violento.
En relación con el confort térmico, la propia utilización de la tierra como material de construcción es ya una ventaja importante, dadas sus cualidades aislantes (Bardou, Arzoumanian, 1979, 32; CRATerre, 1995, 156-157). Este aislamiento, además, debía de mejorar gracias a la existencia, que creemos muy probable, de un piso superior, y también por un adecuado mantenimiento de los revestimientos de barro interiores y exteriores (Horne, 1994, 98). Asimismo, la disposición de las casas compartiendo muros medianeros se justifica también por la necesidad de reducir al máximo las pérdidas calóricas a través de los muros que dan al exterior, motivo por el cual las habitaciones deben presentar la menor superficie externa posible manteniendo el máximo espacio interior (Taylor, 1984, 26). El carácter parcialmente subterráneo de muchos de los recintos, siguiendo una tradición bien documentada en la zona, también permite aprovechar y conservar mejor el calor durante los meses fríos. El elemento básico de calefacción eran evidentemente los hogares que se han documentado en gran número de recintos (particularmente los del bloque constructivo A, el recinto IX y, de un tipo diferente, el recinto VIII), situados por lo general en el centro de las habitaciones. Es posible que en estos hogares se encendiera fuego, y ello implicaría probablemente la existencia de alguna abertura en el techo para facilitar la salida de humos, lo que, a su vez, haría imposible la existencia de un piso superior completo (probablemente se trataría, en este caso, de dos altillos más o menos grandes, con un espacio libre en medio, en el centro de la habitación). También es posible, sin embargo, que en estos hogares se depositaran solamente brasas y que los fuegos propiamente dicho se practicaran en el exterior de las casas, hecho que podría explicar algunos indicios de combustión hallados en algún punto no cubierto del yacimiento, sobre todo al sur del recinto V. En cualquier caso, el uso de brasas en hogares situados directamente en el suelo está bien atestiguado por paralelos etnográficos (Horne, 1994, 143).
La ventilación, particularmente en verano, se debía de conseguir a través de las puertas, las ventanas y, en caso de no existir un piso superior completo (es decir, que se tratara de altillos más o menos grandes), con aberturas en el techo; con todo ello se habría alcanzado una buena circulación del aire. En tiempo frío, algunas de estas aberturas se debía de tapiar. De todas formas, es probable que en tiempo estival la mayor parte de las actividades, incluyendo el reposo nocturno, se desarrollaran en el exterior, de manera que la preocupación principal debió de ser la calefacción durante los meses fríos.
La ubicación de las puertas raramente puede ser reconocida, a causa del arrasamiento de una parte de las paredes y también, posiblemente, porque el umbral se situaba a menudo por encima del zócalo de piedra. De todas formas, se puede suponer que, en el caso del bloque constructivo A, estas aberturas estaban situadas en el lado corto oriental, ya que ésta es la mejor ubicación posible para aprovechar la luz y el calor solar y, además, permite evitar el cierzo, que sopla del noroeste. Hay que decir, sin embargo, que la única puerta claramente reconocible, la del recinto IV, se encuentra precisamente en el lado occidental. Ello, sin embargo, debe de obedecer al hecho de que, en este caso, al este del edificio se adjuntó un anexo (recinto XVII) que anulaba la puerta original; además, la existencia del recinto IX al otro lado de la calle A hacía imposible la construcción del anexo en este último punto, a la vez que proporcionaba una protección de los vientos dominantes que permitía la existencia de una puerta en el lado occidental del recinto IV. En cuanto al bloque constructivo B, parece fuera de lugar suponer que las puertas pudieran encontrarse en el lado norte, actualmente desaparecido, de modo que con toda probabilidad debían de abrir a la calle B. Es preciso indicar, de todas formas, que la puerta del recinto X estaba en el lado occidental, hecho que confirma que nunca se trató de una vivienda y sugiere que podía tratarse de un establo: en efecto, la entrada de los animales habría sido muy difícil por los lados sur y este, dada la estrechez de las calles que determina la presencia de los recintos IX, XIV, VII y VIII, mientras que era cómoda por el lado occidental.

3.2.3. El asentamiento como centro de actividades cultuales

Las actividades rituales presumibles se refieren a dos aspectos diferentes. En primer lugar, la existencia de un posible sacrificio de fundación, realizado en el momento de construcción de los recintos I-II. Se trata del hallazgo de una escápula completa de Bos taurus (fig. 5.2) colocada en el horizonte de construcción y bajo una de las piedras que forman el muro septentrional del recinto I (UE 25). Dada la gran fragmentación habitual en los restos óseos procedentes de consumo y la posición del hallazgo no parece excesivamente aventurado suponer que esta escápula se depositó intencionalmente antes de construir el muro, con una finalidad evidentemente ritual y vinculada a la protección del propio edificio y de sus ocupantes.
Asimismo, bajo el pavimento del recinto V se ha documentado la existencia de una pequeña cavidad de forma ovalada (42 cm. de longitud) que contenía algunos restos óseos, muy escasos. La posibilidad de que se trate de un sacrificio fundacional no puede excluirse, aunque también puede tratarse de restos de ocupación del Período 1.
Otro indicio importante de prácticas rituales es el hallazgo de objetos que se suponen vinculados a éstas. Es el caso de los thymiateria, hallados precisamente en los recintos I y II (fig. 5.11.-10 y 5.40.-3) y –pero en este caso es una pieza ya amortizada– en el relleno de la cisterna (fig. 5.181.-4). Precisamente esta última pieza conservaba restos de cera, que parecen confirmar su carácter ritual. Es interesante observar, en cualquier caso, que la presencia de estos objetos atestigua la penetración en ambientes indígenas de prácticas rituales exógenas, hecho que no puede sorprender, dado el largo contacto, de más de un siglo, que habían mantenido las poblaciones de la zona con los comerciantes fenicios. Otro elemento al que es posible atribuir un carácter ritual es el “morillo” del recinto IV (fig. 5.69 y 5.70), aunque su significación precisa se nos escapa. La vinculación al hogar sugerida por G. Ruiz Zapatero (1985, 806-808) es perfectamente posible, pero difícil de demostrar; en cualquier caso, el hecho de que sólo se haya encontrado un ejemplar, cuando existían por lo menos seis hogares en funcionamiento en otros tantos recintos, no parece apoyar esta idea.
Probablemente no es casual el hecho de que la mayor parte de testimonios relacionables con las prácticas rituales hayan aparecido precisamente en los únicos recintos (I-II) que han dado restos de decoración pintada y que son, además, los más antiguos del bloque constructivo A y, probablemente, del Período 2. Este tipo de actividad parece, pues, concentrada en estos dos espacios, que, sin embargo, no tienen un carácter especializado, dado que en los mismos se desarrollaron también funciones domésticas y residenciales diversas (cocina, molienda, tejido, reposo).

4. El sistema de ocupación del territorio y la estructura económica

La estructura económica de los grupos humanos establecidos en la hoya de Móra experimentó probablemente una evolución considerable entre el Bronce Final y la Primera Edad del Hierro, de manera que parece indicado distinguir desde este punto de vista por lo menos dos períodos (1 y 2), que se corresponden con los que se han definido más arriba a partir de criterios formales.

4.1. El Período 1 (fig. 8.1)

El hecho de que durante el Período 1 se documente una ocupación en casas no adosadas, que a menudo se superponen o se recortan, indica muy probablemente que el lugar fue ocupado en repetidas ocasiones de manera temporal, impresión que también se desprende de los trabajos realizados en los yacimientos de Les Deveses y Barranc de Gàfols (Asensio et alii, 1994-1996a) y 1994-1996b). En definitiva, parece que los distintos yacimientos del Bronce Final y Primer Hierro documentados en los trabajos de prospección realizados en esta zona no fueron habitados de forma estrictamente contemporánea, sino que son el resultado de una forma de vida todavía no plenamente sedentaria, de manera que un mismo grupo humano los debió de ocupar de forma alternativa. Aunque los datos paleoeconómicos de que disponemos para este período son todavía muy limitados, la ausencia de un hábitat sedentario lleva a pensar en un sistema agrícola de rozas, probablemente con deforestación por fuego. Esta producción se complementaba sin duda con una importante actividad de recolección, sobre todo de bellotas (bien atestiguada en el Período 2 con abundantes restos paleocarpológicos) y, sin duda, con la ganadería, que también debió de desempeñar un papel muy importante en la estructura económica. En efecto, el estudio arqueozoológico del Período 1 de Barranc de Gàfols ha permitido demostrar el predominio absoluto de las especies domésticas (96% de los restos), entre las que los ovicápridos ocupan claramente el primer lugar (74%), seguidos por los suidos (16%) y los bóvidos (10%). La caza, documentada por escasos restos de conejo y de ciervo parece ya, pues, reducida a una práctica ocasional. En cuanto a los escasos restos malacológicos recogidos, tampoco permiten pensar en un aprovechamiento importante de los recursos fluviales de este tipo, a menos que no se consumieran en el yacimiento. Tampoco hay el más mínimo indicio de pesca.
Un sistema económico de este tipo es claramente compatible con el nivel tecnológico de las poblaciones de finales de la Edad del Bronce e inicios de la Edad del Hierro en esta región. Muy concretamente, la ausencia de arado es uno de los rasgos característicos de este sistema agrícola (Sahlins, 1984, 52). Asimismo, la ausencia de medios de almacenaje importantes, particularmente de silos, así como el número proporcionalmente pequeño de grandes vasos de almacenaje (un 3% de las piezas de cerámica a mano, por un 13% en el Período 2) podría indicar también un papel más bien marginal de la producción cerealícola (Garcia, 1998). Por otra parte, este sistema explicaría fácilmente las características del poblamiento de la zona con anterioridad al siglo VI a.C., particularmente la gran dispersión de los yacimientos (Sahlins, 1984, 54), la pequeña superficie ocupada por los hábitats –indicio claro de la debilidad demográfica del sistema–, la reocupación periódica de los asentamientos –claramente atestiguada en Barranc de Gàfols y en Barranc de Sant Antoni–, su carácter preurbanístico –con viviendas no agrupadas– y el desarrollo aún relativamente pobre de la arquitectura doméstica. No está de más señalar, por otra parte, que un sistema similar se documenta contemporáneamente en las áreas costeras de Cataluña, concretamente en el Penedès (Mestres, Senabre, Socias, 1994-1995), el Vallès (Marcet, Petit, 1985; Bordas et alii, 1994; Bóquer et alii, 1991) y en el Ampurdán (Martín, Sanmartí-Grego, 1978). En todas estas zonas se comprueba la existencia de pequeñas agrupaciones de fondos de cabaña, a menudo asociadas a otras estructuras excavadas destinadas al almacenaje, que aparecen dispersas en las llanuras prelitorales. En las áreas de montaña se documentan contemporáneamente asentamientos de pastores, como el de La Mussara (Rovira, Santacana, 1982b), ocupados también de forma intermitente y caracterizados por la presencia de cercados.
La existencia, probablemente desde finales del siglo VIII a.C., de importaciones anfóricas fenicias procedentes del Círculo del Estrecho de Gibraltar no puede resultar extraña, dado que un sistema de este tipo es capaz de producir un volumen considerable de excedentes sin un gran esfuerzo suplementario, siempre, naturalmente, que la extensión del territorio explotable sea suficientemente grande (Wolf, 1971, 36-38; Sahlins, 1984, 53). Por otra parte, y a pesar de que su importancia económica debía de ser muy grande, el volumen de tales importaciones parece bastante modesto: en efecto, la cerámica fenicia representa solamente el 2% de los fragmentos en los niveles del Período 1, lo que, teniendo en cuenta que se trata siempre de piezas de grandes dimensiones, representa un número muy reducido de individuos; de hecho, no se ha hallado ni un solo fragmento de borde estratificado, y el cálculo de individuos con ponderación por uno –que inevitablemente supone una sobrevaloración de las producciones más minoritarias– no sobrepasa el 4% del total de vasos cerámicos. Aún así, este comercio exterior –que se debió de fundamentar sobre todo en la exportación de metales– fue suficientemente importante como para provocar en la segunda mitad del siglo VII a.C. la aparición de asentamientos con funciones especializadas de carácter comercial, concretamente el de Aldovesta (Benifallet, Baix Ebre), que tiene una estructura radicalmente diferente de la del resto de núcleos conocidos contemporáneamente y que ha proporcionado, además de un elevado número de ánforas fenicias (en torno a un centenar de bordes), evidencias importantes relativas a la refundición de objetos de bronce en forma de panes y varillas para facilitar el transporte del metal (Mascort, Sanmartí, Santacana, 1991). El desarrollo a finales del siglo VII a.C. de otros hábitats permanentes vinculados a la explotación de las galenas argentíferas del valle del Siurana, como el Puig Roig (El Masroig, Priorat) (Genera, 1995) o El Calvari (El Molar, Priorat) (Vilaseca, 1943) también debe ponerse probablemente en relación con este comercio colonial fenicio (Belarte et alii, 2000; Asensio et alii, 2000b). Aparte de estos contactos con el mundo colonial semita, la presencia de un molino de granito y de una pequeña proporción (2,1% de los fragmentos) de cerámicas con desgrasante micáceo –que muy probablemente no son de origen local– muestra la existencia de una red interior de relaciones de intercambio, cuya importancia económica debía de ser, sin embargo, muy inferior a la de los contactos exteriores (Ruiz Zapatero, 1992).

4.2. El Período 2 (fig. 8.2 y 8.3)

Durante el último período de su existencia, el yacimiento de Barranc de Gàfols es el único que parece estar ocupado en la zona suroccidental de la hoya de Móra. En un sistema aún no plenamente sedentario como el que hemos sugerido para el Período 1 esto no tendría nada de particular (simplemente, se trataría del yacimiento ocupado en ese momento preciso) si no fuera porque a la vez se produce un cambio profundo en la estructura del asentamiento, así como en algunas de las características arquitectónicas de las casas y en la composición de los materiales muebles. Ahora, efectivamente, nos hallamos ante un núcleo de tipo protourbano, de carácter estable, bien distinto del aspecto anárquico de los yacimientos del período anterior, y con una capacidad de almacenaje que parece netamente superior.
Esta sedentarización provocó probablemente un incremento en la importancia de la agricultura dentro de la estructura económica. Un indicio en este sentido es la existencia de un gran número de vasos de almacenaje, que ahora constituyen un 13% de los individuos de cerámica a mano –frente al 3% del período anterior– y a los que debe añadirse un número significativo de piezas a torno (39% de los individuos de cerámica a torno, que se elevaría hasta el 49% si se incluyeran las ánforas entre los vasos de almacenaje) (fig. 7.14), a parte de la posible existencia de recipientes de barro o de barro y madera. Todo ello permite suponer que cada una de las casas del bloque constructivo A podría haber almacenado un volumen superior a los 1.000 litros, lo que representa aproximadamente el consumo familiar anual. Debe añadirse la presencia de varios molinos de granito de grandes dimensiones y peso (tipo A), sin duda instrumentos fijos, de los que no se conocen equivalentes en períodos más antiguos. Contrariamente, no se ha documentado la existencia de silos, hecho que puede responder a la ausencia de tradición de uso de este tipo de depósitos en la zona, o bien a la dificultad para excavarlos en la roca calcárea dura sin instrumental de hierro, o, simplemente, al hecho de que el volumen aún reducido de los excedentes no los hacía necesarios.
El estudio del material paleocarpológico muestra la importancia de la recolección de bellotas (53% de los restos), así como una presencia considerable de pepitas de uva (38%), de las que no es posible precisar si corresponden a especie silvestre o doméstica. Los cereales, por el contrario, están mal representados (7% de los restos); la única especie identificada es la cebada. También están presentes el lino y el higo, pero ambos en proporciones muy modestas (0,1% y 1% respectivamente). Estos datos tienen que completarse con los resultados de los análisis de residuos conservados en las superficies de fricción de los molinos. Éstos confirman la importancia de las bellotas, que probablemente proporcionaban harina panificable (Oliveira, Queiroga, Pereira Dinis, 1991), pero también han mostrado que la presencia de cereales es bastante más importante de lo que dejarían suponer los datos carpológicos. En efecto, los residuos atribuibles a cereales (siempre cebada cuando es posible precisar la especie) han sido identificados en ocho de los catorce molinos analizados, entre los que se cuentan todas las piezas móviles de grandes dimensiones del tipo A3 y las tres piezas fijas del tipo A1, aún más grandes y pesadas. Este último tipo de molino no se ha documentado en los períodos precedentes, y su presencia en los niveles del Período 2 tal vez se tenga que relacionar con una relativa expansión de la economía cerealícola en la zona. En efecto, los análisis de residuos han mostrado que cada molino se empleaba de forma exclusiva bien para bellotas bien para cereales. Ahora bien, las piezas de mayores dimensiones (tipos A1 y A3) (fig. 7.17) siempre han dado exclusivamente residuos atribuibles a cereales, lo que permite pensar que se trataba de instrumentos especializados, que, además, se encontraban concentrados casi exclusivamente en dos recintos (IV y VIII), que también podrían haber estado especializados en la molienda de cereales, tal vez en el momento inmediatamente posterior a la cosecha. En el resto de las casas había pequeños molinos que, según muestran los análisis de residuos, se podían utilizar indistintamente (aunque no la misma pieza) para la molienda de cereales o de bellotas. Esta diversificación funcional y especialización de la actividad de molienda contratan vivamente con la documentación disponible para los períodos precedentes, en que los molinos conocidos son escasos, muy simples y siempre de un mismo tipo, el barquiforme de pequeñas dimensiones.
Es posible, por consiguiente, que comience a desarrollarse en este Período 2 una agricultura de barbecho, basada en buena parte en el cultivo de la cebada, que es uno de los más sencillos, ya que este cereal es fácil de trillar y es también el primero que madura si se planta en invierno, siendo las variedades primaverales las más tardías. No es posible precisar qué variedades existían en Barranc de Gàfols, aunque lo más probable es que se trate de la invernales. La siega de la cebada no está documentada –no hay hojas de sílex u otro instrumento con marcas de siega–, tal vez porque las espigas se separaban a mano. Aparte de los cereales, los análisis de residuos han demostrado también el uso de raíces o rizomas.
La documentación arqueozoológica no muestra diferencias significativas en relación al Período 1, con un amplio predominio de las especies domésticas (95% de los restos). Los ovicápridos constituyen el grupo más numeroso (80%), con una peculiaridad importante, el dominio de la cabra sobre la oveja, lo que puede interpretarse en función del mayor rendimiento de la primera en la producción láctea. La obtención de productos lácteos sería, pues, el objetivo principal de la cría de ovicápridos (Nadal, Albizuri, 1999). Los suidos representan un 9% de los restos recuperados, y sin duda constituían la parte esencial del alimento cárnico, mientras que los bóvidos (5,6%) y équidos (0,35%) se debían de utilizar primordialmente como fuerza de trabajo. En cuanto a la caza, aunque seguramente se practicaba de forma constante, sólo debía de proporcionar un aporte complementario a la alimentación del grupo.
En cuanto a las actividades de transformación, la mejor documentada –aparte de la molienda– es el tejido. El hecho de que la mayoría de casas contuviera alguna pesa que se supone de telar (entre una y cuatro) (fig. 7.15) parece indicar que se trataba de una actividad doméstica. La materia prima debía de ser la lana, según se desprende de la abundancia de ovicápridos, y también probablemente el lino, representado, aunque en muy pequeña proporción (0,1% de los restos), entre el material paleocarpológico.
El predominio de la cabra entre los ovicápridos permite pensar también en una producción láctea importante, que probablemente debía de alimentar una actividad de transformación de una cierta entidad, aunque los indicios arqueológicos en este sentido se reducen a un solo vaso con el fondo perforado, que habría podido servir para la elaboración de queso (fig. 5.158.-7). Ahora bien, es perfectamente posible que este tipo de actividad se desarrollara a menudo fuera del asentamiento, allí donde en cada momento se hallaran los rebaños.
Probablemente se desarrollaba también en el seno de esta pequeña comunidad la producción de cerámicas, pero los trabajos de excavación no han proporcionado ningún indicio de ello, posiblemente porque los hornos estaban situados a una cierta distancia del hábitat.
De todas formas, existe, como en el período anterior, una pequeña proporción de piezas elaboradas con desgrasantes micáceos, que muy probablemente no han sido fabricadas en la zona, y lo mismo puede decirse de los numerosos molinos hallados, casi todos fabricados con roca granítica, que podría proceder –pero no hay constancia de ello– de la zona próxima de Falset. Es posible suponer también un origen no estrictamente local para los objetos metálicos.
En cuanto a la actividad comercial a larga distancia, está bien demostrada por la existencia en los niveles de este período de numerosas cerámicas a torno (fig. 7.8), generalmente de tipo fenicio en cuanto a la forma (sobre todo pithoi, pero también ánforas, una oinochoe, platos, thymiateria, etc.) y, más raramente, de inspiración griega (copa, tapadera de lekanís). Es preciso destacar que la gran mayoría de estas cerámicas no es ya originaria de la zona del Estrecho de Gibraltar, sino de otros centros de fabricación todavía no identificados y probablemente bastante diversificados, que posiblemente deben situarse en la zona sudoriental de la Península Ibérica, entre Granada y Murcia.
En definitiva, pues, durante este Período 2 el grupo humano instalado en Barranc de Gàfols parece ser ya plenamente sedentario, sin que esto signifique que el número total de habitantes experimentara un crecimiento significativo. Posiblemente cabe pensar en un sistema agrícola de barbecho sectorial, con las tierras de cultivo divididas en diferentes sectores (posiblemente tres o cuatro) que se debían de cultivar alternativamente. Unas ocho o nueve hectáreas serían suficientes para alimentar a la población del asentamiento, lo que supone una extensión total de tierras de cultivo en torno a las 25-30 ha., de la que sólo un tercio se hallaría en cada momento en explotación (fig. 8.4).
El proceso de sedentarización documentado en Barranc de Gàfols no es, lógicamente, un proceso aislado, sino que se enmarca dentro de una tendencia general que se documenta desde finales del siglo VII a.C. en las áreas prelitorales y litorales de Cataluña. Este fenómeno es particularmente visible en las comarcas del Ebro, con yacimientos como la Moleta del Remei, la Ferradura, Aldovesta, Coll del Moro de Serra d’Almos, el Calvari del Molar o el Puig Roig del Roget, pero también se ha documentado recientemente en El Catllar (Tarragonès) (Molera et alii, 1999) y en Sant Martí d’Empúries (Aquilué et alii, 1998). Por otra parte, la presencia de cerámicas fenicias en yacimientos de la costa del Barcelonès, el Maresme y la Selva (Penya del Moro, Puig Castellar de Santa Coloma de Gramenet, Castell Ruf, Cadira del Bisbe, Montbarbat) permiten pensar también en la existencia de núcleos similares en esta zona, aunque, de momento, no se conocen estructuras constructivas que permitan evaluar las características de los asentamientos mencionados antes de la segunda mitad del siglo VI a.C.
Llegados a este punto, la pregunta que es preciso formular es por qué se produjo este proceso de sedentarización. Efectivamente, un sistema sedentario de este tipo no proporciona verdaderas ventajas a menos que se produzca un incremento considerable de la población, fenómeno que en el caso que nos ocupa no parece haberse producido. Por el contrario, una población sedentaria puede necesitar una inversión de trabajo superior para obtener una producción similar, debido a la pérdida de fertilidad de los suelos. Ahora bien, si esto es así, ¿qué puede haber llevado a esta población a cambiar su modo de vida tradicional? El contacto colonial puede haber provocado este resultado en otros lugares, como muestran, entre otros, el caso de Aldovesta –control del paso del río y redistribución interior de los productos fenicios–, La Ferradura y Coll del Moro de Serra d’Almos (control del territorio y las comunicaciones) o de los núcleos situados en el valle del Siurana (producción metalúrgica destinada al intercambio por productos fenicios), ya mencionados más arriba. Ahora bien, por sí solo no puede explicar el proceso de cambio en esta zona de la hoya de Móra, carente de recursos como los que acabamos de mencionar y donde los intercambios con el mundo fenicio se habían iniciado probablemente ya un siglo antes y habían sido mantenidos sin problemas por el antiguo sistema de agricultura itinerante. Una hipótesis verosímil viene sugerida por la abundancia en el yacimiento de vitis sp. Si se admite efectivamente que se trata de viña cultivada –extremo que no se puede asegurar–, es evidente que ello implicaría un hábitat sedentario, ya que la viña no es productiva hasta tres o cuatro años después de ser plantada, lo que inevitablemente tendería a fijar a la población en proximidad a estos cultivos. En cualquier caso, los trabajos de excavación no han mostrado ninguna estructura que se pueda identificar con una instalación de prensado.

5. La organización social del grupo

La existencia durante el Período 2 de hogares centrales de un tipo elaborado y uniforme en los cinco recintos que componen el bloque constructivo A (a los que probablemente cabe añadir el recinto IX, tal vez el XIX y otra posible habitación de características similares al este de la cisterna –recinto XVIII, fig. 4.1–) permite definir otros tantos espacios habilitados para el reposo, la cocina y el consumo de alimentos (todos los recintos del bloque constructivo A contienen por lo menos una pieza de vajilla de superficie bruñida), así como el almacenaje (en un piso superior) y algunas actividades de transformación (tejido, molienda). Por el contrario, el resto de espacios cubiertos parece más bien relacionado de forma exclusiva con la producción y el almacenaje. Se puede suponer –pero no demostrar– que cada uno de estos recintos dotados de hogar (seis o siete en total) era utilizado como residencia de una familia nuclear. Ahora bien, es preciso señalar que, más allá de las características comunes que se han enumerado, estos espacios tienen también a menudo un cierto carácter especializado. Así, los recintos I, II y IV han proporcionado elementos relacionables con prácticas cultuales; el mismo recinto I contenía el único horno culinario del asentamiento (probablemente destinado a la elaboración de pan), mientras que el recinto II ha dado la gran mayoría de vasos bruñidos, para los que se puede suponer una función de vajilla (seis de las diez piezas documentadas en el bloque constructivo A). En cambio, el recinto IV contenía un número superior al habitual de elementos relacionados con la molienda de cereales. En definitiva, parece que estos espacios, además de tener un carácter residencial a escala familiar, son también áreas funcionalmente especializadas, utilizables y probablemente utilizadas por el conjunto del grupo humano establecido en el asentamiento. Así, la frontera entre espacio “privado” (entendiendo la palabra como “propio de la unidad familiar nuclear”) y espacio “comunitario” se desdibuja hasta prácticamente desaparecer y el conjunto del asentamiento aparece como una sola y única gran casa. Es lógico suponer, por consiguiente, que el lugar era ocupado por una familia extensa, y que los distintos recintos constituían áreas separadas a nivel de familia nuclear para el reposo, ciertas actividades de transformación (tejido y molienda, sobre todo de bellotas) y, posiblemente, también para la cocina. El hecho de que los dos recintos domésticos más antiguos (I y II) sean a la vez los únicos que estaban dotados de decoración pintada en las paredes, que contengan el único horno culinario del asentamiento, así como el mayor número de piezas de vajilla y la mayor parte de elementos de carácter ritual lleva a pensar que eran las residencias de la primera generación de la familia extensa y que durante toda la vida del asentamiento en este Período 2 continuaron siendo los espacios ocupados por los hombres de más edad y el lugar donde se desarrollaban determinadas ceremonias religiosas y el consumo comunitario de determinados alimentos, particularmente de los líquidos que se bebían con la vajilla bruñida (concentrada esencialmente en el recinto II) y que probablemente se servían con la oinochoe a torno hallada en el recinto I. Probablemente era también el lugar de reunión donde se tomaban las decisiones importantes sobre la vida del grupo.

6. El sistema cultural de Barranc de Gàfols

Las características descritas en las páginas anteriores corresponden con toda evidencia a una sociedad tribal. En este sentido, es preciso destacar la escasa magnitud de los asentamientos (tal vez una o dos casas ocupadas simultáneamente durante el Período 1, seis o siete en Barranc de Gàfols durante el Período 2), la debilidad demográfica evidente, por lo menos en la hoya de Móra, la ausencia de jerarquización del hábitat, la falta de especialización y de indicios claros de diferencias sociales, tanto por el tamaño y estructura de los hábitats como por la naturaleza y/o cantidad de los materiales muebles que contienen.
La documentación disponible para el Período 2, mucho más precisa, permite reconocer en Barranc de Gàfols la sede de un linaje compuesto por unas seis o siete familias, que eran, sin duda, a partir de la división del trabajo por sexo y edad, la entidad fundamental de producción, tanto de los bienes de subsistencia como –según muestra claramente la documentación arqueológica– de la mayor parte de los productos transformados. La producción, en definitiva, se debía de organizar de acuerdo con las demandas del grupo familiar y en función de las necesidades del hogar, lo que, evidentemente, no debe confundirse con una supuesta autarquía, ni de éste ni del linaje en su conjunto. Como ha señalado M. D. Sahlins, “los grupos domésticos no son autárquicos, aunque frecuentemente producen la mayor parte de las cosas que consumen” (Sahlins, 1972, 120). Por tanto, no se trata únicamente de producción para el uso o para el consumo directo, sino también para sostener el intercambio, de manera que se pueda adquirir aquello que se necesita. Precisamente, lo que regula la producción es la necesidad, no el beneficio.
Otro aspecto que conviene añadir a las consideraciones anteriores se refiere a la organización del trabajo. En efecto, hablar de grupo de producción doméstico no equivale a decir que las familias constituyan grupos de trabajo plenamente autónomos; al contrario, la cooperación entre los miembros del linaje, por encima del círculo estrictamente familiar, es imprescindible para las comunidades tribales como la que analizamos. En Barranc de Gàfols muchas de labores tenían que ser abordadas de forma colectiva: el modo de producción familiar implicaba solamente que eran organizadas por y para la familia.
Todo lo que hemos dicho es válido para el Período 2, pero también parece claro que, en este momento de la primera mitad del siglo VI a.C., la sociedad que estudiamos había iniciado un proceso de rápida evolución, cuyo rasgo más característico es la plena sedentarización. Este proceso había de conducirla rápidamente del sistema tribal segmentario a la formación de caudillajes, que creemos debían de estar ya desarrollados en el período ibérico antiguo (ca. 550-400 a.C.), momento en que el registro arqueológico comienza a revelar la existencia de producciones especializadas de una cierta entidad (particularmente en el campo de la metalurgia y de la cerámica), de asentamientos de una cierta magnitud física y de potentes fortificaciones.

7. Nota sobre el comercio colonial

Un aspecto importante de la documentación obtenida en Barranc de Gàfols atañe a la evolución del comercio colonial en el curso del siglo VI a.C. Efectivamente, los materiales de importación recuperados en los niveles del Período 2 han permitido comprobar la tantas veces comentada crisis del comercio fenicio en la costa ibérica desde principios de dicho siglo (Arteaga, Padró, Sanmartí-Grego, 1978), ya que en los mismos los elementos de producción fenicia procedentes del círculo del Estrecho de Gibraltar son extraordinariamente escasos (1% de los fragmentos de cerámica a torno) y probablemente tienen a menudo un carácter residual. Se puede decir, por tanto, que, cuando el poblado fue abandonado, muy posiblemente hacia 570-560 a.C., los productos fenicios que desde hacía más de un siglo llegaban a la zona estaban totalmente o casi totalmente ausentes. Dichos elementos habían sido substituidos por otras cerámicas, de tipo formalmente fenicio –aunque también se documentan algunas formas griegas– que, según el análisis visual realizado con binocular, contienen abundantes partículas de materiales metamórficos cuya procedencia se podría situar hipotéticamente en la zona del sudeste de la Península Ibérica comprendida entre Granada y Murcia. Dos observaciones son importantes en relación con estos materiales:
- Su número es importante (13% de los fragmentos, 9% de los individuos en cálculo no ponderado, 14% de los individuos en cálculo ponderado por uno), en claro contraste con los niveles del Período 1, en los que el material de importación es muy escaso (3%, 1% y 6% respectivamente).
- La gran diversidad de formas muestra que se trata de un comercio de naturaleza distinta al que se había dado hasta principios del siglo VI a.C., claramente dominado por el tráfico de ánforas.
Cabe añadir a todo lo dicho que el yacimiento no ha dado ni un solo fragmento de cerámica griega ni etrusca.
Todo lo dicho permite probablemente definir un período y una facies concreta de importaciones que se pueden situar probablemente entre 590 a.C. y 560 a.C. y que se diferencian claramente tanto del período anterior, dominado de forma casi exclusiva por las importaciones anfóricas del área del estrecho de Gibraltar, como del período siguiente, que se caracteriza por la diversidad de los elementos importados y la pluralidad de las zonas de procedencia, con un importante componente de cerámicas griegas (sobre todo copas “jonias” y ánfora de Massalia).



 

8. Conclusions

8.1. Cronologia i evolució estructural del jacimentAdscripció cultural

Els materials datables més antics recuperats al jaciment són el ganivet i la punta de sageta de sílex procedents respectivament de la UE 525 (fig. 5.222) i del nivell superficial (fig. 5.238), a més d’un cert nombre d’ascles i restes de talla de sílex, trobats sempre a l’estrat superficial (fig. 5.237). Els objectes esmentats són encara corrents durant el bronze antic i poden perdurar en el bronze mitjà i les primeres etapes del bronze final, la qual cosa demostra que el lloc era ja ocupat o feqüentat durant el II mil·lenni aC, si no abans. Cap d’aquestes peces no es pot associar amb estructures constructives, de manera que la natura d’aquesta primera ocupació roman incerta. Aquesta primera etapa d’ocupació o freqüentació del jaciment ha estat denominada Període 0.
Hi ha també indicis clars d’ocupació humana del lloc en els segles X-IX aC. Es tracta, concretament, de diversos petits fragments de vora exvasada convexa i llavi bisellat vers l’interior (fig. 5.197.-6, 9, 13 i 17; fig. 5.198.-2 i 4; fig. 5.231.-9) pertanyents a vasos brunyits, a més d’altres bocins amb decoració d’acanalats complexos o clotets (fig. 5.199.5; fig. 5.201.-4) i d’una base amb acanalats concèntrics a l’exterior (fig. 5.200.-7), elements ornamentals que són propis de la fase antiga de Camps d’Urnes, o Període I de Vilaseca, i que han estat ben documentats al jaciment veí del Barranc de Sant Antoni (Asensio et alii 1994/1996 figs. 7 i 8). Aquests elements han estat trobats quasi sempre en nivells formats amb posterioritat a la seva amortització i, per tant, no permeten datar estructures constructives, amb la sola excepció del recinte 05 (fig. 5.192), situat sota el carrer b i el recinte I, i que cal considerar com l’estructura habitacional datable més antiga descoberta al jaciment. Amb tot, les primeres restes estructurals per a les quals es pot proposar una datació relativament precisa són diferents cases que han donat conjunts de ceràmica a mà atribuïbles al Període III de Vilaseca, en què l’element més característic són les peces de superfície brunyida decorades amb solcs acanalats horitzontals al coll (fig. 5.204), que tenen paral·lels clars a la fase IB de la necròpoli del Calvari (El Molar) i a la fase II de la necròpoli de La Tosseta (Guiamets). Aquests nivells, per als quals hem proposat una datació de segle VIII aC i primera meitat del segle VII aC, han donat també ocasionalment algun fragment de ceràmica fenícia procedent del Cercle de l’Estret de Gibraltar. Aquest «fòssil director» permet datar amb relativa seguretat dins d’aquest moment els recintes 01-02, 03, 04, 06 i 08. Altres habitacions (recinte 07 i restes d’ocupacions anteriors documentades sota el bloc constructiu A i sota el recinte VII) que no han donat materials datables podrien datar-se també dins d’aquest arc cronològic, però res no impedeix pensar que puguin ser anteriors, és a dir, de la fase antiga dels Camps d’Urnes (o, fins i tot, encara més antigues). Hem denominat Període 1 aquesta ocupació que s’inicia ja en el segle X-IX aC i perdura fins la segona meitat del segle VII aC. La datació radiocarbònica d’un carbó procedent de l'UE 280  (Beta-98213) no desdiu d’aquesta cronologia, ja que dóna una datació calibrada de 1015 a 815 BC (mètode A) i 938-841 BC (mètode B) (veg. annex 6).
Com s’ha indicat anteriorment, aquestes construccions semblen ser sempre (amb l’única possible excepció dels recintes 01–02) cases formades per una sola habitació aïllada, sens dubte del mateix tipus que s’ha pogut documentar, en molt bones condicions de conservació, al jaciment del Barranc de Sant Antoni (Asensio et alii 1994-1996). A Barranc de Gàfols l’única estructura d’aquest tipus que ha arribat en relatiu bon estat és el recinte 08. Les altres han estat molt malmeses per la contínua reocupació del lloc al llarg dels segles i especialment –però ni molt menys exclusivament– per les construccions de l’última fase d’ocupació del jaciment, en la primera meitat del segle VI aC. De fet, fa la impressió que abans del segle VI aC el lloc no va ser mai habitat de forma permanent, sinó que a cada moment d’ocupació seguia un temps d’abandonament, després del qual es tornava a construir, ignorant generalment la ubicació de les estructures més antigues, que sovint van resultar destruïdes per l’excavació de la base de les noves cases, encara que algun d’aquests habitacles sembla haver estat reocupat en almenys una ocasió. En aquestes condicions, és evidentment molt arriscat intentar avaluar el nombre de cases construïdes durant aquest Període 1 (i encara més el nombre d’ocupacions), però no està de més plantejar la qüestió a tall d’hipòtesi. Efectivament, per al període comprès entre finals del segle VIII aC i els darrers anys de la centúria següent comptem amb restes ben documentades de sis cases, a les quals sens dubte caldria afegir un mínim de tres més que haurien existit a l’emplaçament dels recintes III-V del bloc constructiu A de l’últim moment d’ocupació, segons mostren diversos indicis documentats en aquesta zona. En total, doncs, es podria pensar en un mínim de nou cases per a un període d’un centenar d’anys. Admetent –però no és més que una hipòtesi– que hi hagués una mitjana de dues cases habitades simultàniament en cada moment d’ocupació, això representaria que cada cicle d’ocupació-abandonament hauria durat uns 30-35 anys.
En un moment que segurament cal situar vers la fi del segle VII aC s’inicia la construcció del bloc constructiu A, amb l’erecció dels recintes I-II, als que s’afegiran, probablement no molt després, els recintes II-V. La data de construcció dels recintes VI-XII i XIV no es pot determinar, però és segur que van funcionar contemporàniament amb el bloc constructiu A i que tot aquest conjunt va quedar destruït per un violent incendi en un data que possiblement cal situar entorn de 570/560 aC. Dues datacions radiocarbòniques realitzades en restes procedents del recinte IV (una gla de la UE 44) i del farciment de la cisterna (UE 433) (Beta-98211: 817-752 BC, 58,7% i 695-544 BC, 41,3%;  Beta-98212: 888-871 BC, 1,3% i 850-518 BC, 98, 3%, sempre amb mètode B) (veg. annex 6) no desdiuen de la cronologia proposada a partir dels materials mobles, que, tanmateix, resulta ser molt més precisa. Aquesta nova etapa de la vida del jaciment ha estat denominada Període 2.
L’estructura del jaciment és ara molt diferent de la que havia tingut durant el Període 1, ja que ara es documenta l’ocupació simultània de fins a una dotzena de recintes, així com una estructura física que es pot qualificar de «protourbana», en el sentit que es dóna un ús controlat de l’espai, amb vies de pas ben delimitades que separen diferents blocs constructius formats per diversos recintes adossats. Tot això, així com la presència de decoracions pintades a les parets dels recintes I-II, l’abundància de grans envasos ceràmics d’emmagatzematge i la utilització de grans molins granítics no transportables (tipus A) fa evident que el grup humà que ocupava l’assentament durant el primer terç del segle VI aC havia modificat radicalment les formes de vida practicades pels seus avantpassats i havia adquirit un caràcter ja plenament sedentari. És també un indici important, en aquest sentit, la presència immediatament a l’est del bloc constructiu A d’una gran estructura excavada a la roca calcària, probablement amb funció de cisterna, la realització de la qual devia suposar un esforç molt considerable i, conseqüentment, ha de ser entesa com una inversió de futur que no s’explicaria en un sistema no sedentari. La grandària d’aquest grup humà pot ser determinada amb una certa precisió, tenint en compte que dels dotze recintes ocupats durant aquest període, només tenen llar de foc i es poden considerar com a autèntiques cases els cinc que conformen el bloc constructiu A i el recinte IX, als quals tal vegada es podria afegir el recinte VI. Això faria pensar en un grup compost per unes trenta a trenta-cinc persones.
Amb posterioritat a la fi del Període 2, el lloc va romandre deshabitat, però no abandonat. Efectivament, els nivells superficials han lliurat un petit nombre de fragments de ceràmica ibèrica, campaniana A, Terra Sigillata Hispànica, Terra Sigillata Clara, àmfora baiximperial (fig. 5.234.-1-6) i diverses produccions medievals i postmedievals –incloent un fragment de vora amb decoració verd manganès (fig. 5.234.-10)–, que mostren que el lloc ha estat freqüentat fins a l’actualitat de forma segurament ininterrompuda, sens dubte amb finalitat d’explotació agrícola.
Pel que fa a l’adscripció cultural de l’assentament, els elements de cultura material moble documentats en el Període 1 es corresponen amb tota evidència amb els que són característics del bronze final de la zona, ben tipificats a partir, sobretot, dels treballs de S. Vilaseca (1953; 1973; Vilaseca, Solé, Mañé, 1963) i, posteriorment, de G. Ruiz Zapatero (1985). Es tracta, doncs, d’elements propis de l’anomenada «Cultura dels Camps d’Urnes». Ara bé, la continuïtat d’ocupació durant aquest període d’un indret que ja havia estat freqüentat probablement des del bronze mitjà, si no abans –fet que, per una altra part, es comprova també en altres jaciments pròxims–, sembla indicar la persistència sense ruptura de formes de vida probablement molt similars. En aquest sentit, almenys, l’adopció progressiva durant el bronze final dels elements de cultura material propis dels Camps d’Urnes no sembla haver suposat un canvi important.
Quant al Període 2, hi ha, com s’ha vist, canvis importants en diferents aspectes de la cultura material, que fins i tot fan pensar en unes formes de vida força diferents de les dels períodes anteriors. Amb tot, els elements de continuïtat són també força evidents, començant per la pròpia ubicació del jaciment en un indret ocupat des de feia segles. Igualment, el tipus de casa semiexcavada i de forma rectangular allargada deriva clarament dels habitacles del bronze final documentades al propi jaciment i en el ja citat assentament del Barranc de Sant Antoni, tot i que les tècniques constructives experimenten una evolució considerable, probablement en funció de la necessitat de construir cases dotades d’un pis utilitzable com a magatzem. Així mateix, les formes ceràmiques documentades i les tècniques utilitzades en la seva fabricació deriven clarament de les que són pròpies del Període 1. En canvi, tot el material ceràmic a torn documentat al jaciment sembla, a jutjar  per l’estudi de les pastes amb binocular, d’origen exòtic. En definitiva, l’ambient cultural del jaciment de Barranc de Gàfols en el Període 2 és encara clarament preibèric i característic de l’etapa final de la cultura dels Camps d’Urnes de la zona.

8.2. Anàlisi funcional de l’assentament

Les restes de materials mobles i d’elements constructius susceptibles de proporcionar informació sobre aspectes diversos del funcionament de l’assentament són particularment abundants en els nivells del Període 2 i permeten conèixer de forma bastant precisa la forma de vida dels habitants del nucli de Barranc de Gàfols durant el primer terç del segle VI aC. En canvi, la documentació proporcionada en aquest sentit pels nivells corresponents al Període 1 és molt escadussera, la qual cosa és deguda tant a la destrucció d’una bona part d’aquestes sedimentacions com, molt particularment, al fet que–amb la possible excepció del recinte 03– els habitacles semblen haver estat abandonats de forma pacífica i enduent-se la totalitat dels objectes que podien ser d’utilitat. Així, per exemple, el recinte 08, la sedimentació interna del qual estava pràcticament intacta, només ha lliurat materials ceràmics molt fragmentats (fig. 5.219), sense elements que permetin reconèixer clarament les activitats que s’hi realitzaven.

8.2.1. El Període 2

8.2.1.1. L’assentament com a lloc de treball i emmagatzematge

Les activitats de treball més ben documentades dins l’assentament són el teixit, la mòlta i la cuina. Tots els recintes domèstics que eren ocupats durant el Període 2 han donat testimonis d’almenys una d’aquestes activitats, i sovint de totes elles. En efecte, la presència de pesos de teler ha estat documentada en els recintes I-IV i VI, la de molins en els recintes I-V, VIII, XI i XVII, i les llars de foc en els recintes I-V, VII i IX. A més, el recinte I també contenia un forn culinari. L’assentament és, doncs, tant un lloc de treball com un nucli residencial. A tot això cal afegir encara la preparació de colorants o conservants i, possiblement, de productes medicinals, concretament en el recinte VIII.
La distribució dels pondera sembla indicar que el teixit era una activitat desenvolupada en el marc de cada família nuclear, ja que, si no fos així, s’esperaria haver trobat la totalitat o la major part dels pesos de teler agrupats en un sol recinte, tal com sovint s’esdevé en els assentaments de la segona edat del ferro. El fet que el nombre de peces trobades a cada habitació sigui reduït (quatre al recinte I, un al recinte II, quatre al recinte III, tres al recinte IV i un al recinte V), a vegades només una, no s’oposa necessàriament a aquesta idea, ja que els telers de la primera edat del ferro semblen haver funcionat sovint amb un nombre petit de pondera. Així, a Aldovesta s’en va recuperar un únic exemplar, trobat en l’únic recinte de caràcter domèstic del jaciment (recinte C) (Mascort, Sanmartí, Santacana, 1991, làm. 30, nº 7); al Coll del Moro el nombre es redueix a quatre (Vilaseca, 1953, làm. XI, a dalt i làm. XIII, a dalt a l’esquerra) i al Puig Roig del Roget només s’han recuperat quatre peces en el conjunt de l’assentament (Genera, 1995, 55). Aquesta situació es documenta també en altres àmbits culturals i geogràfics molt diferents, com ara la Creta del bronze antic (Warren, 1972, 220) i mostra que el giny utilitzat probablement no era el teler vertical de peses –a menys que fos molt petit–, sinó que probablement es tractava de telers horitzontals de reixeta, potser dotats d’un lliç, o bé de telers verticals del tipus de cistelleria de salts (fig. 7.16). De tota manera, la presència en determinats assentaments contemporanis de Barranc de Gàfols –com ara Sant Jaume-Mas d’en Serra (Gracia, Garcia, Munilla, en premsa) o Tossal Montañés (Moret, Gorgues, Lavialle, en premsa) d’un nombre important de pondera agrupats en un mateix recinte mostra que en aquest moment ja s’havia iniciat la difusió dels telers verticals de peses.
També la mòlta sembla haver-se desenvolupat en el marc de les famílies nuclears, ja que tots els recintes dotats d’una llar de foc i que, conseqüentment, han estat considerats com a cases, contenien almenys una pedra de molí. Amb tot, la concentració de determinats tipus de molí en certs recintes permet suposar també una certa especialització d’aquest treball. En efecte, en els recintes IV i VIII es concentren la totalitat i la gran majoria respectivament dels tipus A1 i A3, que són els instruments de mòlta de més grans dimensions i que semblen haver estat destinats al processat de cereals (amb exclusió de les glans). El tipus A2, en canvi, emprat per als dos productes esmentats, es documenta en tots els recintes, i pràcticament es pot dir el mateix del tipus A4, absent únicament en els recintes II i V i utilitzat també per a glans i per a cereals. En definitiva, sembla que els instruments especialitzats de forma exclusiva per a la mòlta del gra es documenten únicament en tres àmbits domèstics (I i, sobretot, IV i VIII), mentre que els molins polivalents són presents a totes les cases. La interpretació d’aquestes dades no és fàcil, però, en tot cas, sembla evident l’existència d’una certa concentració d’instruments especialitzats en la mòlta de cereals, sobretot als recintes IV i VIII, possiblement destinats a l’obtenció de farina o sèmola de cereal a gran escala en certs moments de l’any, particularment després de la collita, mentre que a totes les cases es devien processar les glans i, ocasionalment, els cereals. Ens trobaríem, doncs, davant d’un principi d’especia-lització dels processos de mòlta.
Per una altra part, és possible que els recintes X, XI i XII, que no tenien paviment ni (amb seguretat el primer; probablement tampoc els altres dos) llar de foc, haguessin servit per l’allotjament d’animals domèstics. Aquesta possibilitat sembla particularment plausible en el cas del recinte X, que és de forma diferent (més curt i ample) que els recintes clarament domèstics i, a més, té un accés en rampa descendent que semblaria particularment indicat per a aquesta funció. Quant als recintes XI i XII, la seva forma i dimensions (però no els agençaments interns) es corresponen amb els de les cases normals. És possible que es tracti de cases desafectades i reutilitzades per guardar-hi animals, pinso, llenya, palla, matèries primeres transformables o instrumental divers. Quant al recinte XIV, tan peculiar, és plausible suposar que es tractés d’un paller, funció que tampoc es pot excloure en el cas de la resta de construccions que acabem d’esmentar. És possible, finalment, que algunes restes estructurals molt malmeses, situades al sud dels recintes V i IX-XIV es puguin relacionar també amb corrals, estables o simples coberts polifuncionals. En tot cas, sembla molt probable que dels dotze (o tretze, si es compta una possible habitació a l’est de la cisterna) recintes coberts existents durant el Període 2, almenys quatre (recintes X-XII i XIV), és a dir, un 30%, fossin utilitzats com a estables, pallers, magatzems de pinso, llenya, forratge o altres matèries primeres, possiblement també utillatge agrícola, etc. Per una altra part, i atesa la manca de llars de foc del tipus habitual en els habitacles, és probable que els recintes VI-VII-VIII fossin també àrees de treball i emmagatzematge, la qual cosa significaria que pràcticament la meitat dels recintes coberts eren de fet instruments relacio-nats amb la producció, i probablement no amb les funcions residencials pròpiament dites. Si s’avalua des d’aquest punt de vista funcional la superfície coberta útil, les àrees residencials (recintes I-V i IX) ocuparien uns 126 m2 (=61,6% del total de superfície útil coberta), mentre que la resta de recintes s’estenen sobre 78,4 m2 (=38,4%) aproximadament (supo-sant una superfície de útil de 20 m2 per als recintes XI i XII), però cal tenir present que moltes d’aquestes construccions tenien a més un pis superior destinat a l’emmagatzematge.
A més del que s’ha dit, és probable que altres activitats poc o gens testimoniades en el registre arqueològic de l’assentament, com ara la preparació de derivats de la llet o de begudes fermentades a base de cereals –l’existència de les quals és ben testimoniada des de principi del bronze final com a mínim (Juan, en premsa)–, es practiquessin també amb proximitat immediata a les cases, possiblement a l’oest d’aquestes. Aquest podria haver estat també un lloc indicat per a l’activitat metal·lúrgica i terrissaire. Amb l’objecte de verificar aquestes possibilitats es va excavar pràcticament tot el sector comprès entre els recintes V-XIV-X i els límits meridional i occidental de la plataforma, però no s’hi va poder documentar cap tipus d’activitat precisa (la qual cosa no significa necessàriament que no s’hi practiqués), malgrat la presència d’alguns forats i petites capes de cendra no interpretables.
Pel que fa a l’emmagatzematge d’aliments, la presència de grans envasos ceràmics destinats a aquesta funció ha estat ben documentada en tots els recintes del bloc constructiu A (I-V), en els recintes VI-VIII i, menys clarament, en els recintes XI-XII. És a dir, que la totalitat o la gran majoria de les cases i espais de treball coberts utilitzats durant el període més avançat d’ocupació eren a la vegada magatzems. A jutjar per la posició estratigràfica en què han estat trobats aquests elements, resulta evident que la seva posició original era en un nivell superior: altell, pis superior o terrat (fig. 6.16-17) La utilització de pisos superiors per a l’emmagatzematge és ben documentada etnogràficament, si més no en els mesos freds (Horne, 1994, 100; Louis, 1979; Triantafyllidou-Baladié, 1979, 15; Shinde, 1991). Quant al volum d’aquestes reserves, és difícil avaluar-lo amb precisió, donat que la gran majoria de vasos es conserva únicament de forma fragmentària i que, a més, no es pot tenir en cap cas la seguretat d’haver-los trobat tots. En tot cas, els envasos recuperats al recinte I haurien pogut contenir un mínim d’uns 1000 litres de gra, la qual cosa es correspon bastant bé amb el consum familiar anual, i es pot suposar que aquesta xifra és vàlida també per a la resta de recintes, particularment els del bloc constructiu A. Es tractaria per tant de reserves domèstiques a escala familiar. No es pot excloure que també existissin altres reserves ubicades en altres llocs, utilitzant sitges o altres sistemes d’emmagatzematge, però no se n’ha trobat cap evidència en tota la zona excavada.

8.2.1.2. L’assentament com a lloc de refugi

Com indica L. Horne, la noció de refugi es pot definir com aquelles condicions que garanteixen no solament la supervivència biològica, sinó també unes condicions de treball apropiades, el manteniment de la salut i un ambient general tolerable, a la vegada que un nivell de confort personal acceptable (Horne, 1994, 96-97). Això significa, primerament, la necessitat de mantenir unes temperatures confortables –la qual cosa presenta certes dificultats en una zona amb oscil·lacions tèrmiques considerables entre l’estiu i l’hivern– i també la de protegir-se de l’acció dels vents, particularment del cerç, que bufa del nordoest i és fred i violent.
En relació al confort tèrmic, la pròpia utilització de la terra com a material constructiu és ja un avantatge important, ateses les seves qualitats aïllants (Bardou, Arzoumanian, 1979, 32; CRATerre, 1995, 156-157). Aquest aïllament, a més, devia millorar per l’existència, que creiem molt probable, d’un pis superior, i també per un adequat manteniment dels revestiments de fang interiors i exteriors (Horne, 1994, 98). Així mateix, la disposició de les cases compartint parets mitgeres es justifica per la necessitat de reduir al màxim les pèrdues calòriques a través dels murs que donen a l’exterior, per la qual cosa les habitacions han de presentar la menor superfície externa possible amb el màxim espai intern (Taylor, 1984, 26). El caràcter par-cialment subterrani de molts dels recintes, seguint una tradició ben documentada a la zona, també permet aprofitar i conservar millor l’escalfor durant els mesos freds. L’element bàsic de calefacció eren, evidentment, les llars que s’han documentat en un gran nombre de recintes (particularment els del bloc constructiu A, el recinte IX i, d’un tipus diferent, el recinte VII), situades en general al centre de les habitacions. És possible que damunt d’aquestes llars es fes foc, i això implicaria probablement l’existència d’alguna obertura al sostre per facilitar la sortida de fums, la qual cosa, a la vegada, faria impossible l’existència d’un pis superior complet (probablement es tractaria, en aquest cas, de dos altells més o menys grans, amb un espai lliure entremig, al centre de l’habitació). També és possible, però, que només s’hi dipositessin brases, i que els focs pròpiament dits estiguessin situats a l’exterior, la qual cosa podria explicar els indicis de combustió trobats en algun punt del jaciment, sobretot al sud del recinte V. En tot cas, l’ús de brases en focs situats a terra és ben testimoniat  per paral·lels etnogràfics (Horne, 1994, 143).
La ventilació, particularment a l’estiu, es devia aconseguir a través de les portes, les finestres i, en el cas que no existís un pis superior complet (és a dir, que es tractés d’altells més o menys grans), amb obertures al sostre, amb la qual cosa es devia assolir una bona circulació d’aire. En temps fred algunes d’aquestes obertures es devien tapiar. De tota manera, és probable que en temps estival la major part de les activitats, incloent el repòs nocturn, es desenvolupessin a l’exterior, de manera que la preocupació principal devia ser la calefacció durant els mesos freds.
La ubicació de les portes rarament pot ser reconeguda, a causa de la desaparició d’una part de les parets, i també possiblement pel fet que el llindar se situava damunt el sòcol de pedra. De tota manera, es pot  suposar que en el cas del bloc constructiu A aquestes obertures estaven situades en el costat curt oriental, ja que aquesta és la millor ubicació possible per aprofitar la llum i l’escalfor solars i, a més,  permet evitar el cerç, que bufa del nordoest. Cal dir, però, que l’única porta clarament reconeixible, la del recinte IV, es troba precisament en el costat occidental. Això, però, deu respondre al fet que en el costat oriental d’aquest recinte es va adjuntar un annex (recinte XVII) que obliterava la porta original; a més, l’existència del recinte IX a l’altra banda del carrer A feia impossible la construcció de l’annex en aquest punt, a la vegada que proporcionava una protecció dels vents dominants que permetia l’existència d’una porta en el costat occidental del recinte IV. Quant al bloc constructiu B, sembla fora de lloc pensar que les portes es trobaven en el costat nord, actualment desaparegut, de manera que amb seguretat devien obrir al carrer B. Cal indicar, de tota manera, que la porta del recinte X es trobava en el costat occidental, la qual cosa confirma que mai no va ser un habitacle i suggereix que podia, doncs, tractar-se d’un estable: en efecte, l’entrada dels animals hauria estat molt difícil pels costats sud i est, atesa l’estretor dels carrers que determina la presència dels recintes IX, XIV, VII i VIII, mentre que era còmoda pel costat occidental.

8.2.1.3. L’assentament com a centre d’activitats cultuals

Les activitats cultuals que es poden presumir a partir de la documentació material recuperada es refereixen a dos aspectes diferents. Primerament, l’existència d’un possible «sacrifici de fundació» realitzat en el moment de la construcció dels recintes I-II. Es tracta, com s’ha indicat més amunt (apartat 5.1.1.1 i fig. 5.2), de la troballa d’una escàpola completa de Bos taurus, posada plana sobre l’horitzó de construcció (format a la vegada per les restes de l’enderroc d’una construcció més antiga, el recinte 05), i sota una de les pedres que formen el mur septentrional del recinte I (UE 25). Atesa la gran fragmentació de les restes òssies procedents de consum i la posició en què ha estat trobada, no sembla excessivament aventurat suposar que aquesta escàpola fou dipositada intencionalment just abans de bastir el mur, amb una finalitat evidentment ritual i vinculada a la protecció del propi edifici i dels seus ocupants.
També cal dir que sota el paviment del recinte V es va documentar l’existència d’una petita cavitat de forma ovalada (42 cm de longitud) que contenia algunes restes d’ossos, molt escadusseres. La possibilitat que fos un sacrifici de fundació no es pot excloure, però també podria tractar-se de restes d’ocupació del Període 1.
Un altre indici important de pràctiques rituals és la troballa d’objectes que se suposen vinculats a aquestes. És el cas de les restes de thymiateria, documentades precisament en els recintes I i II (fig. 5.11.-10 i 5.40.-3), i també –però es tracta d’una peça ja amortitzada– al farciment de la cisterna (fig. 5.181.-4). Precisament aquesta darrera tenia, segons han mostrat les anàlisis de residus, restes de cera que semblen confirmar el seu caràcter ritual. És interessant observar, en tot cas, que la presència d’aquests objectes dóna testimoni de la penetració en els ambients indígenes de pràctiques rituals exògenes, la qual cosa, tanmateix, no pot sorprendre si es té present el llarg contacte, probablement de més d’un segle, que havien mantingut les poblacions de la zona amb els comerciants fenicis. Un altre element al que es pot suposar un caràcter ritual és el «capfoguer» del recinte IV (fig. 5.69 i 5.70), encara que no és possible precisar-ne la significació d’una forma més acurada. La vinculació a la llar que ha estat suggerida per G. Ruiz Zapatero (1985, 806-808) és perfectament possible, però igualment difícil de demostrar; en tot cas, el fet que només se n’hagi trobat un exemplar, quan hi havia almenys sis llars en funcionament en altres tants recintes, no semblaria abonar aquesta idea.
Probablement no és casual el fet que la major part de testimonis de pràctiques rituals hagin aparegut precisament en els únics recintes (I-II) que han donat restes de decoració pintada (que dissortadament no es pot reconstituir) i que, a més, són els més antics de tot el bloc constructiu A i, probablement, d’aquest període últim del jaciment (l’únic recinte amb funcions residencials que podria ser anterior és el IX). Les activitats d’aquest gènere semblen doncs bàsicament concentrades en aquests dos espais, els quals tanmateix no tenien un caràcter especialitzat, com sigui que també s’hi desenvolupaven activitats domèstiques i residencials diverses (cuina, mòlta, teixit, repòs).

8.2.2. El Període 1

Els recintes del Període 1 no han donat cap element relacionable amb l’activitat tèxtil, la qual cosa no significa evidentment que aquesta no existís. Es podrien haver utilitzat, en efecte, telers horitzontals de reixeta, sense pesos o bé emprant pedres per a aquesta funció; també podia tractar-se de telers verticals del tipus utilitzat per a la cistelleria de salts, amb pesos del mateix tipus o bé amb la barra inferior fixada al sol amb un sistema d’ancoratge (Morris, 1986, 252, fig. 82). En tot cas, i atesa la seva escassa sofisticació, devia tractar-se d'una activitat domèstica. Lògicament, també cal considerar com una activitat domèstica el treball de mòlta, tot i que només es pot datar d’aquest període un únic molí de petites dimensions. No és possible distingir, en canvi, l’existència de recintes funcionalment diferenciats, ni per la forma o peculiaritats constructives ni per la natura de l’instrumental trobat a l’interior. La presència de vasos d’emmagatzematge de grans dimensions ha estat documentada en el recinte 03 (fig. 5.205.-7-8), però el seu nombre és certament reduït, si més no en comparació amb el que es documenta durant el Període 2 (només un 3% dels individus de ceràmica a mà, per un 13% en el Període 2, als qual caldria afegir encara els nombrosos pithoi a torn existents en aquest moment). Aquest fet s’ha de relacionar amb la més que probable absència durant aquest període antic de pisos superiors a les cases que poguessin servir com a àrees d’emmagatzematge. En molts aspectes, però, les construccions del Període 1 de Barranc de Gàfols, igual que les que han estat excavades al jaciment veí de Barranc de Sant Antoni (Asensio et alii, 1994-1996a), són similars a les de l’etapa més avançada, la qual cosa mostra clarament que aquestes darreres són una evolució de les tradicions constructives existents a la zona durant el bronze final. Efectivament, els habitacles del Període 1 són també sovint de planta rectangular allargada, semiexcavats en el sòl de base i proveïts de llars, generalment en posició central –o, almenys, no adjacents a les parets–, encaixades en els paviments i dotades a vegades de preparacions de fragments ceràmics. En canvi, no hi ha cap evidència de l’ús de tovots ni de forns ni de la resta d’equipament fix o semifix que durant el període més avançat s’elaborava amb terra. Això, de tota manera, no demostra que aquests elements no existissin, donat el mal estat de conservació d’aquestes construccions antigues i el fet que l’absència d’incendi no ha afavorit la preservació dels objectes de fang cru. En tot cas, al jaciment del Barranc de Sant Antoni s'ha documentat una banqueta quadrangular de pedra en un angle de l'habitació (Asensio et alii, 1994-1996a). Finalment, tampoc no s’han documentat elements relacionables amb pràctiques cultuals.

8.3. El sistema d’ocupació del territori i l’estructura econòmica

L’estructura econòmica dels grups humans establerts a la Foia de Móra va experimentar probablement una evolució considerable entre el Bronze final i la Primera Edat del Ferro, de manera que sembla indicat distingir almenys dos períodes, que es corresponen amb els que hem establert amb criteris formals: un Període 1, corresponent a la fase preurbanística del jaciment, sense cases adossades i amb ceràmiques fenícies de l’àrea del Cercle de l’estret de Gibraltar com a úniques importacions, i un Període 2, de caràcter protourbà, que es correspon amb l’últim moment d’ocupació del lloc i que es caracteritza per la presència de cases adossades, agrupades en blocs separats per carrerons, i per la presència d’un volum considerable de ceràmiques a torn procedents de llocs diferents que el Cercle de l’Estret de Gibraltar i que possiblement cal situar, en gran part almenys, a la zona sudoriental de la península ibèrica compresa entre Granada i Múrcia.

8.3.1. El període 1 (fig. 8.1

El fet que durant el Període 1 es documenti una ocupació en cases no adossades, que sovint se superposen o es retallen les unes a les altres, indica molt probablement que el lloc va ser ocupat en repetides ocasions de manera temporal, impressió que també es desprèn dels treballs realitzats als jaciments de Les Deveses i de Barranc de Sant Antoni (Asensio et alii, 1994-1996a i 1994-1996b). En definitiva, fa la impressió que els diferents jaciments del bronze final i primer ferro documentats en els treballs de prospecció i excavació desenvolupats a la zona probablement no devien ser estrictament contemporanis, sinó que són el resultat d’una forma de vida encara no plenament sedentària, de manera que un mateix grup humà els devia ocupar de forma alternativa. Tot i que les dades paleoeconòmiques de què disposem per a aquest moment són molt limitades, l’absència d’un hàbitat sedentari porta a pensar en un sistema agrícola d’artiga, probablement amb deforestació per foc. Aquesta producció es complementava sens dubte amb una important activitat de recol·lecció, sobretot de glans (ben testimoniada en tot cas durant el Període 2 amb restes paleocarpològiques abundants) i, sens dubte, amb la ramaderia, que també devia tenir un paper molt important en l’estructura econòmica. Efectivament, l’estudi arqueozoològic del Període 1 de Barranc de Gàfols ha permès demostrar el predomini absolut de les espècies domèstiques (96% de les restes), amb un clar predomini dels ovicaprins (74%), seguits dels suïds (16%) i dels bòvids (10%). La cacera (representada per escasses restes de conill i de cèrvol) sembla ja doncs reduïda a una pràctica ocasional. Les escasses restes malacològiques documentades tampoc permeten pensar en un aprofitament important dels recursos fluvials d’aquest tipus si, doncs, no es consumien al jaciment. Tampoc hi ha el més mínim indici de pesca.
Un sistema econòmic d’aquest tipus és clarament compatible amb el nivell tecnològic de les poblacions de finals de l’edat del bronze i inici de l’edat del ferro en aquesta regió. Molt concretament, l’absència d’arada és un dels trets característics d’aquest sistema agrícola (Sahlins, 1972, 52); igualment, l’absència de mitjans d’emmagatzematge importants, particularment de sitges, així com el nombre proporcionalment petit de grans vasos d’emmagatzematge (un 3% dels vasos de ceràmica a mà, per un 13% en el Període 2), podria indicar també un paper més aviat marginal de la producció cerealícola (Garcia, 1998). Per una altra part, aquest sistema explicaria fàcilment les característiques del poblament de la zona amb anterioritat al segle VI aC, particularment la gran dispersió dels jaciments (Sahlins, 1972, 54), la petita superfície ocupada pels hàbitats –indici clar de la debilitat demogràfica del sistema–, la reocupació periòdica dels assentaments –clarament testimoniada a Barranc de Gàfols i a Barranc de Sant Antoni–, el seu caràcter preurbanístic amb habitacles no agrupats i el desenvolupament encara relativament pobre de l’arquitectura domèstica. No està de més assenyalar, per una altra part, que un sistema similar es documenta contemporàniament a les àrees costaneres de Catalunya, concretament al Penedès (Mestres, Senabre, Socias, 1994-1995), al Vallès (Marcet, Petit, 1985; Bordas et alii, 1994; Bóquer et alii, 1991) i a l’Empordà (Martín, Sanmartí-Grego, 1978). En totes aquestes zones es comprova l’existència de petites agrupacions de fons de cabana, sovint associades a altres estructures excavades destinades a l’emmagatzematge, que apareixen disperses a les planes prelitorals. A les àrees de muntanya es documenten contemporàniament assentaments de pastors, com ara La Mussara (Rovira, Santacana, 1982b) o Olèrdola (Mestres, Senabre, Socias, 1994-1995), ocupats també de forma intermitent i caracteritzats per la presència de tancats.
L’existència des de final del segle VIII aC o inici de la centúria següent d’importacions amfòriques fenícies provinents de l’àrea de l’Estret de Gibraltar no ha d’estranyar, ja que un sistema d’aquest tipus és capaç de produir un volum considerable d’excedents sense un gran esforç suplementari, sempre, naturalment, que l’extensió del territori explotable sigui suficientment gran (Wolf, 1971, 36-38; Sahlins, 1972, 53). Per una altra part, i malgrat que la seva importància econòmica havia de ser indubtablement molt gran, el volum de les importacions sembla bastant modest: en efecte, la ceràmica fenícia representa únicament el 2% dels fragments en els nivells del Període 1, la qual cosa, atès que es tracta sempre de peces de grans dimensions, representa un nombre molt petit d'individus; de fet, no s’ha trobat ni un sol fragment de vora estratificat, i el càlcul d’individus amb ponderació per u –que inevitablement suposa una sobrevaloració de les produccions més minoritàries– no ultrapassa el 4% del total de vasos ceràmics. Tot i amb això, aquest comerç exterior –que es devia fonamentar sobretot en l’exportació de metalls– fou suficientment important per provocar en la segona meitat del segle VII aC l’aparició d’assentaments amb funcions especialitzades de caràcter comercial, com ara el d’Aldovesta (Benifallet, Baix Ebre), que té una estructura del tot diferent de la resta de nuclis coneguts i que ha lliurat, a més d’un elevat nombre d’àmfores fenícies (entorn d’un centenar de vores), evidències importants relatives a la refundició d’objectes de bronze en forma de pans i varetes per facilitar el transport del metall (Mascort, Sanmartí, Santacana, 1991). El desenvolupament a finals del segle VII aC d’altres hàbitats permanents possiblement vinculats a l’explotació de les galenes argentíferes de la vall del Siurana, com ara el Puig Roig (El Masroig, Priorat) (Genera, 1995) o el Calvari (El Molar, Priorat) (Vilaseca, 1943), també s’ha de posar probablement en relació amb aquest comerç colonial fenici (Asensio et alii, 2000). A part d’aquests contactes amb el món colonial semita, la presència d’un molí de granit i d’una petita proporció (2,1% dels fragments) de ceràmiques amb desgreixant micaci –que molt probablement no són d’origen local– mostra l’existència d’una xarxa interior de relacions d’intercanvi, la importància econòmica de la qual devia ser, però, molt inferior a la dels contactes exteriors (Ruiz Zapatero, 1992).

8.3.2. El Període 2 (fig. 8.2 i 8.3)

Durant l’últim període de la seva existència, el jaciment de Barranc de Gàfols és l’únic que sembla estar ocupat a la part sudoccidental de la Foia de Móra, és a dir, a la zona de la marge esquerra de l’Ebre ocupada pels termes municipals de Miravet i de Ginestar. En un sistema encara no plenament sedentari com el que hem descrit en l’apartat anterior, això no tindria res de particular (simplement es tractaria del jaciment ocupat en aquest moment precís), si no fos perquè a la vegada es produeix un canvi profund en l’estructura de l’assentament, així com en algunes de les característiques arquitectòniques de les cases i en la compo-sició dels materials mobles. Ara, efectivament, ens trobem davant d’un nucli de tipus protourbà, de caràcter estable i permanent, ben diferent de l’aspecte anàrquic dels jaciments del període anterior, i amb una capacitat d’emmagatzematge que sembla considerablement -superior.
Aquesta sedentarització de la població de la zona va provocar probablement un increment en la importància de la producció agrícola en l’estructura econòmica. Un indici positiu en aquest sentit és l’existència d’un gran nombre de vasos d’emmagatzematge, que ara constitueixen un 13% dels individus de ceràmica a mà, davant del 3% del període anterior, als quals cal afegir un nombre significatiu de peces a torn (39% dels individus, que s’elevaria fins al 49% si s’hi afegissin les àmfores) (fig. 7.14), a banda de la possible existència de recipients de terra o de terra i fusta. Tot això permet suposar que cada una de les cases del bloc constructiu A podia arribar a emmagatzemar un volum superior als 1000 litres, la qual cosa representa aproximadament el consum familiar anual. A tot això cal afegir encara la presència de diversos molins de granit de grans dimensions i pes (tipus A), que cal entendre com a instrument fixes, dels quals no es coneixen equivalents en períodes més antics. Contràriament, no s’ha documentat l’existència de sitges, la qual cosa pot respondre a la manca de tradició en la utilització d’aquest tipus d’instal·lacions, o bé a la dificultat per excavar sense instruments de ferro contenidors d’aquest tipus en la roca calcària dura, o bé, simplement, al fet que el volum encara petit dels excedents cerealístics no feia necessari el seu ús.
L’estudi del material paleocarpològic mostra la importància de la recol·leció de glans (53% de les restes), així com una presència considerable de pinyols de raïm (38%), dels quals no es pot precisar si pertanyen a espècie silvestre o domèstica. Els cereals, en canvi, estan mal representats (7% de les restes), i l’única espècie identificada és l’ordi. També són presents el lli i la figuera, però els dos en quantitats realment molt modestes (0,1% i 1% respectivament). Aquestes dades s’han de completar amb els resultats de les anàlisis dels residus conservats a les superfícies de fricció dels molins. Aquest estudi ha permès confirmar la importància de les glans, que probablement  proporcionaven una farina panificable (Oliveira, Queiroga, Pereira Dinis, 1991), però també han mostrat que la presència de cereals és força més considerable del que deixarien suposar els estudis carpològics. En efecte, els residus atribuïbles a cereals (exclusivament ordi sempre que ha estat possible precisar l’espècie) han estat identificats en vuit dels catorze molins analitzats, entre els quals hi ha totes les peces mòbils de grans dimensions tipus A3 i les tres peces fixes del tipus A1, encara més grans i pesades, fins al punt que cal considerar-les no transportables. Aquest darrer tipus de molí no s’ha documentat, de moment, en les els períodes precedents i la seva presència en el Període 2 de Barranc de Gàfols potser s’ha de relacionar amb una relativa expansió de l’economia cerealícola a la zona. En efecte, les anàlisis de residus han mostrat que en un mateix molí sempre hi havia únicament restes o bé de glans o bé de cereals. Ara bé, les peces de més grans dimensions (tipus A1 i A3) (fig. 7.17) sempre presentaven exclusivament residus atribuïbles a cereals, la qual cosa permetria pensar que es tractava d’instruments especialitzats, que, a més, es trobaven concentrats quasi exclusivament en dos recintes (IV i VIII), que podrien haver estat també especialitzats per a la mòlta de cereals, possiblement en un moment immediatament posterior a la collita, mentre que a la resta de cases hi havia petits molins que, segons mostren les anàlisis de residus, es podien utilitzar indistintament per a la mòlta de cereals o de glans. Aquesta diversificació funcional i especialització de l’activitat de mòlta contrasta vivament amb la documentació de què disposem per als períodes precedents, quan els molins coneguts són escassos, molt simples i sempre d’un mateix tipus, el barquiforme de petites dimensions.
Molt probablement, doncs, comença a desenvolupar-se durant aquest Període 2 una agricultura de guaret, basada en bona part en el conreu de l’ordi, que és un dels més senzills, ja que aquest cereal  presenta l’avantatge de ser fàcil de batre i és també el primer que madura si es planta a l’hivern; les varietats de primavera són mes tardanes. No podem precisar quines varietats hi havia a Barranc de Gàfols, encara que el mes probable és que es tracti de les hivernals. La sega de l’ordi no està documentada en el jaciment –no hi ha cap fulla de sílex o altre instrument amb les marques de segar–, tal vegada perquè potser trencaven directament l’espiga dins d’un sac o cabàs; en aquest cas, per l’ordi no s’hauria necessitat cap eina. La tasca de batre les espigues tampoc està documentada en el jaciment, però l’ordi es pot batre simplement trepitjant-lo.  Mes feina requeria l’aprofitament de la palla, que certament requereix elements per tallar-la.  A part dels cereals i les glans, les anàlisis de residus han demostrat també la utilització d’arrels o rizomes.
Pel que fa a les activitats de transformació, a part de la mòlta, de què ja s’ha parlat, la més ben documentada és el teixit. El fet que la major part de cases contingués alguns pes que se suposa de teler (entre un i quatre exemplars) (fig. 7.15) sembla indicar que es tractava d’una activitat domèstica. La matèria primera utilitzada devia ser, sens dubte, la llana, segons es desprèn de l’abundància d’ovicaprins, i probablement també el lli, representat, com s’ha dit, entre les restes carpològiques, encara que en molt petita proporció (0,1% de les restes).
La documentació arqueozoològica, per una altra part, no mostra diferències significatives en relació al Període 1. Com era d’esperar en un sistema ramader ja sòlidament establert des del període anterior, les espècies domèstiques continuen dominant molt àmpliament (95% de les restes). Els ovicaprins constitueixen ara també el grup més nombrós (80% de les restes), amb una particularitat important, que és el predomini de la cabra sobre l’ovella, la qual cosa es pot interpretar en funció del rendiment en llet, que és molt superior en la primera d’aquestes espècies; això implicaria, doncs, que l’obtenció de làctics era l’objectiu principal de la cria dels ovicaprins (Nadal, Albizuri, 1999). Els suïds representen un 9% de les restes recuperades i sens dubte constituïen la part essencial de l’aliment càrnic, mentre que els bòvids (5,6% de les restes) i el cavall (0,35%) es devien utilitzar primordialment com a força de treball. Pel que fa a la cacera, el nombre d’espècies documentades és ara bastant superior (senglar, cabirol, cèrvol, conill, llebre, cabra, toixó) –sens dubte com a conseqüència de la superior amplitud de la mostra–, però sempre en proporcions molt reduïdes, la qual cosa indica que aquesta activitat, tot i que segurament es practicava de forma constant, únicament devia proporcionar un aport complementari a l’alimentació del grup.
El predomini de la cabra entre els ovicaprins fa pensar també en una producció làctia important, que probablement devia alimentar una activitat de transformació d’una certa entitat. Ara bé, els indicis arqueològics en aquest sentit són molt escadussers, ja que es redueixen a un sol vas amb el fons perforat que hauria pogut servir per a la fabricació de formatge (fig. 5.158.-7). Ara bé, és perfectament possible que aquest tipus d’activitat es desenvolupés molt sovint fora de l’assentament, allà on en cada moment es troben els ramats.
 Probablement es desenvolupava també en el marc d’aquesta petita comunitat la producció de ceràmiques, però els -treballs d’excavació no n’han lliurat cap indici, possiblement perquè els forns estaven situats a una certa distància de l’hàbitat.
De tota manera, hi ha, com en el període anterior, una petita proporció (3,3%) de peces fabricades amb desgreixants micacis, que molt probablement  no han estat produïdes a la zona, i el mateix es pot dir dels nombrosos molins trobats a l’excavació, quasi tots elaborats amb roca granítica, que podria procedir –però no en tenim constància– de la zona de Falset. És plausible suposar igualment un origen no estrictament local per als objectes metàl·lics.
Quant a l’activitat comercial a llarga distància, està ben demostrada per l’existència en els nivells d’aquest període de nombroses ceràmiques a torn (fig. 7.8), molt majoritàriament de tipus fenici (sobretot pithoi, però també àmfores, una oinochoe, plats, thymiateria, etc.) i, més rarament, d’inspiració grega (copa, tapadora de lekanis). Cal destacar que la major part d’aquestes ceràmiques no són ja originàries de l’àrea del Cercle de l’Estret de Gibraltar, sinó d’altres centres de fabricació encara no identificats i probablement bastant diversificats, que possiblement cal situar a la zona sudoriental de la Península Ibèrica, entre Granada i Múrcia.
En resum, doncs, durant aquest Període 2 el grup humà establert a Barranc de Gàfols sembla ser ja plenament sedentari, sense que això signifiqui que el nombre total d’habitants experimentés un creixement significatiu. Això porta a pensar en un sistema agrícola de guaret sectorial, amb les terres de conreu dividides en diferents sectors (possiblement, tres o quatre), que es devien cultivar de forma alternativa. Unes vuit o nou hectàrees serien suficients per nodrir la població de l’assentament, la qual cosa significa la necessitat d’una superfície total de terres de conreu entorn de les 25-30 ha, de la qual només un terç es trobaria en conreu, i la resta en guaret (fig. 8.4).
El procés de sedentarització documentat a Barranc de Gàfols no és, lògicament, un procés aïllat, sinó que s’emmarca dins d’una tendència general que es documenta des de final del segle VII aC a les àrees litorals i prelitorals de Catalunya. Aquest fenomen és particularment visible a les comarques de l’Ebre, amb jaciments com la Moleta del Remei, la Ferradura, Aldovesta, Coll del Moro de Serra d’Almos, Barranc de Gàfols, el Calvari del Molar o el Puig Roig del Roget, però també s’ha documentat recentment al Catllar (Tarragonès) (Molera et alii, 1999) i a Sant Martí d’Empúries (Aquilué et alii, 1998). Per una altra part, la presència de ceràmiques fenícies en jaciments de la costa del Barcelonès, el Maresme i La Selva (Penya del Moro, Puig Castellar, Castell Ruf, Cadira del Bisbe, Montbarbat) permeten pensar també en l’existència de nuclis similars en aquesta zona, tot i que, de moment, no es coneixen estructures constructives que permetin avaluar les característiques dels assentaments esmentats abans de la segona meitat del segle VI aC.
La pregunta que, arribats a aquest punt, cal plantejar-se és: perquè es va produir aquest procés de sedentarizació?. Efectivament, un sistema sedentari d’aquest tipus no proporciona veritables avantatges si doncs no es produeix un increment considerable de la població, fenomen que en aquest cas no sembla haver-se produït. Contràriament, una població sedentària pot necessitar una inversió de treball superior per obtenir una producció similar, tenint en compte la pèrdua de fertilitat dels sòls. Ara bé, si això és així, què pot haver conduït aquesta població a canviar la seva forma de vida tradicional? El contacte colonial pot haver portat a aquest resultat en altres llocs, com mostren, entre altres, els exemples d’Aldovesta (control del pas del riu i redistribució interior dels productes fenicis), La Ferradura o Coll del Moro de Serra d’Almos (control del territori i les comunicacions), o els nuclis situats a la vall de Siurana (producció metal·lúrgica destinada a l’intercanvi per productes fenicis), ja esmentats més amunt. Ara bé, per si sol no ho podria explicar en aquest sector de la Foia de Móra, mancat de recursos com els que acabem d’esmentar i on els intercanvis amb el món colonial havien començat probablement ja un segle abans i havien estat mantinguts sense problemes per l’antic sistema d’agricultura itinerant. Una hipòtesi versemblant vindria suggerida per l’abundància al jaciment de vitis sp. Si s’admet, efectivament, que es tracta de vinya cultivada –cosa que no es pot assegurar–, és evident que això implica un hàbitat sedentari, ja que la vinya no és productiva fins tres o quatre anys després de ser plantada, la qual cosa inevitablement tendiria a fixar la població en proximitat a aquests conreus. Ara bé, cal admetre que els treballs d’excavació no han donat cap estructura que es pugui identificar amb una instal·lació de premsat.

8.4. L’organització social del grup

L’existència, durant el Període 2, de llars de foc centrals d’un tipus elaborat i uniforme en els cinc recintes del bloc constructiu A, als quals caldria afegir el recinte IX, tal vegada el XIX i un altre possible àmbit de característiques similars a l’est de la cisterna (recinte XVIII –fig. 4.1–) permet definir altres tants espais habilitats per al repòs, la cuina i el consum d’aliments (tots els recintes del conjunt constructiu A contenen almenys peça de vaixella brunyida), a més de l’emmagatzematge (en un pis superior) i algunes activitats de transformació (teixit, mòlta d’aliments i potser altres no documentades en el registre arqueològic), mentre que, com s’ha dit més amunt, la resta d’espais coberts semblen més aviat relacionats de forma exclusiva amb la producció i l’emmagatzematge. Es pot suposar –però no demostrar– que cadascun d’aquests recintes dotats de llar de foc (sis o set en total) era utilitzat com a residència d’una única família nuclear. Ara bé, cal fer notar que, més enllà de les característiques comunes que hem enumerat, aquests espais tenen també sovint un cert caràcter especialitzat. Així, els recintes I, II i IV han lliurat elements relacionables amb pràctiques de caràcter cultual; el mateix recinte I contenia l’únic forn culinari de l’assentament (probablement destinat a l’elaboració del pa), mentre que el recinte II ha lliurat la major part de vasos brunyits, per als quals es pot suposar una funció de vaixella (sis de les deu peces documentades en el conjunt constructiu A). En canvi, el recinte IV ha donat un nombre superior a l’habitual d’elements relacionats amb la mòlta de cereals. En definitiva, fa la impressió que aquests espais, ultra tenir un caràcter residencial a l’escala de família nuclear, són també àrees funcionalment especialitzades, utilitzables i probablement utilitzades pel conjunt del grup humà establert a l’assentament. Així, la frontera entre espai «privat» (entenent el mot com a «propi de la unitat familiar nuclear») i espai «comunitari» es desdibuixa fins, de fet, desaparèixer i el conjunt de l’assentament apareix com una sola i única gran casa. És lògic suposar, doncs, que l’assentament era ocupat per una família estesa i que els diferents recintes constituïen àrees separades al nivell de família nuclear per al repòs, per a certes activitats (com el teixit i la mòlta de certs productes, particularment les glans) i, possiblement, també per a la cuina. El fet que els dos recintes domèstics més antics (I i II) siguin a la vegada els únics que estaven dotats de decoració pintada a les parets, que continguin l’únic forn culinari de l’assentament, així com el més gran nombre de peces de vaixella i la major part d’elements de caràcter ritual, porta a pensar que eren les residències de la primera generació de la família estesa i que durant tota la vida de l’assentament en aquest període 2 van continuar essent els espais ocupats pels homes de més edat i el lloc on es desenvolupaven determinades cerimònies religioses i el consum comunitari de determinats aliments, particularment dels líquids que es bevien amb la vaixella brunyida (concentrada essencialment al recinte II) i que potser es servien amb l’oinochoe a torn trobada al recinte I. Probablement eren també el lloc de reunió on es prenien les decisions importants sobre la vida del grup.
La documentació disponible per al Període 1 no permet donar tantes precisions, però sembla lògic suposar que l'organització de la societat devia seguir unes pautes essencialment similars a les que acabem de descriure.

8.5. El sistema cultural de Barranc
de Gàfols i el patró tribal

Les característiques descrites en les pàgines anteriors, tant per al Període 1 com per al Període 2, corresponen amb tota evidència a una societat tribal. En aquest sentit, cal destacar la petita grandària dels assentaments (potser una o dues cases ocupades simultàniament durant el Període 1; sis o set durant el Període 2), la debilitat demogràfica evident, si més no a la foia de Móra, l’absència de jerarquització de l’hàbitat, la manca d’especialització i d’indicis clars de diferències socials, tant per la grandària i estructura dels habitacles com per la natura i/o quantitat dels materials mobles que contenen.
La documentació disponible per al Període 2, molt més precisa, permet reconèixer a Barranc de Gàfols la seu d’un llinatge compost per unes sis o set famílies, que eren sens dubte, a partir de la divisió del treball per sexe i edat, l’entitat fonamental de producció, tant dels béns de subsistència com –segons mostra clarament la documentació arqueològica– de la major part de productes transformats. La producció, en definitiva, es devia organitzar d’acord amb les demandes del grup familiar i en funció de les necessitats de la llar, la qual cosa, evidentment, no s’ha de confondre amb una suposada autarquia ni d’aquesta ni del llinatge en el seu conjunt. Com ha assenyalat M. D. Sahlins, «els grups domèstics no són autàrquics, encara que freqüentment produeixen la major part de les coses que consumeixen» (Sahlins, 1972, 120). No es tracta, per tant, únicament de producció per a l’ús o per al consum directe, sinó també per sostenir l’intercanvi, de manera que es pugui adquirir allò que es necessita. Precisament el que regula la producció és la necessitat, no el benefici.
Un altre aspecte que caldria afegir a les consideracions anteriors és el que es refereix a l’organització del treball. En efecte, parlar de grup domèstic de producció no equival a dir que les famílies havien de ser grups de treball plenament autònoms; contràriament, la cooperació entre els membres del llinatge, per damunt del cercle estrictament familiar, és imprescindible per a les comunitats tribals com la que ara analitzem. Al Barranc de Gàfols, moltes tasques havien de ser empreses de forma col·lectiva: la forma familiar de producció implicava solament que aquesta era organitzada per i per a la família.
Tot el que acabem de dir és vàlid per al Període 2, però també sembla clar que, en aquest moment de la primera meitat del segle VI aC, aquesta societat ha iniciat un procés de ràpida evolució, el tret més característic del qual és la plena sedentarització. Aquest procés l’havia de conduir ràpidament del sistema tribal segmentari a la formació de cabdillatges, que creiem que devien estar ja desenvolupats durant el període ibèric antic, moment en què el registre arqueològic comença a revelar l’existència de produccions especialitzades d’una certa entitat (particularment en el camp de la metal·lúrgia i de la ceràmica), d’assentaments d’una certa magnitud física i de potents fortificacions.

8.6. Nota sobre el comerç colonial

Un aspecte important de la documentació lliurada pel jaciment de Barranc de Gàfols fa referència a l’evolució del comerç colonial en el decurs del segle VI aC. Efectivament, els materials d’importació recuperats en els nivells del Període 2 han permès comprovar la tantes vegades comentada crisi del comerç fenici a la costa ibèrica des de principis del segle VI aC (Arteaga, Padró, Sanmartí-Grego, 1978), ja que els elements de producció fenícia del Cercle de l’Estret de Gibraltar hi són molt escadussers (1% dels fragments de ceràmica a torn) i probablement tenen sovint un caràcter residual. Es pot dir, per tant, que, quan el poblat fou abandonat, molt possiblement vers 570-560 aC, els productes fenicis que des de feia almenys un segle arribaven a la zona hi eren totalment absents o quasi. Aquests elements havien quedat substituïts per altres ceràmiques de tipus formalment fenici –tot i que també es documenten algunes formes gregues– que, segons l’anàlisi visual realitzada amb binocular, contenen abundants partícules de materials metamòrfics la procedència dels quals es podria situar hipotèticament a la zona del sudest de la península ibèrica compresa entre Granada i Múrcia. Dues observacions són importants en relació amb aquests materials:
- El seu nombre és important (13% dels fragments, 9% dels individus en càlcul no ponderat, 14% dels individus en càlcul ponderat per u), en clar contrast amb els nivells del període 1, en els quals el material d'importació és molt escadusser (3%, 1% i 6%, respectivament).
- La gran diversitat de formes mostra que es tracta d’un comerç de natura diferent al que s’havia donat fins a principi del segle VI aC, clarament dominat pel tràfic d'àmfores.
Cal afegir a tot això que el jaciment no ha lliurat ni un sol fragment atribuïble a ceràmica grega (ni etrusca).
Tot això permet probablement definir un període i una fàcies concreta d’importacions que es poden situar probablement entre 590 aC i 560 aC i que es diferencia clarament tant del període anterior, dominat quasi en exclusiva per les importacions amfòriques procedents dels nuclis fenicis de l’àrea de l’Estret de Gibraltar, com del període següent, que es caracteritza per la diversitat d’elements importats i la pluralitat de zones de procedència, amb un important component de ceràmiques gregues (sobretot copes «jònies» i àmfora de Massàlia).






Copyright ©  CENTRE D'ESTUDIS DE LA RIBERA D'EBRE