SHAUL MOGRABI, OBJETOR CONTRA LA OCUPACIÓN DE PALESTINA
¿Cómo es un día en su vida? –Hago lo que hace cualquier joven de mi edad. Tel Aviv es una ciudad como cualquier otra ciudad europea.
–Su vida corre más riesgo que la nuestra. –Es verdad, pero estamos tan acostumbrados que nos parece normal. Procuro no coger autobuses y no frecuentar lugares públicos masivos. La situación de Tel Aviv me limita, pero no de una manera exagerada.
–¿Conocía a gente cercana que perdiera la vida en un atentado? –Nadie muy próximo, pero he estado varias veces en los territorios ocupados y he sido testigo de su dolor.
–¿Que hacía allí? –Manifestarme por la paz, conocer cómo viven y qué quieren; una experiencia sobrecogedora, porque he visto mucho sufrimiento. Ningún palestino se libra de tener como mínimo un familiar muerto, una bala en su cuerpo o su casa destruida y, pese a ello, insisten más en la paz que en la venganza.
–¿Qué va a buscar usted a Palestina? –Los palestinos tienden a identificar a los judíos y a los israelíes con los colonos que están en los asentamientos y con los soldados, de manera que es muy importante que conozcan jóvenes como nosotros, que estamos en contra de la ocupación.
–¿Cuántos jóvenes piensan como usted? –No lo sé con exactitud, pero sí sé que hay seis jóvenes objetores de conciencia que actualmente están en prisión junto a 13 reservistas (hombres que hasta los 45 años pueden ser reclamados por el ejército).
–19 personas no son representativas. –Hay muchísimos jóvenes que evitan el alistamiento obligatorio en el ejército por las mismas razones que yo pero que no lo manifiestan de forma abierta.
–¿Cómo reaccionan las chicas? –Cada año hay entre 200 y 300 objetoras de conciencia de mi edad, pero no van a prisión porque los militares aceptan más fácilmente que ellas declaren ser pacifistas o tener obligaciones familiares. Las chicas no están en las unidades de combate y para el ejército no son imprescindibles.
–¿Cuál es su razón para objetar? –Yo no soy pacifista, ni tampoco acepto mi ingreso en el ejército a cambio de servir en unidades que no sean destinadas a los territorios ocupados, que es una vía que muchos utilizan. Mi razón es el rechazo a participar en un ejército de ocupación que causa todo ese sufrimiento que yo he podido ver.
–¿Qué ocurrirá cuando vuelva a Israel? –El 18 de octubre debo presentarme en la base militar para alistarme. Pero ese día yo me declararé objetor de conciencia, así que me arrestarán de 14 a 28 días. Después me dejarán ir a casa y volverán a citarme, y lo mismo se repetirá de nuevo hasta que me juzgue un tribunal militar. La condena puede ser de tres años de cárcel.
–¿Y qué opinan sus padres? –Me apoyan, pero no quieren que vaya a prisión e insisten en que busque soluciones. Muchos jóvenes falsifican documentos médicos que los imposibilitan para el ejército.
–¿Se lo ha planteado? –Lo que yo quiero es que mi caso sirva para hacer pensar a la gente. Yo no estoy en contra de servir a mi país, sino del Gobierno actual y de su política exterior.
