PELO LARGO Y PIERCING EN LA POLICÍA NACIONAL

A simple vista a las cosas más banales, no se les da la importancia debida, pasamos fugazmente sobre ellas, sin detenernos ni analizarlas. Pero cuando las enfocamos y las sacamos a la luz, las mismas adquieren su verdadera dimensión.

 

Eso ocurre como cuando nos presentan una vianda, elaborada con materias primas de gran calidad, pero a la cual le falta la presentación debida, sin adornos, florituras o aderezos necesarios para que el plato nos entre por los ojos; entonces esos manjares son insulsos, anodinos, carente del estimulo necesario, que nos impulse a comerlos.

 

Digo todo ésto a propósito de las directrices dadas por el Ministerio del Interior, para actualizar el reglamento relativo a la indumentaria de los agentes de la Policía Nacional, que entre otras cosas, prohíbe el pelo largo, pendientes, piercing, etc. (Libertad Digital).

 

Para algunos tal cuestión y desde su punto de vista es baladí y centran más su atención en que su trabajo lo realicen con la eficacia debida; sin embargo para otros, entre los que obviamente me encuentro, tal cuestión tiene una importancia fundamental, pues es el envoltorio, el papel de plexiglás, los adornos, lo que nos entra por los ojos, la imagen, el marketing que dirían los americanos.

 

Una policía que se precie de tal, no solamente tiene que serlo, sino que además tiene que parecerlo, como la mujer del Cesar. Es totalmente inadmisible que un policía, lleve el pelo desordenado, con pinturas en los labios y con argollas, pendientes y otras mariconadas, cuando se encuentre de uniforme. Cuántas veces hemos visto en reportajes sobre países subdesarrollados a ésas policías, vistiendo cada uno de una forma diferente, sucios, pelo desordenado, con una anarquía total, entonces hemos comentado ¡Mira parecen el ejército de Pancho Villa! Y es de esa forma como la propia ciudadanía, a la cual se deben, ve a dicha Policía, pues les infunde desprecio.

 

Una Policía y en especial el Cuerpo Nacional de Policía y no porque sean mejores o peores que las demás fuerzas de seguridad, no, sino más bien por su tradición y su forma de ser, debe dar una imagen nítida, limpia, desprovista de ése mal gusto que estamos observando últimamente, con la relajación de las buenas costumbres y los buenos modos, que se reflejan tanto en el aspecto interior, como en el exterior, con vestimentas, artificios y formas, que en nada ayudan a que el ciudadano deposite su confianza en ellos.

 

La Policía como institución no estaría del todo entendida, si se creyera que es una manera de pensar tan sólo, no es una manera de pensar: es una manera de ser. Y en efecto los Policías Nacionales, al sujetar su vida a un servicio disciplinado, obedecer a un imperativo poético, diría yo y mantener su espíritu en actitud militante, adquieren unos hábitos que determinan su modo de ser.

 

Ahora bien: ése modo de ser, lleva en sí, al manifestarse exteriormente, determina una forma peculiar de hacer las cosas y de enfrentarse con los problemas o sea el estilo. Podemos decir, por tanto, que el modo de ser de los policías, es una aptitud interna que, cuando llega el caso, les hace reaccionar de acuerdo con los preceptos permanentes de unas normas, mientras el estilo, es la manifestación externa y espontánea de sus reacciones interiores.

 

Muchas veces se les mira desde ángulos opuestos y distorsionantes, presentándolos como arcaicos y caducos, seres de otro mundo, que están asentados todavía en la edad de piedra; sin embargo a los que piensan de esa forma, les diría, que si hoy la Policía Nacional, tiene tanto prestigio, junto con la Guardia Civil “los más valorados por la sociedad”, ha sido precisamente por conservar ésos valores, tan tradicionales que deben de conservar a toda costa.

 

Desde ésta atalaya, nos congratulamos con ésas nuevas normas que pretende imponer el Ministerio del Interior, pues ello redundará en beneficio de la institución policial.

Por Juan Carlos Gómez

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