Hay días que es mejor no ver la televisión, sobre todo cuando se ven imágenes que repugnan y te dan nauseas, como el espectáculo esperpéntico donde se ve a unos renegados a su casta, vapulear, arrollar y detener al Teniente de la Guardia Civil, D. Francisco Ruiz, por el simple hecho de manifestarse ante la sede central del Partido Socialista en Madrid.
El espectáculo realmente era deprimente y me ha dejado totalmente atónito y perplejo al ver como unos energúmenos, que siguiendo directrices políticas, utilizaban medios violentos, con una saña y crueldad inaudita, yo diría que con cierto placer y odio acumulado, que se les veía a algunos en esas caras amargas. No les importó lo más mínimo que dicho Oficial vistiera el uniforme de la Guardia Civil y mucho menos que el símbolo de ése benemérito Cuerpo, que es el tricornio, rodara por los suelos en presencia de muchos transeúntes y cámaras de televisión.
Hoy será muy difícil que la herida abierta se pueda cicatrizar de inmediato, pues el daño causado ha sido muy importante y ha trastocado muchos esquemas de gran cantidad de Guardias Civiles, que se han visto vejados y humillados ante la opinión pública, tratados y despreciados injustamente, por aquellos, que en vez de darles cariño y comprensión, abrieron sus almas malsanas, para abofetear el orgullo de una Institución ejemplar.
Lo único que hizo ese Oficial era defender unos derechos que reiteradamente les era negado por el poder político, pero de una forma pacífica y después de haber agotado todas las vías.
Francamente como español, me encuentro muy dolido por todo lo sucedido y me ha afectado profundamente, pues en mi fuero interno no puedo comprender los hechos en cuestión. Tanto la Guardia Civil como la Policía Nacional forman parte del mismo colectivo, con misiones quizás diferentes, pero con un lazo común, fuerte e indestructible, que debe continuar y seguir fortaleciéndose.
En la Policía Nacional existen grandes profesionales y ellos son los más afectados por el comportamiento de algunos desaprensivos, que saltándose esas reglas no escrita que unen a todos los cuerpos de seguridad, se han dedicado a manchar el nombre de esa Institución ejemplar.
Desde ésta atalaya, quiero dar mi apoyo y comprensión al Teniente de la Guardia Civil, D. Francisco Ruiz, que ha sufrido en sus propias carnes ésta afrenta ignominiosa, por parte de unos incontrolados, que no se han hecho merecedor del uniforme que visten.
Por Juan Carlos Gómez
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