¡HABÉIS VENIDO A MORIR!

Por Javier Martí

La llegada de los primeros contingentes de alistados en los distintos banderines de enganche dispuestos por la geografía nacional allá por el mes de septiembre de 1.920, además de producir entusiasmo en Millán Astray, imponía la necesidad de elegir de entre todos ellos a los que se quedarían para vestir el uniforme verde.

El Teniente Coronel los recibía en el patio del Cuartel del Rey en Ceuta y les dirigía una mirada firme e inquisitiva mientras les hablaba del futuro que encontrarían en el Tercio.

"Habéis llegado a este cuartel para adquirir el compromiso más honroso de vuestras vidas: os vais a consagrar a la Legión. Ella os recibe con los brazos abiertos y os ofrece honores, gloria y olvido también. Sentiréis un orgullo desconocido hasta ahora: el de ser legionarios. Aquí recibiréis vuestras cuotas y percibiréis los haberes prometidos. Podréis ganar galones y alcanzar estrellas, pero a cambio de esto, los sacrificios han de ser constantes, en el combate defenderéis los puestos más duros y peligrosos, y muchos de vosotros moriréis en la pelea. Nada hay más hermoso que morir con honor, por la gloria de España y de su ejército; ya lo aprenderéis asi.....Caballeros legionarios: ¡Viva la Legión!".

Luego, en su despacho, los iba recibiendo individualmente, y queda para la historia alguna de aquellas conversaciones:

"¿Sabes a qué has venido?

¡Has venido a morir! ¡Sí, has venido a morir!Porque desde que has pasado el Estrecho ya no tienes ni madre, ni novia, ni familia; desde hoy todo esto lo será la Legión. El servicio ha de estar por encima de todo, en el honor que te has impuesto de servir a España y a la Legión".

Si alguno flaqueaba, salía a relucir la posibilidad de dar marcha atrás en la decisión de alistarse. Bastaba con decir en el reconocimiento médico "me duele la garganta", y se le daba pasaporte para su lugar de origen.

Una vez pasado el reconocimiento médico, en el que se descartaba a los débiles, los enfermos, los que no eran válidos para el servicio, se les facilitaba los primeros uniformes y formaban de nuevo en el patio, donde ya, como legionarios, el jefe los acogía.

"A la Legión no se viene a disfrutar de comodidades; el trabajo es fuerte y son muchas las privaciones. El enemigo tira bien y los balazos duelen, y más aún si alcanzan un hueso. Pero en la Legión encontraréis amor, amparo y amistad. Se os exige ser valientes y acatar la disciplina; a cambio se os da oportunidades de gloria, los sueldos prometidos, comida sana, ropa y recompensas. ¡Que seáis dichosos aquí y que Dios os conceda lo que cada uno viene buscando!"

EL CAMINO DE LOS CABALLEROS

Millán Astray falleció en enero de 1.954. El año pasado se cumplió el cincuentenario de su muerte y la Comandancia General de Ceuta dedicó un ciclo de conferencias en el que tuve el honor de participar.

En el preámbulo de su testamento, dejó dicho:

"He procurado seguir el camino de amor a Dios, el del culto a la Patria, al honor, al valor, a la cortesía, al espíritu de sacrificio, a la caridad, al perdón, al trabajo y la libertad con justicia, o sea, el camino de los caballeros...."

Y ¿cuál es ese camino de los caballeros a que hace referencia?

Tenemos que retrotraernos mucho más en el tiempo, a la época de la campaña de Marruecos. En marzo de 1.926, Marcial Sánchez Barcaiztegui Gil de Sola, alumno de la Academia de Infantería, solicitaba su ingreso en la Legión. Millán Astray le escribió explicándole que debería seguir el camino de los caballeros.

Habrás de rendir culto al honor, culto que te obligará a que tu conducta en todos los órdenes, tanto militares como civiles, sea pura e inmaculada, depurada en todos sus conceptos, siempre inclinada al bien, evitando en todo momento los pasos en falso, las conductas dudosas y las compañías perniciosas.

Culto al valor, que te sobreponga a las flaquezas humanas y al instinto de conservación, para ofrendar con gusto la vida y poder mirar a la muerte cara a cara; pero este valor ha de ser sereno, tranquilo, ecuánime, sin exaltaciones ni depresiones, sin despreciar al enemigo si fuere poco, sin temerle cuando sea mucho.

Culto a la cortesía para que tus actos se rijan siempre con la exquisitez de los caballeros españoles; dulce en el trato, afable con todos, respetuoso para con los superiores, galante con las damas, singularmente amante y entusiasta del soldado, al cual has de cuidar constantemente, encauzándole y atendiéndole con fraternal cariño.

Y como final, culto a la Patria, altar en donde has de ofrendar cuanto seas, todo lo que poseas, cuanto puedas valer, y como compendio y suma de los ofrecimientos, entregar en ese santo altar tu vida, con la seguridad de que sólo así esta Patria será grande.

BIBLIOGRAFÍA: El Faro de Ceuta 20-09-05 LXXXV ANIVERSARIO DE LA LEGIÓN

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