


Hace una semana que tengo en mi poder los quinientos ejemplares de mi nuevo libro MARTÍN REQUENA IN MEMORIAM. Es una novela ya muy vieja. La escribí hace ya algunos años, y ha ido recorriendo, con escasa fortuna los despachos de todas las editoriales del pais. Se ha presentado a todos los premios literarios, bueno, a casi todos, primero con mucha ilusión, después con alguna menos, y al final, con el hálito vital del que va camino del patíbulo. Después de tan largo e infructuoso peregrinar se ha encerrado en uno de los cajones de mi escritorio y se ha echado una siestecita de dos años. Al final, me he decidido a romper la hucha y pagarle esta edición para que se pueda asomar al mercado de los libros decentemente vestido. Cuando abrí la primera caja y tomé el primer ejemplar mi vanidad soltó un eructo de satisfacción. Le quité con mucho cuidado la sobrecubierta y sopesé con las manos la textura de su papel de portada; me acaricié el sentido de la vista con el color hueso marfil de sus páginas satinadas. Me sentí herido por algunas erratas que en mis correcciones de galeradas se me pasaron por alto. |
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