UN PELIGROSO TELONERO

Se apellida Jáuregui y, habiendo nacido en el año 1948 en Guipúzcoa, cuando todavía se llamaba y se escribía así. Suponemos, con mucho optimismo, que alcanzaría un aceptable uso de razón a los quince o diez y seis años, es decir, cuando ya España, gracias a la auténtica paz que permitía el trabajo de todos los españoles, empezaba a dar un paso de gigante.

 

Pese a los esfuerzos de sus biógrafos, su currículum profesional es bastante escueto, y sólo se puede rellenar algo su biografía con su rentable pasado político en el sindicato amarillo UGT y en el partido de los presuntos trabajadores, PSOE. La basura del GAL le salpicó pero al parecer más bien poco (era Delegado del Gobierno en el País Vasco durante aquella aventura), alcanzando con el tiempo la Vicepresidencia de esto, pudiendo por ello participar en el entierro de un gobierno que huele tanto a cadaverina que empezamos a dudar que soportemos esa pestilencia hasta el trigésimo sexto aniversario de la muerte de Franco.

 

Pero como el cadavérico gobierno quiere morir matando, ha encargado a este torpe telonero la misión de acabar con el Valle de los Caídos. Y es que acabar con el Valle de los Caídos será toda intervención, cambio o reestructuración de un monumento que estamos empezando a pensar que los españoles no nos merecemos. Pero lo más sorprendente es que éste técnico en maquinaria a quien se le encarga “gestionar un nuevo Valle de los Caídos” sea el representante, en plan herencia histórica, de aquella tropa del Frente Popular que arrasaron miles de templos, iglesias, conventos, seminarios, monumentos religiosos…. Y que, ya sin arquitectura religiosa ¿para qué servían los curas y las monjas? ¡Pues fuera con ellos!

 

Pues sí, los herederos políticos de aquellos criminales, cuyo odio a la Iglesia formaba parta de su estructura política, son los que hoy dirán qué se va a hacer con un monumento religioso. Es como si se entrega a las ratas el cuidado de los almacenes de grano.

 

Antes del próximo 20 de noviembre, previendo la debacle electoral, quieren en el último estertor legislar sobre el Valle con la esperanza de que esa ley, posiblemente blindada, obligue a un posible PP, bastante cobarde, a cumplir sin chistar con lo legislado.

 

Y no será un Napoleón quien derrote a los otros emperadores en Austerliz, será un simple y triste telonero el encargado de acabar con todo un monumento cuyo pobre y sectario cerebro es incapaz de entender.

 

El Valle de los Caídos no es un monumento “del nacional-catolicismo franquista”, como se empeñan astutamente esta tropa en calificar. Entre otras cosas, en tema religioso, lo único que ellos saben es destruir. Durante muchos años ha sido una referencia anual para muchos españoles a los que esta cara chusma política no tiene derecho a quebrar por haber querido desenterrar la quijada de burro.

 

No vemos ni a la derecha ni a la Iglesia con reaños suficientes para impedir esta infamia ni para devolver al Valle el espíritu de quines lo fundaron.

 

Ojalá nos equivoquemos.

 

Por Jesús Flores Thies
Coronel de Artillería-retirado
 

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