SÁTRAPAS

                                          

Guillermo Brown, aquel chaval taciturno y poco conformista con su entorno familiar y social, que nos hizo reír cuando éramos jóvenes, desesperaba a su madre y hasta a su paciente hermana Ethel con su frases hechas. Guillermo se aprendía una frase o una palabra, y la repetía y repetía hasta la extenuación. Una vez acabó con la paciencia familiar diciendo cada dos por tres: “yo sólo quiero hacer constar un hecho”. Pues en España tenemos una caterva de Gullermos Brown, tan tontos como aquel, pero algo menos graciosos.


Con motivo del cirio que se ha organizado en el norte de África, ha surgido como el Ave Fénix la palabra “Sátrapa” que, como si la hubiera descubierto Guillermo Brown, se repite y se repite hasta la extenuación. Resulta que durante cuarenta años, nuestra selecta clase político-mediática no se había dado cuenta de que había sátrapas norteafricanos y ahora han caído de un guindo o de una chumbera, y la llevan como bandera.


Túnez era un país tranquilo al que iban nuestros turistas que se hacían lenguas de su playas y de sus zocos. Y sin embargo, aquí nadie sabía que había un “sátrapa” en esta zona, que se llamaba simplemente Ben Alí, con lo fácil que es recordar ese nombre que parece sacado de un relato de aventuras. Pero en el “sigue la bola”, le toca a Egipto y aparece Mubara, al que nunca le sabíamos con instintos sátrapas, y descubrimos que el pueblo egipcio quiere la democracia, lo que no deja de ser un alivio dada las características de ese pueblo o de esa sociedad que es islámica donde la democracia es sólo una entelequia. Y finalmente surge El Gadafi, que en otros momentos había alegrado nuestros periódicos con su comentarios sobre la invasión musulmana implacable y silenciosa, es decir, el vientre de las mujeres islámicas en una Europa que ha puesto un preservativo a su futuro. 


También en España, pese a ciertos comentarios en los que nos hacía reclamaciones territoriales, era recibido con todos los honores y distingos tanto por el rey, como por políticos como Aznar o nuestro impresentable Rodríguez Zapateros, con quien se paseó en cierta ocasión, bien agarraditos de la mano, por un largo pasillo. Nos imaginamos que El Gadafi, remedando aquella frase de “Tip” a su compañero Col, le diría: “dame la manita Pepe Luí”. Y agarrados de la manita avanzaron triunfantes y sonrientes delante de las cámaras que hoy nos devuelven implacables aquel hermosos recuerdo.


El mundo denominado occidental es profundamente hipócrita. Hace años, cuando Rezha Palevi, Sha de Irán, celebra el “multimilenario” del Imperio Persa, invita a los fastos de Bagdad a reyes, presidentes, dirigentes y magnates de medio mundo, a los que colma de regalos, incluidas joyas. Muy poco tiempo después, cae el trono y Rezha Palevi ha de huir para salvar el pellejo. Y no encuentra asilo, porque todos se lo niegan, encontrado uno temporal en Egipto y posteriormente en Panamá.

 

Pero si existe hipocresía en el mundo occidental, en esto que todavía se llama España, se la sublima mezclándola con la estupidez más absoluta. Recordemos a Ceaucescu, alabado y loado por los medios de la derecha, la izquierda y los intermedios. Los que leíamos EL ALCÁZAR sabíamos como se las gastaba el amo y protector de Carrillo, gracias a los artículos de Vintila Horia, los demás sólo tenían elogios para el comunista civilizado que se enfrentaba (¿) a Moscú. Y aquí se le recibe con toda clase de charangas y honores y se le condecora con la Orden de Carlos III. Cae en desgracia, le asesinan los mismos que comían de su mano el día anterior, y aquí todo son desprecios hacia un hombre al que ni siquiera el genocida Carrillo Solares es capaz de decir dos palabras en recuerdo y homenaje a su protector.


        No podemos dejar de hablar de Honeker, el presidente de la República Popular de Alemania, la “del Este”, al que se le hace “Doctor Honoris Causa” de la Universidad de Madrid (Villapalos….) unos meses antes de que el muro de Berlín se le cayera sobre su cabeza. Se esconde a tiempo en la embajada de Chile, posiblemente con el birrete de la Universidad encasquetado todavía, antes de que lo pesquen para sentarlo ante un tribunal. Y por aquí ya no hay elogios. Los mediático-políticos, respiran hondo, recuperan el resuello y Honeker ya no existe.


        Ahora les toca el turno a los “sátrapas”, siendo el Gadafi, que antes era todo lo más un “boca caliente”, y del que descubrimos ahora que tenía mazmorras de tortura en su palacio. Bueno, aquí en España las tenía legalmente instaladas la llamada república, y nadie llamaba sátrapa a Prieto, a Negrín o a Companys. Y resulta que el único que se comporta con cierta dignidad es el Chávez venezolano que dice que él nunca habla mal de un amigo y que ya se verá lo que hay de verdad en este asunto.


Cuando desaparezcan los hermanos Castro ¿surgirá la palabra “sátrapa”?. No lo creemos, que por aquí hay mucho ganado político-mediático que ama a la pareja. Que, cosa curiosa, cuando se refieren a ellos, ni tirios ni troyanos los denominan dictadores. Fidel es el “comandante” o el “líder cubano”, mientras que su hermano no pasa de ser “su hermano”.


Una de las características de esta tropa que reunimos en la palabreja “político-mediáticos” es la de que no se enteran de nada. No se enteraron de que el muro de Berlín se venía abajo; no se enteraron de que venía una crisis que nos iba a dejar en bolas y no se habían enterado de que había una epidemia de “sátrapas” en el norte de África.


No deja de ser un consuelo porque, por la misma regla de tres, los político-mediáticos se podían, por sorpresa, ir al infierno dentro de poco sin que ellos mismos lo hubieran podido prever.

 

 

Por Jesús Flores Thies
Coronel de Artillería-retirado
 

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