NUESTROS PASTORES

Dice así el actual Catecismo de la Iglesia Católica:

2199 .... Finalmente se extiende a los deberes de los alumnos respecto a los maestros, de los empleados respecto a los patronos, de los subordinados respecto a sus jefes, de los ciudadanos respecto a su patria , a los que la administran o la gobiernan.

 

2212 El cuarto mandamiento ilumina las demás relaciones en la sociedad . En nuestros hermanos y hermanas vemos a los hijos de nuestros padres; en nuestros primos, los descendientes de nuestros antepasados; en nuestros conciudadanos, los hijos de nuestra patria ; en los bautizados, los hijos de nuestra madre, la Iglesia; en toda persona humana, un hijo o una hija del que quiere ser llamado ‘Padre nuestro'.

 

2239 Deber de los ciudadanos es cooperar con la autoridad civil al bien de la sociedad en espíritu de verdad, justicia, solidaridad y libertad. El amor y el servicio de la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad. La sumisión a las autoridades legítimas y el servicio del bien común exigen de los ciudadanos que cumplan con su responsabilidad en la vida de la comunidad política.

 

2240 La sumisión a la autoridad y la corresponsabilidad en el bien común exigen moralmente el pago de los impuestos, el ejercicio del derecho al voto, la defensa del país:

Dad a cada cual lo que se le debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor (Rm 13, 7).

 

Los cristianos residen en su propia patria , pero como extranjeros domiciliados. Cumplen todos sus deberes de ciudadanos y soportan todas sus cargas como extranjeros... Obedecen a las leyes establecidas, y su manera de vivir está por encima de las leyes... Tan noble es el puesto que Dios les ha asignado, que no les está permitido desertar (Epístola a Diogneto, 5, 5.10; 6, 10). El apóstol nos exhorta a ofrecer oraciones y acciones de gracias por los reyes y por todos los que ejercen la autoridad, ‘para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad' (1 Tm 2, 2).

 

Viene lo anterior a cuento de las recientes declaraciones del Arzobispo de Barcelona: “El cardenal (Martínez) Sistach muestra su «preocupación» por la sentencia del Constitucional sobre el «Estatut»”.

 

Hace pocos años, cuando en Cataluña se votó (inconstitucionalmente) el proyecto de estatuto secesionista, los obispos catalanes dijeron, y nadie les ha corregido, algo así como que el proyecto de estatuto independentista “ es profundamente contrario al espíritu cristiano en su título primero, lo cual es negativo, pero como desde el punto de vista político consigue mayores cotas de autogobierno (sic ) para Cataluña, lo que es positivo, pues que dejan libertad de voto a los cristianos para que éstos decidan cuál de ambos aspectos tiene más peso ”. ¡Pasmosa forma de ejercer la pastoral!, a pesar del riesgo cierto de rotura de España que conlleva, y las consecuencias de todo tipo que de esto se deriven, y del daño moral a la familia y a la vida que acarreará esa ley.

 

Pero no nos engañemos. No son casualidades, hay una continuada e impresentable actuación:

 

- Con ocasión de la “Consagración de la Consagración” (en el 90º aniversario de la auténtica) la mayoría de los obispos separatistas (gallegos, catalanes y vascos) brillaron por su ausencia. Además, “La celebración fue censurada por televisión española en Cataluña, con el consentimiento de los obispos catalanes; se ensombreció Cataluña respecto al acto del Cerro; lo que molestaba era la palabra España, no la palabra Sagrado Corazón de Jesús”; muy “políticamente” Mons. “Joan Enric” Vives (secretario de la Tarraconense) fue en representación de los restantes obispos catalanes

 

- El sacerdote Mosén “Manel” Pouso dijo en un periódico de Barcelona en abril de 2008: “Yo he pagado abortos”

 

- El verano pasado la benedictina de ¡clausura!, Teresa Forcades, hizo propaganda del aborto en television, y varios meses después, lo seguiría haciendo. El pasado mes de octubre los sacerdotes miembros del Instituto Borja de Bioética, de cuyo Patronato es miembro el Cardenal Arzobispo de Barcelona, Monseñor Martínez , también contribuyeron al criminal escándalo; el IBB está presidido por el jesuita Francisco Abel, quien que lleva muchos años defendiendo el aborto pre-implantacional y la anticoncepción que causa abortos tempranos, es decir, la PDD, DIU, píldora anticonceptiva tomada después de una posible fecundación, etc

 

Desde luego, quien no respeta el cuarto mandamiento en relación al aborto no nos tiene por qué extrañar que se lo salte en relación con el amor a la Patria, y haga lo mismo con los juramentos públicos y solemnes.

 

¡Pobre del que escandalizare!

 

Y ¡menos mal que el estatuto ese es abortista y pervertidor!.

 

Está claro lo que es este lobo disfrazado de pastor (Martínez “Nostach”, en descriptivo apodo ganado a pulso): ni persigue el aborto, ni castiga al cura que los paga, ni a la monja que los alienta, ni al resto de ordenados que hacen similares aberraciones en el Instituto IBB.

 

Lo raro, lo anormal, es que Monseñor Martínez Sistach respetara el 4º mandamiento y la Bandera que juró públicamente, pues seguramente lo hizo como todos los de su edad.


Y lo mismo pasa, desde hace décadas, en Vascongadas, y Galicia, y Baleares, y Canarias y lo peor es que la CEE y Roma lo consienten todo.

 

Pero profundicemos un poco más en la enraizada postura separatista de los obispos de las diócesis catalanas.

 

D. Ángel David Martín Rubio, sacerdote, profesor de universidad e historiador, en su artículo “Un Cardenal Traidor a España” reseña que en la última reunión del Consejo Pastoral Diocesano barcelonés, Mons. Luis Martínez dijo: “Sobre aspectos sustantivos que incluye el Estatuto, los obispos de Cataluña ya ofrecimos nuestra valoración a la luz de la doctrina social de la Iglesia en el momento de su debate parlamentario y también anteriormente en el documento Raíces cristianas de Cataluña, de 27 de diciembre de 1985, documento que conserva toda su actualidad. En este documento los obispos manifestamos el deseo de que «queden reconocidos plenamente los derechos de nuestro pueblo a su identidad nacional, manifestada en su realidad cultural e histórica». Esta realidad debe ser abierta, plural e integradora de todas las sensibilidades de las personas que viven y trabajan en Cataluña ”.

 

Es decir, que, al menos, desde 1985 los obispos “catalanes” luchan descaradamente por la ruptura de España.

 

Abundando en lo anterior, Catalunya Cristiana ha publicado el pasado fin de semana, coincidiendo con el “puente de la Inmaculada” (sería tremenda ¿casualidad? que siendo la Patrona de España se hubiera buscado la coincidencia), un editorial en el que se adhiere al de la prensa separatista y en el que se presionaba al Tribunal Constitucional. El citado semanario se distribuye en la práctica totalidad de las parroquias de la Tarraconese y su director lo nombra Mons. Martínez Sistach. Estamos de nuevo ante una colegiada postura “eclesial”.

 

Nada nuevo, por otra parte, porque de todos son conocidas las posturas separatistas de la parte del clero catalán que goza de los apoyos oficiales, tal que el (los) Abad(es) de Monserrat.

 

Y todo ello, con el silencio cómplice de la CEE, cuando no con el apoyo a sus tesis dando forma a una Provincia Eclesiástica Tarraconense adaptada a la Comunidad Catalana. Los límites de la misma son los de las cuatro provincias catalanas, con los significativos añadidos de parte de la franja castellonense de la Diócesis de Tortosa (antes del Obispado de Castellón) y del Principado de Andorra (ABC, 17-XI-2001; previamente se había producido la junto segregación, “por motivos lingüísticos” de las parroquias “de la Franja” de Huesca, las cuales pasaron a la, por entonces, recién creada la nueva diócesis de Barbastro-Monzón. Bien es verdad que estos cambios se autorizan en Roma, pero siempre con el informe de la CEE.

 

Pues bien, como quiera que las diócesis catalanas, como las vascas (de reconocido odio a España como Patria común), dado el continuado esfuerzo de la mayoría de sus pastores en transformarlas y “nacionalizarlas”, son deficientes en cuestiones de autofinanciación, por la sangría de feligreses que tal “política” acarrea, he llegado a la dolorosa determinación de que, dado que no es materia de fé y de costumbres poner la crucecita en la casilla del IRPF, mi dinero no financiará la secesión a través de la financiación a la Conferencia Episcopal. Porque, además, lo dicho en relación con las diócesis catalanas y vascas se podría aplicar, en gran medida, las gallegas y las de Baleares.


Pero es que, además, las Conferencias Episcopales no han sido ni buenas gestoras económicas ni veladoras acertadas de los objetivos “misionales” de la Iglesia y han malversado los históricos derechos eclesiales, es decir, de todos los católicos españoles, renunciando graciosamente a las retribuciones recogidas en el Concordato, y, además, haciéndolo sin mucho respeto a las formas de derecho internacional y sin ninguna explicación. Incluso ese alcanzado 7 % del IRPF es inferior a lo que en otros países europeos se asigna a la Iglesia Católica, sin ir más lejos en Alemania, país fundamentalmente protestante. Y lo mismo se puede decir de la increíble renuncia a los beneficios fiscales, que mermarán drásticamente los ingresos disponibles para las labores asistenciales y de apostolado. Y todo ello teniendo, además, la enorme baza que supone la inmensa labor asistencial y de enseñanza eclesial.

 

Los sufridos contribuyentes católicos, por otra parte, han de saber que incluso sin poner la “X”, el dinero de los que opten por “otros fines sociales” irá a parar mayoritariamente a “ONG,s” dependientes de la Iglesia alrededor de la mitad va a la CEE .

 

Por actual y trascendente es de resaltar, hablando de enseñanza, el casi nulo esfuerzo de oposición a la Educación para la Ciudadanía, tanto por la Federación de Española de Religiosos de Enseñanza (FERE) como de otras instituciones “católicas” y la Jerarquía, dejando solos a los padres ante el dilema de la objeción.

 

Todo esto hay que enjuiciarlo teniendo en cuenta que incluso los obispos más “integristas” (Cañizares y Rouco) aconsejan no votar a partidos pequeños, es decir, piden el voto para partidos abortistas y defensores de la desintegración de España vía la “reforma estatutaria” y demás artificios, y algunas cosas más, relativas a la doctrina, que no conviene detallar, hacen mi decisión firme. Para mayor INRI, el Cardenal de Madrid recientemente ha dado la comunión, en público, a Gallardón y Aguirre, próceres madrileños declaradamente abortistas en sus actuaciones.

 

A mayor abundamiento, incluso los mejores, tal que el Abad del Valle de los Caídos, Monseñor Sebastián y el Obispo de Alcalá, en cuanto les pusieron los focos delante se salieron por la tangente y dejaron en la cuneta a los católicos españoles “tradicionales”, con el consiguiente escándalo y desmoralización.

 

Desde luego, nada me gustaría más que no verme impelido a denunciar estas cosas. Me corrijo, mucho más me alegraría que alguien, con sólidos argumentos, me las desmontara. Pero, como católico y español, y como difícilmente voy a encontrar quien demuestre que estoy equivocado, solo me queda rezar mucho y, en el plano meramente humano, tratar de crear opinión que fuerce a que se enderecen las cosas, a la vista de lo eficaz que es, en sentido contrario, la presión de los medios políticamente correctos sobre nuestros obispos.

 

No saben el desgarro que ello me produce, pero es una decisión firme y justa.

 

Ni que decir tiene que “ayudaré a la Iglesia (ICAR) universal en sus necesidades”, pero eligiendo muy bien a quién doy mi dinero y cómo se lo doy.


Desde luego, si la Iglesia fuera obra de hombres no duraría ni un año más. Al menos en España, si es que nuestra patria aguanta tanto.

 

Dios perdone a nuestros pastores y nos los cambie por sacerdotes santos y valientes

 

Por José María Manrique

 

 

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