MEDALLA A LOS MILITARES DE LA UMD
Con motivo de la entrega de medallas a antiguos militares pertenecientes a la UMD, se ha desatado de una forma, digamos despendolada, una sonora “mascletá” de elogios, loas, ditirambos y elegías que habrán abrumado a los condecorados, si bien, ellos esperaban desde hace tiempo este glorioso fin de fiesta.
Lógicamente, al ser considerados merecedores de premio por pertenecer a la UMD, los que nunca fuimos ni quisimos serlo, somos considerados como residuos de un ejército aislado, dictatorial y antidemocrático, incapaces de entender la necesidad de conspirar para acelerar unos cambios que, lógicamente, habrían de venir con el tiempo. Incluso aquellos a quienes los partidos políticos no nos quitaba el sueño, comprendíamos que en cuanto el viejo general, al que todas las conspiraciones, “contubernios” y presiones no eran capaces de remover, llegaría pronto la hora de adaptar nuestras instituciones a los países de nuestro entorno. Aquello que como decíamos, no nos quitaba el sueño, es decir, la reinstauración de los partidos políticos, se ha convertido con el tiempo en pesadilla, al transformarse los partidos en sectas políticas insaciables y rapaces hasta la extenuación. La dictadura personal se convertiría en la dictadura del partido.
No sorprende, en absoluto, que en ese festival ditirámbico no aparezca ninguna opinión de aquellos que no fuimos de la UMD, opinión que podría haber aclarado muchas cosas y puesto sordina a una música, con excesivos decibelios para ser agradable al oído. Y fuimos muchos los que vivimos y conocimos detalles y entretelas de aquellos días en los que compañeros nuestros se metieron a conspiradores, dicho sea de paso, con las mejores ideas para acabar con la “Dictadura”, por la que habían luchado y muerto muchos de sus padres que, indudablemente, en su opinión, habían errado lamentablemente al elegir bando. Porque no se trataba sólo de alcanzar las mieles de la democracia de partidos, sino de retroceder hacia la “legalidad republicana”, a la que hoy se agarra como garrapata el señor Rodríguez y su numerosa parroquia.
He de decir que quien esto escribe es de la misma promoción de la Academia General que Julio Busquets y de Luis Otero. Además, el primero era primo de mi cuñada, viuda de mi hermano Rafael (por eso éramos “parientes políticos” lejanos), y de Luis Otero fui compañero de clase en el primer curso de novatos en la General.
Ambos aparecemos en una foto de nuestra sección de clase, con otros compañeros que tuvieron un lugar más destacado en la profesión al alcanzar el generalato, como Juan Peñaranda, Ramón Moiño, Ramón de Meer, Perea Herencia…. ¡Qué lejos estábamos entonces de esa grieta que se iba a abrir en el cuerpo aparentemente indestructible del Ejército! Casualmente, en una foto del desfile posterior a la entrega de sables, a mi derecha desfila el cadete de primero Luis Otero.
Otros “úmedos” de nuestra promoción eran Guillermo Reilein, hijo de un carismático jefe de Artillería, Cruz de Hierro en la URSS; y Enrique López-Amor compañero, siendo todavía cadetes, de un viaje en auto-stop por Francia e Inglaterra en el verano de 1954. Los padres de Guillermo y de Enrique se sublevaron contra el Frente Popular, el primero salvó la vida, el segundo fue fusilado en los Fosos de Santa Elena del Castillo de Montjuich.
Con estas explicaciones y datos se puede entender que la creación de la UMD no era para nosotros ningún secreto, porque en ese cirio estaban nuestros compañeros y amigos.
En un principio lo tomamos como el deseo de unos compañeros, más inquietos que nosotros, en mejorar las taras y rémoras que con el tiempo había adquirido el Ejército, pero pronto nos dimos cuenta de que había algo más, mucho más.
La UMD tenía un ancla que le impedía navegar con más ligereza, y era que ninguno, absolutamente ninguno de los que pudiéramos llamar de la “Vieja Guardia”, tenía eso que llaman carisma o madera de líder. Ninguno tenía la posibilidad de arrastrar a otros por su propia personalidad o trayectoria profesional. Si no fuera porque seríamos mal interpretados, diríamos que carecían de ese carisma entre sus compañeros y subordinados que tenían, por ejemplo, el teniente coronel Tejero Molina o el comandante Pardo Zancada. Y como no queremos que se nos malinterprete, pues no lo decimos.
Es indudable que, contra lo que pudiera decir Luis Otero, el verdadero artífice de la creación de la UMD es Julio Busquets, que se libró de la redada en la que cayeron los principales encausados por estar disfrutando de vacaciones pagadas en un Castillo por sus alegrías viajeras a Argelia sin la autorización de sus mandos.
Lógicamente, sus hijos se quejan de esa medalla que no ha sido concedida a su padre, pero quien esto escribe, si bien considera que puestos a recibir medallas, Julio Busquet Bragulat la merece más que otros, este disgustillo de sus hijos me compensa del desprecio que recibí cuando pretendía, inútilmente, que rectificaran las calumnias vertidas sobre unos militares, entre los que yo me encontraba, en un librito “póstumo” que ellos editaron con flecos de lo que dejara escrito su padre antes de morir.
Y hemos de decir algo de mi “pariente político lejano” que hay que conocer para encajar en este puzzle todas sus piezas. Julio, “Julito” como le llamábamos cariñosamente, procedente del integrismo religioso y falangista de la Academia “Forja” de preparación para la General, aquella que dirigía el comandante Pinilla con la sombra del Padre Llanos en la parte de formación religiosa, “Julito”, lo repetimos, se convirtió, con el tiempo, en convencido marxista.
Personalmente me lo confesó en una de esas raras charlas que mantuvimos en cuanto podía “cercarlo”, ya que, pese a apreciarme, de lo que tengo la menor duda, me huía como a la peste porque era para él un duro oponente dialéctico. Como sólo quedo yo como testigo de aquella conversación, por respeto al amigo muerto silencio lo que me dijo en una fría habitación en una casa de Blasco de Garay, que le había cedido durante algún tiempo la suegra de mi hermano Rafael. Pero nada puede silenciar su declaración de fe marxista que hizo a un periódico, ya desaparecido (¿”Tele-Expres?”) en los primeros años de la transición; ni su comentario aparecido en sus memorias, cuando habla de que Felipe González apeó al PSOE de la lacra marxista. Confiesa Julio Busquets que aquella decisión le dolió. Luego, al igual que todos los socialistas, en feliz marcha hacia el capitalismo más feroz, se consolaría.
Y decimos esto para que se sepa con quien nos jugábamos los cuartos.
Un amigo nuestro, temeroso de que un día la policía registrara su casa por ser sospechoso de pertenecer a la UMD, me trajo tres o cuatro libros de los que Julio Busquets les había entregado para que se formaran políticamente. Uno de ellos, creo recordar, era “Sociología del Marxismo”. Casualmente, ese libro lo teníamos en casa porque era uno de los que debía estudiar mi mujer cuando se preparaba para Asistenta Social. Pasan los meses y quizás algún año, cuando en una limpieza de armarios, aparecieron aquellos libros olvidados, tanto por el que debiera leerlos (ya el presunto peligro había pasado), como por el amigo protector de “textos peligrosos”. Y es que una cosa es hablar de democracia y otra hacer tragar ladrillos.
Ya hemos dicho que, con el tiempo, nos dimos cuenta de que estos compañeros inquietos y conspiradores, no sólo querían democratizarnos sino unirnos ideológicamente a los vencidos que, por cierto, la mayoría considerábamos, a Dios gracias, bien vencidos. En Francia, algún “úmedo” fugitivo, participaba en mítines con comunistas, entre ellos la viuda de Grimau, aquel criminal que le sobraba a Carrillo, y que enviaría a España para que la policía española le sacara las castañas del fuego. Ya lo había intentado, con menos suerte, con Comorera, pero con el escuadrista del amanecer Grimau, acertó un pleno. Este olor a cadaverina “roja” quitó las ganas a más de uno, que quizá hubiera entrado en la conspiración con ideales más ingenuos.
Sin embargo, en el Ejército hay algo muchos codos por encima de la llamada solidaridad, que es palabra que, cuanto más se usa, peor se emplea; nos referimos al compañerismo. Ya habíamos renunciado al “honor” de unirnos a su grupo conspirador después de oír la estereotipada frase de “hemos pensado mucho en ti para que te unieras a nosotros” , pero al conocer sus arrestos, no sólo lo sentimos sino que, hasta cierto punto, tratamos de ayudarles, bien fuera comentando con nuestros jefes que lo que pretendían no era en realidad nada grave (personalmente lo hacía con mi coronel del Regimiento de Artillería en Lérida), u ofreciendo nuestra ayuda, incluso como defensor. Así se lo propuse a mi compañero de viajes en auto-stop, que declinó agradecido por tener ya a otro compañero que se había ofrecido antes que yo. A Julio Busquet le escribía a su prisión militar en Figueras y, posteriormente, en el Hacho (Ceuta), conservando todavía sus agradecidas postales. Esta actitud hacia el compañero en desgracia no fue bien comprendida, y el que suscribe tuvo que sufrir durante años el estigma de “simpatizante de la UMD” entre sus compañeros de promoción.
Pasan los años, la tortilla cae del otro lado, y somos nosotros los que sufrimos la represión de los que luchaban por la libertad de expresión, pero que ahora nos consideraban peligrosos nostálgicos del “franquismo”; y se da la triste realidad de que ninguno de aquellos a los que de alguna forma quisimos defender de las tarascadas que se le venían encima, fuera capaz de enviarnos ni una postal, ni una llamada telefónica, nada…
En definitiva, la sola idea de que los “úmedos” quisieran hacer tabla rasa de toda una época de la Historia de España que tanto sacrificio y sangre había costado, nos hizo rechazar sin paliativos a aquel movimiento, manipulado por unos y aprovechado por otros, y que pronto hacía migas con una derecha que iba a pasar a ser convidado de piedra de una revancha histórica, de lo más granado del cómodo socialismo “antifranquista”, pero también del comunismo, con aquellas ceremonias de reconciliación que se organizaron entre unos supervivientes de los rencorosos vencidos y unos hijos de los que fueron sus vencedores.
Ignoro si a los supervivientes de la UMD les ha llenado de orgullo el que en las Cortes se les recordara en la misma línea que las Brigadas Internacionales o los bandoleros del maquis, al menos yo no he oído ni leído ninguna queja. Y al hablar de “supervivientes” quiero recordar el bulo que alguien extendió sobre el peligro que corrían los “úmedos” de ser asesinados mediante una astuta operación de previo desprestigio, bulo que algunos repiten con un entusiasmo digno de mejor causa.
Les han premiado, lógico, nadie debe escandalizarse por ello, aunque quien les impone esa Medalla al Merito Militar sea la misma “miembra” que arrasa las tumbas y recuerdos de sus padres, con los escudos de las Banderas de los Regimientos en los que sirvieron o con el patrimonio del que ellos también son, o deberían ser, defensores. Bien, les han premiado porque, después de todo, son los suyos los que premian a los suyos. Pero la elección de la Medalla es un grave error porque, aquellos que la ganaron a lo largo de su vida profesional, considerarán que al ser empleada como premio político-sectario, desvirtúa el sentido y hasta la dignidad que tiene en origen tan valiosa condecoración.
Y para terminar, primero un breve comentario y después una carta.
Está muy extendida la idea de un Ejército “franquista” aislado de Europa y del mundo. Una falacia más. En el año 1965 hice un curso en los EEUU en el que permanecí a lo largo de cuatro meses. Varios centenares de jefes, oficiales, suboficiales y cabos primeros pertenecientes a los tres Ejércitos, Tierra, mar y Aire, participaron en diversos cursos desde bastantes años anteriores a esa fecha. En Francia, pilotos españoles batían por primera vez la barrera del sonido en aviones franceses, aviadores que también iban a cursos, por ejemplo, a Italia. Y hasta marinos españoles hicieron cursos de misiles en la Gran Bretaña, que ya es mérito. Hubo españoles agregados al ejército de las FAR de Marruecos, guardias civiles en Bolivia, hubo cursos de convivencia en Alemania, en Argentina se formaron los primeros instructores para formar la primera Bandera Paracaidista, por cierto, que del Ejército del Aire. Cuando el terremoto de Agadir, el Ala de Transporte del Ejército del Aire mantuvo un eficaz puente aéreo para suministros y socorros a la ciudad destruida, etc, etc, etc…
Pero es que, además, oficiales extranjeros, de todos los continentes, hacían cursos de Estado Mayor en España, o aquellos otros durísimos cursos para conseguir el diploma de “Operaciones especiales”. Citamos sólo dos ejemplos.
Y una carta…
Hemos escrito al presidente de las Cortes la siguiente carta, que resumimos
“(…)
“En el apartado 3º se dice.- "Los militares relacionados con la UMD sufrieron procedimientos judiciales y disciplinarios fundamentados, no en el ámbito de su conducta profesional, sino en el de su apoyo a la democracia ", lo cual no es cierto. A aquellos militares se les procesó por romper la disciplina ya que, hasta que no se diga lo contrario, conspirar no está reglamentado en la Reales Ordenanzas. (…) Sería conveniente que se aclarara este punto para saber si en las FFAA ya se puede conspirar, por supuesto que dentro de la ley, para tenerlo en cuenta en posibles futuras actuaciones personales”.
(…)
Por Jesús Flores Thies
Coronel de Artillería-retirado


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