LA ULTRADERECHA

Parece un relato de ciencia ficción, pero es la pura (y dura) realidad. Hay un plan para volver a España como un calcetín que la haga irreconocible ¿Irreconocible a partir de qué época? ¿de la llamada “franquista, que es lo que en general se quiere hacer creer? Pues no, la quieren hacer irreconocible, no ya de la España de los años 20 ó 30, los de la guerra civil, los de la posguerra y desarrollo, sino de la misma España de la engañosa transición llamada “democrática”. Y como en un terrorífico cuento de hadas, la princesa se ha convertido en una suripanta repugnante, o dicho de forma duramente castellana, en una desastrada puta. ¿A que suena duro, o como se dice ahora, “¿a que es muy fuerte”?
De forma empírica, poco menos que sumando dos y dos, se puede observar que a España la quieren despojar de su personalidad histórica cristiana, porque habiendo servido el cristianismo para lograr la unidad de España, la descristianización servirá exactamente para todo lo contrario.
Ya tenemos un objetivo a batir, cuyo paulatino éxito estamos viviendo, porque somos testigos. España laica a cara de perro, los crucifijos a la basura o al desván, los símbolos navideños prostituidos, los belenes prohibidos en muchos centros escolares, la religión islámica ocupando el espacio que en muchos pueblos de España lo llenaba la tradición religiosa cristiana y católica… ¿Y qué podemos decir de la Iglesia española que ha visto a la juventud alejarse de ella y vaciar muchos de nuestros templos, iglesias y seminarios? ¿Qué solamente es valiente cuando la persiguen, cuando se ha de meter en las catacumbas, aunque ahora estén a cielo abierto, al otro lado de la verja que cierra el Valle de los Caídos? ¿tanto poder tiene el “humo de Satanás que tan bien olió el Papa Pablo VI?
Primer objetivo a batir casi conseguido: descristianizar a España.
Veamos otro objetivo: eliminar eso que llaman familia tradicional, como si hubiera otra clase de familia, a menos que quieran hablar de la familia de los félidos, de las aves o de las ballenas. Y para acabar con esta familia, que es, y ellos lo saben, la base de una sociedad, aquí vale todo.
Se empieza por la institucionalización de los llamados matrimonios entre maricas (¿podemos seguir utilizando el castellano puro y duro?), con el diabólico derecho a adoptar niños por esas parejas de desgraciados; por el divorcio llevado al extremo diabólico del “divorcio exprés”; por la eliminación de las palabras “padre” y “madre” de los Libros de Familia, paso previo para la eliminación de esos Libros de Familia; se sigue con la perversión programada de niños y jóvenes con “programas educacionales” sobre el sexo, donde se incluyen manuales para aprender a ser sodomizados correctamente (esta vez, para no abusar, prescindiremos de términos puros y duros del idioma castellano), programas donde la mujer, en estos casos una niña o una chica, para unos políticos que presumen de querer proteger el “género”, es un vulgar objeto sexual de quita y pon.
Las leyes del aborto, que vota también el PP, son ataques directos al mismo corazón de la familia cristiana, crimen que es tomado como bandera por los políticos y que puede ser “consensuada” con aquello tan divertido y rentable de que yo te cedo esto y tú me das lo otro, y en medio, como moneda de cambio, matar a un inocente. Matanza que, una vez legalizada, provoca las risas y abrazos de los (y de las…) matarifes en el Congreso de Diputados, sede de votaciones ignominiosas que, con los años, deberían ser juzgadas en un Nuremberg implacable.
Segundo objetivo a batir casi conseguido: anular a la familia.
Y queda otro tercer objetivo a batir: el Ejército.
Eliminada la moral cristiana y la familia, sólo el Ejército se podría oponer a esta programada conversión de la princesa en coima. Porque el Ejército, cuya estructura no puede ser democrática y que se fundamenta en una moral tradicional, en la prima el honor, la dignidad, la disciplina y el patriotismo, por citar algunas de sus características, es un obstáculo a batir.
Como no es posible eliminarlo o suprimirlo, sólo se le puede cambiar, desmedular, convertirlo en un sicario del partido o secta gobernante. Hay que borrar o reescribir su pasado histórico según las pautas de descerebrados, cuya principal características es un nada disimulado desprecio hacia “lo militar”, entre lo que incluyen, por supuesto, a los retirados, a los molestos y “nostálgicos” veteranos…. Pero estos, por ley natural, irán desapareciendo, dando paso a nuevas generaciones, preferentemente sin médula espinal. Ya se sabe, desaparecida lo que fue en otras épocas, y no sólo en España, la “Columna Vertebral de la Patria”, este obstáculo es hoy una bicoca.
De ahí la eliminación de museos militares, como el de Barcelona; la gigantesca maniobra para deshacer el de Madrid; la eliminación de estatuas, símbolos, banderas, monolitos, cruces y hasta himnos que son parte del patrimonio y de nuestra Historia… Todo aceptado y hasta realizado por unos “mandos” a quienes, al parecer, no humilla la miserable ley de la “Memoria Histórica”, pese a que muchos de ellos sirvieron en el Ejército bajo las Bandera con el escudo del águila de San Juan, y con Franco como Generalísimo del Ejército. Si se levantaran de las tumbas los que dieron su vida para que España pudiera volver a ser España, iban estos a correr como gamos, para refugiarse bajo las faldas de ese poder oculto, que ya nos gustará saber por dónde cae.
Tercer objetivo al borde del triunfo: desmedular al Ejército.
Superados estos obstáculos, la sociedad española, eso que ahora se dice ciudadanía, es masa maleable para sectas políticas que sirven a aquel cuyo objetivo es España y aquello que se llamaba civilización cristiana. Y es que, lo que decía al final de los años 20, el católico austríaco conde de Kesserling, en una conferencia dada en la Residencia de Estudiantes, de que “España era la reserva espiritual de Occidente” , podrá quedar como una broma, un chiste fácil para que gusanos de la televisión como Buenafuente o el “Gran Guaiomin”, hagan reír al personal, porque, felizmente España, ya convertida en miserable puta, sin familia, sin cruz y sin ejército, no será obstáculo alguno para lo que se decidió en la gran tenida.
Y ahora ya podemos ocuparnos del título, es decir, de lo que astutamente denominan la “ultraderecha”, porque ¿quién o qué es lo que se puede oponer a estos objetivos casi logrados? De ahí que los astutos bellacos, que son listísimos, quieren identificar a la “ultraderecha” con determinados iconos, que es ”palabro” que ahora se emplea mucho.
Uno de estos “iconos” es el de los violentos jóvenes neo-nazis, xenófobos y homófobos, otro par de “palabros” de uso por estos pagos. Individuos pelados al rape, con pantalones y botas militares, que levantan el brazo cantando sus himnos fascistas en cuanto han desayunado.
También podemos denominar de la “ultraderecha”, según criterios de los hijos de Satanás, a otros “grupúsculos”, que es también término habitual en estos rascatripas de la prensa para minimizar cualquier grupo a agrupación patriótica que les moleste, es decir, todos. Son esos grupos o asociaciones, generalmente de jóvenes, nada violentos, pero valientes, que aparecen en concentraciones para defender la vida o la familia, para celebrar tal o cual fiesta de las llamadas nacionales, cuyas banderas de Falange o de España con el escudo del águila de San Juan tratan de quitar, esconder o prohibir ese amplio sector de la cobarde derecha que se manifiesta con ellos.
También pertenecen a esa “ultraderecha” prefabricada, esa media docena de señoras mayores con abrigo de pieles, que siempre aparecían en la prensa en primera fila en las conferencias de Blas Piñar, o en las fotos de periódicos, también de la derecha, como en “La Razón” de Ansón, cuando aparecía en su “tercera” una foto de unas cuantas señoras con banderas españolas “anticonstitucionales” y, debajo, un epígrafe en el que se venía a decir algo así como “grupo de nostálgicos franquistas del centenar que se concentraron el pasado 20 de noviembre en la Basílica del Valle de los Caídos”. Por supuesto que hablaba de aquellos 20 de noviembre en los que Satanás todavía no había dado la orden de cerrar el Valle, y en los que la asistencia era masiva. Y es que Ansón es una pieza esencial, por supuesto que no es el único, en esa maniobra de encerrar a la llamada “ultraderecha” en un redil donde puedan estar bien vigilados.
Y resulta que la “ultraderecha”, es falsa y mal denominada “ultraderecha” es mucho más que eso. Vamos a tratar de describirla porque la cosa es compleja.
En lo que de forma falsa y malintencionada llaman “ultraderecha” están todos aquellos españoles con memoria y vergüenza que, aunque voten al miserable PP por aquello de que no gane Zapatero, no se ven representados en sus ideas y sentimientos en el abanico, más bien costroso pay-pay, de los partidos políticos. Son los que apenas tienen voz en los llamados “medios”, a los que, de ser llamado alguno a una tertulia, es acosado por la jauría “progre” sin dejarle apenas hablar. De la “ultraderecha” es todo aquel escritor, intelectual, historiador o filósofo que no cabe en el corsé de lo “políticamente correcto”, como Velarde Fuentes, Luís Suárez. Pío Moa, de la Cierva o Casas de la Vega (que en paz descanse, que se lo ha merecido en esta vida), y centenares de personajes que superan los parcos niveles intelectuales de sus detractores, y que tienen vedada su aparición en las cadenas de televisión, con la excepción de alguna de la derecha que, por otro lado, actúa de la forma que denominamos de templagaitas, es decir, que sí pero no, bueno, ya se sabe… Pero en el pecado llevan la penitencia, porque estas cadenas de la derecha ya son calificadas por los poncios de los “medios” que dominan el sistema como “ultraderechistas”.
Son de la “ultraderecha” muchos militares, en activo, silenciados y silenciosos, sometidos a la difícil disciplina, por amor y vocación a una profesión que un “mando” sometido al sistema manipula a su antojo. Y son de esa “ultraderecha” porque conservan los principios morales, religiosos y patrióticos que han mamado, y que la fetidez del ambiente no han conseguido borrar.
Y son de la “ultraderecha” sin voz ni voto la mayor parte de los militares veteranos, que ven como los “mandos” actuales hacen de mangas capirotes con lo que no es suyo, porque es de ellos, de los veteranos, la Historia y el Patrimonio, que aquellos arrasan por orden superior. Al estar fuera de las leyes penales militares, pueden hablar, escribir, reunirse, protestar, gritar…., casi en vano, porque para unos, los de las izquierdas, no existen, y para otros, los de las derechas, lo mejor es hacer como si no existieran por que son su mala conciencia y peligrosa compañía. Hace un par de años un grupo de 240 militares, la mayor parte retirados, enviaron a la prensa unas consideraciones sobre la situación de España. Nadie les hizo caso, la izquierda de forma lógica, la derecha de forma miserable. Sólo corrió como la pólvora por Internet, que es puerta que todavía no han podido cerrar. De haber sido un escrito de 240 travestís militares, la difusión habría sido mundial.
Son los que, de una forma o de otra, esperaban que la transición a la llamada democracia, marcara el final de una época necesaria y creadora, para dar paso a otra en la que el rencor y la revancha no iban a tener sitio. Son los españoles que se sienten traicionados y fracasados en sus moderada esperanza al comprobar en sus carnes que el rencor y la revancha son, precisamente, los auténticos motores de ese cambio..
Y, en definitiva, son de la mal denominada “ultraderecha” los millones de españoles que aplastados por leyes de bellacos y por una propaganda feroz, incansable, interminable, conservan un respeto al pasado, a nuestra Historia, a la memoria de Franco, a la España que salió de las cenizas de una guerra y de unas duras épocas de la posguerra, al Ejército de la Victoria…. Desamparados políticamente, se agarran a una derecha política indigna, que de ellos se aprovecha para medrar y tratar de alzarse con el machito del poder. Gran parte de los votantes del PP
proceden de este espacio social, pero a esta derecha sin memoria y con instintos suicidas, no le importa despreciarla al condenar, como lo ha hecho en las Cortes, el régimen de Franco, eso que llaman “franquismo”, el Alzamiento y toda la obra gigantesca que entre todos los españoles se realizó a lo largo de cuarenta años, que esta derecha, principal beneficiada, hoy desprecia y condena.
Para resumir: “ultraderecha”, mal que les pese a los hijos de Satanás, son todos aquellos españoles con memoria, respeto, generosidad, dignidad… que, fuera del tablero de la política corrompida y cobarde, mantienen estos sentimientos. Los que no aparecerán en la tele, los que nunca serán entrevistados en los periódicos manipulados por grupos mediáticos poderosos al servicio de la logia de turno, son los que miran con esperanza al fondo del túnel… Tampoco esa derecha que se muestra agresiva con el poder socialista, los quiere, porque si lo tienen cerca pueden ser definitivamente acusados de ser también ellos de la “ultraderecha”.
En definitiva, sólo ésta mal denominada “ultraderecha”, es la que conserva los ideales básicos de la España y la familia cristiana, y que siguen creyendo que el Ejército ha de ser la columna vertebral de la Patria .
Indudablemente un objetivo a batir, empezando por conseguir su atomización, su desunión…
¿Habrá nacido ya el que sea capaz de unir a estos españoles? Pues como tarde mucho se va a encontrar, como hace setenta y cinco años decía José Antonio a los militares, que si tardaban demasiado en moverse para salvar a España, se iban a encontrar que ya no había nada que salvar porque España habrá desaparecido. Y con ella, felizmente para los de la gran tenida, la molesta “ultraderecha”.
Por Jesús Flores Thies
Coronel de Artillería-retirado


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