LA MENTIRA COMO INSTITUCIÓN DEL ESTADO
Ya se ha conseguido institucionalizar la mentira en este sistema en el que vivimos, sistema cuya definición política de su forma de Estado es tarea bastante difícil. No sabemos si es una monarquía socialista, un socialismo coronado, una república capitalista, un capitalismo socialista… Se sospecha que cuando desaparezca el actual monarca, las cosas se aclararán un poco, aunque, la verdad, tampoco somos muy optimistas al respecto.
Pero, sea cual fuere el misterioso sistema político en el vivimos, por supuesto que para unos bastante peor que para otros, lo que sí es cierto es que aquí se ha institucionalizado la mentira, incluso ha entrado como referencia obligada en el Código Penal. Se ha institucionalizado al crearse ese bodrio denominado “Ley de la Memoria Histórica”; y es referencia en el Código Penal ya que, aquel que no obedezca las cláusulas de esa ley, lo tiene crudo.
Los titiriteros de la Memoria Histórica”, también llamados historiadores progresistas (Juliá, Blanco, Preston, Escolá…), que echan una mano al sistema, campan por sus respetos y utilizan la mentira con toda facilidad y entusiasmo, amparados por una impunidad formidable que les hace decir las mayores sandeces sin que haya nadie cerca para que les pongan las peras al cuarto. La frase habitual de esas joyas de la falsedad cainita es ésta: “ yo con ese (“ese” puede ser La Cierva, Moa, Vidal…) no acudo a ninguna tertulia”.
Hace poco hemos leído a uno de ellos decir lo siguiente: “efectivamente, en los “60” hubo un cierto “desarrollismo…” - porque ellos y otros, siempre dicen “desarrollismo” , que debe de ser una especie de desarrollo menor y casi por casualidad; y añaden este estrambote- “pero se hizo contra la voluntad de Franco”.
Desde el final de la guerra, la reconstrucción del inmenso destrozo causado por el odio marxista al Patrimonio Nacional, fue prácticamente realizada antes de firmar los pactos con los EEUU, y, por supuesto, también se reconstruyeron gran parte de los destrozos causados por los combates y bombardeos, eso que hoy denominan “efectos colaterales”. Y cuando España pudo iniciar con el trabajo de todos el auténtico “milagro español”, se consiguió alcanzar una gran estabilidad social, una poderosa clase media, un mundo del trabajo protegido… hasta llegar a esa 9ª potencia industrial a la muerte de Franco, que posiblemente se murió de rabia al ver cómo dejaba a España, con lo “bien” que la había cogido en sus pecadoras manos. Esa 9ª potencia ya bajado algún escalón …
De la excepcional publicación ”Altar Mayor” extraemos estos datos que pueden asombrar a algunos, al “saber” que todo eso se hizo “contra la opinión y el deseo de Franco”. Se trata de la España que crecía entre los años 1941 y 1970, porque si se llegara hasta 1975, las estadísticas serían todavía más asombrosas. Es conveniente no leer esta relación a “vista de pájaro”, que muestra de forma muy esquemática el desarrollo de España en esos 30 años, sino que hay que desmenuzarla poco a poco.
-La población aumentó de 26 a 34 millones.
-La renta por habitante se multiplicó por cuatro.
-La producción agraria aumentó vez y media.
-La repoblación forestal se multiplicó por 2.960.
-Los regadíos aumentaron en más de doce veces.
-Se realiza el trasvase Tajo-Segura
-Se pone en marcha el Plan Badajoz.
-La producción de carne aumentó en cuatro veces y media.
-La de leche se duplicó.
-La pesca aumentó tres veces y media.
-La energía eléctrica aumentó más de quince veces
-La producción de acero se multiplicó por 9.
-La de cemento se multiplicó por 13.
-La construcción de buques se multiplicó por 48.
-La flota mercante se multiplicó por 4.
-El número de viviendas construidas se multiplicaron por 98.
-Los teléfonos se multiplicaron por 14
-La capacidad de los embalses se multiplicó por 9.
-Los beneficiados por el Seguro de enfermedad se multiplicaron por 81.
-El índice del crecimiento de las importaciones se multiplicó por 23.
-El de las exportaciones se multiplicó por 18.
-El alumnado se duplicó.
-La producción editorial se multiplicó por 5.
-El analfabetismo bajó de 18,7 por 100 habitantes, al 3 por ciento (el analfabetismo bajó en 1975 al 2 %)
-El número de turistas se multiplicó por 290.
-Los ingresos por turismo se multiplicaron por 672.
-En esos treinta años se crearon casi cuatro millones de puestos de trabajo más.
-La Renta per cápita pasó de 420 $ a 2.620 $.
-Etc, etc, etc….
Con estos etcéteras se rellenaría otra lista de iguales dimensiones.
Es un repaso rapidísimo que indudablemente tiene lo que llaman “la fría estadística de los números”, pero que viene a demostrar, siguiendo el criterio de los titiriteros “historiadores”, que Franco era un paciente y poco obedecido dictador al que nadie hacía caso en su “política autárquica”.
Hemos leído (La Gaceta…) unos breves comentarios de un tal Jordi Gracia que, recordando al recientemente fallecido Francisco Ayala, decía lo siguiente: “ …y supo extraer los estímulos para un crecimiento intelectual de hondura y amplitud que la España del interior obturó humillantemente durante años. A Ayala no le iban a tumbar ni las armas ni la matonería franquista”. Así se expresan los titiriteros del pesebre de la “intelectualidad progresista”, muchos de ellos nacidos antes de ayer, como esta lumbrera, que nació en 1965, y tenía diez años cuando murió Franco. De las biografías de Francisco Ayala que aparecen en “internet”, extraemos esto: “En 1960 regresó por primera vez a España. Desde entonces, volvió todos los veranos y compró una casa. Se reintegró a la vida literaria”. Es decir, que Ayala se reintegró a la vida literaria de los “obturados”, como Cela, Aldecoa, Zubiri, Delibes, Buero, Calvo Sotelo, Luca de Tena, Foxá, Mihura, Pemán, Lera, Hierro, Panero… Ya se sabe, el “páramo literario” que también comentó con inteligente ironía otro de los “obturados: Julián Marías.
Para terminar, transcribimos esto que hemos leído hace poco: “Adenauer estuvo en España para inaugurar la nueva embajada alemana. Cuando volaba de regreso a Alemania hizo dos comentarios que le llamaron la atención a su secretaria, que es quien relata esto. El primero, que si tuviera que vivir en un país que no fuera el suyo, ese país sería España, maravillado por lo que había visto durante su estancia en Madrid, por su cultura, su amabilidad y sus gentes. El segundo comentario fue éste: “Nunca, nadie, me ha estrechado la mano con la calidez con la que lo ha hecho Franco”.
La España “franquista” como lugar ideal para un veterano político alemán, o Franco como hombre con sentimientos, son cosas inadmisibles para el orweliano “Ministerio de la Verdad” que vigila el exacto funcionamiento de la mentira como institución del Estado.
Por Jesús Flores Thies
Coronel de Artillería-retirado


|