EL VOTO DEL MIEDO

El voto del miedo se ha convertido en el voto del terror. Las (presuntas) izquierdas se movilizan ante el terror que les supone la implantación de una nueva Inquisición, el predominio de una derecha convertida en ultraderecha y la idea desoladora de que todos los magníficos logros conseguidos por sus sanos dirigentes se irán al traste con la llegada de los chicos de Aznar, pasados por Rajoy. Pero la (presunta) derecha también tiene su cuota de terror ante la perspectiva de una nueva etapa zapatera, cogido por el fondillo de los pantalones por lo más granado del separatismo y de la estupidez progre durante los largos cuatro años con olor a churrasco de estación de Atocha.

 

Y se mira en los fondos de los bolsillos, de los armarios, de los cajones para encontrar esas monedas que faltan para poder hacer el pastel electoral. Será el voto del NO sobre el voto del SI. Bueno, los dos tienen sabor a urna cuatrienal.

 

El problema de la izquierda es votar sólo al PSOE, dejando a un lado partidillos y partidejos progres, que después vendrá Paco con la rebaja de las alianzas que, con lo más granado del panorama antiespañol, las tiene aseguradas. Peor lo tiene la derecha a la que le han surgido algunos enanos que, por experiencia de la historia reciente, sabemos de su omnímodo poder en determinados momentos de la Historia. Ahí tenemos el gran ejemplo del gnomo político de Carod-Rovira dueño de los destinos de su odiada España. Y sobre todo lo tiene difícil el PP en Cataluña. Porque aquí, gracias a la despectiva labor de Aznar y de los suyos, los más sano, español y digno de sus políticos fue arrojado a la basura para ser sustituidos por especimenes de difícil clasificación, como el ex-comunista y millonario Piqué o los hermanos Fernández como joyas de la corona periférica, si bien ha salido a la luz un tal Sirera que más que tirón electoralista tiene un suave tironcito.

 

Como muestra de su “buen hacer”, colocan una C en el culo del PP (PPC) para que no digan que no son catalanes. Mostrando una soberana ignorancia sobre la personalidad de los buenos catalanes que no tienen el menor problema con ser españoles y catalanes. De esa forma, el PP catalán, es decir el PPC, es “otra cosa”, y las dudas del buen español que no sabe si votarles, están precisamente en esa indefinición cobarde y estúpida impuesta desde Madrid por unos dirigentes del PP que dan por perdida de antemano la batalla en Cataluña. Cuando desde la sede del PP en Madrid defenestraron a Vidal Quadras, sabían lo que hacían, sencillamente darles pasto a los catalanistas menos separatistas para sus apoyos mutuos. En otras ocasiones, el PP gobernante utilizó al Ejército como moneda de cambio, como cuando hubo de aceptar una imposición de CiU sobre “la libertad sexual en los cuarteles” para que los catalanistas le dieran su apoyo en Dios sabe qué presupuestos. Y gracias a la cobardía del PP y su ignorancia del sentir catalán sano, nada ha hecho para impedir el crimen de la “inmersión lingüística”.

 

Y ahí están las elecciones de marzo de 2008. La sede del PPC es la sede de un perdedor que se sabe ya perdedor por decisión y abandono del PP de la calle Génova. Conocemos a algunos de sus heroicos (sí, heroicos) representantes del PPC, gente buena pero que se sabe ignorada, abandonada cuando no despreciada por Madrid. Son como esas unidades condenadas a la muerte que se dejan en una posición a sabiendas de que serán barridas por el enemigo, mientras el grueso de los suyos maniobra para hacerse un buen sitio en la batalla.

 

Muchos catalanes que nunca han votado al PP, ante el terror que sienten con la perspectiva de la prolongación de la Era ZP bajo la pezuña de ERC, lo harán al PPC, lo cual ya tiene su mérito. A sabiendas de que este partido local ha de mantener una postura ambigua impuesta desde Madrid, de catalanismo vergonzante, de antifranquismo seboso, manteniendo una postura que no huela a “españolismo”. Un quiero y no puedo espeluznante. Seguirán siendo incapaces de hablar en castellano en el Parlamento Catalán, se arrastrarán en los homenajes a prebostes y prebostillos catalanistas y hasta separatistas, irán a la cola de los catalanizadores a tumba abierta… Cuando los catalanes quieren votar en elecciones generales, prefieren hacerlo, no tanto como catalanes, sino como españoles, es decir, como lo hacen los demás españoles bien paridos.

 

Este es el tremendo drama del español catalán: el desprecio, tanto por parte de sus enemigos como de lo más granado del PP que gira alrededor del “líder”.

 

Pero los líderes del PP, no ya el soberbio Aznar, especie Zeus del Olimpo de los dioses políticos, sino cualquiera de ellos, metidos en un fanal al que no llegan más que las alabanzas de los suyos o las tarascadas de los contrarios, el pensamiento del pueblo bajo, bajísimo y votante, les resbala.

 

Por Jesús Flores Thies
Coronel de Artillería-retirado

 

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