EL ODIO COMO UNA DE LAS BELLAS ARTES
Cuando José Tarradellas regresó a Cataluña después de un larguísimo exilio, al contrario que otros muchos políticos exiliados con cierto renombre, vino trasformado, porque su larga travesía por el desierto le había hecho recapacitar sobre los tremendos errores de su pasado político. Y aquel terrible político catalán, responsable del terror instaurado bajo el presunto gobierno de la Generalidad, del terrible expolio del patrimonio, del saqueo de las cajas privadas de los Bancos, del mantenimiento en territorio de la Generalidad de las espantosas chekas, de las matanzas como la de Montcada, o la de anarquistas y troskistas en mayo de 1937...., se presenta en España con otro talante.
Uno de sus primeros actos como presidente de la Generalidad de la Cataluña en la Transición es la de depositar en los fosos de Montjuich, en el lugar donde fue fusilado Luis Companys, el que fuera presidente de aquella máquina política del terror, una corona de flores. Pero, a continuación, deposita otra corona de flores, con una cinta con los colores catalanes, en el foso de Santa Elena, donde habían sido fusilados, no ya los sublevados en Barcelona el 18 de julio, que fueron ejecutados después de un consejo de guerra, sino más de mil patriotas, la inmensa mayoría sin juicio alguno. Yo conservo un recorte de aquella cinta como un símbolo de una "reconciliación" frustrada.

Lluis Companys es el cuarto por la izquierda, después de Largo Caballero Ministro de Marina en el Gobierno de Aza.
Pasan los años, el rencor de los vencidos y de los que se autoconsideran vencidos, aunque nacieran después de la muerte de Franco, ha ido apretando la clavija del odio con el suicida empeño en volver a fabricar, a punta de vileza, las dos Españas que ya estaban reconciliadas desde hacía muchos años. No ha sido Zapatero el responsable de esta situación, como se nos quiere hacer creer, porque la revancha del odio se iniciaba con la UCD, posteriormente seguiría triunfante con el PSoE, no se pararía durante los ocho años de gobierno del PP, y acabaría (¿acabaría?) con la miserable "Ley de la Memoria Histórica" que va en contra de toda razón, lógica y dignidad. Lo que ha hecho Zapatero y los suyos, observados por una derecha cobarde, es colocar la apestosa guinda como remate en el agusanado pastelón.
Y esa "Ley de Memoria Histórica", que cuando pasen los años será considerada como un récord de la indignidad institucionalizada, obliga a muchos militares a arrojar sus propias Hojas de Servicio a los cerdos y a flagelarse con latigazos impuestos por políticos y ejecutados por "mandos" militares sumisos y acobardados. Este gobierno de izquierdas (de "izquierda capitalista"), que se considera heredera de aquella otra, depredadora y criminal del Frente Popular, ha querido seguir los hábitos y vicios de sus maestros, auténticos genios de la destrucción y saqueo del Patrimonio que, convertidos en talibanes celtibéricos, han ordenado la destrucción de todo monumento, escultura, escudo, placa o recuerdo ornamental denominado "franquista". Y le ha llegado la hora, faltaría más, a los fosos de Santa Elena en el castillo de Montjuich de Barcelona.
El papel de Bellido Dolfos le ha tocado a DEFENSA, que de los tres del denominado "Consorcio" para el castillo de Montjuich, es el único que hasta ahora manejaba sus asuntos, el museo, el entorno... Y los "mandos" militares han abierto la puerta a los talibanes que han destruido el escudo de España, un sagrario que había sobre un altar y otros símbolos de los denominados "franquistas". Al igual que en el resto de España, en Cataluña han desaparecido verdaderas obras de arte, entre ellas el Monumento a los Caídos, con una escultura del ya clásico escultor catalán Clará. Las termitas del odio están contentas y ya echan su mirada hacia el Valle de los Caídos cuyo simbolismo, ellos, incapaces de mirar hacia el cielo, son incapaces de entender.
En La Coruña, un coronel ha tenido el valor de informar a sus "mandos" de su opinión sobre la infame "Ley de la Memoria Histórica". Es un casi solitario ejemplo de dignidad, alguien que se niega a ejercer de ilota, que "no es partidario" de tirar su Hoja de Servicios al estercolero del odio talibán. Soñamos con otros ejemplos de dignidad que, Dios lo quiera, deberían surgir en cadena. Dentro de poco, el museo Militar de Montjuich de Barcelona, convertido en algo ya irreconocible, será desalojado y en su lugar se instalará un bodrio, mezcla de museo de la paz y de ectoplasma de la alianza de civilizaciones. Y nuestra Historia, y nuestro Patrimonio y nuestra dignidad, a la basura.
Poco faltará para que el magnífico y ya inútil edificio de Capitanía General pase a la voraz "Generalidad", y no habrá de pasar mucho tiempo para que el Cuartel del Bruch, especie de isla Perejil en la sopa catalanista, sea entregado. No es una invención nuestra, basta con leer la subvencionada prensa catalanista para saber por donde van los tiros. Sabemos que el tiempo curará a España de estas ronchas que provoca la sarna del odio institucionalizado, pero al igual que aquellas pinturas, aquellas obras de arte, aquellas bibliotecas, laboratorios, iglesias, edificios históricos arrasados... sólo forman hoy parte del recuerdo, de lo que ahora se destruye, y quedará como estigma de una raza política que hace del odio su motor.
Por Jesús Flores Thies
Coronel de Artillería-retirado


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