¿CRUZADA, GUERRA CIVIL, GUERRA DE LIBERACIÓN...?

 

El día 1 de abril de 1936, después de una guerra civil de casi tres años, el bando “nacional” derrotó de forma inapelable al bando “rojo”, que a lo largo de la guerra se autodenominó “republicano”. Fue una victoria absoluta e indiscutible que impuso, como ocurre en estos casos a lo largo de toda la Historia, la voluntad del vencedor y su forma de organizar y gobernar a una sociedad que englobaba a todos, vencedores y vencidos.

 

A lo largo de algunos años, se mantuvieron los efectos propagandísticos de la victoria, aunque pasado algún tiempo, estos entusiasmos y músicas victoriosas se fueron moderando a lo largo del inmediato relevo generacional. Porque, en contraste con los vencedores de la segunda guerra mundial, cuya propaganda, pasados 65 años, todavía se mantiene implacable y continua, la de los vencedores en la guerra española pasó más bien pronto. Conviene comparar el número de películas, libros y hasta tebeos de propaganda “nacional” que se hicieron después de la guerra, cuyo escasísimo número dejaría perplejos a los feroces rencorosos herederos morales de los derrotados, con las que estos han emporcado desde hace más de 30 años nuestras pantallas de cine y de televisión, con su rabiosa propaganda. Y no digamos en libros, que no hay autor actual que para poder tener opción a un premio, no saque una novela “ambientada en la guerra civil”. Y en tebeo, ahora cómic, también.

 

El bando “nacional” calificó a aquella guerra civil de “guerra de liberación” y de “Cruzada”, que tomado de forma amplia es totalmente aceptable, aunque para rechazar lo de “Cruzada” se saquen algunos aquello de que combatían en este bando moros o “herejes nazis”. Eisenhower tituló sus memorias de guerra como “Cruzada en Europa”, y vaya tropa de “cruzados” que venía del Este staliniano. El término “Cruzada” es amplio, fácil de defender por el vencedor que lo emplea, y rechazable por el vencido.

 

Pasados los años, metidos en la revancha de hoz y coz (hemos de decir, una vez más, y “martillo”), se ha conseguido, incluso entre los herederos del bando vencedor, imponer la idea de que aquella guerra fue una desgracia, de que todos fueron vencidos y de que nunca se debieron enfrentar hermanos en un sangriento conflicto. Incluso de que todos fueron “malos”. Auténticas simplicidades porque ya sabemos que una guerra es siempre una desgracia y, si no, que se lo digan a los alemanes que la perdieron. ¿Pero también lo dirán con el mismo énfasis ingleses, rusos o norteamericanos?

 

Toda guerra, sea justa o injusta, desata unas catástrofes y miserias que marcan durante años a los que la han sufrido. Y ya que hablamos de tipos de guerra, el que fuera director de un periódico de “derechas” (“La Razón”) llegó a decir en un coloquio televisivo, que una guerra “justa” podría haber sido la que declararan los EEUU a España para liberarnos de Franco…

 

Lo de “todos vencidos”, que es también frase habitual, especialmente de los vencidos, les sonará a mal chiste a aquellos vencedores de la “Cruzada” de Eisenhower. Y en cuanto a que nunca más una pelea entre hermanos ¿quién puede estar en contra? Pero cuando un “hermano” pone a España al borde del precipicio ¿la fraternidad obliga a cruzarse de brazos? ¿Quién es el culpable? Nosotros lo sabemos: aquellos que llevaron a España a insoportables límites, porque en julio de 1936, sin Franco, sin Azaña, sin Largo Caballero o sin Mola, el desastre hubiera sido inevitable y a otros les habría tocado bailar con la más fea.

 

De haber ganado la guerra los defensores del “Frente Popular”, dadas las características mostradas por sus herederos ideológicos de hoy día, todavía estaríamos celebrando un 18 de Julio de 1936 en el que “el pueblo español se alzó contra la agresión fascista” , para vencerla en su 1 de abril posterior. Posiblemente se llamaría “Día de la Victoria contra la agresión fascista ”. No olvidemos que en la zona roja se dieron a algunas calles el nombre de “18 de Julio”. Y hoy, nadie hablaría de todos malos, guerra inútil o lloraría sobre el drama de la lucha entre hermanos. Hubo que aplastar a la bestia nazi-fascista, se ganó, pues a celebrarla hasta la consumación de los siglos. Y “¡hay de los vencidos!”, no durante unos años, ni siquiera una década, para siempre jamás.

 

Lo triste es que la entrega de la victoria del 1 de abril ha sido uno de los hechos más asombrosos y miserables de nuestra Historia, desde los tiempos de Perpena, Minuros, Audas y Ditalkón , traidores históricos. En los salones, salas, asambleas, escritos o declaraciones de la derecha, se rechaza toda gloria, legalidad o necesidad de aquel alzamiento nacional, de ahí su cobarde y ambigua postura ante la felonía institucionalizada de la “Memoria Histórica”. Incluso se ha querido presentar el gigantesco número de mártires por causa de la fe, como una especie de “daño colateral”, sin que estos mártires tuvieran relación alguna ni nada que ver con el bando alzado. La terrible responsabilidad de aquel gobierno del Frente Popular en esa enorme legión de mártires se echa sobre una rara especie humana llamada “incontrolados”, que al parecer “incontrolaban” las sacas que organizaba Carrillo o las terribles y legales “checas” del SIM.

 

Y en los museos militares, se trata de borrar el heroísmo y el sacrificio de aquellos que rescataron a España. Y es la derecha la que coopera, secundado por un mando militar indigno de llevar un uniforme, que aquellos otros, los “alzados”, sí honraron con su esfuerzo, su sacrificio y su sangre.

 

España pagó sus errores y culpas de muchas décadas de reyes y gobiernos desastrosos, en una inevitable guerra civil, auténtica guerra de liberación y “Cruzada”, que cambió a España de arriba abajo, le dio paz, estabilidad, progreso, industria, seguridad social, nivel cultural, nivel de vida…, que fue el auténtico crisol de vencedores y vencidos. Lógicamente se mantenían símbolos, fechas y celebraciones con la marca de la Victoria del 1 de abril, pero la sociedad española ya había pasado de rojos y azules hacía años. Hoy, los rencorosos y los cobardes han rebañado en los basureros, han sacado los cadáveres de viejos rencores enterrados y como zombis los han puesto en circulación para volver a convertir a España en un gigantesco cadáver, como ellos.

 

Un simple ejemplo asombraría a los feroces rencorosos de la izquierda, tanto como a los cobardes de la derecha: mi primer instructor de cadete novato en la Academia General de Zaragoza, un cadete de segundo curso, era hijo del que fuera Jefe de Submarinos del Frente Popular rojo durante la guerra. Y estamos hablando del año 1950…

Nosotros consideramos la guerra, hoy definitivamente “guerra civil”, una tragedia sangrienta que tuvo que vivir el pueblo español, pero una tragedia necesaria, y seguiremos llamando glorioso a aquel alzamiento nacional, gracias al cual, gracias al sacrificio de tantos, España recuperó su pulso, ese que en estos tiempos parece que está, otra vez, a punto de perder. Nosotros no renunciamos ni a nuestros héroes ni a nuestros santos.

 

Los responsables del desgobierno actual de España, cuando hayan terminado su misión de pudrir el alma de esta cosa que llaman sociedad española, se retirarán a sus fincas, sus playas, sus negocios, sus bancos, sus cruceros, sus restaurantes de cinco tenedores…, mientras un silencio de cementerio se extenderá por la España que resucitó un 18 de julio.

 

¿Dónde está la solución de España? ¿Tendrán otros que volver a bailar con la más fea?

Por Jesús Flores Thies
Coronel de Artillería-retirado
 

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