Creo que todos compartimos la opinión de que se deben disminuir los abandonos de animales domésticos, la mayoría debidas a que sus dueños no han sido capaces de “superar” esos problemas de conducta insoportables de su Fiel Amigo. Con el fin de ayudar a muchos de esos “desesperados dueños” considero imprescindible que se conozca la figura del etólogo, aún demasiado ignorado en su cometido.
La etología es la ciencia que estudia el comportamiento de los animales en libertad, pero como el perro es un animal domesticado, aunque sólo sea así desde hace 16.000 años, quien estudia su comportamiento, es el etólogo aplicado y, en especial, el experto en cánidos, mal conocido como “psicólogo canino”.
Con éste artículo espero concienciar a muchos sobre determinados aspectos, como la cría indiscriminada o la mal entendida “educación canina” con la que se “humaniza” al perro y, lo que es peor, pensando que a él le gusta ser tratado de tal modo. Yo soy mujer y me gusta ser tratada como tal, no como a un perro. Pues a ellos les pasa lo mismo (por increíble que parezca).
El carácter de su perro comienza a formarse desde el mismo momento en que sus padres han sido elegidos para ser los próximos papás de esa camada a la que pertenece su dulce cachorrito.
En la actualidad predominan los cruces entre perros “campeonísimos” de belleza, pero ¿alguien se ha parado a pensar en cómo es su salud o su carácter? Casi seguro que no porque su padre era Tal y su madre Pascual, y eso quiere decir que el cachorro es fantástico.
Pues casi con toda seguridad, no es así, a no ser que el criador hiciese una correcta selección de los futuros progenitores haciéndoles pruebas veterinarias y de carácter y descartando a ejemplares no aptos para la cría.
Un claro ejemplo de lo que digo es que, salvo excepciones, al comprar un cachorro casi todo el mundo se fijará en quién es su padre, pensando erróneamente, que éste es quién hará que el carácter del cachorro sea mejor o peor.
La especie Perro es poliginándrica, lo que quiere decir que es la madre la que otorga en su totalidad los cuidados parentales a los cachorros, siendo ella por tanto quien enseña y transmite las conductas a sus cachorros (tanto las buenas como las malas, claro está). El padre puede aportar belleza, tamaño y… miedo, ya que, aunque es casi desconocido para los no expertos en la materia, el miedo es el único aspecto conductual que se transmite genéticamente. Todos sabemos que un perro miedoso, casi con toda seguridad será un perro dependiente en exceso de su dueño, protector de sus recursos, tendrá síntomas de ansiedad y posiblemente, muestre signos de agresividad defensiva, esto es su “defensa ante el miedo”.
Otro punto importante a tener en cuenta es el número de cachorros que formaban la camada, ya que entre los hermanos aprenderán normas tan importantes como la posición jerárquica de cada uno de ellos y lo harán mediante los juegos de guerra (como dato científico conste que el nº ideal de hermanos es 6).
La mayoría de criadores desconocen las ventajas que reporta el realizar manipulaciones neonatales a los cachorros. Éstas deben comenzar a realizarse desde el segundo día de vida y duran hasta que comienza el periodo de socialización del cachorro, aproximadamente a las cuatro semanas. Hay estudios científicos que demuestran que las manipulaciones neonatales favorecen en la maduración del sistema nervioso e inmunitario, incrementan la conducta exploratoria, la capacidad de aprendizaje súbito y disminuyen la tendencia a la emocionalidad y las respuestas de miedo.
A partir de la cuarta semana del perro comienza un periodo llamado de socialización, el más importante, ya que es en él cuando aprenden a ser de la especie Perro. En éste periodo y dado que el animal presenta imprinting heterospecífico (es capaz de aceptar a nuestra especie) nuestra obligación es “ayudarles”, permitiéndoles estar con otros perros, personas y sobre todo con niños.
¿Porqué? La respuesta es sencilla. En esta etapa tendrá su primera y más duradera forma de aprendizaje por lo que debe enfrentarse con el mayor número de estímulos y situaciones que vivirá en su etapa de adulto.
Un cachorro debe ser separado de su madre entre los 2,5 y los 3 meses ya que, si se hace antes, a ella no le habrá dado tiempo de “enseñarle” lo suficiente para que sea autónomo y, si se hace después, estará sobreprotegido.
Dicho esto, el lector ya está preparado para comprender a dónde quiero llegar. Empecemos.
¡! QUIERO UN CACHORRO!!
Sinceramente, ¿cree usted que ese tan mono que se asoma por la cristalera de la tienda o el que hay entre las rejas de ese criadero multiraza (o exclusivo), ha sido manipulado, sus padres fueron testados para determinar si eran válidos para la cría, retirado en el momento adecuado de su madre o correctamente socializado? Habrá excepciones pero la respuesta en general es NO.
Sus criadores no han tenido tiempo ni ganas porque cuantos más vendan, más ganan y les da igual como será ese perro de adulto. A ellos les da igual, pero a usted, DUEÑO no, porque su perro sufrirá las consecuencias de esa cría indiscriminada y, como no, también usted. Tendrá un perro con problemas de conducta o enfermedades congénitas (por ejemplo dermatitis, displasia, arritmias, etc.) Y pensará…
Pensará que su Fiel Amigo le ha fallado. Pero no es su culpa, sino de quien lo crió y lo vendió sin responsabilidad.
Ante estas situaciones muchos dueños se rendirán y, con suerte, sentenciarán a sus perros a la eutanasia. Otros lo harán aún peor, los abandonarán. Hay otro grupo, los que acudirán a pedir ayuda a un etólogo canino. Conste que he dicho etólogo, no adiestrador. Esto es porque el etólogo conoce y estudia las causas y las posibles soluciones a esas alteraciones de conducta. El adiestrador adiestra sin tener en cuenta las debilidades y fortalezas de cada perro concreto (salvo excepciones), por lo que aprenderá a obedecer, pero si la conducta inadecuada no se ha corregido previamente al adiestramiento ésta volverá y quizá, incluso más reforzada.
No quisiera terminar sin intentar que algunos lectores piensen en esto, por el bien de todos:
NO CRÍE sólo fijándose en los estándares de belleza de la raza, tratemos de devolver a cada perro su utilidad, aunque para ello tengamos que sacrificar algo de belleza. Para qué queremos un precioso Pastor alemán si tiene pánico (hereditario, insisto) o displasia, por ejemplo. Cualquiera de estos problemas, no lo dude, hará que su perro pueda volverse agresivo.
Por favor, descarte ejemplares no aptos para la cría por sus defectos físicos o psicológicos. Hará un favor al perro y a sus futuros dueños y, si todos lo hacemos así, a largo plazo también a la raza, a la especie Perro y a la sociedad en general.
NO VENDA si no está seguro de lo que ofrece, de dónde viene y sobre todo, como será de adulto.
NO COMPRE sin tener en cuenta todo lo dicho anteriormente, déjese asesorar, no sólo en la elección sino en la mejor forma de educarlo y porqué debemos hacerlo de uno u otro modo según cada ejemplar concreto.
SI YA ES PROPIETARIO DE UN PERRO y ha observado cualquier conducta inapropiada, no lo dude, consulte con un etólogo, al igual que llevaría a su perro al veterinario si estuviese enfermo. Los problemas de conducta bien tratados y a tiempo tienen solución
Debemos de esforzarnos para eliminar o al menos disminuir, esa lacra que son los perros mal criados, mal vendidos y mal comprados por el desconocimiento de unos y por la mala fe de algunos otros. Volvamos a criar perros sanos física y mentalmente, útiles y felices que sean capaces de no hacer que su familia humana les sienta como un estorbo o un “gruñón”, y comencemos todos a disfrutar de las bondades de ese FIEL AMIGO.
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