VIDA DE PERROS II
Autor: “Rijovito”
Hola, Salsa. ¿Cómo le va al más guapo y valiente de los terrier?, tenía ganas de verte. Me han apartado un tiempo de la circulación, ya sabes por qué.
Mira que eres perra, Chispi, no me digas esas cosas. Y no me vengas con zalamerías, coqueta. Ya tienes cinco años y aún no te han cruzado. Se te está pasando la edad.
Mientras Salsa y Chispi conversan en la plaza, Ernesto desayuna con el periódico abierto sobre la mesa. Hay pocos clientes en la cafetería de Andrés, pero todos comentan la noticia estrella de la mañana: han sido necesarios cuatro hombres con lazo para reducir a un peligroso perro vagabundo que rondaba por la zona esa madrugada. Una fotografía a todo color muestra a un taciturno doberman tras los barrotes de una jaula de la perrera municipal. Un trabajador de la limpieza dio la voz de alarma después de que el perro le robara el bocadillo.
Lo siento, Chispi, me gusta charlar contigo pero tengo cosas que hacer. Debo asegurarme de algo. Voy a aprovechar que Ernesto va a pasarse un buen rato en la cafetería. Tengo que irme.
No me vengas con excusas, que yo también tengo muy buen olfato... y acabo de oler a la hokkaido esa que acaba de mudarse al barrio...
Grace
La hokkaido esa tiene nombre, y tú sabes cómo se llama. Se presentó muy correctamente y tú estabas presente...¿la desdeñas...?, ¿no será que estás celosa de una perrita más joven...? No, no es por Grace, es por Conan... ayer estuvo por aquí... no sé qué ha podido pasarle... sospecho que se ha convertido en un vagabundo.
¡¿Conan?!...¿nuestro Conan?... pero si se mudó muy lejos con los suyos...
Exacto, hace dos años...
Se ven interrumpidos por la súbita llegada de una perra hokkaido que inmediatamente ofrece su vientre a Salsa tumbándose de espaldas.
Hola, Grace, ¡levántate, caramba!, vas a ensuciarte el lomo...ya no eres una cachorra...
A la orden, señor Salsa, gracias... hola, señora Chispi. ¡Qué mañana más luminosa y fresquita!... me voy a corretear un ratito... ¡adiós!...
¡SALSA! La llamada de Ernesto sorprende al airedale que de un brinco corre hacia él. El hombre le regala una galleta que al perro le cuesta un poco morder debido al bozal. Una vez conseguido el airedale se tumba junto a Ernesto. Escucha, Salsa, esta noche los laceros han detenido a un doberman. Le han llevado a la perrera. Dicen en el periódico que se trata de un perro peligroso. Pero lo han cogido porque no llevaba correa ni bozal, y porque estaba hambriento... le robó el bocadillo a un barrendero. No dice nada de que haya mordido a nadie. Y lo han atrapado muy cerca de aquí. Ya sabes, la mala fama de los doberman: o los paseas con cadenas y grilletes o se convierten inmediatamente en un peligro.
Salsa mira a Ernesto con los ojos muy abiertos tras dejar la galleta en el suelo. Desde la barra Andrés observa la escena y jocoso le espeta a Ernesto: "¿Eso lo dices por nosotros, Ernesto...?, porque tu perro no te entiende, aunque lo hayas amaestrado para que te atienda y lo parezca."
Tras mirar condescendientemente y con media sonrisa a Andrés, Ernesto le muestra a Salsa la fotografía del doberman enjaulado. Salsa se yergue y con la mano sobre la foto aplasta el periódico contra el suelo y ladra escandalosamente, sus ojos fijos en los de Ernesto.
"Calla a tu perro, Ernesto, leñe, vaya escandalera que está armando", vocifera el dueño de la cafetería.
Tranquilo, amigo, tranquilo... ya estás como anoche. Así que era eso... Vámonos, Salsa, susurra el hombre mientras le pone la correa. El perro acalla sus ladridos. Hasta luego Andrés, te dejo el dinero sobre la mesa, tengo algo de prisa... Vamos a ir a ver a ese doberman, Salsa... no sé pero sospecho que sabes algo sobre él. Tu amigo Conan no será, ¿no?... y en ese instante el airedale recomienza con sus ladridos. Vale, vale... te entiendo. Vamos a dar un paseito en el coche. Ahora saldré de dudas.
Me gusta pasear en coche, el aire siempre impregnado de mil fragancias . Ernesto es muy inteligente y me conoce muy bien. Lástima que la mayoría de las personas no entiendan el vínculo que existe entre nosotros. Me habla y yo le comprendo, y él casi siempre entiende mis ladridos, mis gemidos o mis aullidos... vaya, se me olvidó la galleta en la cafetería, con lo rica que estaba... y ahora vamos a la perrera, seguro. Me tranquiliza saber que Antonio, el encargado, es un amigo de los perros y Conan no va a ser maltratado. Pero ser encerrado en una jaula ya es un castigo tremendo para cualquiera de nosotros. Cuando lleguemos me dejará en el coche. Espero que no tarde mucho.
Buenos días, Antonio, ¿cómo te va?, vaya griterío que hay.
Buenos días, Ernesto, no sé cómo pero sabía que hoy aparecerías por aquí... vienes a interesarte por el doberman, ¿no es así?..., me llamaron a las cuatro de la mañana. El pobre animal estaba en estado de shock y todavía no se ha recuperado del todo. Se le ve muy delgado y le han extirpado el chip. Debe tratarse del típico abandono.
Quiero verlo, tal vez se trate del perro de un antiguo vecino, ¿cuántos días vas a tenerlo en cuarentena?
Dos semanas por lo menos. Por la tarde vendrá Felipe para curarle unas heridas recientes, tomarle muestras de sangre y orina y desparasitarlo. Es un ejemplar soberbio a pesar de su mal estado. No ha querido comer desde que me lo han traído. Voy a llevarte a su jaula, y como te conozco te pido que tengas cuidado. No todos los perros son como Salsa, y este pobre animal ha debido pasarlas canutas desde hace tiempo. No vayas a meter la mano en la jaula, ¿vale?...
Descuida, no me hará daño si se trata de quien supongo. Y si no, es que no conozco a Salsa tanto como creo... vaya, lo has alojado en la mejor suite, no esperaba menos de tí.
Una vez junto a la jaula Ernesto contempla al abatido doberman echado, la estilizada cabeza entre las manos, y con los ojos cerrados. Pero no duerme. A la voz de ¡Conan! el perro yergue y gira su cabeza de inmediato, con los ojos muy abiertos. Ernesto y el perro se miran durante varios larguísimos segundos. A continuación el doberman se pone en pie y adopta una pose de primer premio en cualquier concurso canino, los llameantes ojos fijos en los de Ernesto. Lo siguiente que ve Antonio es al doberman alzado sobre sus cuartos traseros, las manos apoyadas en los barrotes de la jaula, con la cabeza casi a la altura de la de su amigo Ernesto, quien ha retrocedido un palmo sobresaltado ante la rapidísima acción intimidatoria del animal. ¡CUIDADO!, grita Antonio.
Tranquilo, amigo, tranquilo... solo me comunica que en la jaula manda él. Es un macho dominante; me hizo lo mismo hace unos años. Ya te contaré.
Eres un líder, Conan, y se te nota, le susurra Ernesto al perro mientras se pone en cuclillas girado para no excitarlo. Conan descansa sus manos sobre el cemento, rinde su cabeza y olisquea a Ernesto. Lentamente el hombre introduce su mano a través de los barrotes, una mano que huele a viejo amigo, una mano que huele a Salsa. El doberman se echa y lame profusamente la mano amiga mientras emite algunos gemidos.
Al sobrecogido Antonio le resbala una lágrima por la mejilla mientras exclama emocionado: ¡Caramba!, le has echado valor al tema... de manera que era quien tú suponías... el nombrecito le va al pelo, fiero y noble, ha debido ser un perro guardián excelente... y ahora ¿qué vas a hacer?.
Ernesto se pone en pie bajo la atenta mirada del doberman, ya sentado y firme en su aparente debilidad. Ahora debes comer para ponerte fuerte, Conan, pronto te sacaré de aquí. Tras un leve gemido el perro se dirige a la escudilla y comienza a comer. Buen perro, agradece Ernesto.
Antonio, dile a Felipe que lo ponga en forma. Tú aliméntalo bien que yo vendré todos los días a pasearlo por el patio. No te fíes tú, este animal debe llevar abandonado mucho tiempo y a saber por lo que ha pasado. Tengo correa y bozal y me ha reconocido. En cuanto pase la cuarentena te firmaré los documentos de adopción. El doby se llama Conan, nació en Agosto de 2.003 y fue adiestrado en la mejor escuela del país. Sería un animal muy premiado si lo hubieran inscrito en algún concurso. Estaba ciegamente unido a Don José, un maestro viudo que se jubiló hace dos años y se fue a vivir a otra ciudad. Este hombre nunca hubiera abandonado a Conan, ha debido ocurrir algo terrible. Ya investigaré, en la escuela deben tener su dirección actual. Nos vemos, adiós.
Ernesto tarda, y con tantas voces no distingo...por ahí viene, sonríe... ¡Ernesto, Ernesto!, cuéntame... ¿cómo está Conan?... ¿te ha reconocido?...
Deja de ladrar, Salsa, por el camino te cuento...
 
Coco y Chinita … y eso es todo, el lunes iremos a sacar a Conan de la perrera. No había denuncias contra él y entre el veterinario, el encargado y Ernesto han conseguido que vuelva a estar fuerte y seguro. Tenemos que contarnos tantas cosas... a ver si no hay problemas con Orco, que no lo conoce... espero que se lleven bien... hablaré con él en cuanto lo saquen a pasear... no encajó demasiado bien la noticia de que un doberman vendrá a ocupar el puesto al que aspira... le pediré que espere un poco más de tiempo, solo tiene dos años y yo esperé hasta los cuatro... lo entenderá. En dos o tres años más Conan y yo estaremos mayores y dejaremos la responsabilidad en sus lomos...
Coco, un precioso westy, y Chinita, una pequeña y temperamental mestiza, escuchan atentamente a Salsa.
… en cuanto podamos hablar le preguntaré por los detalles de lo que os he contado por encima. Mi pobre amigo..., debió sentirse tan solo tras la muerte de Don José... pero que lo abandonaran..., porque lo abandonaron, seguro; él no pudo extirparse el chip solito, y ahora los familiares ya tienen otro perro más pequeño y menos "problemático"... vaya camada que tienen algunas personas, y luego dicen de nosotros... deshacerse de alguien como Conan, tan valiente y noble... al menos no lo sacrificaron, algo es algo...
¡CHINITA!, ¡COCO!, se oyen al unísono las voces de Ricardo y Javier llamando a sus mascotas. Coco acude raudo a la vera de Javier, pero la mestiza remolonea junto a Salsa haciéndose la tonta. Ricardo se acerca y le ancla la cinta. Vamos, Chini, mira que eres desobediente... si te hubiera educado yo estas cosas no las harías. Chinita tiene cinco años, la misma edad de Coco, pero sus dos primeros de vida convivió con una anciana que la mimó mucho. Es una hembra dominante que incluso se atreve a gruñir a Salsa alguna que otra vez. El airedale se troncha de risa cuanto esto sucede y la mestiza, consciente de su talla, se escabulle dignamente entre los setos del jardín a sabiendas de que ahí no la seguirá el grandullón.
¡Eh, primo!, nos vemos mañana... adiós, Chinita, je, je... otra vez tienen que atarte... la princesita atada, ja, ja, ja...
Sí, encima búrlate, te aprovechas de tu tamaño, mira cómo Coco no me habla así...
Mi primo está por tus huesos, princesita, vaya genio que tenéis las mestizas, ja, ja, ja...,adiós, presumidita, quiero decir Chinita, ja,ja,ja....
Coco y Salsa ladran brevemente. Las sombras van cayendo sobre la plaza y las farolas se iluminan. Hace fresco. El invierno ha remitido algo la última semana y ya se vislumbra la primavera. Florecillas blancas adornan el almendro de la esquina.
¡SALSA!
El benevolente perro alfa de la plaza acude raudo al llamado de Ernesto.
CONTINUARÁ
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