BLASFEMOS

                                     

Lo que vamos a decir es tan terrible, que suena a blasfemia, si bien no se trata de Dios, que para eso somos cristianos, de los denostados católicos con fe de carbonero, sino que vamos a lanzar unos afilados dardos a un dios del Olimpo conocido como Pablo Picasso.


A raíz de un despendolado elogio del pintor y de su obra, en ese programa que algunas veces no se sabe si va o viene (“España en la memoria”), hemos meditado, actividad que es casi un ejercicio de gimnasia, porque el cerebro ha de trabajar alguna vez al día. Y liándonos la manta a la cabeza vamos a decir algo que a muchos les sonará a lo que dice el niño del cuento cuando grita: “¡El rey está desnudo!”. Porque es lo que muchos (muchos) les gustaría decir sin ser condenados al ostracismo o a un Paracuellos intelectual.  Y otros, al igual que los fariseos al oír unas palabras de Jesús, mi tocayo nazareno, gritarán: “¡blasfemo!”.


Vaya por delante que aceptamos la opinión de otros,  como se suele decir ahora en plan perdonavidas, siempre que sea libre y sincera. Ya sabemos que sobre gustos… Recordemos aquello que le contestó un alumno al examinador cuando, habiéndole éste preguntado sobre al ácido sulfídrico, el alumno dijo: “es un gas inflamable, incoloro con un agradable olor a huevos podridos”. Asombrado el examinador dice: “¿agradable olor…? Y el otro, muy serio, responde: “pues a mi me gusta”. Efectivamente, todo es subjetivo, incluido el arte.


Para que se nos entienda mejor hemos de decir que no nos gusta Picasso ni como persona, ni como astuto aprovechado en el mundillo de las ideas y de la política. Y en cuanto a su pintura y hasta escultura, encontramos zonas más que aceptables, pocas zonas, las más antiguas, las menos valoradas, las otras no nos gustan. O dicho de otra forma, “pasamos” de ella.


Como persona, Picasso nos repele. Nada ejemplar, rapaz y desleal con su familia. Y dentro del mundo falso e hinchado de la política, un pendejo y un caradura, posiblemente con carnet comunista, pero eso sí, montado encima de un becerro de oro y cuanto más lejos del “paraíso soviético”, mejor.


La república roja del Frente popular le nombra director del Museo del Prado, que ahora nos quieren hacer creer que fue un nombramiento simbólico. Cuando leemos la noticia en el ABC rojo, nada dice de simbolismos. Picasso acepta el cargo con un encogimiento de hombros porque, con toda seguridad, además de cobrar un sueldo nada despreciable, le serviría de publicidad. Pero Picasso no pisa España, que aquí el olor a pólvora puede perjudicar a su salud de hierro, y se limita a unirse a la lista de los intelectuales y artistas franceses (a él se le considera en Francia de la “Escuela Francesa”) en apoyo de la presunta república. En ese ABC rojo leemos la lista de intelectuales y artistas franceses en la que aparece, entre ellos, el nombre de Picasso. Como intelectual y artista francés, no español. 

 
Luego viene lo del “Guernica”, que hoy los cobardes y entreguistas escriben “Gernika”, del que hablaremos después brevemente, y su larga y feliz estancia en la Costa Azul francesa, incluso después de la derrota de Francia ante el ejército alemán. Es decir, que ya toca hablar del tema de su arte. La pretensión de Picasso de que su “Guernica” se exhibiera en el Museo del Prado, indica la catadura del personaje.


No decimos nada nuevo si escribimos que la forma de interpretar, aceptar o entender el arte es totalmente subjetivo. Indudablemente la cultura personal es un factor importante en este campo. Y hablamos de aquellos que no incluyen en sus conceptos sobre el arte lo tópico o lo político. Ni lo estúpido. Porque nos han metido en un agujero donde nadie puede comentar negativamente la personalidad humana y artística de Picasso sin ser echado inmediatamente a los infiernos.


Se puede, como Tapies, ridiculizar a Rafael de Urbino o despreciar también públicamente a Clará; o escribir, como alguien lo ha hecho, que Murillo es sólo un blando pintor de Vírgenes y niños… Y nadie se rasgará las vestiduras. Hay quien ha escrito que el Greco no sabía dibujar y, por supuesto, gente de muy baja estofa moral y política, rechazan la obra de Ávalos en el Valle de los Caídos “por no alcanzar un mínimo nivel de valor artístico”, que es una forma miserable de justificar cualquier crimen de esa ley de “Memoria Histórica”, auténtica vergüenza de la que forma parte muy importante la cobarde derecha y las hoy sumisas FFAA..


            Para nosotros, la obra de Picasso anterior al cubismo y demás ismos, es una obra interesante de un pintor que está en formación y que muestra “maneras”. Siempre nos ha gustado, sin necesidad de echar las patas por alto, ese cuadrito del hijo de Picasso vestido de Arlequín, que se exponía en el Museo Thissen, donde se ve que el pintor trabajaba su cuadro, que en este caso aparece sin terminar. Y otras obras “rosas” o “azules” que tienen indudable interés ¿Qué habría sido capaz de hacer Picasso de no haber abandonado astutamente este camino para meterse en el rentabilísimo cubismo?


            Un ejemplo. Nos deja fríos, por  no decir con sentimiento de profundo rechazo, esa exhibición de las “Meninas” de Velázquez, una divertida y rentable operación de caricaturizar a un genio con el cuento de “analizarlo”. El cuadro de “Las Meninas”, no es sólo una genialidad velazqueña por la perfección de su pintura y por el cariñoso trato dado a sus personajes, sino también por el aire, el espacio…., que es la corona de esa maravilla. Y los plastrones planos, esquemáticos, caricaturescos y absurdos de Picasso, ni homenajean nada ni desentrañan nada. No admitimos explicaciones metafísicas, como las de Tapies para metérnos doblada la interpretación de sus brochazos. La relación entre el artista y su obra, y el que lo contempla, es totalmente subjetiva. Los camelos no sirven. Gusta o no gusta, instintivamente se acepta o se rechaza.


            Viendo el otro día en “España en la memoria” los ditirambos lanzados por los invitados, comprobamos hasta donde ha llegado la “dictadura de Picasso”. Aquella continua muestra de apuntes de caballos, puños, caras… para realizar el “Guernica” era como un paseo por el infierno del dibujo. Cualquiera con un mínimo de habilidad puede en dos minutos copiar uno de esos apuntes, sin apenas un rasgo que se diferencie del original. Un garabato, no por estar hecho por un genio, es genial. Se cuenta de Miró, cuando ya estaba en absoluta decadencia mental, desmontaron de la pared del cuarto de baño los garabatos que su mente enferma había trazado cuando se sentaba en la “trona”, para exhibirlos como auténticas obras de un genio.


            Un amigo mío, excelente dibujante y comunistoide por más señas, cuando alguien le dijo que lo genial de Miró es que había conseguido simplificar aparentemente su arte y pintar como un niño, dijo: “¿Y usted sabe por qué los niños  pintan así? Pues porque no saben pintar, cuando aprenden a pintar lo hacen de otra manera”.


          Sin su connotación política, el “Guernica” no valdría ni la mitad, ni sería considerado “la cumbre del arte del siglo XX”, y lo decimos sin el menor miedo a las represalias.


Hace muchos años veíamos frente a la Fundación Miró de Barcelona, un gran pedrusco sostenido entre dos caballetes de hierro. Nadie se preocupaba de aquello porque no pasaba de ser un pedrusco colgando, quizá por razón de alguna obra de restauración de la fachada. Pero he aquí que se descubre que es una obra de arte llamada “los Encuentros”, y luego algo así como “La Sirena varada”, nada menos que de Chillida, Hubo una gran polémica porque, llevada a Madrid, la colgaron debajo de un “excalectric” de la Castellana, y se temía que su peso pudiera afectar a la estructura del puente. Y fue entonces cuando alguien dijo la frase mágíca: “la mejor escultura del siglo XX” (Hemerotecas…) ¿Cuántos madrileños o visitantes saben que aquello es, no ya la mejor escultura de este siglo, sino una escultura?


          Otro ejemplo de estupidez llevada al campo peligroso de la dura crítica, lo comprobamos en León hace algunos años, en una exposición de Tapies que, por cierto estaba vacía de visitantes. El espectáculo era desolador. Nos llamó la atención una especie de telón de unos tres metros alto por uno de ancho donde había pintado a brochazo limpio, un 1, un 2 y un 3. Nos acercamos a ver el titulo de aquel bodrio y ¿saben como se titulaba? ¡”1,2,3”!. Encima tomándonos el pelo. Pero todavía Tapies tiene sus detractores, arriesgados detractores no hay duda, pero “haylos”. Picasso, no. Está prohibido.


          No, no sentimos la menor simpatía por este vividor, capaz de residir tranquilamente en Antibes durante la ocupación alemana de Francia; capaz de hacerse comunista, aunque su regalo de la Paloma de la Paz a su presunto señor Stalin agradó poco al georgiano, que indudablemente tenía de la colombofilia otras ideas más tradicionales. Fue incapaz de pisar España durante la guerra civil. En definitiva, no nos gusta la brutal dictadura que se crea a su alrededor. Bueno, es que ni la admitimos.


          Picasso, al igual que cualquier mortal, artista o no, puede tener entusiastas admiradores pero también duros detractores, y nosotros exponemos aquí nuestra opinión: no nos gusta Picasso ni como persona ni como genio, ”malgré tout”….

 

 

Por Blas de Lezo

 

Para ponerse en contacto con el Webmaster, pulsa sobre el  Tintero.

Volver a opiniones de los colaboradores