LA VANGUARDIA

Economía

Ref: LV 6 19/maig/1998

Publicació: 30 maig 1998

 

Dinámica del Puerto de Tarragona

 

Los actuales gestores del puerto se han dado finalmente cuenta de que tienen en sus manos uno de los mejores instrumentos de que pueden llegar a disponer estas comarcas para garantizar el desarrollo económico de las próximas décadas, ya que las carreteras y autopistas, los polígonos industriales y petroquímicos, el aeropuerto y el puerto comercial constituyen un conjunto coherente de infraestructuras, cuya sinergia permite que dispongamos de un potencial de futuro ciertamente envidiable. En este contexto hay que tener en cuenta que el área de influencia natural del puerto trasciende mucho mas allá de las propias comarcas y tampoco se puede olvidar que la dinámica turística de la costa, complementa la oferta industrial con un gran potencial de servicios en el campo del ocio.

 

En competencia directa con otros puertos del mediterráneo, el de Tarragona tiene tres grandes ventajas que esta en condiciones de aprovechar: La primera es su gran calado, que permite el cómodo atraque de los mayores buques en servicio, la segunda reside en su gran capacidad de crecimiento y la tercera es que las características urbanísticas permiten que la actividad comercial del puerto no signifique una interferencia negativa con el resto de la ciudad.

 

Se dispone ya de una gran superficie complementaria de actividades logísticas y se trabaja actualmente en las ampliaciones por la zona de poniente. La terminal de vehículos es una realidad, así como las nuevas terminales petroquímicas propiciadas por el "pipe rack" en construcción. Para potenciar la futura competitividad, es urgente contemplar también desde ahora mismo, la necesidad de la llegada al puerto del ancho de vía europeo y del tren de gran velocidad.

 

Ahora es también el momento de proyectar la articulación que complemente la unión del puerto con la ciudad: Tarragona, a pesar de la barrera del ferrocarril, nunca ha vivido de espaldas al mar i los nuevos diseños de la fachada marítima han de permitir, sin grandes complicaciones urbanísticas, que las actividades portuarias no interfieran, como hasta ahora, en la necesaria integración de la ciudad con el mar. En un futuro próximo, la dársena interior ha de quedar reservada al transito de pasajeros y a las actividades lúdicas y pesqueras. El Moll de Costa, junto con el barrio marítimo del Serrallo han de ser, en su conjunto, la bisagra natural que una el puerto con la ciudad.

 

El gran puerto comercial por un lado y, por el otro, las playas de levante, el ferrocarril, el puerto deportivo, el Moll de Costa y el Serrallo, han de constituir un conjunto armónico y permeable, que permita mantener con firmeza la unión indisoluble de Tarragona con el mar.

 

Joan Batet i Pons

Arquitecto Urbanista