Origen y futuro del Delta del Ebro

 

La regresión del Delta del Ebro es un hecho que hoy en día nadie discute, y así lo ha reiterado un reciente estudio de la Universitat Politècnica de Catalunya. De todas maneras para constatarlo basta con fijarse: La línea de costa retrocede cada año a ojos vista y el delta se nos esta quedando pequeño. No se trata de un fenómeno a corto plazo, ni va a desaparecer en unos pocos años, pero es evidente que en un par o tres de generaciones, va a quedar muy poco del delta que actualmente conocemos.

El desarrollo de la sociedad agrícola en toda la cuenca, especialmente en la zona de Aragón, (ya en épocas históricas) favoreció una masiva deforestación que ocasiono la consiguiente erosión del suelo y su arrastre hasta la desembocadura. Así se formó el delta del Ebro, con el mismo fenómeno que hoy esta ocurriendo en Brasil por la explotación de la Amazonia y el enorme depósito de aluvión que se esta formando en su desembocadura. Para hacerse una idea del tamaño, basta considerar que el delta del Amazonas contiene en su interior una isla (Marajó) de mayor superficie que Suiza.

Pero al Ebro, hace tiempo que le llegó el día de la estabilización y el río dejó de traer tierras. Al no haber nuevos aportes, cada temporal, cada "llevantada", que desplaza arena con su oleaje, se lleva hacia el sur o más al fondo del mar una parte de las tierras de Aragón que lo formaban.

Uno de los motivos que se mencionan habitualmente como causa de la regresión: el freno a los aportes provocado por la construcción de las presas de Riba-Roja y de Mequinenza, no me parece verosímil. Si esta causa fuera cierta, dichas presas se hallarían ya sobradamente cegadas y colmatadas hasta su borde superior por los limos del arrastre del río. Lo que no llega a la desembocadura, tiene que quedarse en alguna parte, ¿no? Si esta fuera la causa, ¿donde están estos aportes que no llegan al delta?. No, el Ebro hace años que no lleva tierras. Es un río estable, de orillas estables y la deforestación y la erosión han llegado a su punto de equilibrio hace muchos años.

¿Que debemos hacer a partir de ahora?. Podemos tratar de frenar la erosión, pero me temo que el hombre no puede luchar a esta escala ni contra estas fuerzas. Por suerte no hay prisas, ni hace falta evacuarlo, pero me parece que, siendo realistas, nuestro querido delta esta condenado. Hay que asumirlo, pues, como hay que asumir la propia muerte.

No obstante, es evidente que antes de tirar la toalla, debemos estar muy seguros de que el enfermo es irrecuperable, pero si se llega finalmente a esta conclusión, debemos hacer que su agonía sea digna sin alargarla con tubos, sondas ni intervenciones quirúrgicas.

Le tomaremos tiernamente de la mano y lo acompañaremos hasta el último momento.

La vida continúa.

 

 

Joan Batet i Pons

Arquitecto Urbanista

 

 

Publicat a La Vanguardia el dia 23 de setembre de 1997