PRÍAPO, EL CAÑÓN HUMANO
    De ese dios greco-romano, del que bien podría decirse que "érase un falo a un hombre pegado", llamado Príapo, nadie ignora que debe su fama a las inusitadas dimensiones de su implemento, que, sin exagerar, era más grande que él. Pues bien, este dios que para los Griegos era el guardián de jardines y de viñas, hijo de Dioniso y Afrodita, ahí es nada, se le tuvo durante siglos como personificación de la fertilidad, y no solo de la humana, porque también propiciaba las buenas camadas en los rebaños y las cosechas abundantes. Su colosal pene, en realidad por lo que para nosotros sigue siendo tan famoso, que en algunas pinturas aparece sostenido por una especie de grúa que algunos han intuido como balanza, era tan portentoso, además de colosal, yo lo hemos dicho, que hasta los romanos, al parecer gente muy docta en estos meneteres de la entrepierna, lo usaron en efigie para alejar el mal de ojo, e incluso las distinguidas damas de la nobleza latina como amuleto propiciatorio.