En efecto, la fama del pene del diablo también ha dado que hablar... y que escribir. Y si no pregúntenselo a aquellos doctos, sádicos, casposos y hedihondos inquisidores que, a la par que se divertían machacando mujeres en las mazmorras de la "Santa Institución" a que pertenecían, amenizaban sus veladas redactando cosas como ésta: (Fulan de tal) "tuvo acceso a Belcebut- nombre que también daban al Demonio del aquelarre-, como las demás mujeres que allí se hallaron. Y que el dicho Belcebut le metía su miembro, que lo tenía como un hueso, en su natura, aunque jamás vertió simiente en ella, como lo hace su propio marido cuando tiene acceso a ella. Y que estas veces que el dicho Belcebut tenía acceso a ella, le daba mal."
Pero también algún hombre declaró "que el demonio le estupró y sacó grande cantidad de sangre, que le corría por los muslos y le ensangrentó mucha parte de la camisa. Y cuando su mujer la vió llena de sangre, le dijo que de dónde diablo traía la camisa de aquella manera, y él le respondió que se había dado un encuentro -un golpe- en la pierna.