AGRICULTURA Y MEDIO AMBIENTE
| La evolución de la agricultura en los
últimos años ha sido generada por la introducción de
nuevos elementos, que, en mayor o menor medida, han
supuesto en el momento de su aparición, un efecto
positivo en la competitividad global del sector. Así, la
creación de variedades de floración tardía en
almendro, la aparición de pesticidas cada vez más
específicos, la creciente mecanización del campo y la
profesionalización del sector, entre otros, han supuesto
la modernización de la producción agrícola hasta la
situación en la que hoy nos encontramos. Por otra parte, en los últimos años ha aparecido una gran sensibilización por todos aquellos aspectos relacionados con el medio ambiente; la protección de las aguas subterráneas ante la contaminación derivada de la actividad agrícola, la necesidad de minimizar los residuos y las campañas de reciclaje de todo tipo de materiales, la conveniencia de mantener la biodiversidad vegetal y animal, la protección del medio frente a las consecuencias de la actividad industrial que repercute en el efecto invernadero,... han merecido la atención de todos los segmentos de la sociedad, que se ha manifestado con la presencia de todos los Jefes de estado en las convenciones que debaten estos temas. Así sucedió en la Conferencia de Río de 1993 o en la reciente Cumbre de Kioto de 1997, a cuyos actos de inauguración asistieron las más altas esferas políticas de cada país.
Ello hace que actualmente ya no se inicie ninguna actividad sin que vaya precedida del correspondiente análisis del impacto ambiental, que ha de permitir tan sólo aquellas iniciativas que garanticen la preservación de los recursos naturales y la protección del medio ambiente. Se trata de conservar la naturaleza, en la medida que sea posible, de tal manera que las próximas generaciones puedan disfrutar del medio natural en las mismas condiciones, cuando no en mejores, en las que nosotros la recibimos de nuestros antepasados. El efecto que el establecimiento de cualquier normativa de ámbito nacional o comunitario es seriamente analizada antes de su aplicación por las consecuencias de tipo medioambiental que la medida puede suponer. Valor añadido de la actividad agrícola. La actividad del agricultor, como consecuencia de la explotación del medio rural y de su asentamiento en el territorio, permite la preservación del medio ambiente; veamos unos ejemplos.
Estos son tan sólo tres de los ejemplos más típicos del valor añadido que supone la permanencia del agricultor en el territorio, y al del cultivo en la forma que se ha venido haciendo desde siempre en nuestras plantaciones. La sensibilidad desarrollada en la sociedad por cuantos aspectos están relacionados con el medio ambiente, y una vez analizada la labor del agricultor en su mantenimiento, debe ser considerada como un elemento más de los citados en el inicio de este artículo, que pueden suponer un factor decisivo para la supervivencia de la agricultura de muchos de los parajes en los que Abertal y Arboreto está implantada. La baza de la actividad agrícola, como elemento del equilibrio en el medio natural, de preservación del paisaje ante la acción de los incendios forestales y la protección del suelo, entre muchos otros aspectos positivos de la actividad agrícola, combinado con el cultivo en las condiciones en que actualmente se han venido realizando con un impacto ambiental prácticamente nulo, sin ningún tipo de agresión al medio, ha de ser un punto de referencia a la hora de negociar aquellas directrices políticas que tengan cualquier tipo de incidencia en la actividad agrícola, ya sea relacionada con la política económica (protección de las ayudas al sector agrícola, mantenimiento de los fondos de cohesión,..), como social (asentamiento de la población rural, mantenimiento del equilibrio territorial,..). Referente a los frutos secos, las consecuencias medioambientales que pueden llegar a suponer la finalización de las ayudas vinculadas a los Planes de Mejora de la Calidad y la Comercialización de las O.P.F.H., es una baza a tener en cuenta a la hora de las negociaciones ante la Unión Europea de la forma como quedará el sector, cuando acaben las ayudas comunitarias por este concepto. De alguna manera esta es la forma como se puede "facturar" ante el conjunto de la sociedad la labor que realiza el agricultor por el mantenimiento del paisaje y la preservación del medio, factura que supondrá un elemento más que garantice la competitividad de nuestras explotaciones. A esta conscienciación de que el mantenimiento de la actividad del agricultor en las condiciones en las que siempre ha trabajado supone un activo para la conservación del medio ambiente se ha llegado en muchas de las esferas del ámbito nacional y europeo que, en mayor o menor medida, establecerán el marco conómico y social cómo el sector agrario, entrará en el próximo siglo. Lluís R. FERRE
Almendros en floración cultivados según las curvas de nivel. Albox (Almería). |
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